“Panfleto antipedagógico”; Schwejk en las aulas

Ejercitando eso tan alabado y denostado que es el sentido común, seguro que a más de uno nos ha llamado la atención el hecho de la diferencia de criterios en diferentes instituciones de enseñanza en la España actual. Pongamos por caso, por un lado, un conservatorio o una academia de danza, por el otro, un instituto de enseñanza secundaria. En ambos se imparte una enseñanza fijada, tendente a conseguir el dominio, o al menos un cierto grado de conocimiento, en una serie de disciplinas. Para ello, la enseñanza está fragmentada en un número de materias y se han de superar pruebas. Hasta ahí las similitudes. Las diferencias: En los primeros, alumnos y profesores saben a lo que van allí. Unos a aprender y otros a transmitirles unos conocimientos. Queda claro que aprender, unas veces resulta agradable y muchas duro o aburrido, pues la satisfacción que se persigue es la que proporciona dominar unas habilidades o gozar de un saber (sin hablar de la capacitación profesional). Detrás de una buena, incluso una mediana, interpretación de violín hay mucha práctica, hasta sacrificio. Todo el mundo admite esto. Quien quiera pasar por los segundos, por los institutos actuales, verá que las cosas se nublan bastante: bastantes alumnos están “aparcados” allí. En el mejor de los casos cumpliendo un papel que podría ser el de un mueble más. En el peor, molestando y saboteando el derecho de los que sí quieren aprender. Entre los profesores la claridad de conceptos tampoco marcha mejor. Además de no haber herramientas ni académicas ni coercitivas para acabar con la situación anterior, están “contaminados” por toda una jerga de expertos pedagogos y psicólogos que aboga por que “profesores y alumnos interactúen”, “eliminen cualquier rastro de elitismo como la exigencia de conocimientos para pasar de curso” y propugna una “enseñanza lúdica y participativa”.

¿Por qué? De esto trata este libro, “Panfleto Antipedagógico”. Además de  llamar la atención sobre las causas de este estado. Está publicado en Editorial Leqtor, en Barcelona, y la primera edición es de Mayo de 2006. Su autor es Ricardo Moreno Castillo (Madrid 1950), catedrático de instituto y profesor asociado en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense. Combinando su formación en Matemáticas y Filosofía, tiene varios libros publicados sobre la Historia de las Matemáticas. Siguiendo con la interdisciplinariedad, el libro que nos ocupa está prologado por Fernando Savater. Lo que puede pensar cualquiera que haya llegado hasta aquí es que estamos ante otro manifiesto de queja plañidera y corporativista, en este caso, de un grupo de funcionarios a quienes, en el fondo, se considera unos privilegiados. No es esto. La enseñanza, la formación de niños y adolescentes es un asunto importantísimo para todos, pues todos le debemos gran parte de lo que somos. Frente a tanto rasgado de vestiduras de políticos y medios de comunicación ante otros casos, se puede decir que en éste, trivial en apariencia, se está determinando cuál va a ser nuestro futuro, nuestro presente ya. Y es un hecho que, en contraste con la grandilocuencia y palabras altisonantes de nuestras leyes de educación, en varios informes internacionales estamos muy retrasados en lo que respecta a comprensión lectora y cálculo. Dicho llanamente, muchos de nuestros adolescentes pueden leer en cuanto emitir dificultosamente varias letras juntas en forma de sonido pero no comprenden nada. Y tienen problemas para hacer cuentas si no es con la ayuda de una calculadora. Este libro, como indica su título, es un panfleto. Como tal fue primeramente lanzado a internet, donde el autor tenía un blog donde opinar sobre estos temas. Esto puede sonar peyorativo; no tiene por qué. Un panfleto no expone detalladamente causas, razona un camino a seguir y determina una solución; simplemente llama la atención sobre un hecho. A otros corresponderá trabajar para remediar el desastre. Y así es como se denomina, sin medias tintas, o bien “analfabetización”, al estado actual de las cosas. Sin entrar demasiado en la maraña de causas a las que comúnmente se atribuye esto, Moreno Castillo señala como perversa la legislación educativa a partir de 1990. La Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) de ese año, la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) de 2002 y la actual y reciente Ley Orgánica de Educación (LOE), que supusieron un terremoto en lo que había sido, con varios altibajos políticos eso sí, el sistema educativo español durante largos decenios. Con todas sus carencias materiales, humanas y políticas, éste había estado centrado en el esfuerzo y en el mérito, que es lo mismo que decir la excelencia. Quienes aprobaban la asignatura pasaban, los que no, no. Luego han venido la posibilidad de pasar de curso con todas las materias suspensas, el vaciamiento efectivo de la autoridad del profesor, la enseñanza obligatoria hasta los 16 años entendida no como que a alguien le puedan exigir resultados o esfuerzo sino como el simple derecho a pasar unos años en unas instalaciones haciendo lo que le dé la gana a uno, la descarga escandalosa de contenidos de las asignaturas. Y la enseñanza lúdica, el profesor como monitor de tiempo libre, o como payaso. Ni siquiera en centros experimentales, como “Summerhill” (por cierto, fracasado), inspiradores en parte de estos desafueros, se tocaba el contenido de las asignaturas, más bien se centraban en la obligatoriedad de cursarlas. Todo ello en aras de evitar el elitismo, la competencia y lograr la integración, según dicen.

El panfleto es implacable contra esta “nivelación por abajo”. También es claro al indicar lo que atenaza a tantos opositores silenciosos a esta sinrazón llamada “reforma educativa”, que no se atreven a manifestar su pensamiento: La mala conciencia, el “no sea que me vayan a llamar facha”. Como esto lo inició el PSOE… Sí, en 1990 gobernaban  ellos; también han sacado la LOE, que soluciona poco o nada, habiendo estado el debate previo centrado en asuntos tangenciales como la financiación y el estudio de la religión católica en los centros públicos. Sin embargo, después de mucho criticar la LOGSE, cuando el PP llegó al gobierno, durante su primera legislatura no hizo nada  (incluso, fue durante un tiempo ministro de Educación ese maestro de la indignación que es Mariano Rajoy). Y en la segunda, sacó la LOCE, que a la postre se quedó en más de lo mismo. Como ahora, el PSOE  de nuevo. Esto por un lado. Por el otro, “no vaya a ser que si exijo esfuerzo me vaya a convertir en un déspota reaccionario…, la letra con sangre entra y esas cosas…” Quizá sea mejor permitir que un pequeño grupo de alumnos boicoteen el derecho de los que sí quieren aprender y a quienes no se les proporciona en los centros públicos el ambiente de silencio, trabajo y, en suma, respeto. ¿El esfuerzo no es de izquierdas? ¿La constancia es de derechas? El formularse estas preguntas ya es, en sí, una majadería. De lo que se trata es de una cuestión de sentido común. Quizá sea más “progre” permitir que haya jóvenes que concluyan el Bachillerato sin saber casi nada, y, por tanto, que se vacíe de valor efectivo el título obtenido. Permitir que los institutos públicos se conviertan en aparcamientos para pobres, cantera de mano de obra barata, porque quien en su familia goce de los medios materiales y de los estímulos necesarios, o pueda pagarse una enseñanza privada que privilegie el esfuerzo, ése sí acabará teniendo una formación adecuada. Un sistema público de enseñanza riguroso y exigente -y en esto son ingredientes primordiales la disciplina y el esfuerzo, no nos engañemos- es la única herramienta social que permite la mejora humana y social de los desfavorecidos económicamente. Si acabar con esto es lo progresista, entonces no he entendido nada. En cualquier caso, este “Panfleto” proporciona armas dialécticas valiosas para rebatir las argumentaciones de tantos expertos y psicopedagogos de relumbrón, cuyas tesis, por tener la oscuridad y el vacío de un discurso de teólogo bizantino, a veces tienen hasta pocos asideros para combatirlas.

¿Y por qué la segunda parte del título de este artículo? Porque leyendo el “Panfleto” me ha venido a la mente varias veces “Las Aventuras del Valeroso Soldado Schwejk”, el gran libro de Jaroslav Hasek, una obra maestra del humor, y de más cosas. En esta novela se describen las delirantes aventuras del mentado soldado, quien, como un héroe fiado sólo de su sandez extrema, deambula por el caótico y moribundo ejército austrohúngaro de la I Guerra Mundial, en medio del mayor  absurdo. También me han venido estas aventuras a la cabeza en mi labor profesional como profesor de instituto; ahora que están de moda como medios para acabar con lo que es simplemente gamberrismo,  cosas así como “carnets por puntos” o “contratos” para estudiantes. Esta última palabra también habría que entrecomillarla. ¿Qué se les quitará cuando hayan perdido todos los “puntos”? Todavía está por escribir una novela sobre alguien que viva en este absurdo sistema. Este Panfleto, es un buen escalón para comenzar a enfrentarse a él.

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4 comentarios en ““Panfleto antipedagógico”; Schwejk en las aulas”

  1. 22 febrero 2010 a 15:35 #

    ¡Menuda novela sería el “Wilt” de la LOGSE! ¡Lástima que no tenga uno el tiempo, el talento y la perspectiva para escribirla!

  2. Ania
    22 febrero 2010 a 23:45 #

    ¡Y que lo digas!

    Cada vez que no tengo más remedio que entrar en esa maldita dinámica del “contrato” con el gamberro y el jefe de turno termino tan hartita o más del segundo que del primero. Es tan deprimente que te “parejen” con el niñato de turno “de igual a igual” y tan cansado de pelear cual gata panza arriba contra el mediador-jefe-loeíno y el gamberro para recordarles a ambos y a sus progenitores ,si están, que en la situación, hay una señora, profesora y respetuosa, por un lado, y un jovencit@ , alumn@, y faltón, por otro. Rara vez obtengo una disculpa por este medio que no haya obtenido por mi cuenta o con ayuda de los padres, y encima, esa certeza de que lo único que im porta es salvarle el culo al alumno; de que, para el mediador, el alumno es imprescindible y yo, soy prescindible.
    Notar que el seguimiento posterior tiene, tanto o más de fiscalización hacia mí, a mí, como docente- el mediador busca por todos los medios algún fallo mío que justifique su propia función mediadora-. El alumno y el resto de sus compañeros no necesitan tener radares demasiado afinados para percibir , que algún testimonio en contra mía, no importa si es mentira, será escuchado de muy buena gana por el jefecillo-mediador, el cual , como rara vez se queda contento con mi falta de sumisión incondicional al sistema , necesita acumular argumentos para ponerme “igual” y poder justificarse ante sí mismo y ante el resto, de la validez de tan peregrino procedimiento, , de la escasa sancion impuesta y de la falta de petición de disculpas personalmente( debo aceptar las disculpas “en diferido” por el mediador, el cual aspira a oírme batir palmas por ello!) . Lo importante es asegurarse de que yo no voy a discriminarle o suspenderle para vengarme: ¡manda huevos!
    Absurdo y desalentador!!

  3. Helena
    10 febrero 2011 a 13:19 #

    En fin, todo esto que cuentas que te ha pasado, se parece bastante a lo del actor Khavarov, y es un poco más de lo mismo. Como voy leyendo un poco al azar, lo que hay más nuevo y lo viejo, pues se me juntan post atrasados con los últimos.
    En fin, siempre hay “compañeros” dedicados a informarse de lo que hacen los demás, y por supuesto, dispuestos a fiscalizar…y en caso de duda siempre del lado de los alumnos, que somos un servicio público, que no se diga que no hay calidad, cuando su costo tiene lugar sobre la valía o el crédito de otro profesor. Y muy tristemente, rige el ¡salvese quien pueda y…. tonto el último!!
    Así que igual que los médicos, que practican una médicina defensiva…pues nosotros también a anticiparnos y a tratar al alumno entre algondones….sin exigir ni siquiera que aprenda,

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