Causas del fracaso escolar

Conferencia pronunciada en la Jornada de Educación: “Un Pacto de Estado deEducación”: Causas del fracaso escolar, organizada por UPyD en el Círculo de BellasArtes de Madrid, el 19 de diciembre de 2009


Para aclarar cuáles son las causas de nuestro fracaso escolar, empezaré diciendo cuales no son las causas. Las causas no están en los cambios sociales, ni en que la sociedad sea ahora más compleja, ni en la presencia de emigrantes. Es cierto que ahora existen familias separadas, pero si ahora están los problemas procedentes del divorcio, antes estaban los procedentes de la ausencia de divorcio. También es cierto que ahora hay inmigrantes en nuestras aulas, pero atribuir a esto el deterioro de nuestra educación es, además de una villanía, una manera como otra cualquiera de fomentar la xenofobia. Un inmigrante no es por sí mismo más o menos gamberro que un español. Es más, muchos estudiantes, procedentes de países con una escuela más tradicional (porque al ser países pobres, no tenían dinero para invertir en experimentos educativos delirantes) se escandalizan del poco respeto que los alumnos españoles tienen a sus profesores. Muchos chicos sudamericanos llegan sabiendo dos cosas que ignoran la mayoría de de nuestros estudiantes: a pedir las cosas por favor, y la tabla de multiplicar. Lamentablemente, lo primero se les olvida enseguida, porque nada es tan contagioso como la grosería y los malos modales.

Explicar el fracaso de la famosa reforma educativa atribuyéndola a factores circunstanciales, y no a la propia perversidad del sistema, es el pasatiempo favorito de los forjadores de dicha reforma, porque de este modo encubren su propio fracaso. Pero quienes así argumentan olvidan dos cosas muy esenciales. La primera, que existen institutos en los barrios y en los centros de las ciudades, institutos con emigrantes e institutos sin ellos, institutos rurales e institutos en pequeñas villas marineras. Por mucho que haya mejorado España en general, y esto nadie lo duda, el medio en el que están situados los centros de enseñanza pueden ser distintos, pero en todos ellos el nivel de conocimientos de los alumnos y el de convivencia bajó estrepitosamente en cuanto se implantó la reforma. Cuando una misma reforma provoca efectos tan desastrosos en circunstancias sociales tan variadas, es razonable pensar que la culpa es de la reforma, y no de las circunstancias sociales. La segunda, que la reforma no se implantó a la vez en todas partes, sino que durante varios años estuvieron coexistiendo ambos sistemas. Y ya empezaron a sonar las primeras alarmas, porque se empezaron a ver las primeras diferencias entre los alumnos que habían estudiado en institutos donde se mantenía el viejo sistema y los que lo habían hecho en aquellos que habían implantado el nuevo, claramente favorable a los primeros. Y esta diferencia se podía constatar entre centros próximos entre sí, por lo cual las diferencias que pudiera haber entre los alumnos según su procedencia social eran irrelevantes.

Pero esta manera de argumentar por parte de los responsables de la LOGSE, la de atribuir el naufragio educativo de nuestro país a causas circunstanciales y no a un sistema disparatada, no sólo es equivocada, también es producto, en muchos casos, de mala fe. Y la prueba de ello está en que una gran parte de los que pregonan las excelencias de nuestra escuela pública envían a sus propios hijos a colegios privados. No sería discreto dar nombres, tan sólo os invito a mirar a vuestro alrededor y a averiguar dónde estudian los hijos de amigos y conocidos que son entusiastas de nuestro sistema educativo. Entonces, digan lo que digan los mentores de la reforma, ésta no ha fracasado por culpa de los cambios en la sociedad, puesto que estos cambios han sido para bien, sino porque la reforma fue un disparate. Y un disparate que se podía haber evitado, no invirtiendo más dinero, sino invirtiendo más sentido común. Y sobre todo, escuchando más a los profesores, que son los únicos expertos en educación.

La causa de fracaso escolar está, sencillamente, en que nuestro sistema es malo, y es malo por las siguientes razones:

No protege el derecho a estudiar. Se considera que la educación es un derecho, pero su conculcación no es considerada delito. Si unos alumnos boicotean una clase, violando el derecho de sus compañeros a recibir una enseñanza digna, los boicoteadores están más protegidos por la ley que los perjudicados. Si pisotear el derecho a la educación no está castigado, ese pretendido derecho es papel mojado. Ni el derecho a aprender de los chicos, ni el de los profesores a no sufrir el acoso de los más gamberros está legalmente protegido. No existe pues en España el derecho a la educación.

No existe propiamente educación obligatoria. No es obligatorio estudiar (se puede pasar de un curso a otro con ocho asignaturas suspensas), ni respetar a los compañeros y profesores, ni acatar unas normas que sí son obligatorias en cualquier lugar público. Si un alumno le suelta una grosería a un profesor, no es obligatorio pedir perdón. Es un sistema de enseñanza obligatoria que no obliga.

Nuestro sistema educativo confunde estar escolarizado con estar encerrado. Un estudiante que llega a 1º de bachillerato sin saber la tabla de multiplicar o haciendo faltas de ortografía, no ha estado escolarizado, aunque haya acabado la ESO. Simplemente, ha estado encerrado entre cuatro paredes. Si un estudiante no puede aprender porque está siendo molestado o agredido por otro, no está recibiendo una buena educación, está encerrado entre cuatro paredes. Encerrar a los chicos en un lugar al que solo metafóricamente podemos llamar centro educativo resuelve el problema de que no estén en la calle, pero eso no es escolarizar.

No se deja a un estudiante decidir sobre su futuro, pero sí decidir sobre el de sus compañeros. Se mantiene una educación obligatoria hasta los dieciséis con el pretexto de que antes nadie está en condiciones para decidir su futuro. Pero si a partir de los doce años un niño quiere aprender un oficio para entrar cualificado en el mercado laboral y no se le deja, no solo no va a estudiar, sino que también alborotará y no dejará estudiar a los demás, malogrando el futuro de quienes sí quieren estudiar. Entonces, por impedir que decida sobre su futuro, se le deja decidir sobre e de los demás.

5º Otro de los males de nuestra educación está en la proliferación de unos autodenominados “expertos” que, utilizando una jerga pretendidamente científica, no dicen más que patochadas. Y es un disparate elevar a categoría de ciencia lo que no es ciencia (porque el buen enseñar es una cuestión de simple sentido común), porque cuando algo que es de sentido común se quiere convertir en ciencia, se transforma en una jerga que bloquea el sentido común. Y las jergas vacías son muy peligrosas. Así como el lenguaje cambia la realidad (y eso lo saben muy bien los políticos), el lenguaje vacío vacía la realidad. Y así se ha vaciado la educación.

6º Un prejuicio muy en boga consiste en sostener que no hay que ser autoritario, hay que dialogar con el niño. Como consecuencia de esto, el profesor ha sido desprovisto de toda autoridad, y las posibilidades de controlar la clase son mínimas. Y se admite que el profesor es quien manda en el aula, o todo discurso sobre calidad de la enseñanza es vacío. Además, despojando al profesor de su autoridad los alumnos no son más libres: por el contrario, los más matones de la clase amedrentan a los demás, y quienes quieren aprender lo tienen más difícil que nunca porque quienes no quieren no les dejan escuchar. Hoy, cuando se habla de la posibilidad de convertir a los docentes en autoridad, salen algunos diciendo que la autoridad hay que ganársela. Pero quienes así dicen están hablando de cosas distintas. Un juez, para ejercer su función, necesita estar dotado de una autoridad que le permita mantener el orden en la sala de audiencias y sancionar las malas conductas que durante el juicio se puedan producir. Si no fuera así, su labor sería inviable. Ahora bien, es cierto que la autoridad moral de un juez se la tiene que ganar él, con la serenidad de sus actuaciones, la imparcialidad de sus juicios y la ecuanimidad de sus sentencias. Una cosa es la autoridad o el prestigio moral que pueda uno adquirir a lo largo de su vida por su buen hacer profesional (y es cierto que eso se lo tiene que ganar cada cual), y muy otra cosa la autoridad que se pueda necesitar para el ejercicio cotidiano de su profesión (y esa sí debe estar reconocida por una ley). La polémica de si la autoridad del profesor debe ser avalada por una ley o si debe ganársela por sí mismo es una falsa polémica, porque en ella se está utilizando la palabra autoridad con dos significados distintos. Ahora bien, a veces estoy tentado a pensar que muchos de quienes plantean esta polémica saben que es una falsa polémica, que confunden adrede los dos significados de la palabra autoridad, para así no tener que admitir algo que atenta contra la corrección política y contra la propia imagen, siempre tan gratificante, de profesor vanguardista y novedoso, pero que es algo de sentido común: que para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer. A los profesores que tengan reparos en ser autoritarios hay que recordarles que cuando abdican de su autoridad, el resultado no es una alegre y fraternal convivencia  pacífica entre los alumnos, sino el abuso de los más fuertes. Los más viejos del lugar, los que todavía tuvimos que hacer el servicio militar, recordaréis un dicho que circulaba por los cuarteles: cuando los oficiales hacen dejación de sus funciones, los sargentos tiranizan a la tropa. También hay que recordarles que si los alumnos no encuentran autoridad donde deben encontrarla, la buscan en donde no deben. Hay chicos desnortados, educados sin pautas ni reglas, que acaban integrándose en las tribus urbanas buscando, precisamente, alguien a quien obedecer, unas normas que seguir. Hay otro dicho, también muy repetido, pero rigurosamente falso, que afirma que al niño lo educa toda la tribu. Es falso porque nuestra sociedad es familiar, no tribal, y al niño lo han de educar en primer lugar los padres, en segundo los profesores, y si unos y otros tienen escrúpulos en ejercer la autoridad, entonces es cuando el niño busca, inevitablemente, el apoyo de la tribu.

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14 comentarios en “Causas del fracaso escolar”

  1. 16 febrero 2010 a 17:46 #

    Ricardo, ¿qué hicieron los partidarios de la educación comprensiva cuando, a la primera de cambio, saltaron las alarmas sobre la inutilidad del sitema? Actuar sobre los síntomas y no sobre las causas. ¿Que los niños suspendían mucho? Se actuaba sobre la nota y no sobre la ignorancia o sobre la falta de estudio. Y así, el KGB logsiano infiltrado en los institutos (orientadores y demás) empezó a presionar sobre el profesorado para que aprobase más y fuera como fuera. Si los niños suspenden, es porque tú eres un mal profesional. Ojo, que para algo están las inspección, las AMPAS y demás. ¿Que los niños no se comportan? Otra vez el KGB: es que tú eres un facha autoritario sin metodología moderna que les presiona y por eso los pobrecillos se revuelven. Actualízate o pídete una baja, inútil. Así, igualando éxito con aprobado, estos irresponsables creyeron haber acabado con el problema. La realidad es otra: que el fracaso escolar se disparó, y eso, sin contar como fracaso los cientos de miles de aprobados inmerecidos e inútiles que, bajo presión, se han concedido. ¡Ay, si se contasen! Ahora que parece que todo va a cambiar y por fin llegaremos al Mejor de los Mundos Posibles, será necesario hacer una reflexión seria sobre el destino que habrá que dar a los integrantes del KGB. El 90% de ellos, para dar clase no sirven, sólo sirven para acosar, decir memeces angelicales y lamer traseros. ¿Dónde los meteremos? Y si este problema “menor” e interno no se resuelve, ningún cambio tendrá credibilidad, así que… Perdona que me haya extendido tanto.

  2. Mariano
    16 febrero 2010 a 19:43 #

    Muy acertado el diagnóstico de Ricardo Moreno Castillo sobre el fracaso del sistema educativo, el verdadero y genuino fracaso, no ese confuso concepto de ´fracaso escolar´ tan caro a la pedagogía oficial que todavía no he conseguido que nadie me explique certeramente. Este texto de Ricardo Moreno, tan escueto como claro y lúcido, debería tener mayor difusión. Sigue habiendo mucha cacofonía en las páginas educativas de los periódicos, la radio, la televisión y la red. Llegan ecos del gran desastre, pero dentro de un mar de confusión, se vislumbran los problemas reales dentro de la neblina que provocan el ruido y el humo. La claridad y el orden del artículo de Ricardo Moreno hacen falta en el escaso debate educativo. Es difícil, no obstante, que llegue adonde debe, porque en educación hay quienes se consideran dueños de la palabra y la idea. Y son, justamente, los que llevan años desbarrando.

    La cuestión es que la responsabilidad de ese fracaso tiene que tener algún sujeto. Dejando aparte la apatía de una buena parte de los profesores, la inexistencia de una verdadera estructura representativa (el papel de los sindicatos burocráticos es el de cómplice de todo el entramado) y el colaboracionismo de los paniaguados cutres que ha generado el nuevo orden educativo, el sujeto de ese fracaso es el de la clase política estatal y autonómica, en torno a las que se ha ido situando cada vez con más fuerza el grupo de presión de esos que Ricardo cita como autodenominados expertos, cuya influencia es tan certera como nefasta.

    Y mientras los patrocinadores de Producciones LOGSE, constructivismos, pedagogías pseudoprogres y otros directores de cine de terror sigan dirigiendo el cotarro, es imposible enderezar este desastre.

    Las causas del fracaso no las admitirán los pseudoexpertos que escriben en la prensa educativa y en revistas especializadas en didácticas camelísticas. Nunca van a reconocerlas, pues sería aceptar que muchas disciplinas que hoy se enseñan con profusión en las universidades (basta ver los planes de estudio de Magisterio, Pedagogía y Psicología y la enorme proyección de sus ´hallazgos´) son efectivamente una pseudociencia dañina, pero que permite disfrutar de estatus y de prebendas a sus jefes de filas.

    Esto nos lleva indefectiblemente a la necesidad imperiosa de señalar con el dedo a los responsables del fracaso, quienes se ofrecen, no podría ser de otra manera, a hacer de bomberos imprescindibles, pese a haber sido ellos los pirómanos que han dejado la enseñanza convertida en un páramo. Y a pedir para ellos no sé si el retiro, la jubilación anticipada o que los devuelvan al toril. Por lo menos plantear que los políticos no les hagan tanto caso, que no se inspiren en sus perniciosas sandeces. Que no les permitan seguir marcando la pauta y el paso. Que no sean ellos los que creen opinión.

    Desde que Villar Palasí los introdujo en la burocracia del MEC no han cesado de crecer, de multiplicarse y de imponer su visión del mundo a través de su horrenda jerga, que es un lenguaje que no sólo crea una realidad ficticia, sino que destruye cualquier referente lógico y razonable en la enseñanza. Sólo recuperando el sentido común en la educación es posible empezar a construir un sistema que se sostenga. Y ese sentido común que Ricardo Moreno reivindica para la enseñanza es incompatible con el inmenso poder de ese siniestro colectivo al que Lázaro Carreter llamaba la infame turba de los pedagogos.

  3. 2 marzo 2010 a 19:41 #

    No puedo coincidir en absoluto con lo que a su parecer origina el fracaso escolar. No, puesto que los datos que usted apunta son, cuanto menos, poco demostrables estadísticamente. Soy maestra desde hace ya 36 años, este es mi 37 curso de docencia. Puedo decir además que he tenido a mi cargo tareas directivas y también solo clases, he pasado por todas las inspecciones habidas y por haber. Yo ejerzo en un pueblo cercano a la costa, y efectivament, los quehaceres familiares tienen mucho que ver con el rens¡dimiento y las aspiraciones de los alumnos. Si hay posibilidad de un trabajo rápido, por mucho que el alumno sea bueno, se dejaban los estudios para el dinero fácil. Eso no tenia que ver con el fracaso, ni tampoco se contabilizaba como tal. Ahora se miden las tasas de abandono, ahora sabemos quienes dejan sus estudios y sabemos las causas. No solo de pan vive el hombre. No solo de esfuerzo se deben alimentar las mentes. Los niños van a la escuela y en la mayoria de los casos no aprenden casi nada allá que vean o sientan útil. Un buen maestro les emcionará con un viencia muy personal de sus lecturas y les inculcará el amor al aprendizaje y a la curiosidad por saber y descubrir. Pero, y eso para mi es muy importante, usar la autoridad y la imposición es mucho mas fácil,solo hay que ser un amo y señor, que ya decían antes, la letra con sangre entra. Nuestro modelo, el de los adultos, es el peor que pueden tener nuestros jóvenes. No solo el de sus padres, irresponabilidad, menosprecio, poco interés humano en entrar y vivir con ellos todos sus problemas, implicación total… Falta mucha calidad humana y sobra mucho funcionariado. Cuando ustedes hablan de falsos progresismos, se muestran tendenciosos, no todo lo clásico es malo, ni lo vanguardista es bueno, pero al revés también sirve, por algo avanza el saber y la ciencia, o es que el maestro desde siempre tienen una labor única e inamobible y unos conociemientos sacrosantos que deben priorizarse por encima de todo lo que afuera espera a nuestros chicos… Pues sí, hay que estar dentro viviendo lo que se vivirá después, y las reformas no han cambiado nada substancial,han intentado reordenar, priorizar, dar sentido, y progresar al ritmo de los tiempos. Hay aciertos y errores, pero no se puede achacar la culpa a la Reforma de los malos resultados, la Reforma no es nada, es quien aplica y trabaja en educación quien debe asumir la responsabilidad de su buen o mal hacer. En mis tiempos no havia fracaso, claro, íbamos al Batchillerato el poco por ciento, ¿como vamos a comparar?

    Bien, mis alumnos se han beneficiado mucho de mis puestas a punto, de mis cursos de reciclaje, de mi enfoque personalizado, y ahí tengo a muchas familias como testimonio. Siento personalizar, pero esto daría para todo un día de charla.

    Saludos.

    • 2 marzo 2010 a 23:26 #

      Estimada doña Roser:
      hace muy, muy poco tiempo, este país se encontraba en la “Champion League” de la economía mundial (dijo un Presidente), atábamos los perros con longaniza, no podíamos hablar de “crisis” porque lo que empezábamos a sufrir era una mera dolencia pasajera que a nosotros no nos podía preocupar, repartíamos por barba a todos los contribuyentes 400 euros que nos sobraban, otra pasta gansa a las parturientas y disfrutábamos como niños de tamaño festín… En esta inopia, cuatro días después, suerte tendremos de que no nos manden a freír espárragos, por nuestra inoperancia, nuestra ineptitud y nuestra majadería.
      Pues en la enseñanza este andar ingrávido y alucinatorio, este vagabundear lisérgico, es si cabe peor, porque puede ocurrir que todos los indicadores internacionales estén diciéndonos que no damos la talla ni de un pigmeo, puede ocurrir que la situación de nuestros alumnos llegue a ser palmariamente catastrófica, puede suceder que hasta Zimbawe nos pegue una pasada de impresión, y aún así nosotros seguiremos sosteniendo que tout va bien!, que la vida docente es cojonuda, que nuestros alumnos son felices y aprenden como leones, que el Sistema no importa porque todo depende al fin y al cabo de que seamos buenos y voluntariosos, que da igual que se supriman asignaturas fundamentales, que los planes sean una basura, que los programas no valgan un duro, que las calificaciones no sean más que papel mojado de baratillo, que (estoy completamente seguro) sus alumnos de 6º, por ejemplo, no tengan ni idea de geografía ni de historia, su nivel de cálculo sea paupérrimo y la redacción tan penosa como muestran los indicadores que ya abundan por doquier.
      Y todavía, abundando más, ahondándonos más, seguiremos confundiendo el culo con las témporas, y seguiremos pensando que cuando se habla de disciplina y respeto se está hablando de sangre, que cuando se critica un sistema de enseñanza tan retrógrado y carca como el que disfrutamos es porque se adora la tradición, y lo peor, lo más infame, que cuando nos preocupamos desde el día a día, desde el hoy, desde la plena conciencia del tiempo en el que vivimos y de sus exigencias, cuando nos preocupamos de la situación actual de la enseñanza porque ésta no alcanza ni por asomo a tener la mínima percepción de la realidad, se nos diga que no somos capaces de progresar al ritmo de los tiempos.
      Estimada Roser. Sólo un sistema tan pútrido como éste se atreve a reciclar maestros.

  4. 2 marzo 2010 a 19:44 #

    Veo, al leer, que salté algunas letras y se escapó un había con v, acostumbrada como estoy a escribir en catalán, lo siento. Puedo asegurar que lo mio no son las faltas de ortografía, al contario, suelen recriminarme mis correcciones constantes… Gracias otra vez.

    • 14 septiembre 2010 a 15:22 #

      Señor Roser:
      Le pido mis disculpas por tardar tanto en hacerle esta observación, la cual, dado el tiempo transcurrido desde sus comentarios hasta hoy, tiene tantas probabilidades de llegar a hasta usted como uno de esos míticos mensajes en una botella. Usted se considera un buen docente y no pongo en duda que lo sea, pero, cuando dice eso de que falta mucha calidad humana y sobra mucho funcionariado, ¿no estará usted menospreciando a un colectivo (hablo solo del profesorado de la pública) que debe de componerse de no menos de 400.000 personas? ¿No estará usted dejándose llevar por una de las más tópicas y deleznables excusas que los artífices de la reforma (?) nos asestan a los profesores para maldefender el indiscutible fracaso de su invento?

  5. Jaime Benito de Valle
    13 abril 2010 a 20:13 #

    Yo lo habría explicado con menos palabras. Hace ya muchos años, cuando empezaron a modificar el sistema educativo a base de cambiarles los nombres a las cosas sin motivo aparente, ya empecé a recelar de las intenciones de los políticos en cuanto a educación. Pero cuando empezaron a imitar las payasadas que se hacen en otros países como Inglaterra, tales como dejar que todos pasen de curso sin aprobar o que haya que tolerarle al alumno prácticamente todo, me dije: «El sistema educativo español se va a ir a la mierda de aquí a nada». Antes estábamos más de 10 puntos por encima de Inglaterra en el escalafón internacional educativo, y ahora estamos muy por debajo. ¿Qué más se puede decir?

  6. 4 mayo 2010 a 6:34 #

    ¡Saludos!

    Me permito aportar, justo aquí en esta sección, una información interesante sobre el Proyecto PUNTAL, que nace en Manresa para combatir el fracaso escolar.

    “Projecte PUNTAL: un projecte educatiu innovador i modèlic”

    En mi reflexión sobre ese artículo, aparecido en el periódico Regió7 el pasado 25 de abril, comento la necesidad de que inciativas como esa, y otras similares que pudieran aparecer, reciban el màximo apoyo institucional porque parece ser una de las pocas vías de actuación existente en medio de un océano de análisis, pseudoanálisis,quejas y lamentaciones que se limitan generalmente a eso, a constatar problemas sin aportar el menor atisbo de solución.

    En mi blog, mi artículo está en catalán. En la sección de enlaces, hay un servicio de traducción robótica a diversas lenguas, entre ellas el castellano, que aunque distorsione parte del contenido permite entender globalmente lo que dice el texto original.

    Espero que os interese bastante o mucho, y alguien de esta comunidad de “Deseducativos” se decida a impulsar un proyecto parecido contra el fracaso escolar.

    Cordialmente
    _______________________

  7. 14 septiembre 2010 a 12:29 #

    Y olé, solo eso.

  8. Fernando Alonso
    15 septiembre 2010 a 17:56 #

    NO ES VERDAD. Es el nombre que la Red IRES puso a su manifiesto para contrarrestar esta avalancha de desinformación sobre lo educativo que está contaminando los oídos y las mentes de los ciudadanos. Supongo que debo presentar a los miembros de dicha red como unos pseudocientíficos pseudoprogres y todos los pseudos más que se os ocurran para buscar una lectura cómplice de los artífices de esta página. Bien, pues dejando claro que no soy uno de sus miembros, sin embargo he querido participar puntualmente en este foro simplemente para dejar otro punto de vista porque me ha podido el impulso inicial, no porque realmente me interese nada más de este planteamiento. Como decía un comentario suelto que he visto por ahí en otra sección, me había sentido atraído pensando que esta página era otra cosa. Pues eso, que NO ES VERDAD nada de lo que aquí se expresa. Esto está como está porque lo que impera sigue siendo precisamente lo que ustedes manifiestan que deberia ser. PUes bien, ustedes están ganando. ¿De qué se quejan? La reforma de la que ustedes hablan nunca se llegó a llevar a la práctica porque ustedes – y ese tanto por ciento tan elevadísimo de supuestos docentes como ustedes – se negaron a enterarse de lo que era aquello y se limitaron a rechazarlo porque su inquietud pedagógica – e intelectual, bien entendido el término – no existe. Son un fracaso escolar desde el punto de vista LOGSE, no desde el lléneme-de-contenidos-que-ya-los-memorizo-yo. Así que, lo dicho, el fracaso escolar lo sirve el concepto de escuela que ustedes tienen y que es el que sigue imperando desde hace… Si lo que ustedes rechazan hubiera conseguido abrirse camino de verdad en la escuela estaríamos hablando de los resultados finlandeses y no de lo que tenemos. Sigan flipando, señores, que sus alumnos seguirán siendo los culpables de que ustedes no sepan realizar su trabajo. Total, ahí está la Sra. Aguirre dotándoles de esa autoridad que ustedes no saben cómo gestionar si no es, como decía alguno más arriba, con el esquema clásico de que el profesor manda y los alumnos obedecen. ¡Cuánta osadía, joder!

    • 15 septiembre 2010 a 19:13 #

      ¿Esto es todo lo que tiene que decir, señor Alonso? Insultos, hipótesis sin fundamento y discurso disparatado, lo de siempre. A ver qué día aparece por aquí algún defensor de la LOGSE con unos planteamientos sólidos serenos y respetuosos.

    • 26 septiembre 2010 a 8:46 #

      Señor Alonso, haría bien en informarse un poco. Da usted muestras no sólo de no conocer el sistema español también de desconocer el finés. De ahí que mezcle churras y merinas sin distinción. Decir a estas alturas que el fracaso educativo se debe a los docentes que estamos hartos de comprobar y constatar sus profundos errores, representa la última forma de deshonestidad que nos faltaba por conocer. Culpar al otro de los males propios y ajenos es una estrategia vieja de quien se niega a reconocer la verdad y asumir su responsabilidad. Y esa es la principal dolencia de nuestro sistema educativo: que quienes tienen en sus manos la posibilidad de cambiarlo se niegan a reconocer su estado porque eso les exigiría autocrítica y la sabiduría suficiente para cambiar de opinión… o dejar paso a otros.

  9. José López
    26 septiembre 2010 a 2:22 #

    Señor Alonso, usted dice que ” Total, ahí está la Sra. Aguirre dotándoles de esa autoridad que ustedes no saben cómo gestionar si no es, como decía alguno más arriba, con el esquema clásico de que el profesor manda y los alumnos obedecen”.

    Le invito a que intente dar clases a mi 1º de E.S.O. y después hablamos y de paso me enseña a gestionar la autoridad sin el esquema que el profesor manda y los alumnos obedecen. Ya se lo adelanto, le van a comer.

    Un saludo.

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    […] Causas del fracaso escolar. (Deseducativos). Publicado el 16 Febrero 2010 por Ricardo Moreno Castillo […]

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