Historias de plurilingüismo en Castilla La Mancha

Ahora que los cuentos están en el punto de mira del Ministerio de la Verdad de la Señorita Aído, pongo en conocimiento del público este manuscrito que casualmente llegó a mis manos. Por si acaso quieren quemarlo, y para despistar a los censores, en este cuento no aparece ningún Pulgarcito falócrata:

Érase una vez una comunidad autónoma, entidad territorial antaño conocida como reino de taifas o cortijo, donde en los tiempos remotos de comienzos del siglo XXI de la era cristiana su gobiernillo se preocupó mucho por el hecho incontestable de que ellos carecían de una lengua propia. ¿Significaba esto que los nativos de esta comunidad no podían hablar por no tener la habilidad del lenguaje, faltarles algún órgano emisor o receptor del mismo, o simplemente que la vagancia de sus antepasados les había desprovisto de idioma? Nada de esto. Hablaban el español, o castellano; lengua hablada o, al menos, entendida, por todos los habitantes de España, pequeño país en el que se agrupaban ésta y otras comunidades autónomas, aunque bien es cierto que era de mal tono pronunciar o escribir ese nombre. Lo correcto en aquellos tiempos era decir “el estado”. Lo que sucedía, queridos niños, era que en el territorio de la comunidad autónoma de nuestra historia sólo se hablaban unas pocas variedades dialectales del español o castellano. Alguien en el gobiernillo no pudo menos que exclamar: “¿No tenemos nosotros un idioma sólo nuestro? ¿Otros sí, ná más que pá darse pisto? Vamos a ser plurilingüistas nosotros también. El mundo se asombrará. Vamos a ser bilingües. Más tarde seremos plurilingües; luego, ya veremos. Empezaremos por los colegios, que es donde han de comenzar todos los experimentos. ¿Qué lengua cogeremos?”

La elección del inglés estaba fuera de toda duda. En aquellos tiempos lejanos existían unos colegios privados muy pijos, en los cuales sumergían a los niños en otra lengua, y les enseñaban a hablar en inglés como descosidos. Este tema y costumbre fue iniciado en las remotas tierras del Quebec, así como en otros varios sitios, entre ellos en unos condados de la antigua España, perdón, el Estado. Decían que querían impedir la desaparición de un idioma minoritario. Para ello desarrollaron una técnica que consistía en discriminar la lengua mayoritaria en la enseñanza e imponer multas a quienes rotulaban sus tenderetes de mercado en ella. Estaban oprimidos, por eso lo hacían, decían ufanos. Y por ello, les dejaban hacerlo. ¡Pobrecillos elfos sojuzgados! Varias comunidades autónomas copiaron estos procederes. En nuestra comunidad no podíamos. Ay, no habíamos sido oprimidos. Pero bueno, con el tiempo todo se andaría. Ahora, a lo que estamos; vamos a empezar por introducir por inmersión a los niños de tres años en el inglés. Crearemos colegios bilingües a tutiplén. Aquí van a hablar inglés hasta las piedras.

Pasaron los años, y seguía sin haber muchos habitantes de nuestra comunidad que supieran hablar inglés. Como mucho, podían mascullar una frase de saludo. Leerlo era mucho más difícil. Habían sucedido varias cosas. Se encontraron pocos maestros que dominasen el inglés. Sin embargo, sí bastantes que, aun habiéndolo estudiado someramente, no podían comprender un texto un poco complicado, por corto que fuera, en esta lengua. No obstante, hubo que echar mano de ellos. Los tiernos infantes, curso tras curso, repetían los números, los colores y los nombres de unos cuantos animales. Esmerándose mucho en la pronunciación, eso sí. Algo habremos de hacer, esto no hay quien lo pare. Ahora crearemos los institutos bilingües, se dijeron los sabios de la enseñanza del gobiernillo, aconsejados por una casta de magos conocida como los psicopedagogos. Los llamaremos “secciones bilingües”, que queda más bonito. Y algunas en francés, que dicen que suena más fino, el “champagne” y el “pâté”, ya se sabe. Pasaron otros poquitos años más. Había que impartir las clases de las más diversas asignaturas en inglés, y algunas en francés. Y aquello seguía sin funcionar. Resulta que había unos cuantos, pocos, profesores que dominaban más o menos alguna de estas lenguas. Normalmente, las habían estudiado en las Escuelas Oficiales de Idiomas. Y de nuevo, sucedieron varios acontecimientos, y había varios métodos de tomarse el cometido plurilingüista:

– Estaban los profesores que impartían su materia en inglés o, eventualmente, en francés. Como el alumnado no había aprendido bien el idioma en Primaria, se producía un desajuste lógico: no se enteraban de la misa la media. ¿Qué hacer? Lo más sensato era que el profesor hablase en español y, de vez en cuando, dijera algo en inglés. Manejaron textos en esta lengua, eventualmente en francés, pero con la traducción al lado.

– Estaban los profesores que sólo conocían ligeramente el idioma. En su día, a lo mejor, obtuvieron un título, pero no lo habían practicado mucho, y se había oxidado. Resultado: sus unidades didácticas, antaño lecciones, eran habladas en español, con algún parrafito, de vez en cuando, en inglés o en francés. Se manejaban textos, en lengua extranjera, con la traducción al lado.

Los jóvenes y las jóvenas seguían sin hablar inglés, francés mucho menos. De leer libros en versión original, mejor no hablar. El gobiernillo tuvo que recurrir a sus asesores más preclaros, con aura de magos uno o dos, para enderezar el entuerto. De nuevo se halló la solución. Haremos varias cosas, dos. La primera, diremos que esto funciona a la perfección, que aquí todo el mundo sabe hablar inglés. ¿Quién lo va a comprobar? Si quienes nos critican tampoco lo hablan, y si saben hacerlo, les da vergüenza. Razonamiento impecable. La segunda: lanzaremos un, ambiciosamente proclamado, “Plan de Plurilingüismo” que ratificará todo lo anterior, si bien que ello aderezado con objetivos generales, objetivos específicos, líneas de actuación, ejes, y qué sé yo. Tendrá una dotación de cuarenta y ocho millones de euros -antigua moneda de la época- nada menos. Pero, queridos niños, algo llamaba la atención de los magos desde varios años antes. En aquellos tiempos, y desde que nadie podía recordarlo, existían lo que se llamaba “Escuelas Oficiales de Idiomas. Había poquitas en aquella comunidad, una en cada capital y ciudad importante. Ofrecían una formación en cuatro o cinco lenguas rigurosa, organizada y metódica. Al cabo de unos años, cinco o seis, se podía obtener un conocimiento bastante amplio, amén del diploma correspondiente. Naturalmente, en proporción con la población, y aún más con el sistema educativo, los titulados por estas Escuelas no eran muchos. Por varias razones:

– Escasez de número de las propias Escuelas de Idiomas. Entrar en primero de inglés era muy difícil. Había pocas plazas de profesores.

– El esfuerzo necesario para superar cinco o seis años de formación. No todos los que empezaban concluían los estudios. Los aficionados a las carreras de fondo saben de esto.

Alguien, ingenuo él, preguntó a los hechiceros de la Consejería de Educación: “¿No sería lo mejor encargar la formación de los profesores éstos del plurilingüismo a estos centros donde hay gente que sí sale hablando el idioma?”.  Al ingenuo no le quedaron ganas de volver a preguntar durante el resto de su vida. Y los hechiceros dieron forma a lo que llevaban maquinando largos años. No vamos a tolerar semejante muestra de elitismo. Gente que empieza unos estudios y no saca el título. Esto es inconcebible y antiinclusivo. Hay que ponerse manos a la obra para acabar con esos antros de formación verticalista y exclusivista, dijeron.

No convocaremos oposiciones para esos profesores elitistas, o una con dos o tres plazas cada veinte años, y el cuerpo se extinguirá como los lagartos ésos tan grandes que había antes.

– Aprovechando la burocracia del Sacro Imperio de la Unión Europea en relación con el marco común de conocimiento de lenguas (un maremágnum de letras acompañadas del correspondiente numeraco) encargaremos la formación de nuestros profesores plurilingüistas a centros privados, muy pijos y caros, que también tienen madre, y tienen que vivir de algo.

– Además, vamos a organizar unos exámenes llamados “pruebas terminales” para aquellos osados que se matriculen en las Escuelas Oficiales. Naturalmente no las corregirán sus engreídos profesorcillos sino un comité que nombraremos al efecto para que se reúna en la cueva de nuestro castillo.

Desvalorizaremos el título de la Escuela Oficial convalidando el nivel de su primer curso con aquellos que acaben la Enseñanza Secundaria Obligatoria.

– En colaboración con los otros gobiernillos de las otras comunidades autónomas, que para eso sí que nos ponemos de acuerdo, crearemos diecisiete sistemas de Escuelas Oficiales. A ver quién es el guapo que se matricula y es capaz de cambiarse de uno a otro.

Tenemos que favorecer los títulos extranjeros, esos que se dicen “diplôme” o “certificate”, que sabe Dios lo que querrá decir. Con esos nombres fardas más delante de tus vecinos porque hay que rentabilizarlos. Sí, son caros; los de las Escuelas Oficiales de Idiomas son para pobretones.

¿Qué se creían esos elitistas? ¿Qué pretendían? Ir por ahí leyendo libracos en inglés. El inglés es para contar, recitar colores, saludar, y con estos conocimientos, conseguir un trabajo de camarero en la costa y ligar con unas/os hooligans buenorras/os cuando acabas tu jornada de veinte horas en el chiringuito. Así estaban las cosas en aquellos tiempos remotos.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

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14 comentarios en “Historias de plurilingüismo en Castilla La Mancha”

  1. JGV
    26 abril 2010 a 8:49 #

    Estimado Maximiliano,

    en Madrid, que es la Comunidad (reaccionaria) en la que trabajo, la situación no es muy distinta. Yo al menos, las veces que he intentado matricularme en francés, ha sido imposible. Por no hablar del inglés. También intenté que me convalidaran mi título del Goethe-Institut (el Cervantes de Alemania) y no, de ningún modo. Así que como ya estoy muy cansado y considero que ya he luchado suficiente, me dedico como buen español a ser autodidacto y estudio lo que me da la gana y cuando me da la gana. A lo que voy: también aquí el ataque y abandono a las Escuelas de Idiomas es notable. Lo que resulta evidentemente contradictorio con la tendencia obsesivo-compulsiva por el bilingüismo en coles e institutos por ser “bilingües”: una lucha desenfrenada entre centros, para ver si así con el inglés, atraen clientela guay y ya de paso los alumnos más gamberros emigran a otros lares. Por otra parte, el éxito es poco, pues no compruebo por mis sobrinitos y en general que el nivel de inglés mejore especialmente (de bilingüismo nada de nada). ¿No sería entonces lo lógico potenciar de pleno las Escuelas de Idiomas, ampliar la oferta a las necesidades reales de la población (que son muchas y no todos pueden pagarse una academia) y, por ejemplo, empezar a emitir de forma sistemática reportajes y pelis en versión original (con subtítulos) o emplear la radio e internet para difundir de forma gratuita y eficaz el aprendizaje de idiomas (no sólo inglés)? ¡Qué País!

  2. Maximiliano Bernabé Guerrero
    26 abril 2010 a 10:00 #

    Querido/a JGV:
    Estás mentando la bicha a todos estos progres. ¡Potenciar las escuelas de idiomas! Unos centros donde se estudia y se aprende. ¿Pero qué dices? Pudiendo ganar sus buenos cuartos los de las academias pijas y los de los cursillos donde se manda a los chicos a Dublín, previo pago de viruta, para se echen un/a novio/a italiano y no aprendan nada. Así se desenvuelven estos adalides del igualitarismo.

  3. 26 abril 2010 a 16:53 #

    Interesantísimo artículo, Maximiliano, como todos los tuyos. Ahora te voy a pedir perdón por invadir tu casa para lanzar algunos mensajes en general y uno para JGV en particular.
    1.- Si pulsáis este enlace (http://www.fapaginerdelosrios.org/documentacion/informe_fapa_bilinguismo.pdf), veréis que la nada sospechosa FAPA Gíner de los Ríos también pone serias objeciones al alegre parque temático del bilingüismo en la escuela que están montando nuestros políticos; a este respecto, Maximiliano, tú lo has dicho: para sus experimentos demagógicos, no tienen el menor empacho en tomar a la escuela como su rata de laboratorio favorita.
    2.- Yo tengo ya hace tiempo formulados mis puntos de vista acerca de este tema, pero, aunque creo que siguen teniendo validez, es en una entrada de mi blog algo vieja que no quiero meter con calzador en DESEDUCATIVOS; si queréis conocerlos, meteos en google – busqueda avanzada y poned esto: del niño del inglish al niño del ordenata.
    3.- Querido JGV: me satisface enterarme de que eres de Madrid, porque algunos compas de esta comunidad estamos empezando a movernos. Si quieres que te informe, métete en google y pon La garita del guachimán (ése es mi blog); allí, en “mi perfil”, encontrarás un correo mío por si te interesa entrar en contacto conmigo para que te informe.

    • Libertad
      27 abril 2010 a 12:40 #

      Señor López, la nada sospechosa FAPA Gíner de los Ríos fundamenta sus objeciones, aparte de en la falta de presupuesto, en la misma llaga de siempre. Dice en la página :
      “Todos los datos recabados, hasta este momento, nos llevan a pensar que los centros de Secundaria no están preparados para asumir el programa bilingüe y, además, sus docentes (con plaza) no están interesados por el mismo.”

      • 9 septiembre 2010 a 21:39 #

        Hola!
        Me está gustando mucho todo lo que estoy leyendo en tu blog, pero aquí me voy a detener: soy profesor de secundaria en artes plásticas, realizo no hace mucho proyectos etwinning y coordino un comenius, finalicé mis estudios en la escuela oficial de idiomas y he asistido a cursos comenius en otros países; NO consigo que los compañeros del claustro de mi centro aprueben con sus votos un proyecto de innovación en idiomas para que un par de profesores hagamos el intento de extender estas experiencias al alumnado, ¿y porqué? porque la idea no le mola al departamento de inglés ni a los catedráticos de la CCP, que perderían su derecho de pernada en la elección de grupos y quien sabe si tal vez hasta ponerse al día en idiomas…horror! (suspiro desalentado)

      • 11 septiembre 2010 a 10:52 #

        Hola, me alegro de que te guste Deseducativos, difndelo aunque no ests de acuerdo con algunas cosas. En principio, el hecho de que, siendo de otra disciplina, te preocupes de obtener un ttulo de la EOI, y participes en el COMENIUS, ya te avala. A lo que me refera en mi artculo “Historias…” es a que en la mayora de centros y secciones bilinges, sobre todo los colegios, a lo que se limitan es a repetir los colores y los nmeros cada ao, sin que nadie acabe sabiendo ingls. Porque los que lo ensean tampoco suelen saberlo. Esto sirve para inflar las estadsticas de nuestra Consejera. Dices que has entrado en conflicto con el Depto. de Ingls, no s, no conozco el caso, pero a veces stos son muy suyos y no dejan meterse a “advenedizos”. Te lo digo, porque yo soy profesor de Francs, tambin tengo perfil de Ingls, y durante varios aos fui jefe de Depto. Si te interesan estos temas, en unos das voy a publicar un libro sobre el desastre educativo, en forma de novela policiaca. Se llamar “El Enigma Ortiz y los Pepoes”, publicado por Ledoria (www.editorial-ledoria.com), que tambin lo sacar como libro electrnico. Si te interesa, te mando un extracto. Un saludo y gracias por el comentario. Maximiliano

    • Libertad
      27 abril 2010 a 12:41 #

      Gracias por el enlace.

  4. Rinconete
    27 abril 2010 a 10:48 #

    Querido Maxi (perdona la confianza pero nos conocemos) de acuerdo con el fondo del tema e indignado por el desmontaje -desde hace un tiempo, acelerado ahora- de las Escuelas Oficiales de Idioma. Pero quiero protestarte por el empleo despectivo del apelativo “progre”. Primero por propiedad: “progresista” se utiliza desde finales del XVIII y tiene su reválida en el XIX por oposición a conservador y moderado. No voy a ilustrar ahora ese tema, y tu además seguro que lo sabes. En segundo lugar aunque el término se descontextualiza en los tiempos de la lucha antifranquista, se llena de otros contenidos (opositor joven, universitario, melenudo, 69, rev. sexual, rock, etc.) que para mi y para muchos otros fue un diferenciador llevado con orgullo -y con magulladuras-. Se en lo que han derivado muchos de aquellos muchachos del 69 (yo soy algo más joven) pero eso no invalida el que muchos nos consideremos aún “progresistas” en su acepción más propia. Tercero, no todos los antiguos progresistas hemos sido abducidos por Piaget y los 3 ceporros-catedráticos de Magisterio. En la lucha que hoy nos une contra el despropósito logsiano y sus secuelas no hay una línea de fractura partidista. Conozco a gentes de todas las ideas y tendencias políticas a un lado y a otro de la línea.
    Por último, tal vez el problema resida en que no existe un término que resuma las esencias de un grupo social que une cierta desahogada posición económica-cultural, urbanita, que lleva sus hijos a colegios concertado-privados, que puede estar en o alrededor del pesebre político y milita por convencimiento o interés en la psicopedabobía logsiana. Podría ser “yuppie” más un calificativo. Pero pensándolo bien, también los hay brutos y rurales.
    Un cordial saludo

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    27 abril 2010 a 15:18 #

    Querido Rinconete:
    Un placer saber que me conoces; ya me dejas con la intriga de quién se oculta tras el apodo cervantino, espero que pronto me saques de ella.
    En primer lugar, reconozco que por azares de mi vida, por panfilismo de mi parte, he padecido a bastantes pesados multiculturales, oenegistas, fanáticos de Silvio Rodríguez, santones de barrio… y al cabo de los años (encima, me hice de la Enseñanza), pues, por debilidad, o por cansancio, les tengo cierta inquina. Es lo que sucedes cuando te caes del caballo, camino de Damasco, o simplemente del guindo.
    En segundo lugar, siempre me ha fastidiado un rasgo fundamental de la izquierda española: su trascendencia. Tanto laicismo para eso. Por trascendencia entiendo su significado: La izquierda cifra su objetivo, su esencia, su motor fuera de ella misma, de los grupos que la constituyen. Está claro que el desastre educativo lo perpetró el PSOE (con el dejar hacer del PP, cuando gobernaron). Bien, conozco decenas de votantes de este partido, dos o tres socialistas convencidos, que reconocen el entuerto y seguirán votando a ZP, y a Micky Mouse si lo pusieran de candidato. “Es que no son verdaderos izquierdistas, ya verás cuando se produzca el giro”. De Felipe González, decían lo mismo. Yo me cansé de la izquierda hace ya unos cuantos años.
    En tercer lugar. El término “progre”. Les define bastante bien, casi todas las abreviaturas definen bien a un tipo de incoherente que simplemente sigue la moda. Desde hace 35 años o más se lleva comulgar con un catecismo determinado, o aparentarlo. Hasta el PP se aproxima a esta estética. Encontradme a algún dirigente del PSOE que no lleve a sus hijos a coles de monjitas, o a esos privados pijísimos, y les tomaré en cuenta.
    Les tengo manía, lo admito, he pecado.

    • JGV
      28 abril 2010 a 9:06 #

      Yo también les tengo manía. ¿Po qué? Porque son soberbios. En cuanto se les cuestiona lo más mínimo te tildan de reaccionario o fascista. Porque con su discurso contradictorio, que normalmente encubre una ausencia total de discurso, obran de forma incoherente. No viven como piensan, ni hacen lo que dicen. Yo me remito a los actos (.. por sus obras les conoceréis…) Porque son relativistas, pero a la vez son más buenos que dios y se entusiaman ante los valores cristianos – a pesar de su agnosticismo y a pesar de Foucault (contradicciones y más contradicciones). De esa soberbia y ese dogmatismo y esa ausencia de claridad mental son deudores la LOGSE, la LODE y lo que nos prepara nuestro progre Ministro (por cierto un especilaista en la filosofía progre, que viene de Francia).
      A mi “progre” me parece un buen término, que seguiré usando de forma despectiva.

      Un saludo.

  6. Luzroja
    30 abril 2010 a 22:38 #

    Que la escuela desde los tres años se haga bilingüe forma parte del mismo procedimiento que nos ha llevado a titular en ESO a verdaderos analfabetos.
    Todo es pura apariencia, un despliegue “verborréico” vacío de contenido.
    Además, estos mismos que fabrican bilingüismos montan estudios que demuestren el calado de tales planes y llegan a concluir, entre lindezas que he leído, que los niños que estan estudiando en centros bilingües no conocen tanto vocabulario en español como los que estudian en centros no bilingües, pero si sumamos el conocimiento del vocabulario que los niños bilingües tienen entre los dos idiomas, entonces, salen ganando.

    (espero que el estudio sea un fraude, por bien de los niños bilingües)

  7. 1 mayo 2010 a 10:16 #

    Pues me temo que no, Luzroja: lo peor de esta farsa demagógica del bilingüismo es que va a coger no sé si cómo rehenes o como conejillos de indias a miles de niños, sin pararse a pensar en serio en los posibles perjuicios educativos que el programa encierra para ellos. No me cansaré de decirlo: en un país como España, generalizar o casi generalizar la enseñanza bilingüe es un disparate, algo así como una deportación masiva estaliniana. Y como sabemos todos que quienes lo están impulsando lo están haciendo en realidad para labrarse una imagen de eficacia política (que, por supuesto, es falsa), ya podemos deducir cuáles son su competencia y su ética.

  8. Sara
    1 mayo 2010 a 18:02 #

    Estoy totalmente de acuerdo en el gran fiasco que supone el “bilingüismo” cajtellanomanchego.
    La única ventaja que le veo es poder formar grupos homogéneos de alumnos (de acuerdo que grupos de buenos y malos alumnos), es algo tan anti-LOGSE que no se cómo lo han permitido.

    • 9 septiembre 2010 a 21:45 #

      Me gustaría saber qué experiencia negativa has tenido con ello como para estar convencida de que no vale la pena, yo tengo la intención de poner en marcha algún día un proyecto de innovación en idiomas, ¿de verdad crees que no podemos hacer nada para mejorar la situación de los idiomas? un saludo

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