Cuando todo se va a la mierda

Suele haber unanimidad cuando se trata de identificar las causas de la decadencia de la enseñanza española. Tanto la influencia de la comprehensive school y de las antiguas pedagogías de los años veinte y treinta del siglo pasado, como los espurios propósitos que un sector de la izquierda, representado por el PSOE, ha terminado por cumplir contra viento y marea, se han convertido, a estas alturas, en el lugar común al que siempre recurre la cada vez más amplia crítica antipedagógica. Pero sorprende que, a pesar de los acertados diagnósticos, no sólo nada haya mejorado, sino que, envueltas en una vorágine de aparente sectarismo político, las cosas hayan empeorado de forma evidente. ¿No será que, aunque nuestros argumentos parezcan  suficientes y suelan satisfacer la orientación ideológica de una parte de la antipedagogía, el desengaño existencial de la otra y el desahogo de ambas, no hemos conseguido despojarnos de cierta parcialidad, de cierto prejuicio que nos impide abordar el problema con una mayor ambición? Lo cierto es que el tiempo se esmera en torturarnos ofreciéndonos, una y otra vez, la misma película: criticamos al actual gobierno por su manifiesta inoperancia e indigencia intelectual, culpamos al anterior de no haber estado a la altura de las necesidades reales de los estudiantes, insistimos en el hecho de que nadie está interesado en la enseñanza salvo para utilizarla como arma electoral y abanderar movimientos en pro de la nación catalana o la historia española, a favor de la familia cristiana o de la laicidad del Estado; discutimos, nos indignamos, nos rendimos sin luchar o tras habernos dejado la piel en el campo de batalla… ¿Y para qué? Para que todo siga igual. Por supuesto que sí. No tengan la más mínima duda.

Hace tiempo cayó en mis manos un libro, Literatura y educación -Castalia, 1974- que comenzó a ofrecerme una nueva perspectiva del asunto. En sus páginas, a partir de una encuesta realizada por Fernando Lázaro Carreter a numerosas personalidades de la filología, la literatura, la filosofía, el periodismo y la política acerca de la salud de los estudios literarios en el antiguo Bachillerato y en la Universidad, se iba recomponiendo, con las respuestas de los interpelados, un único punto de vista tan tétrico y pesimista que, desde la perspectiva del presente, no pude sino considerarlo un fatal augurio de lo que tenemos. No obstante, aunque había intervenciones que no tenían desperdicio -como, por ejemplo, la de Andrés Amorós, que contaba una breve conversación con un personaje de los antiguos ICE (Instituto de Ciencias de la Educación), donde ya por aquel entonces se comenzaba a hablar de “programaciones didácticas”-, estoy convencido de que su lectura no me resultó inspiradora por lo que ofrecía sino por el inmenso silencio que inauguraba; no por el angustioso anuncio de la muerte de la Literatura en las enseñanzas medias, sino por la certeza de que nada había cambiado en casi cuarenta años, de que el desastre era la consecuencia lógica de algo que sigue trascendiendo lo meramente educativo.

No ignoro, insisto, que la mayoría de diagnósticos que describen el estado actual de la enseñanza buscan sus causas en la asimilación de ciertas tesis pedagógicas que asumimos históricamente con retraso. Quizá una de nuestras grandes tragedias sea que todavía no nos hemos podido quitar de encima el sambenito de ser esa almorrana en el culo de Europa, el furgón de cola al que sólo llegan las sobras -ni siquiera los frutos tardíos- de lo que los bárbaros del norte devoran con fruición. Sin embargo, la contumacia con que se sostienen aun hoy las tesis constructivistas, la ceguera pedagógica de grupos políticos y sindicales, ese oscuro dolce far niente del que siempre han hecho gala la derecha y sus grupos de presión cuando han tocado poder, en definitiva, los casi cuarenta años de reformas educativas, ¿son sólo el resultado de la charanga y la pandereta o, por el contrario, cobrarían sentido si se atendiera a la existencia de una intención más a largo plazo, de una perspectiva que considera la cosa pública como una zona en realidad de acceso restringido?

Ya me he referido aquí al hecho, tantas veces pasado por alto, de que la LOGSE no nació de la nada sino que fue el resultado de un proceso que duró aproximadamente dos décadas. La mayoría de sus postulados, que fueron introduciéndose con calzador en la vida de colegios y de institutos a lo largo de los años ochenta, tuvieron su origen en la franquista Ley Villar Palasí. Que acostumbremos a olvidar que por aquel entonces ya habían aparecido en escena los mencionados ICE, y que los conceptos heredados del constructivismo, las voces que hablaban de la necesidad de una escuela participativa, la ideas de team teaching, programación didáctica o comunidad educativa empezaban a calar con calculado sigilo, únicamente significa que en los habituales diagnósticos algo ha estado fallando, pues hasta ahora muy pocos se han atrevido a no ignorar el momento histórico y político donde empieza todo el tinglado.  Por eso cada vez estoy más convencido de que la coincidencia en el tiempo de Transición política y reforma educativa no es casualidad, sino mensaje cifrado que la historia ha lanzado al vaivén del oleaje para que hoy se nos vayan revelando tanto los motivos por los que se ha consumado el desastre educativo, como la nueva perspectiva que, sin duda, habrá de identificar los principales obstáculos que existen para emprender su necesaria regeneración.

¿Quién estaría dispuesto a asumir, por ejemplo, que el hecho de que los profesores jamás hayan contado en las negociaciones con el ministerio se debe en exclusiva a que en el régimen hispanistaní no existen mecanismos reales de representación política? ¿Seríamos capaces de admitir que, mientras se mantenga la verticalidad estatal de partidos y sindicatos -representativos de una ideología pero jamás representantes del ciudadano-, un sistema de enseñanza que pretenda situar al docente en el centro de las decisiones -como no se cansa de repetir el ambiministro Gabilondo– sería poco menos que una utopía? ¿Podríamos aceptar, por otro lado, que acabar con la omnipresencia de la secta pedagógica sería imposible mientras el Ejecutivo de turno continuara teniendo la vergonzosa potestad de legislar a tutiplén y, por lo tanto, de orientar ideológicamente leyes que ningún poder del Estado puede ni está dispuesto a cuestionar? ¿Nos atreveríamos a considerar seriamente que el mayor obstáculo quizá para unas reválidas estatales vinculantes sería presentado por gobiernos autonómicos y grupos políticos de signo nacionalista -alguno de ellos tiene el dudoso honor de haber participado intensamente en el ominoso parto de 1990- crecidos a la sombra de una ley electoral que los beneficia y les otorga una importancia inusitada en el Parlamento? ¿Querríamos enfrentarnos a la certeza de que nada -ni siquiera nuestra querida Carta Magna, creada con el único fin de no ser cumplida- garantizaría mejor el derecho a la libertad de cátedra que poner coto al incesante mangoneo de las editoriales de libros de texto, pertenecientes en su mayoría a grupos de comunicación que, desde la Transición, llevan involucrándose tanto en la política nacional -todos ellos practican el deporte nacional del mecenazgo a algún partido político para asegurarse, por supuesto, la prebenda correspondiente- que a la postre se han convertido en grandes corporaciones de fabricación y manipulación de eso tan metafísico a lo que se suele llamar “opinión pública”? ¿Estaríamos dispuestos a admitir, en definitiva, que sin regeneración política jamás será posible una reforma de la enseñanza?

Tal vez haya llegado el momento de plantear nuevas aventuras argumentativas que evidencien la estrecha relación que existe entre el régimen salido de los últimos estertores de Franco -recordemos que aquí no hubo revolución ni ruptura sino una pacífica transición hacia el lecho de muerte – y el sistema educativo que se había gestado unos pocos años antes. Tal vez sea ésta la hora de asumir el reto que supone considerar el desastroso destino de la instrucción pública en España, no como el resultado de una conspiración cósmica, sino como una innovación más nacida del consenso pastelero de aquella época. Tal vez toque por fin responder de una vez por todas a estas dudas que ahora, cuando todo se va a la mierda, insisten en regresar con más fuerza que nunca. Yo, que padezco en secreto una depravada inclinación al flagelo del espíritu, ya les aviso que este ejercicio de mise en abyme puede resultar excesivamente doloroso, pues presenta un escenario que nos supera y en el que se adivina la silueta de algo mucho más incierto y temible.

Y, se lo aseguro, comparados con ese monstruo, los titiriteros de las facultades de educación les parecerán unas hermanitas de la caridad.

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:,

Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

13 comentarios en “Cuando todo se va a la mierda”

  1. MLL
    17 febrero 2010 a 12:43 #

    Muy bueno.

  2. Ania
    17 febrero 2010 a 17:00 #

    Me temo que yo también padezco algo de esa secreta inclinación depravada al flagelo del espíritu.

    A lo mejor por éso me quedo en ascuas por saber más , o siquiera algo, sobre el “monstruo” que nos parecerá “una hermanita de la caridad comparado con los titiriteros de las facultades de educación” del que nos habla David.

    MLL: seguro que tienes una idea, escribe algo , anda!

    ¿Alguien se atreve a ponerle nombre o a reflexionar sobre ese “coso ” ?

  3. serenuszeitb
    17 febrero 2010 a 17:54 #

    También yo me quedo con las ganas de saber más de ese “monstruo”. Pero no minimizaría yo la responsabilidad de esos que llamas titiriteros en el hundimiento del nuestro sistema de enseñanza. De hecho creo sin ellos no podría haberse establecido, ni mucho menos mantenerse, el actual estado de cosas, construido desde dogmas y prejuicios “pseudo psico-pedagógicos” que han calado en esos ciudadanos llamados padres/madres, muchos de ellos también funcionarios y docentes.

    Adjunto un comentario mío en otro blog donde se debaten temas similares.

    “Creo que se da una imagen de la antigua FP que no es correcta. Conozco muchos casos de chicos que optaron por FP y acabaron estudios de escuelas técnicas, diplomaturas y licenciaturas, pues “al campo no se le pueden poner puertas” También muchos, la mayoría, que aprendieron un oficio cualificado.

    Los prejuicios respecto a la FP eran (y son) más comunes entre los mismos profesores de algunas materias comunes –idiomas, humanidades- que sufrían cierto complejo frente a sus compañeros que impartían en BUP –y quizá éste es uno de los escollos mayores para establecer esos itinerarios tempranos de FP. Los que defendemos la necesidad de itinerarios distintos, en función de intereses y talentos, no pretendemos excluir de la educación a nadie por su mayor o menor capacidad intelectual, al contrario pretendemos dar la opción de una auténtica educación para todos, ni se pretende volver a ningún pasado ( muchos países, nada sospechosos de vivir en el pasado y con futuro menos amenazador que el nuestro, lo tienen.) De lo que sí estamos convencidos es que las dos últimas décadas han sido un gran despilfarro de tiempo y recursos, un tiempo que queda por recuperar y que no será fácil de conseguir. Muy difícil a corto plazo.

    Si en este tiempo se hubiese tenido una visión más realista y más honesta del mundo educativo, nuestra situación sería hoy muy diferente. Muchos de los que así opinamos conocimos la reforma cuando todavía era experimental, y ya entonces podía comprenderse que el sistema sólo podía conducir al fracaso. También conocemos de primera mano la forma en que paulatinamente se fue implantando la reforma en los centros, y los intereses que habían tras esos abrazos doctrinales: cambio de cuerpo, despachos, sistema de oposiciones etc. no eran precisamente los intereses de esos alumnos menos capaces. “

  4. 17 febrero 2010 a 18:03 #

    David, tus últimas palabras nos han dejado en ascuas. Mira, llevo algún tiempo diciendo que a nuestro régimen político le han salido unas grietas que son ya alarmantes. A fin de cuentas, la constitución tiene ya 32 años, las primeras elecciones son de hace 34 y Franco murió hace 35. 36 tenía su régimen cuendo esto ocurrió, y entonces hablábamos de corrupción insostenible. ¿No será que toca regeneración a fondo? ¿Vas por ahí? Desde luego, como muy bien reflejas en tu artículo, hoy en día todo se mueve en la órbita de las cadenas de favores, la defensa de intereses inconfesables y la corrupción. Por lo que nos toca en la educación: sólo los ignorantes, los ingenuos, los corruptos o los interesados pueden sostener que el sistema vale para algo: es, como la dictadura de los últimos años, un edificio con las vigas podridas al que sostienen los intereses espúreos. Lo sostienen los jetas y el búnker. Hoy, por ejemplo, los sindicatos y las ampas sedicentes progresistas han dicho no a Gabilondo por razones de progresismo, naturalmente. Junto con Cándida Martínez, Marchesi y otros elementos, ahí los tienes: el búnker de vividores e iluminados que no necesitan un Suárez, necesitan una compañía de los Geos para desalojarlos del nido de ametralladoras.

  5. serenuszeitb
    17 febrero 2010 a 18:22 #

    Via el blog Soplo de conocimiento me encuentro con un interesante post en el que comenta ciertas propuestas de
    Roger Schank, catedrático de Psicología y Computación en la Universidad de Yale y fundador del Instituto para las Ciencias del Aprendizaje de la Universidad Northwestern,

    http://soplodeconocimiento.blogspot.com/2010/02/que-hay-de-la-teoria.html

    Dejo aquí la cita de Dchank aunque recomiendo la lectura del artículo

    “El método de educación que se está usando en todo el mundo está equivocado; es aburrido, es irrelevante y todos se olvidan de lo que aprenden. Normalmente, no aprendes nada en la escuela. Es una educación de fantasía: tan pronto como acabas un tema, lo olvidas, y empiezas a enfrentarte a algún otro. Creo que no podemos permitirnos mantener esta clase de educación más tiempo. Uno aprende a ser médico siendo médico, a ser periodista siendo periodista o a ser abogado siendo abogado; y las escuelas han ido alejándose cada vez más de la práctica real, han sido tomadas por profesores o académicos. Te hacen aprender los ríos de España: nadie sabe qué significa; te hacen aprender álgebra: nadie sabe por qué; todo lo que enseñan en la escuela es irrelevante. La gente aprende mediante la práctica. Nuestro MBA es experiencial, lo que significa que vas a practicar: nadie te va a dar una lección y nadie te va a dar un libro: no hay cursos, no hay teoría.”

    Estas “ideas” calan y minan..

    • 17 febrero 2010 a 23:16 #

      Serenus, es lo más parecido que he leído en mi vida a la “educación” que le administraba a su perro un tal Pavlov… Es obvio que el autor considere que no aprendes nada en la escuela. Porque efectivamente, lo que se aprende de verdad tiene que quedar como estímulo condicionado y automático, como resorte fisiológico puro y duro. Yo toco el timbre y tú babeas. ¡Y esto lo dice un catedrático de Psicología de Yale! Estoy totalmente convencido de que nunca se le ocurriría aplicar esta basura a sus alumnos. Esto lo grazna para que los pedagogos lo apliquen a la población bestializada, pero no a los alumnos de Yale. Y adivino que por ahí andan los misterios de David.

  6. 17 febrero 2010 a 18:36 #

    Ania: te agradezco que pienses que yo puedo tener una idea. Yo sospecharía más bien del que dice que las tiene. las entrecomillaría como hace serenuszeitb con las del cátedro mercachifle de Yale. Yo creo, se me ocurre pensar, cada vez que me encuentro con el argumentario psicopedagógico al uso, en la falta de rigor y honestidad intelectual del que se permite forjar teorías infalsables (por el procedimiento de culpabilizar a los cobayas de que no se cumplan). Eso en primer lugar. Que es yo creo, lo que cualquiera que tenga sentido común ha de pensar. En segundo lugar me viene a la cabeza la planbra pseudociencia, y me acuerdo del affaire Lyssenko y de todos los embaucadores que a lo largo de la historia han sido. Pues bien, pocos reductos como las Facultades (sedicentes) de Ciencias de la Educación (con honrosísimas excepciones de honestidad intelectual y/o riogor popperiano o racionalismo crítico o bon sens o como se diga), pocos reductos como esos para difundir memes (vamos a llamarlos así) ideologizados y malintencionados. Merecedores, en algunos casos, pienso yo, de ser llevados delante de los tribunales. Aunque esta es otra… Por cierto, siempre me acuerdo del libro de Jean Rostand en el que conocí la existencia de Lyssenko el gran biólogo de Stalin: Ciencia falsa y falsas ciencias. Porque todavía no lo he leído… Y que de la relación Lyssenko/Stalin cada uno saque su propia analogía.

  7. 17 febrero 2010 a 19:08 #

    Serenus, Pablo, Ania, MLL:

    ¿Podemos conseguir un cambio radical en la enseñanza con este panorama? He ahí mi duda, cada vez más iluminada por una realidad que se obstina en enseñar sus vergüenzas.

    Y voy a lo concreto. Los profesores no han podido influir nunca en los legisladores porque no hay ningún sólo diputado que los represente. Los profesores se han visto perjudicados en su mayoría por los sindicatos porque no hay ahora mismo ningún sindicato que se deba a la sociedad civil, sino a los intereses de sus cúpulas y del gobierno de turno. Los profesores tienen muy dfícil oponerse con efectividad a la flagrante labor ideologizadora de la escuela pública porque el Ejecutivo controla al Legislativo y al Judicial. A los profesores les costará sangre, sudor y lágrimas devolver la excelencia a las aulas porque existen 17 sistemas educativos y, sobre todo, unos nacionalismos, magnificados por un sistema electoral proporcional, que se opondrían, entre otras cosas, a unas reválidas estatales vinculantes.

    Y, si tenéis una Constitución a mano, observad cómo todos y cada uno de estos obstáculos que impiden una reforma educativa como dios manda vienen recogidos detalladamente allí: listas de partido, sistema electoral, autonomías, organización de los tres poderes, etc.

    De ser esto así, el enemigo se convirtiría en algo casi casi insuperable, en el monstruo al que me refiero en el artículo. Y ese monstruo no sería otro que el régimen político nacido en el 78, pues es éste, en última instancia, el principal valedor de la deriva educativa. Cuando Franco dijo aquello de que dejaba todo atado y bien atado, no sólo se refería a su sucesión, sino, estoy seguro, a todo lo que vendría después. Pensad que se vendió la Transición como un logro de la ciudadanía cuando no fue más que un cambio de rostros y de instituciones. Lo esencial, la médula del régimen franquista sobrevivió, y aún sobrevive, en unos partidos políticos que se deben al Estado -pues de él cobran y sólo a él y a sí mismos representan-, en unos sindicatos con idéntico perfil y en una flagrante inseparación de poderes que viene plasmada en esta constitución de chichinabo que tenemos.

    Y resulta evidente que mátrix no se puede permitir una ciudadanía informada. Por eso la Ley Villar Palasí no tuvo otro fin que preparar el terreno.

    Un monstruoso saludo 😉

  8. 17 febrero 2010 a 19:57 #

    David, el asunto de los genes frasnquistas de nuestra democracia o de los vicios antidemocráticos adquiridos ya en democracia por instituciones teóricamente democráticas como partidos o instituciones nos lleva al terreno de la politología, muhy interesante, pero que quizás nos distraería de nuestros retos más acuciantes. El punto clave es la insignificancia en que hemos caído los profesores hasta para lo nuestro, que es la enseñanza; la causa inmediata más relevante de esto es que carecemos de unas organizaciones profesionales que nos defiendan: esa labor deberían hacerla los sindicatos, pero los más poderosos, es decir esas máquinas burocráticas llamadas CCOO y UGT, hace ya mucho que nos traicionaron, de hecho, su mayor traición es haber impulsado una ley tan antieducativa y antiprofeosral como la LOGSE, haberse vendido a un abanico de diversas prebendas y haberse convertido -mucho más a lo mejor que el propio Marchesi, que nadie se engañe- en su defensor más feroz y poderoso. Nuestra única salida es movernos, comprometernnos, currárnoslo, patear institutos… convertirnos a base de volcarnos en ello en la fuerza renovadora que ellos fueron hace años, antes de haberse apalancado en el poder. Lo que yo digo: ¿cuándo vamos a pasar de una vez de las palabras a los hechos? La NEOLOGSE que salga como el fruto de un pacto entre PSOE, PP, nacionalistas, autonomías, sindicatos (que, encima, se arrogarán nuestra representación), ampas de todos los pelajes, la mismísima santa católica y apostólica y otras mafias que puedan surgir, será muchísimo peor que la de ahora, porque vendrá bendecida por el sello del consenso. Que Dios nos pille confesados. Siquiera en plan testimonial, para que al menos dentro de diez años podamos pensar que no nos hicieron tragar sapos, algo deberíamos hace.

    • 17 febrero 2010 a 21:00 #

      Pablo, amén.

      Pero me gustaría matizar un par de cosas:

      -No son vicios adquiridos sino pecados originales.

      -No deberíamos considerar distracción a lo que se presenta como el mayor obstáculo que impide que la educación hispanistaní remonte el vuelo.

      Un abrazo.

  9. 20 febrero 2010 a 9:52 #

    David, quizás confiamos demasiado en una revolución pedagógica y descuidamos lo mco que está a nuestro alcance hacer en el día a día, que es nuestro radio de acción donde realmente podemos ser transformadores e incluso revolucionarios. Desde que se inplantó la LOGSE, jamás me di por aludido e hice siempre en mis clases lo que me pareció oportuno y necesario, y jamás ordené mi activiidad en función de aquellas consignas estériles de los procedimientos, actitudes y conceptos, y los laberínticos niveles de concreción. Literalmente pasé de ellos, incluso de forma ostensible. ¿Qué hice? Enseñar siempre a mis alumnos a leer, a escribir y a pensar. Y ahí se acabó el invento. ¿Cómo? Con métodos tan revolucionarios como coger un texto e ir de oración en ortación hasta que lo que allí decía fuera comprendido por toda la clase. Y aunque me llevara dos semanas de trabajo, de allí no salíamos hasta que el alumnado entendiero cabalmente lo que significa entender y cómo esa activiidad requiere un proceso atento y esforzado, que el entendimiento lo han de crear ellos abriéndose a las relaciones lógicas (o ilógicas, según quién escriba…) del texto. No sé si a eso se le puede llamar libertaqd de cátedra o no, pero puedo decir que siempre he hecho lo que he considerado conveniente, y lo pimero, sin duda, porque es el fundamento, es la comprensión. Redactar, que es la asignatura perdida de nuestro sistema -en nuestro sistema educativo se cree qe los alumnos aprenden a redactar solos, que es habilidad que no se ha de enseñar ni dedicarle horas y horas-, es algo que viene después y para lo que no hay horas suficientes. Siempre he comenzado mis clases, desde hace 30 años con la misma frase: “los objetivos de este curso son aprender a leer y a escribir”. Después de un mes de clases, la ignorante risa inicial de los alumnos se torna en gesto de gravedad: “esta asignatura no hay quien la apruebe”. Así es, así ha de ser. Conquistar la expresión, la oral y la escrita, es un trabajo que me río yo de esos ochomiles en los que se pierden algunos dedos de los pies o de las manos; porque cuando no se consigue, lo que se pierde es la vida o la calidad de vida.

  10. Ana Belén Ferreiro
    27 marzo 2010 a 18:02 #

    Otro amén de mi parte.
    Me ha encantado el comentario de Juan Poz en general y la manera de empezar sus clases en particular: conquistar la expresión oral y la escrita. Pensaba que encontrarme con alumnos que en 3º y 4º de ESO te dicen abiertamente que no saben hacer una redacción y si te tienen que escribir algo, escriben como hablan, es decir, fatal, sin coherencia entre frase y frase (si no utilizan el lenguaje sms), resultando un texto de pocas líneas con letra monstruosa, faltas de ortografía sangrantes y vulgarismos o incluso palabras malsonantes a tutiplén, pensaba que eso sólo me estaba pasando a mí. Un saludo y lo dicho ¡pasemos a la acción!

  11. Francesc Grimalt
    6 octubre 2010 a 18:56 #

    Lo siento, he llegado tarde y probablemente ya no haya nadie en este post.
    Pero es que necesitaba leer a alguien que me confirmara que una tabla de planchar no es un atún. Cuando ves lo mal preparados que están nuestros alumnos y, por otra parte, las soluciones tronchantes con las que nos salen los pedagogos de la administración, uno acaba preguntándose si no se habrá vuelto paranoico. Leer estos mensajes me lleva a pensar que no es así (o por lo menos no del todo).
    ¿Cuándo dejará la mosca de enseñarle al ciempiés cómo debe caminar?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: