En el nombre del padre (y de la madre)

Es lugar común en las discusiones sobre educación referirse a la importancia de la opinión de los padres acerca de la enseñanza que reciben sus hijos. Ese argumento se ha elevado a la categoría de principio fundamental, al reconocer la existencia de una comunidad escolar (o comunidad educativa) como presunto protagonista de la participación institucional que marque las directrices de las políticas educativas.

De esta forma, además de la representación paterna en los Consejos Escolares de los centros educativos donde hay alumnos menores de edad, las distintas administraciones reconocen el papel de las diferentes Confederaciones de Asociaciones de Padres de Alumnos, en su calidad de interlocutores y de representantes en el Consejo Escolar del Estado y en los Consejos Escolares de las Comunidades Autónomas.

En muchos centros, la opinión de las APAS (hoy llamadas también AMPAS) es considerada -cuando interesa- por parte de la Inspección Técnica Educativa y las direcciones o delegaciones provinciales de Educación.

Dejamos para otro momento cuáles deberían ser los límites de la intervención de los padres en el gobierno de los centros educativos o cuáles han sido los problemas y las consecuencias de haber fomentado -con dinero del contribuyente- ese tipo de asociaciones en la buena marcha de la enseñanza pública. Tampoco vamos a ocuparnos aquí de cuál ha sido el balance de la actuación de las APAS y AMPAS como grupo de presión en colegios e institutos. No por ello debemos dejar de reconocer que la representatividad de estas asociaciones es por lo general más bien escasa, si tenemos en cuenta la baja participación de los padres en las elecciones de representantes en los Consejos Escolares.

Además, debe hacerse notar que los directivos de muchas APAS y AMPAS de la enseñanza pública claramente han manifestado en las dos últimas décadas opiniones que en absoluto representan a la inmensa mayoría de los padres de alumnos. Y esta no es una afirmación gratuita, sino que está basada en una argumentación fundamentada en hechos reales. En lo que han decidido los padres, en las opciones que estos han manifestado a la hora de elegir el tipo de enseñanza que quieren para sus hijos. Y digo intencionadamente el tipo de enseñanza, no el tipo de educación.

A título de ejemplo notemos la oposición que algún AMPA progresista de la Comunidad de Madrid presentó a unas razonables normas de disciplina dictadas por la Consejería de Educación. Eran opiniones extremadamente minoritarias entre los padres.

Es un hecho conocido que en los últimos veinte años se ha ido produciendo una tendencia entre las familias de las clases medias, incluso en las clases medias ilustradas cuya intención de voto se sitúa en opciones de lo que convencionalmente se sigue denominando izquierda, hacia la escuela privada. Y esa tendencia se ha traducido en que un amplísimo sector de los padres de alumnos de esa procedencia social, que cuando había ocho años de EGB y cuatro de bachillerato (tres de BUP y uno de COU), elegían colegios privados en la EGB y después preferían un instituto público, tras la LOGSE prefieren para sus hijos un centro concertado (o privado) en el que sus vástagos estudien los cuatro años de la secundaria. Y para lo poco que queda (dos años), también siguen en bastantes casos en el bachillerato privado.

Constituye una contradicción escandalosa comprobar cuántos progresistas biempensantes e izquierdosos narcisistas de tal condición, neoprogres y no digamos profesionales de medios de comunicación que han hecho apología de la enseñanza comprensiva y constructivista, inclusiva y antiacademicista, matriculan a sus hijos en cualquier tipo de centro siempre que no sea un Instituto de Educación Secundaria. Las estadísticas al respecto muestran cómo el actual sistema educativo, inspirado en un presunto igualitarismo social, está por el contrario claramente escindido en dos mitades:

  1. una red pública (que acoge a muchos alumnos conflictivos y con peor rendimiento, la mayoría de la inmigración, las clases más desfavorecidas, etc.)
  2. una red concertada (que acoge a la mayoría de la clase media) y una red privada (a la que sólo van quienes se pueden permitir las altas cuotas).

Puede objetarse que esta generalización estadística es más clara en las provincias donde la privada tiene más implantación y extensión que en aquellos territorios en los que la enseñanza pública es mayoritaria y la concertada más débil. Y sería cierto, pero esta realidad no contradice el hecho de que cuando los padres pueden elegir entre un instituto público y otro privado, se decantan en un porcentaje significativo por no llevar a sus hijos a uno  público.

Y me refiero específicamente al instituto, porque es en este sector, el antiguo bachillerato, donde la sangría de padres de clases medias se ha producido en mayor abundancia desde que empezó a implantarse la LOGSE, en 1990.

Para entender este fenómeno se pueden aportar muchas explicaciones, que habrá que discutir detenidamente. Con datos y sin apriorismos. Pero de la respuesta que demos a este asunto pienso que se derivan conclusiones muy importantes para un debate educativo serio, del que estamos ayunos en España. Y que echaría por tierra muchas consignas propagandísticas que están muy alejadas de la realidad.

Parto de la base de que, pese a la precisión formulada antes sobre la variable territorial de la estadística, hoy ya nadie discute que en la actualidad la mayoría de los padres de las clases medias no quiere para sus hijos la educación pública, y más concretamente, la que les da un IES, si es que tiene posibilidad de elegir.

A esta realidad, a este hecho, no una opinión ni un juicio de valor, se refiere un ya lejano artículo de Julio Llamazares en EL PAÍS del  11/10/2009, justamente al comienzo del presente curso académico.

El ilustre escritor leonés, autor de brillantes columnas periodísticas y de notables novelas, como La lluvia amarilla, Luna de lobos y El cielo de Madrid, trata de explicarse este fenómeno:

Es algo que se discute desde hace tiempo sin que nuestros opinadores encuentren una explicación.”

Y trata de interpretarlo a partir de un análisis en el que desgrana dos grandes tesis. Resumiéndolas toscamente:

  1. España es un país donde han crecido nuevos ricos, que anhelan poseer un toque de distinción para ostentar su progreso económico y social.
  2. Los servicios públicos se deterioran porque hay comunidades donde gobiernan los que no creen en ellos (alusión fácilmente identificable para el sagaz lector).

En cartas y comentarios posteriores en el diario donde se publicó su artículo, Julio Llamazares recibió múltiples felicitaciones por su agudo análisis y por su defensa de lo gratuito y común, siempre tan progresista, frente a lo privado, tan insolidario y snob, y tan propio de ciertas administraciones reaccionarias y, por ende, destructoras de los servicios públicos.

Con todos los respetos al buen escritor, es preciso decir que el columnista hace gala de un desconocimiento notable de la realidad educativa de las últimas décadas y formula un diagnóstico que sólo muy superficialmente se acerca a la realidad del problema y de forma más bien anecdótica. Estamos ya tan acostumbrados a que aquí cualquiera hable de temas educativos con gran alegría que ya no nos sorprende. Que además lo haga “ex cátedra” tampoco nos impresiona. Dicho con otras palabras, el articulista aprovecha la ocasión para lanzar dardos a sectores sociales y políticos con los que, legítimamente, no simpatiza, pero no para aproximarse a un cabal análisis del asunto, que es el que nos podría arrojar luz para intentar -si realmente queremos- mejorar el prestigio de la escuela pública.

¿Por qué los padres de las clases medias han abandonado los institutos públicos desde que se empezó a implantar la LOGSE? Las razones son muy variadas:

  1. La LOGSE le regala dos años de subvención a la privada concertada. Si antes el BUP y el COU eran gratuitos frente a una privada (que ya era muy fuerte en la EGB desde la aplicación de la ley 70), ahora seguir en el mismo colegio les sale a las familias gratis o casi.
  2. Justamente, un incentivo para que los padres lleven a sus hijos al colegio  concertado es que pueden continuar toda la escolarización en el mismo centro educativo y llevar allí a toda su prole desde Infantil la Enseñanza Media.
  3. En los centros concertados se garantiza una jornada escolar más larga cuando los alumnos tienen de 12 a 16 años. Jornada que incluye el servicio de comedor.
  4. El prestigio de los Institutos de Bachillerato se ha ido viniendo abajo como consecuencia de la aplicación de la LOGSE. Es vox pópuli que en estos centros han descendido tanto el nivel de conocimientos como la disciplina. Son pocos los antiguos Institutos de Enseñanza Media o de Bachillerato, merecedores con frecuencia de una excelente reputación, que puedan mantener hoy su tradición académica en el contexto de la comprensividad, las adaptaciones curriculares, los mediadores sociales de la convivencia y demás innovaciones.
  5. Los resultados de los alumnos de los institutos públicos en las PAU (pruebas de acceso a la universidad) son en términos generales mucho peores que los obtenidos por los centros privados y más bajos de los que se registraban cuando eran institutos de bachillerato.
  6. La extensión de la escolarización se ha hecho (con la complicidad de las autoridades educativas, tanto “progresistas” como “carcas”) de forma que ciertos colectivos sociales que antes no accedían prácticamente a la enseñanza media -minorías étnicas, inmigrantes- se haya concentrado casi en exclusiva en los IES, muchas veces convertidos en centros de compensatoria.
  7. Esa extensión de la escolarización hasta los 16 años ha llevado a estudiantes que antes hubieran cursado FP o no hubieran estado escolarizados, casi sólo a los IES.
  8. Ninguna autoridad educativa (ni de izquierdas ni de derechas) ha trabajado para que los IES fueran competitivos. Ni ha asumido que fueran “sus” centros, los que había que mimar y potenciar. No hay una preocupación por los resultados.
  9. En edades conflictivas, como la adolescencia, los padres tienen la imagen de que los centros privados controlan más a sus hijos y son más estrictos con las faltas de asistencia. (Es verdad que muchos institutos han hecho enormes esfuerzos al respecto, pero la imagen que tiene la sociedad es que los institutos controlan menos a los estudiantes)

Según las circunstancias, en cada padre o madre influirá en mayor o menor medida alguno de los ocho argumentos que se han expuesto. Pero estas son, a mi juicio, las razones por las que los padres de las clases medias han abandonado los institutos públicos, que hubo un tiempo en el que –al menos los más señeros- tenían más prestigio que los colegios privados.

Volvamos, pues, al asunto con el que abríamos este artículo: la opinión de los padres. Parto de la base de que permitir que las APAS y AMPAS opinen y decidan sobre todos los aspectos de la educación puede abocarnos a la demagogia y al desatino. Pero no es esa la cuestión de este artículo.

Si queremos de verdad tener en cuenta la opinión de los padres de alumnos, hemos de considerar que con las decisiones que estos han tomado respecto de la educación de sus hijos en los últimos veinte años ya han evaluado las reformas que nos trajeron la LOGSE y su hija menor, la LOE. Y las han evaluado de forma rotundamente negativa. Porque para las clases medias ilustradas los efectos que la reforma educativa ha producido en los institutos no son de su agrado. Los rechazan. Cuando llega la hora de la verdad, todos los presupuestos que se han vendido como progresistas y que en más de una ocasión se han hecho en el nombre de los padres, en la práctica nos han conducido a un sistema educativo ineficiente y segregador, que ha machacado la enseñanza media pública y que no satisface ni atrae a un presunto cliente, supuesto beneficiario de esas grandes transformaciones pomposamente aireadas por políticos y pseudoexpertos: los padres.

En resumen, la mayoría de los progenitores varones y progenitoras mujeres (además de los adoptantes, tutores y hasta abuelos) les han dicho a los diseñadores de la enseñanza secundaria pública que ese invento no lo quieren para sus hijos o tutelados ni hartos de vino. ¿Por qué se seguirá utilizando demagógicamente el argumento de que ciertas políticas educativas se hacen en nombre de la demanda social y de la opinión de los agentes de la comunidad escolar?

En estas dos últimas décadas, con sus decisiones y con unas tendencias inequívocas que hemos tratado de analizar en este artículo, los padres ya han hablado. Y de qué manera.

Nota de Deseducativos: Damos la bienvenida a Mariano, docente en distintos niveles educativos, actualmente profesor asociado en la Universidad, y autor del blog La mirada insolente.


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11 comentarios en “En el nombre del padre (y de la madre)”

  1. Juan
    4 mayo 2010 a 12:16 #

    Muy de acuerdo con el análisis, en general. Sólo una pequeña puntualización: no es cierto que los resultados de las pruebas de acceso sean mejores para los alumnos provenientes de centros privados; ese dato se puede comprobar fácilmente (no es asíi al menos en Andalucía).
    Pero esto no anula para nada el análisis ni le quita un ápice de razón.

    Saludos

    • Mariano
      4 mayo 2010 a 12:31 #

      Gracias por el dato, del que me gustaría que me dieras la fuente. En Madrid, en las estadísticas que yo he consultado (publicadas en Magisterio Español) las diferencias eran pavorosas.
      Posiblemente la diferencia pública-privada en las PAU no sea tan agudizada en todas las Comunidades Autónomas.

  2. Borja Contreras
    4 mayo 2010 a 14:14 #

    En la Comunidad valenciana son considerablemente mejores los resultados de la pública.
    En el distrito de la UMH (Universidad Miguel Hernández) tuvo el primer lugar en esta clasificación el instituto de la localidad de Rojales, un centro relativamente nuevo y que cuenta con un porcentaje de alumnos extranjeros verdaderamente elevado.

    • Mariano
      5 mayo 2010 a 22:30 #

      Los resultados de la selectividad de los institutos públicos y los colegios privados

      Hay que tener en cuenta que en la actualidad, con todos sus defectos, las Pruebas de Acceso a la Universidad son uno de los pocos indicadores fiables del funcionamiento del sistema educativo y que, además se llevan a cabo en condiciones de igualdad y homogeneidad para todos los alumnos del mismo distrito universitario. Por otro lado, es obvio que mientras no se modifique el sistema de acceso a la enseñanza “superior”, la selectividad está entre las principales preocupaciones educativas de las familias españolas.

      Una de las muestras de que los padres siguen con suma atención las noticias relativas a la selectividad la tenemos en un reportaje sobre las escuelas más competitivas. EL MUNDO (2007-2008) define los 100 mejores colegios de España. Uno de los parámetros para definir qué centros son mejores es, justamente, el de los resultados de la selectividad. Ninguno de los seleccionados es público. Es evidente, sin embargo, el sesgo del periódico, no caracterizado en general por la objetividad informativa, pues parece que descarta a priori un colegio que no sea de pago.

      La verdad es que me encantaría que esa percepción que tienen muchos padres de que hoy es más rentable a efectos de selectividad estudiar en un colegio privado que en un instituto fuera falsa y la realidad de las cifras demostrara lo contrario. Para los que defendemos la necesidad de que haya una enseñanza gratuita, de calidad y prestigio, como servicio público esencial, sería una alegría. En una época en la que casi todas las noticias educativas son malas, tendríamos algo que celebrar. Sin embargo, el análisis de los datos arroja serios motivos de preocupación respecto de la deriva en la que ha entrado el bachillerato público en su función de preparación para la universidad, tarea claramente despreciada por los diseñadores del sistema educativo imperante.

      Tuve la fortuna de que mis hijos estudiaran en el mismo instituto público al que fui yo en su día. En los años en los que cursaron el menguado bachillerato que les tocó en suerte, hace ahora siete que terminaron, los resultados de selectividad eran muy buenos en el diurno (y bajaban por culpa del nocturno, donde el nivel era más bajo). Cuando fui representante de los padres en el Consejo Escolar de ese instituto público madrileño (2001 y 2002) solicité reiteradamente –sin éxito- que se desglosaran en una estadística oficial los resultados de selectividad en las distintas modalidades (bachillerato general, internacional y nocturno). La petición nunca fue aceptada, con cierta lógica, pues, dada la tendencia de las autoridades a suprimir los bachilleratos nocturnos, poner de manifiesto que los resultados de las PAU en el Bachillerato Internacional eran excelentes y los del resto del bachillerato diurno bastante buenos, explicaba que los del nocturno no fueran publicables.

      Como padre de alumno siempre he pensado que la enseñanza del bachillerato público era preferible por muchos motivos (profesorado seleccionado por oposición, más libertad de enseñanza, mayor pluralismo, una identidad propia procedente de una tradición liberal e ilustrada). Pero, tras la aplicación y extensión de la LOGSE, el deterioro dramático de una parte importante de institutos, al menos en Madrid, de los que puedo hablar con conocimiento de causa, ha arrastrado a muchos padres a cambiar de opción educativa.

      Resulta lamentable constatar cómo el poder ha tolerado o fomentado el avance de la enseñanza media privada, permitiendo que muchos colegios inflaran impunemente las notas. Y que encima el expediente académico contara más (60%) que la prueba, lo que perjudica a los IES, que tradicionalmente no han modificado tramposamente las calificaciones al alza tanto como los colegios de pago. Esta sobrevaloración del expediente del bachillerato, frente a las PAU, iguales para todos, fue puesta en marcha en la época de Rajoy como ministro de Educación, en 1999. Pero curiosamente no ha sido manzana de la discordia ni caballo de batalla entre todo ese conjunto de fuerzas que expiden certificados de progresismo y que no dudan en movilizarse y ondear banderas a la primera de cambio. En EL PAÍS y en Comunidad Escolar podemos refrescarnos la memoria de la contribución del hoy líder de la oposición a que las PAU cuenten menos.

      Defender que la pública pueda competir con la privada en igualdad de condiciones es una reivindicación que podrían haber esgrimido todas las organizaciones del búnker pedagógico que tan críticas han sido con otros aspectos de la gestión del PP en el MEC, como la reválida propuesta por Pilar del Castillo, a la que, en un exceso verbal más propio de la propaganda que del rigor, los más demagogos llegaron a calificar de franquista. El ministerio y sus mariachis han tenido mucho tiempo para modificar el porcentaje del expediente del bachillerato en la nota global de la selectividad, pero su inacción evidencia que no les interesa. ¿A qué centros lleva a sus hijos la clase dirigente? De hecho, uno de los elementos clave del statu quo es el pacto entre Marchesi y sus herederos y la FERE.

      Mi propia experiencia como corrector de las pruebas de selectividad: 1995 (Comentario de Texto), 1996 y 1997 (Lengua) me mostró que en aquel entonces los resultados de algunos institutos de bachillerato se incluían entre los mejores del distrito único de Madrid. A medida que la LOGSE fue extendiéndose, sin embargo, esa tendencia se empezó a quebrar, como se puede comprobar con ciertos datos oficiales.

      Sé que las estadísticas con las que cuento sobre el asunto que nos ocupa son parciales y no ofrecen una visión completa del panorama. Pero es que resulta muy difícil disponer de datos exhaustivos al respecto, porque las autoridades (al menos en Madrid) son partidarias de la opacidad. Ha sido sobre todo Magisterio Español el medio que más ha insistido en ese desglose de resultados de las PAU por centros privados y públicos. En la Comunidad de Madrid, en los años que yo he podido hacerme con los datos, la comparación era muy perjudicial para la enseñanza pública. Por supuesto que en la década de los 80 los mejores resultados de la selectividad se registraban en ciertos institutos públicos. Pero después vino el caballo de Atila de la gran reforma educativa.

      Hasta donde yo sé, las estadísticas oficiales de las universidades, al menos las publicadas, nunca han diferenciado los resultados por centros en ningún informe público. A los correctores nos daban una información verbal al respecto, nunca una estadística comparativa por escrito. Vuelvo a insistir en que ha sido Magisterio Español y su versión digital, Magisnet, la que más hincapié ha hecho en esta comparación, que para las autoridades educativas es un asunto incómodo que no quieren incluir en su agenda.

      Aquí van algunos datos que he encontrado, todos ellos, lo sé, parciales.

      Resultados de la Comunidad Valenciana

      Según diversos medios, que se remiten a Magisterio Español, la media de los resultados de los centros privados en la Comunidad Valenciana en 2009 fue más alta que en los públicos. En ABC y en Diario Crítico podemos seguir leyendo sobre la cuestión informaciones similares.

      Resultados de selectividad según los datos de varias comunidades autónomas.

      Se pueden consultar los diferentes cuadros publicados por Magisnet. En el estudio correspondiente a Madrid el dato es de 2003. Los 27 primeros centros por nota de la selectividad son todos colegios privados. Yo había leído en Magisterio Español un estudio de 1998, referido sólo a los centros de la Universidad Complutense, que era bastante demoledor para verificar el retroceso en selectividad de los públicos a favor de los privados.

      Mi opinión es que sólo con este dato, cualquier administrador de un negocio que buscara la rentabilidad y la eficiencia, se cuestionaría muy seriamente el modelo que se había venido siguiendo hasta la fecha.

      También es obvio que la fuerza del sector privado de la enseñanza no está distribuido territorialmente de forma homogénea (algo de eso insinúo en el artículo En el nombre del padre). El Estado de las Autonomías crea dispersión, desigualdades entre los docentes, aislamiento y disgregación de los profesionales.

      Reitero mi petición y mi agradecimiento previo a todos los que puedan remitirme a más datos (y a más fuentes) sobre el particular, especialmente resultados desglosados de la selectividad por centros, con indicación de su titularidad, pública o privada. Es preciso hacer una radiografía del sistema educativo español con estadísticas más fiables que las oficiales, que escurren el bulto de los asuntos esenciales. Y que eluden hablar de cuestiones importantes. De esa forma, quizá mis propias afirmaciones sobre los diferentes resultados obtenidos en selectividad por colegios e institutos se tuvieran que matizar e incluso corregir. ¡Ojalá fuera así si hubiera que rectificarlas para constatar que todavía queda algo de competencia y de competitividad en el bachillerato público, a pesar de todo lo que le ha caído!

      • Borja Contreras
        13 mayo 2010 a 14:57 #

        Tienes razón, Mariano.
        Lo que dije de Valencia fue producto de un análisis superficial de los resultados, en los que el predominio de los centros públicos es notable; pero nos supera en notas la privada, aunque no significativamente. Poco más de una décima en la media total.
        En cualquier caso las lecturas que se pueden hacer de los resultados es muy variada en función de los parámetros que se utilicen… No seré yo quien emprenda tan ardua labor.
        Un saludo muy cordial.

  3. Tiza Presa
    4 mayo 2010 a 20:46 #

    Bienvenido Mariano. Me alegra que se vaya uniendo gente a la lucha contra la concertada, y más ahora que el PP quiere asegurar el derecho de concertación de todos los privados. Es una amenaza mortal para la pública, aparte de un despilfarro absoluto a favor de las clases más pudientes. Lo llaman “libertad de elección”. Cuentáselo a los que habitan en un barrio marginal, rodeados de putrefactos institutos que se desmoronan.

    • Manuel Ballester
      13 mayo 2010 a 4:37 #

      Se está argumentando que la concertada proporciona mejores resultados (y así lo perciben los padres) y usted concluye que hay que luchar contra la concertada.
      Excelente ejemplo de razonamiento desde una postura ideológica que no ve la realidad.

      • Mariano
        13 mayo 2010 a 6:42 #

        Los resultados de la concertada han mejorado desde que se implantó la LOGSE (según los datos parciales de que yo dispongo). Mi tesis es que un gobierno que se dice de izquierdas lo que tiene que hacer es poner condiciones para que la concertada sea un servicio público y no permitirles hacer trampas en su competencia desleal: inflar notas de bachillerato, admitir a los alumnos que les dé la gana y cobrar cuotas extra de tapadillo. Es que son un servicio que pagamos todos los contribuyentes.
        Por otro lado, las autoridades deberían mimar y potenciar a sus propios centros, a los que tienen abandonados y que no consideran en general como modelo de nada. Y aquí no se libran ni administraciones que defienden la falacia de la libre elección de centro ni la llamada izquierda educativa, que en su cúpula sólo está llena de impostura e incoherencia.
        Yo no voy con la concertada. Simplemente, creo que deben cumplir las contrapartidas sociales previstas en la LODE, que han quedado en papel mojado.
        Y defiendo que la enseñanza pública, que es a la que pueden acceder todos los ciudadanos, sin distinciones, sea una enseñanza de calidad y sea competitiva. Tiene el profesorado para serlo. Sólo falta que se eche por la borda la pedagogía comprensiva, que tanto daño ha hecho. Y que haya menos doble moral entre tanto progre de pacotilla. Ah, y que se vayan los pedagogos. Mientras estos últimos sigan mandando, es imposible que crezcan el talento, la cultura y la sensibilidad.

  4. 4 mayo 2010 a 23:07 #

    Muy bueno el artículo, Mariano, sólido y con interesantes informaciones y reflexiones. La demagogia que se ha hecho por parte de los gobiernos y de los grnades partidos tomando a los padres como rehenes es escandalosa y la diseccionas bien. La demagogia que han hecho otras organizaciones, como IU y CCOO, apoderándose de muchas AMPAS y manipulando en beneficio de sus intereses partidistas y su idea de la enseñanza la secuestrada representación de los padres, tampoco hay que perdérsela. Modelo muy habitual: 4, 6 u 8 papás/mamás bien organizados se arrogan la representación de entre 1.500 y 2.000, secuestran la política del colectivo paternal, se introducen gracias a la ley en el Consejo Escolar y condicionan la vida del centro. Y a menudo, esto se ha hecho con intereses como velar por el aprobado de sus propios hijos o convertir el centro en un parque temático de estúpidas iniciativas de esas que ahora se llevan tanto. Todo va unido: las AMPA’s están tan integradas en el engranaje como las subdirecciones. Te felicito por tu artículo, te doy la bienvenida y me voy pitando a ver tu blog.

  5. Luis Pérez
    19 enero 2011 a 22:35 #

    En La Rioja los resultados en las pruebas de acceso a la universidad están muy parejas entre los centros públicos y privados-concertados, si bien es cierto que durante los últimos años (desconozco datos de hace cinco o seis años) sacan mejores resultados los Institutos públicos, aunque la diferencia no es significativa.

  6. mediogranodearena
    20 enero 2011 a 8:35 #

    Entiendo que los representantes de las APAS y AMPAS, y más en el plan que a veces estamos los padres y en cuanto a la poca representación real que tienen muchas de sus opiniones, no se consideren un interlocutor a tener demasiado en cuenta.
    Pero sí es cierto que parte de esos padres, entre los que me incluyo, nos ha tocado huir de la pública, en busca de algo mejor-y las generalizaciones siempre son malas e injustas-, ¿por qué?, pues por la mayoría de los argumentos que esgrimís en esta página de Deseducativos. La visión de los padres, al menos así es en mi caso, es que en la pública todo vale, que no se prima, ni se fomenta, ni se premia-y esto se me puede malinterpretar-, ni siquiera se exige, ni el esfuerzo ni los resultados, los mínimos se han convertido en máximos, no suspende ni el tato-no soy yo la que quiero que mis hijos suspendan, lo que quiero es que aprendan(un papel que dice que sí, pero a lo mejor es quizá o simplemente no, me sirve de bien poco)-, la disciplina brilla por su ausencia, el adoctrinamiento es exagerado…
    Mis hijos ahora sacan peores notas y no quieren ir porque se trabaja más y tienen más deberes y hay que esforzarse más, pero eso no lo digo yo lo dicen ellos. Y claro un niño qué prefiere llegar a casa, no tener deberes, poder ver la tele y entretenimientos varios o llegar a casa y un poco de distracción pero no demasiado que hay que hacer deberes y estudiar algo.
    Respecto a lo que menciona Mariano de no permitir trampas- ni en la pública, ni en la privada, ni en la concertada, plis-, totalmente deacuerdo, no tanto en lo de competencia desleal,¿por qué competencia?,la enseñanza pública es un servicio que como mucho podría competir en la obtención de resultados , pero creo que lo de competencia desleal sólo se menciona por el tema económico; ¿es que acaso quienes no los llevamos a la pública dejamos de pagar?, el estado financia una parte de un servicio público a través de una empresa privada ¿y?, esa empresa se lucra a cambio de un servicio que pagamos todos- y muchas otras- ¿y?, que como todo el mundo no se la puede permitir es una discriminación financiada en parte por el estado ¿seguro?. El tic está en esto último quien pueda pensar que es una discriminación, sólo lo puede hacer desde la creencia de que en algo es mejor. A partir de aquí se puede entrar por muchos lados, yo dejo uno: que no sea mejor, ¿cómo? haciendo mucho mejor la pública.
    Decir que yo NO me puedo permitir llevar a mis hijos a la concertada, aunque hoy por hoy lo haga. Y que nunca me hubiese ido de la pública, no por ninguna extraña ni noble razón de apoyo a lo público, de libre e igualitarias condiciones de acceso, simplemente porque si hubiese tenido lo que considero más o menos correcto y necesario para los niños en la pública me parece una tontería tener que pagar más por algo que tienes pagando menos.

    Espero los cachetes o los guantazos.

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