El pancismo escolar

Hace algún tiempo, leí en El País un artículo de Rafael Argullol que se titulaba “Disparad contra la Ilustración” y me pareció realmente notable. El asunto esencial sobre el que versaba era el desencanto que se está produciendo entre buena parte del mejor profesorado universitario, desencanto que Argullol lamentaba y que está produciendo, entre otros resultados perniciosos, que esos profesores estén cada vez menos motivados y sean cada vez más los que miren hacia la jubilación con los ojos anhelantes con que se mira a una puerta de escape en una catástrofe. Según el escritor, a esta descorazonadora situación ha llegado la universidad española por dos causas: el pésimo nivel del alumnado y la presión de la burocracia. Recomiendo la lectura de este artículo, pues en él su autor describe muy bien el semblante que estas dos pestes de la enseñanza adquieren en la universidad.

Parece, pues, que el desastre de las enseñanzas medias ya ha llegado a la universidad, pero no ha sido ahora, sino hace bastante tiempo, como sé gracias a lo que me cuentan testigos tales como amigos que tengo trabajando allí o mis propios hijos, universitarios ambos. Los dos agentes infecciosos que menciona Argullol son, por desgracia, bien y desde hace tiempo conocidos por los profesores de instituto; quiero hoy reflexionar en torno al segundo, la deletérea acción de los burócratas, quienes, como defensores a ultranza del catecismo logsiano, pueden en buena medida ser considerados al menos coautores de lo otro, lo del bajo nivel del alumnado. Antes de entrar en materia, no obstante, quisiera señalar que la obsesión por la jubilación en que hoy en día caen muchos docentes en cuanto entran en la cincuentena es consecuencia de su deseo de escapar de la enseñanza a cualquier precio, aun el de las canas, lo que da idea del penoso estado en que ha caído este oficio, o, mejor dicho, al que lo ha traído la LOGSE, pues esta fiebre por jubilarse puedo jurar que jamás la vi antes de su implantación. Y ahora también, por lo que se ve, se extiende por la universidad.

Pero bueno, los burócratas. Sin la menor duda, uno de los apoyos más firmes y eficaces que ha tenido la enseñanza logsiana han sido los burócratas, o, para ser más exactos, toda esa constelación de paniaguados compuesta de leguleyos, inspectores, asesores de no sé qué, miembros de equipos de no sé cuántos, psicólogos, pedagogos, orientadores, formadores de formadores, paquistaníes fervorosos, sindicalistas vendidos, etc., etc., etc. que han representado sin duda la quinta columna que ha sostenido y ayudado a imponer el mensaje logsiano dentro de los institutos, donde desde el principio fue mayoritariamente rechazado. Éstos son los burócratas, éstos son los peones de brega que han hecho funcionar en el día a día el absurdo entramado legal que ha terminado por desencantar al profesorado y, de paso, por suministrar desde los institutos unas cuantas orlas con demasiados alumnos peor formados de lo deseable y con el interés por la cultura y el conocimiento más bajos de las últimas décadas. El servicio que ha hecho al sistema logsiano esta fiel infantería ha sido impagable, tan alto que a veces pienso que sin ellos habría sido imposible poner en pie el invento.

A estos burócratas los llamo pancistas porque ése era el término que, allá por los años sesenta, se daba a los partidarios del régimen franquista que, una vez enganchado un puestecillo, se afanaban en defender el sistema con uñas y dientes, en jalear y aplaudir cualquier disparate que de él procediera, porque era el que les daba de comer y de medrar, de ahí que también se les llamase estómagos agradecidos. Nuestros burócratas de ahora también hacen eso, también son, como ya he dicho, el sostén de un sistema que nació ruinoso, también son capaces de ir a las juntas de evaluación a defender el aprobadillo regalado para conseguir (¿quién no lo ha visto?) que pésimos estudiantes que entraban en ellas con cinco suspensos salgan con todo aprobado, de abrumarte con papeleos absurdos que anteponen a la transmisión del saber, de someterte a presiones y amenazas veladas o sin velar, de hacerte blanco de críticas infundadas y arteras si te muestras partidario de la seriedad y el rigor (¿a quién no le han llamado “facha” por eso?), de alentar el chalaneo o la presión como sistemas para obtener el aprobado, de echar un capote a alumnos cavernícolas…; es decir, el pancismo escolar está dispuesto a sostener todos y cada uno de los pilares del desastre logsiano por muchas evidencias que haya de que es eso, un desastre, tan solo porque es el desastre al que algo tienen que agradecer.

¿Y qué es lo que tienen que agradecer? Habrá que reconocer que el pancista escolar se conforma con poco, tiene una panza frugal. La recompensa más sustancial es la proyección hacia puestos que les aportan cierta categoría o alguna mejora económica, que tampoco suele dar para grandes alegrías, los sueldos funcionariales son lo que son, pero lo más común es una recompensa en especie ¿Y cuál es la especie? La especie es la huida del aula: la mayoría de los pancistas suelen refugiarse en despachetes, en horarios con menos clases, en grupos reducidos…, lo cual a mi juicio lleva ímplícito el reconocimiento de que eso que defienden algo tiene que no lo hace apetecible, y por eso ellos lo esquivan: ¿no hay en esto una cierta ruindad? En España, treinta de cada cien alumnos no consiguen el graduado en secundaria y diez, quince o quizás veinte de los que lo consiguen -esto lo saben hasta los más feroces defensores de la LOGSE- lo hacen no por méritos educativos, sino por compasión, fatiga, presiones o cualquier otra razón espuria: ¿no deberíamos cambiar ya nuestro sistema por otro más serio y eficaz, por algo que, por ejemplo, no se sostuviera en columnas como la demagogia, la ceguera, el voluntarismo, el buenismo y el pancismo?

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Categorías: Diagnósticos

Autor:Pablo López Gómez

Hola amigos. Me llamo Pablo López y abro este blog porque me parece extraordinario estar integrado en un sitio como TEXTOS DESEDUCATIVOS, al que está conectado y que sirve de pantalla y plataforma para quienes pertenecemos al mundo de la educación y no nos levantamos todas las mañanas repitiendo tres veces: "Si Álvaro Marchesi no existiera, habría que inventarlo". Puede que algunos me conozcáis ya, porque soy el único responsable ante Dios y ante la Historia de ese blog que se llama La garita del guachimán.

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14 comentarios en “El pancismo escolar”

  1. Juan Pedro Viñuela
    3 mayo 2010 a 8:45 #

    Impecable. No lo podría decir más claro. Pero, insisto, es un reflejo de la tecnobarbarie que nos rodea. La educación es la forma de transmisión de la ideología del poder. Y, estando las cosas como están, no podemos esperar otra cosa.

  2. Mariano
    3 mayo 2010 a 11:48 #

    El análisis de Pablo sobre los pancistas es justo y necesario, valga la frase. Y el señalar, identificar y caracterizar a ese colectivo es un elemento clave de cualquier análisis educativo certero para esclarecer la cruda realidad que se ha ido creando en estos años.
    Una de las diferencias entre los efectos de la ley 70 y la LOGSE en las enseñanzas medias fue que en la primera se recortarían los conocimientos para extender la educación y ya se avanzaban pedagogismos empobrecedores, pero no se metió al enemigo en casa. No había orientadores en los centros, los inspectores de bachillerato se seleccionaban de entre catedráticos y no existía esa amplia masa clientelar que tú llamas acertadamente burócratas y pancistas y que otros denominan la “casta parasitaria”. Pese a que desde la implantación de la ley de Villar Palasí en los institutos había una tensión entre exigir y adapatarse a las presiones del ambiente, la buena tradición académica del bachillerato, aun deteriorada, pudo resistir los embates pedagogistas. Afortunadamente, los expertos y tecnócratas que decían cosas tan peregrinas sobre la educación ni trabajaban en los centros ni tenían mando directo sobre los directores. Existía sólo el CAP, dependiente de los ICE como centro difusor de la necedad didáctica y como un peaje a los pedagogos, pero estaba muy desacreditado entre los docentes de bachillerato, de forma que sus “taxonomías de objetivos”, sus métodos infantilizantes y sus sandeces habituales pesaban menos que la opinión de los profesores.
    El disponer de agentes y beneficiarios de las infumables reformas es una baza estratégica de la que se han revestido las administraciones para gozar de una tupida red que hiciera de fuerza de choque. Con el Estado de las Autonomías y la burocratización derivada de la creación y multiplicación de organismos asesores y administrativos, los puestos de profesores que no dan clase no han hecho más que crecer para alimentar a una clientela sedienta de dejar una labor docente cada vez más dura. Y que los también llamados paquistaníes fueron los primeros en desear abandonar, antes incluso de que la degradación hubiera llegado a donde llegó.
    Uno de los problemas serios es que este sector del gremio, que los más finos llamarían “lobby”, porque realmente funciona como tal, aspira a ser la guardia pretoriana de la esencia de reformas que los talibanes de la LOGSE consideran inmutables. Vamos, que son como los Principios del Movimiento Transversal. De manera que ahora pretende condicionar al mismísimo ministro para que no vaya muy lejos en sus iniciales propósitos de tímida apertura hacia ideas como el esfuerzo y el rigor, que sólo eran un amago para intentar pescar en nuevos caladeros. Pero que es una melodía que la casta convertida en búnker no quiere ni oír. Ya se sabe, se empieza autorizando el bikini y terminamos como Sodoma y Gomorra.
    Esta influyente y dañina grey procede de los Movimientos de Renovación Pedagógica, de la conversión de las Asambleas de PNN´s de mediados y finales de los 70 en el núcleo duro de los “sindicatos de clase” (dirigidos, paradójicamente, por gente que no quiere volver a clase) y de todo el aparato clientelar que los diseñadores de la LOGSE crearon intencionadamente para hacer sostenible el invento con una masa social de adeptos y estómagos agradecidos. No hay que olvidar que con la modificación del sistema de acceso a la inspección educativa podemos señalar un doble propósito: convertir a los inspectores en parte del pesebre y dotarse de comisarios pedagógicos adictos que difundieran la buena nueva. No importaba el descrédito de la institución y la mediocridad generalizada. La concepción de los orientadores como comisarios pedagógicos era uno de los instrumentos estratégicos clave para extender por fin la didáctica y la didactología en los institutos. Presentes en un órgano burocrático que resta cualquier protagonismo al Claustro de Profesores, acaparadores de decisiones y controles fundamentales, los orientadores han sido pensados para todo menos para el servicio público de atender o ayudar a padres y alumnos. Se trataba de extender una figura que actuara como catalizador de una nueva concepción de la enseñanza media. Ya hemos visto cómo en general los fines perseguidos se han cumplido y con qué resultados.
    Es también penoso que el sistema de representación oficial del profesorado esté basado en unos sindicatos de financiación gubernamental, con unas listas cerradas y bloqueadas y un sistema de liberación que convierte a muchos delegados del profesorado en profesionales del sindicalismo burocrático. Hay quien lleva veinte o veinticinco años sin dar clase. ¿Cómo van a ser la voz de los docentes? Y no deja de ser extraño que a la hora de apuntarse al fundamentalismo pedagógico sean también desertores de la tiza profesionalizados quienes más destaquen por su ardor guerrero en la defensa de la pedagogía oficial. Así, los “sindicatos de clase” apoyaron y hasta promovieron la LOGSE, aplauden un Máster en Pedagogía para ser futuro profesor de instituto, piden doble orientación en los institutos, suscriben la infantilización y burocratización de la enseñanza media. Y se oponen a cualquier cambio de rumbo razonable. ¿Merecen los profesores tener esos representantes? ¿No sería mejor suprimir las liberaciones sindicales y las subvenciones públicas a esas organizaciones?
    Hoy esos burócratas pancistas, entre desertores de la tiza y paniaguados de diversa índole constituyen uno de los grupos organizados más peligroso e influyente que sirva de escudo ante cualquier cambio y mantenga el actual statu quo a sangre y fuego. Tengo la seguridad de que buena parte del colectivo NO ES VERDAD viene de ese mundo tan improductivo y tan pernicioso para la enseñanza y la profesión docente.
    Es por este motivo por el que identificar el problema es justo y necesario. Porque sería nuestro deber y salvación que esa casta parasitaria o volviera a las aulas o se fuera a su casa. Claro que va a ser muy difícil que cualquier administración educativa se deshaga de ese colchón, con el servicio que le presta.

    • 3 mayo 2010 a 20:59 #

      Excelente Mariano. Si me dejas me lo llevo a mi blog. Un cordial saludo.

      • Mariano
        3 mayo 2010 a 21:23 #

        Por supuesto, con mucho gusto, publícalo. Hacía tiempo que estaba deseando hablar de esto. No es agradable, porque se refiere a la complicidad de una parte de la profesión, junto con los que no son de la profesión pero viven de la educación.

    • 3 mayo 2010 a 21:51 #

      Tanto el artículo de Pablo como la intervención de Mariano demuestran que el problema educativo es esencialmente político, y cuando utilizo este último adjetivo no me refiero a las cuestiones exclusivas de una u otra ideología de los partidos que nos han gobernado, sino a temas que tienen que ver con las estructuras políticas de nuestro país. La existencia de ese búnker educativo, ¿acaso no es consecuencia reveladora de la falta de representación política de los ciudadanos y de los trabajadores? De hecho, el búnker -educativo, cultural, judicial, laboral, económico, etc.-, como tal, ¿no es una figura que ahora, con la crisis económica, se está mostrando como un mecanismo más del poder oligárquico cuyo fin es evitar que la peña se desmande?

      Así que os lanzo estas preguntas:

      -¿Creéis que es posible una regeneración educativa sin una regeneración democrática?

      -¿Es conveniente continuar con la crítica y la reivindicación educativas sin hacer mención, sin atreverse a proponer cambios en las estructura política nacional?

      Un saludo.

      • 3 mayo 2010 a 22:06 #

        David, a ti te gusta profundizar en las causas y yo estoy de acuerdo con tu análisis. El asunto es que tu última propuesta, a mi juicio, excede las posibilidades de este foro y, probablemente, de cualquier foro, porque ímplicitamente llevaría a la propuesta para la acción. Ya hemos hablado de esto. Yo pienso -aunque tú no estés muy de acuerdo- que en España tenemos una democracia, aunque averiada, no tanto quizás como la pelota de Libertad, pero bastante. De hecho, hay propuestas políticas cuyo germen está en el descontento con este déficit de democracia y con un deseo de mejora. La de mayor eco es UPyD, muy criticada y a la vez con unas perspectivas muy halagüeñas. Te puedo asegurar que entre nosotros y UPyD hay muchos puntos en común, uno de ellos es precisamente el tema de mi artículo el acomodamiento dogmático de la izquierda en el poder, tanto sindical como político, que la ha llevado a convertirse en una fuerza tan inmovilista, rígida, antidemocrática en sus métodos y retrógrada como ese sindicato vertical con que la comparo. Y para conjurar malentendidos, aclararé -no a ti, porque tú ya lo sabes- que no quiero defender a la derecha, a la que lo que le pasa es que nunca ha salido de esos usos.

      • Mariano
        4 mayo 2010 a 14:18 #

        Me parece muy interesante y ambicioso lo que sugieres.
        Desde luego, hay muchos aspectos del sistema democrático de la España actual que están degradados y deteriorados por las oligarquías político-sindicales de uno y otro signo, que tienen, citando a Galdós, una “voluntad de inmanencia burocrática”.
        El cambio educativo –tan necesario- lo veo muy difícil en el horizonte inmediato. El principal obstáculo para lograrlo es la clase dirigente (en la que incluyo a las direcciones de los partidos de ámbito nacional y a los nacionalistas), que está satisfecha con lo que hay. Y al propio conformismo o derrotismo de la sociedad civil, que se encuentra, además, desestructurada.
        Cuando algunos nos hemos apuntado a este foro con muchas ganas es con la idea de encontrarnos con a sectores de la sociedad civil preocupados por la educación y a los que no se les puede vender la moto de que vamos hacia el progreso en la educación del siglo XXI con la escuela inclusiva, las competencias básicas y las nuevas tecnologías. Con la idea de movilizarlos y articularlos de alguna forma. A través de la red. Quizá más adelante con otras vías.
        Sin una sociedad civil que tenga sus instrumentos reales para hacer oír sus demandas, incluso para que se la identifique y se la reconozca, no es posible mover el tablero tal y como está configurado en este momento.
        Yo no llego a una conclusión tan radical como para calificar nuestro sistema de democracia orgánica, pero sí es cierto que en la vida del día a día el ciudadano no cuenta ni existe fuera de unas reglas de participación en las que las cartas están marcadas y en las que los aparatos político-sindicales lo tienen todo atado y bien atado.
        Una democracia de baja calidad con una gran apatía social e individualismo feroz, real en su comportamiento colectivo, incluso entre muchos que salen a la calle en procesión o en rebaño para vociferar o para exhibirse.
        Pienso que en nuestro sector, la enseñanza, sí debería plantearse un cambio del sistema de representación, tan encorsetado y tan encauzado. Que debería replantearse el sistema de las liberaciones sindicales sin límite de tiempo, las listas cerradas… E incluso dar mayor protagonismo a los claustros de profesores. Por supuesto, que la infame turba de los pseudoexpertos sobra. Pero es que siguen creciendo por todas partes.
        Y, en general, todo el sistema representativo y toda la intervención de los aparatos en el poder judicial, en los medios de comunicación y en casi cualquier tipo de subvenciones está pensado más para el control absoluto que para que las aspiraciones de la ciudadanía (la famosa ciudadanía) y de esa sociedad civil anestesiada y ninguneada puedan emerger y ver reflejados sus anhelos en las instituciones.
        Quizá volvamos al divorcio entre la España oficial y la España real, o a lo mejor es que esta última no tiene está deliberadamente desarticulada.
        Pero coincido también con el análisis de Pablo. Nos viene un poco grande el traje de querer cambiar el marco político. Aun así, no deja de ser interesante que se extienda la idea de que hay que replantearse el sistema que tenemos en los términos en los que lo tenemos como una estructura que sirve para que el profesional viva del invento y que a los ciudadanos no les vale. Lo que han hecho los políticos y sus adláteres con la educación pública es la prueba del 9. Y sin atisbos de rectificación, pese a los primeros guiños con los que empezó en su afán de pactar el ministro Gabilondo, lo que muestra la insensibilidad y el carácter ultraconservador y cerrado de la actual casta dirigente.

  3. 3 mayo 2010 a 14:34 #

    Por supuesto, Mariano, la simbiosis entre el sistema corrupto y los corruptos de medio pelo que se mantienen mutuamente es total. Y naturalmente, la joya de la máquina de corrupción son los sindicatos, en especial, los de clase, que cada vez recuerdan más al vertical, por esa connivencia de sindicatos oficiales y subvencionados a la que aludes.

    • 3 mayo 2010 a 21:01 #

      Muy bueno el artículo Pablo. Me gustaría montar en mi blog una entrada con tu artículo y la contestación de Mariano. Un saludo. P.D.: ¿cómo va lo de los vinos?

  4. Borja Contreras
    3 mayo 2010 a 15:59 #

    Estupendo artículo, Pablo.
    El más que mentado ROC andaluz logrará que en los centros haya finalmente más pancistas que gente trabajando.
    Y cuantos más hay, más difícil es mover el tema…

  5. Ania
    3 mayo 2010 a 16:56 #

    Estupendo artículo Pablo .

    Las aportaciones de Mariano dan más luz , si cabe, al diagnóstico del actual sistema educativo.

    Es increíble cómo se sitúan en las salas de profesores y claustros, estratégicamente colocados, como auténticos guardias de seguridad.

    Lamento comunicaros que en mi centro lo tienen todo cada vez más controlado.

  6. JGV
    4 mayo 2010 a 9:07 #

    Me uno en los elogios a estos estupendos artículos. Una información tan interesante como reveladora.

    Mis felicitaciones.

    Un saludo.

  7. Juan
    4 mayo 2010 a 11:42 #

    Muy bueno el artículo de Pablo G.
    Y de acuerdo con el comentario de Mariano. Sólo echo en falta un par de notas: puntualizar que toda la ideología que rodea a los burócratas y pancistas ha calado en la masa del profesorado; hay que reconocer que por desgracia son mayoría (o consiguen ser mayoría si se les unen los “pasotas”). Y por otro lado, mencionar a la gran mayoría (esta vez indiscutible) de profesores de universidad en la misma linea.

    De acuerdo también con David López en lo de la importancia de la política (cómo no).

    Saludos

  8. Raus
    4 mayo 2010 a 12:46 #

    Magnífico otra vez, amigo Pablo.

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