Seleccionando lecturas

Dentro de la asignatura de Lengua castellana y Literatura, uno de los temas candentes es el de las lecturas obligatorias. Están quienes defienden a ultranza el uso de los clásicos en todas las etapas educativas; los hay que, por el contrario, se dejan llevar por el mercadeo editorial y pedagógico y echan mano de versiones adaptadas incluso en Bachillerato; luego están aquellos que mantienen una actitud equidistante de las dos posturas: adaptadas o no adaptadas dependiendo del curso.

Dejando a un lado el disparate de leer un Quijote adaptado -recortado y vapuleado diría yo- en Bachillerato, reconozco que he escuchado opiniones coherentes entre ambas posturas, entre los “puristas” y los “no tan puristas”.

Los primeros, los puristas, argumentan que la lectura de los clásicos es un deber de todo alumno. Si no se puede leer un Quijote en 3º de la ESO por la madurez, se lee en Bachillerato, y en 3º se elige un Lazarillo o una colección de romances. En primer ciclo, se trabaja con lecturas correspondientes a dicha edad, sean o no clásicos.

Los segundos, los “no tan puristas” defienden, igualmente, la lectura de los clásicos dependiendo de la edad de los alumnos. Lectura íntegra, sin recortes, modificaciones o censura. Sin embargo, admiten un “pero”: hace poco tuve la oportunidad de hablar con una profesora perteneciente a esta categoría que imparte clase en un aula de Refuerzo Curricular (ya se sabe: alumnos de primer ciclo, repetidores en su mayoría, con un nivel muy bajo y escasas posibilidades de acabar la ESO incluso en condiciones “normales”). La tesitura de esta profesora estaba en seleccionar lecturas “juveniles” (ya fuesen actuales, ya fuesen “clásicas” como un Huckleberry Finn) o decantarse por la versión adaptada de algunos Clásicos (con mayúscula). Se decidió por esta última vía con un argumento: alumnos que, por su nivel, no llegarían a Bachillerato; muchos sólo acabarían a través de la Diversificación. Es decir, no tendrían oportunidad de leer la historia de un Lazarillo, ni de un Romeo y Julieta, si no fuese de este modo. Incluso admitiendo que, en una versión adaptada no se está ante un clásico, esta profesora reconocía sentir una gran satisfacción al ver que sus alumnos adquirían cierto bagaje cultural sabiendo quiénes eran los amantes shakesperianos o qué aventuras vivió Lázaro y quién es ese personaje tan importante en nuestra literatura. De otro modo, estudiando la teoría en un tema, se les olvidaría o ni tan siquiera llegarían a memorizarlo para un examen.

Reconozco no saber en qué grupo me encuentro. Reconozco dar la razón a los “puristas” y a “los no tan puristas”.

Es un tema espinoso en el que caben muchas matizaciones. Queda claro que a un alumno, llamémosle “normal”, hay que enfrentarle a la lectura de un clásico. Porque sí, porque tiene derecho y porque es la única forma de que salga de la ignorancia a la que el sistema le somete. Pero resulta que este mismo sistema nos pone delante a alumnos como los de un Refuerzo Curricular o como los de una Diversificación (y no me refiero a los vagos que llegan ahí por simple holgazanería, sino a los que su capacidad no les deja otra opción). Y a esos alumnos hay que ofrecerles unas lecturas. Quizá sea mejor que lean la historia de Lázaro a que lean mi querido Comeré bollycaos por ti. O quizá lo mejor sea darles un Tom Sawyer. O este último combinado con una Celestina adaptada. Seguramente las dos posturas llevan razón.

El único disparate es que mi alumno de 1º de Bachillerato se niegue a leer El Quijote si no es en el cómic que le regalaron cuando era pequeño por su cumpleaños.

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Categorías: Diagnósticos

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17 comentarios en “Seleccionando lecturas”

  1. Ana Belén
    1 mayo 2010 a 19:53 #

    ¡Hola!
    Este asunto de los clásicos de verdad frente a los clásicos adaptados es un tema tan interesante como importante. Mi postura, al menos de momento, es intermedia: apoyo la lectura de clásicos adaptados en ESO, ni de broma en Bachillerato. El motivo de apoyar dichas lecturas en ESO es la propia situación de esta etapa a día de hoy, aunque también creo que depende un poco del grupo de alumnos, si fuera bueno, intentaría que leyeran sin adaptar o intercalaría ambos tipos de lectura.
    En cuanto al disparate del alumno del Bachillerato, es, desgraciadamente, una actitud más extendida de lo que parece. En mi instituto los hay que han pasado olímpicamente de las lecturas obligatorias y dejan los comentarios y exámenes de las mismas en blanco y se quedan tan campantes. Aunque sea la etapa post-obligatoria, el problema de fondo sigue siendo el mismo que en ESO en la mayor parte de los casos: desconocimiento total y absoluto de lo que es el esfuerzo y un nivel considerablemente más bajo que el que deberían tener, consecuencia de la desastrosa etapa que precede.
    Un saludo!

    • Mari Cruz Gallego
      2 mayo 2010 a 17:33 #

      Una cosa son las lecturas “modernizadas” lingüísticamente, de las que editoriales como Castalia tienen muy buenos ejemplares, y otra son los clásicos adaptados, es decir, recortados o, incluso, reescritos por un “negro” que se limita a contar el argumento de lo que en su día fue un libro.
      Quizá las primeras sean adecuadas en determinados cursos de la ESO, aunque siempre es conveniente intentar meterles, aunque sea con calzador, un original.
      Comprendo tu situación con bachillerato. A mí me ocurre lo mismo: negación sistemática a comentar los textos.
      Un saludo

  2. Juan Ramón
    1 mayo 2010 a 21:49 #

    Qusiera matizar: respecto a los cómics se plantea exactamente el mismo debate. Si se trata de una adaptación del Quijote de las joyas literarias juveniles de Bruguera, pues bajo ningún concepto; pero si se trata de la adaptación de Will Eisner, el mayor genio de la historia del cómic, pues adelante. No es ninguna tontería que los alumnos lean Maus de Spiegelman (por citar el ejemplo arquetípico); es pura idiocia hacerles leer Superman.

  3. José Mari
    1 mayo 2010 a 22:21 #

    La reducción de contenidos literarios es tan alarmante, que el debate entre adaptados y juveniles frente a clásicos es, para mí, espinoso. Confieso sentirme incapaz de leer en profundidad y con solvencia un clásico mientras no se desligue en Bachillerato la Lengua de la Literatura. Lo intento, pero el temario es tan extenso, hay tanta disparidad en los contenidos, que no se puede trabajar bien una lectura. Si te limitas al libro de texto, las explicaciones son ridículas, reducidas a un sin fin de fechas, nombres y casi un listín telefónico. Este año hemos leídos Manrique, Garcilas y Lazarillo, por cuestiones de tiempo. Lecturas más extensas son inviables, tal y como están las cosas.
    En cuanto a la ESO, los problemas de comprensión lectora son tantos, que me da igual que lean uno que otro. He optado por dar vía libre, lecturas escogidas por ellos, previa recomendación mía. Muchos leen,, más de los que en un principio pensaba. De todas formas, para leer es necesario que la familia sea lectora. Quienes no lean en casa, no lo harán tampoco en el centro. En fin, estoy esta noche tan cansado y abatido tras corregir un examen que todo me da igual y lo mandaría a hacer puñetas…. En fin, perdonadme.

    • Mari Cruz Gallego
      2 mayo 2010 a 17:38 #

      José María: quizá lo más sencillo sea plantear lecturas para programas como el Refuerzo: la solución de dales lecturas adaptadas para trabajar a los clásicos me parece muy adecuada.
      El mayor problema aparece en los cursos “normales” en los que ciertos profesores nos negamos a rebajar la exigencia y a trabajar la Literatura, en una asignatura cada vez más extinta en los planes de estudios.
      Otra cuestión es la de el bajo nivel. Aceptamos que lo tienen, el problema está en que es prácticamente imposible hacer que mejoren de nivel tal y como está planteada la asignatura y un sistema de promoción casi automática.
      Un saludo

      • José Mari
        3 mayo 2010 a 10:49 #

        Coincido plenamente contigo, Mari Cruz. Es una pescadilla que se muerde la cola. A mí me resulta muy dificultoso explicar o introducir una lectura de algún clásico, aunque sea adaptada, si no puedo hablarles con seriedad de la época, de los tipos de texto y mucho menos de los recursos estilísticos. Rebajarme tanto me hace sentir inútil. No creo que para dar una clase así, tan básica, haga falta haber estudiado esta carrera ni que la imparta alguien de letras.

    • Luzroja
      3 mayo 2010 a 11:52 #

      José Mari, para leer no debería ser necesario que la familia sea lectora. He escuchado demasiadas veces esta afirmación, que de tanto oirla, ya me parece un tópico.
      Ninguno de mis padres tenía el hábito lector, en mi casa apenas había libros, en mi pueblo no había biblioteca…en cambio, tanto mi hermana como yo somos lectores, y este caso no es una excepción.

      Leer a los clásicos en bachillerato es cuestión de dignidad, hay que ofrecerles a los chicos la posibilidad de conocer la grandeza que hay en un clásico, nadie dice que sea cómodo, pero nada valioso se encuentra por los caminos trillados.
      No es preciso que lean a muchos clásicos, lo importante es que lean alguno en profundidad para que les aporte el punto de “sal” intelectual que les llevará a leer otro y otro y otro.

  4. Juan Ramón
    1 mayo 2010 a 22:26 #

    Son los tiempos…; también yo a veces siento la sensación de intentar resistir a los bárbaros. Todo el lenguaje, oral, escrito o visual es de una insultante infantilización; y no es probable que eso vaya a cambiar.

  5. Mari Cruz Gallego
    2 mayo 2010 a 1:37 #

    Por supuesto, quería decir “Huckleberry Finn”…:S

  6. 2 mayo 2010 a 7:54 #

    Para mi el problema es dar un título a toda la clase, si se eligen diferentes títulos, cada uno leerá en función de su nivel. Además hay que trazar itinerarios, empezar por lecturas asequibles para llegar a los clásicos, no empezar por ellos y hacerles perder todo el gusto ni conformarse siempre con lo que les gusta. Sentido común, vamos

  7. Mari Cruz Gallego
    2 mayo 2010 a 17:41 #

    Eduideas: considero primaria y el primer ciclo de la ESO como la etapa ideal para trazar itinerarios de lecturas asequibles. En un 3º de la ESO en una clase normal, los alumnos ya deberían estar preparados para enfrentarse a un clásico (evidentemnte, no a todos, pero sí a algunos) con ayuda del profesor (que para eso está). Consdiero que ésa es la exigencia que se debería tener a partir de 3º. Pero no es ni de lejos la que existe. Aquí entraríamso en el tema de las distintas vías de estudios, que es difernete al del post.
    Gracias por tu comentario. Un saludo.

  8. Mariano
    2 mayo 2010 a 21:58 #

    Espero opiniones sobre lo que escribe
    Rosa Montero en EL PAÍS de hoy. Pero creo que se aborda un problema, el de la lectura, sin tener en cuenta todo el contexto general de la enseñanza. Con lo cual pienso que se va un poco por las ramas, aunque no predique directamente la enseñanza analfabeta a la que nos tienen acostumbrados los pedagogos.

  9. José Mari
    3 mayo 2010 a 10:56 #

    Leí ayer el artículo de Montero. Coincido en muchas cosas, pero sobre todo en que no se puede celebrar el día del libro, la lectura, a Cervantes, cuando en el sistema educativo de un país la Literatura está como está. No se trata de que todo el mundo lea a saco, sino de dignificar el estudio de una materia que puede gustarle a mucha gente. Cómo hablar de Cervantes, Quevedo, Garcilaso, cuando en la misma asignatura hay que impartir cuestiones de morfología, sintaxis, pragmática, ortografía, fonética, nuevas tecnologías… Es imposible. La reducción en Bachillerato sí que me parece aún más alarmante. Que no haya en la modalidad de letras una asignatura obligatoria de Literatura española, como la había hace años, es un disparate. La Literatura en España agoniza y, entre otras cosas, debido a que no se puede enseñar bien, con profesionalidad, con sosiego, con gusto y disfrute, lo que otros escribieron antes que nosotros, ni siquiera lo que se escribe hoy. Así, sin profundizción, los textos se convierten en fósiles inservibles de otro tiempo, y esa sensación la pillan los alumnos al vuelo. En primero de Bach. hay que dar toda la morfología, la oración compuestas, la coherencia textual, el comentario crítico y toda la literatura desde la Edad Meida hasta el XIX. Es imposible, encima, trabajar una lectura con tranquilidad. Muerte por sobreinformación, y además de la mala.

    • Borja Contreras
      3 mayo 2010 a 16:22 #

      Amigo José Mari: coincido contigo en el análisis inicial.
      Pero la agonía de la literatura en España no es sólo producto de la degradación de la literatura en la enseñanza.
      Épocas ha habido en las que el acceso a la enseñanza era mucho más difícil y sin embargo existían grandes literatos. Ahora alguno hay, pero el panorama no es el de otros tiempos.
      El artículo de Rosa Montero tiene dos caras. Parece que, al hilo de sus conversaciones con un colega, lamenta que en españa se lea poca literatura española. Y achaca esto, al menos en parte, a la presencia de los clásicos en niveles tempranos.
      Creo que se equivoca y apuesta por un camino equivocado.
      Primero, porque la presencia de los clásico es más bien escasa, abundando hasta la extenuación la lectura de ese “subgénero” que es el relato para adolescentes. Un subgénero pensado por entero de cara al mercado escolar.
      Segundo, porque desde una formación escasa en literatura de calidad -calidad literaria- difícilmente puede esperarse que en el futuro y voluntariamente se aborde la lectura de textos más complejos y difíciles de leer.
      Me parece -y es una opinión muy personal- que hay en el artículo un lamento de autora que se siente poco leída y apreciada. Y me parece también que yerra el tiro en el diagnóstico. Sólo un público bien formado y acostumbrado a lo difícil podrá abordar textos que no sean “El Código DaVinci” o las estrellas comerciales del momento.

      • José Mari
        3 mayo 2010 a 22:04 #

        Por supuesto, Borja, que aciertas y das en el clavo. Son tantas cosas las que quiero decir que me dejo la mitad en el tintero. El problema es que son muchos problemas. Cómo leer Don Quijote si antes no se ha leído nada más… Eso es absolutamente cierto. No soy partidario de ese subgénero, pero la realidad es tan desalentadora que es prácticamente lo único que llegan a enteder. Es verdad que luego hay grupos y grupos, y no todos los chicos y chicas son iguales. Lo que yo no comprendo, de verdad, es cómo se puede llegar a 1.º de ESO sin entender lo que se lee. Es algo que me indigna y me desconcierta.

  10. 11 mayo 2010 a 9:50 #

    Cuidado con la última afirmación del artículo y que ya advierte Juan Ramón en un comentario. Puede parecer que el cómic es una de esas cosas para niños pequeños que no tiene otra utilidad que la de entretener. Cuidado con eso, porque es una falacia. Más aún: creo que debería fomentarse la lectura de cómic como método de desaceleración del tipo de lectura que la televisión y el cine proponen. En el mundo del cómic hay ejemplos mil de grandes cómics para todas las edades y públicos, de buenos contenidos y ejemplos de narración. No los citaré aquí para no hacerme pesado.

  11. Pepita
    14 julio 2010 a 10:24 #

    Lo de leer Maus me parece estupendo. Otro que se me viene a la mente es la adaptación de El Hobbit.
    Por otro lado hay literatura “juvenil” de calidad, como paso previo a los clásicos. Este tipo de obras aplazan la inmediatez de la satisfacción, cosa que un videojuego, una película o la literatura chatarra les colma rápido. Por desgracia los chicos viven rodeados de este tipo de ocio, y se les hace cuesta arriba enfrentarse a cosas que llevan la cadencia no acelerada de otros tiempos.
    A mi hijo (2º ESO) le entusiasmaron (leídos por su cuenta, no pautados por el centro): el Hobbit, Carta al Rey deTonke Dragt, los relatos fantásticos de Roald Dalh, Sleepy Hollow de W. Irving, Harry Potter (vale, mejor en el fondo que en la forma), la Isla del Tesoro, la Catedral de Menorquí. Y ve series tipo David Copperfield, Los Miserables etc y le gustan, espero que sea el germen de una prometedora carrera lectora de clásicos. Eso sí, no tiene disponibilidad frecuente de consola que le haga sombra a los libros.

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