¿Conversos o cínicos sin vergüenza?

De unos meses a esta parte, me lo estoy pasando como un auténtico enano, de verdad, y hay días que me río tanto que estoy a punto de que me dé un ataque. Los que estáis un poco al tanto de lo que ocurre en el mundo de la enseñanza, hasta los más despistados, os habréis dado cuenta de que soplan vientos de cambio, de que la catástrofe logsiana ha llegado por fin a ese punto de desmoronamiento al que tarde o temprano llegan todos los disparates que en el mundo han sido, ese punto en que se hacen tan insostenibles que hasta sus más conspicuos y encarnizados defensores empiezan a flaquear y a abjurar de los dogmas: sí, amigos, yo también lo he notado: las ratas pedagógicas están empezando a abandonar el barco de la LOGSE.

La verdad es que en los últimos tiempos se las veía confusas y les temblaban las piernas, pero hace unos meses, cuando el ministro Gabilondo empezó a hablar de esfuerzo, respeto y todas esas cosas que, de momento -al menos, para mí-, suenan tan poco creíbles en boca de un ministro socialista, recibieron el definitivo toque de cornetín y empezaron, unas con más disimulo que otras, a deponer las armas del dogmatismo paidocéntrico y a emprender la retirada. Y aquí es donde viene lo de la risa: ¡cuántos partidarios les han salido de repente a la disciplina, al respeto, al orden en clase, a la dignidad del profesor, al esfuerzo y al conocimiento! Los malos profesores, fascistas, anticuados, tradicionales, autoritarios (todo esto nos han llamado) que hemos defendido siempre esas cosas no damos crédito a la conversión en masa, no podemos creer que determinados fulanos (cada vez más) que te menospreciaban o te condenaban por pretender que los alumnos se comportasen en clase como personas aparezcan ahora con expresión ceñuda reclamando disciplina en las aulas. Realmente tiene gracia, es como una apoteosis circense: un festival de payasos imbéciles. Verlos desdecirse porque ahora la consigna es otra y demostrar al final que ni siquiera creían en lo que proclamaban es para partirse de risa.

¿Pero son vientos de cambio auténtico o sólo de cambio de chaqueta? ¿A qué aspiran los políticos? ¿Ese gran pacto del que tanto se habla persigue de verdad el cambio radical que precisa nuestra enseñanza o es sólo una farsa destinada a instaurar un par de reformas cosméticas y dejar lo esencial tal y como está? Dos documentos procedentes por casualidad ambos de Andalucía me producen cierta inquietud, especialmente por el hecho de que esta comunidad autónoma ha sido una de las que con más ahínco y peores resultados han aplicado la fe logsiana, la extensión del embrutecimiento y la persecución del profesor. El primero es un artículo escrito por un inspector de educación, el cual se titula Señores padres con hijos en la ESO.

Como habréis visto quienes lo hayáis leído, el artículo viene a criticar el lamentable estado de la disciplina en los centros escolares, lo cual, viniendo de un inspector andaluz, es muestra o de estar en la inopia o de un cinismo sonrojante, pues en esta comunidad, por las noticias que tengo, el vandalismo escolar halló un gran aliado en la propia Consejería de Educación, que durante años ha maniatado a todo profesor que mostrase una cierta firmeza contra el mal comportamiento. Que finalmente este inspector lance una retahíla de consejos-reproches a los padres proteccionistas, aparte de recordar sospechosamente a un intento de cargar culpas sobre los padres que en su día protagonizó Zapatero, es para dejarte helado, porque todos sabemos muy bien quiénes han sido los mejores apoyos de este tipo de padres. Y si alguien duda de que las consejerías logsianas se han dedicado a halagar a los padres, que se lea este otro enlace.

Lo que se cuenta en esta noticia tuve ocasión de verlo por las televisión, sin apenas poder creérmelo: ¡una consejera de educación andaluza hablando de disciplina! Luego ella misma aclaró en qué términos la entendía, en los de siempre, por supuesto: aparentar y no hacer nada. Podéis leerlo en el enlace: todo lo que propone es lo que ya hay y ha dado tan pésimos resultados. ¿Me entendéis cuando digo que tengo mis dudas acerca de los propósitos de los políticos, y muy en especial, de los del PSOE? Que los que defendieron la LOGSE sean ahora los que defienden la disciplina y el esfuerzo desde las instancias oficiales no anima a ser optimista.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

Autor:Pablo López Gómez

Hola amigos. Me llamo Pablo López y abro este blog porque me parece extraordinario estar integrado en un sitio como TEXTOS DESEDUCATIVOS, al que está conectado y que sirve de pantalla y plataforma para quienes pertenecemos al mundo de la educación y no nos levantamos todas las mañanas repitiendo tres veces: "Si Álvaro Marchesi no existiera, habría que inventarlo". Puede que algunos me conozcáis ya, porque soy el único responsable ante Dios y ante la Historia de ese blog que se llama La garita del guachimán.

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8 comentarios en “¿Conversos o cínicos sin vergüenza?”

  1. 15 febrero 2010 a 11:14 #

    Amigo Pablo, has puesto el dedo en una de las tantas llagas de este catastrófico sistema “enseñanza”. Es pertinente, sin duda, saber si estamos ante cínicos o ante ingenuos. ¿Qué sería peor para nuestras intenciones de que esto cambie? Me temo que estar bajo la batuta de ingenuos, de creyentes auténticos en la fe logsiana. Los cínicos, como tú bien ves, retroceden cuando notan el viento en la cara, cuando perciben signos de cambio en el ambiente. Son astutos, quizá incluso inteligentes y cultos. Pero, ay, los ingenuos no retroceden tan fácil, no se hacen conversos a las primeras de cambio: opondrán una feroz, ciega y cerril resistencia, la que le corresponde al fanatismo. Qué situación tan calamitosa. O bien nos enfrentamos a ladinos dispuestos a lo que sea por mantenerse en la poltrona, o bien a ingenuos creyentes aferrados como lapas a sus dogmas de fe. ¿Cuál es el tipo mayoritario y dominante? Una pista de entre muchísimas que podría señalar. Carmen Calvo, ministra de Cultura hasta hace poco, creyó que un diputado de la oposición la motejaba con el nombre de un conocido ratón de dibujos animados (“Dixie”, de la serie televisiva “Pixie y Dixie”), cuando, simplemente, aquél no hizo otra cosa que emplear la conocida loción latina “dixit” (“el maestro dijo”) en su intervención (“Carmen Calvo, dixit…”).

    Saludos.

  2. Mariano
    15 febrero 2010 a 14:29 #

    Observo mucho optimismo, no sé si antropológico o de otra índole, en algunos comentarios sobre un presunto abandono de los principios logsianos por parte de los mandarines del chiringuito educativo. Desgraciadamente, Pablo, no comparto plenamente semejante percepción. Y me gustaría escribir cuando fuera necesario que era yo el que estaba equivocado y que acertaban los que veían la liquidación de la pedagogía necia. Me gustaría leer en la prensa: “Tras fracasar en sus objetivos curriculares (sic), los pedagogos abandonan sus supersticiones y empiezan a ver la realidad”. Llego a este escepticismo por varios siguientes motivos.
    Grato es constatar que el ministro Gabilondo habla otro lenguaje del habitual en el mundillo educativo. No es como los gerifaltes de antaño. Tiene su propio discurso. Hay otra música en sus palabras. Otra música destinada a halagar los oídos de parte de los que puedan ser desafectos justamente por la disconformidad con las políticas educativas denominadas con el impune y falso apelativo de izquierda. Y es por esto por lo que Gabilondo no está dispuesto a que valores como el esfuerzo, la disciplina, el estudio, etc. se conviertan en bandera de los otros: los reaccionarios, los contrarios al cambio educativo, los descontentos con las reformas progresistas. Él considera que esas palabras y lo que ellas encierran o transmiten también le pertenecen. Y no se siente cómodo con el fondo tontaina y simplón del discurso pedagógico al uso, con la didáctica (sic) más heavy. Estéticamente hace falta mucho bicarbonato para digerirlo. No está en su papel. El ministro metafísico, pese a sus orígenes frailunos y sus concomitancias mediáticas, forma parte de la cuota de rigor y seriedad, que, aunque parezca mentira, también existe. Es más como un coche alemán o un champán francés. Para el confeti, el pasacalles, los títeres, gigantes y cabezudos y la imagen desenfadada y frívola ya están las leires, las aídos y las chacones. El señor Gabilondo es un hombre serio simpático, progresista y afable, pero serio, maduro y solvente. No creo que le veamos en una carroza del carnaval.
    Por otro lado, hay –desde arriba- una operación política destinada a que la educación no pueda ser la enseña del adversario, de forma que un pacto sería la forma de desarmar un discurso deslegitimador de uno los presuntos baluartes del orgullo de la izquierda: la enseñanza. De quitar a otros rivales electorales la marca de la Pepsi-Cola.
    Cierto es que para creer en las reformas tipo LOGSE –veinte años después de su rotundo fracaso- hay que ser muy ingenuo, muy fanático o muy interesado. Y si las consignas desde el poder fueran del signo contrario de las que han sido las dos últimas décadas, hecho que está por ver, tendríamos dos tipos de reacciones en el establihsment pedagógico, muy clásicas en la vida política:

    1. Los fundamentalistas, los irreductibles, el búnker. El equivalente de la Falange Auténtica y la iglesia preconciliar, vamos, un Palmar de Troya educativo. El otro día en Informe Semanal, Álvaro Marchesi seguía con sus mismas letanías de siempre. No había evolucionado ni un ápice. Ni un miligramo ni de autocrítica ni de reconocimiento de la realidad. Si la izquierda reformara la LOGSE-LOE de forma mínima, sólo recortando un año la comprensividad y diversificando la enseñanza media, sólo con un leve retoque del tótem intangible, habría un sector talibán que pondría el grito en el cielo y llamaría a la guerra santa.
    2. Los profesionales, los que tienen cintura, los camaleones, los que viven de esto. Y nunca han creído que la reforma fuera positiva, porque empezaron a llevar a sus hijos a centros donde no imperaba la pedagogía construcitivista ni gilipolleces por el estilo. Herederos de la clásica doble moral católica. Esos estarán como la mayoría de los capitanes generales el 23-F. A las órdenes de… quien gane. Se adaptarán al curso de los tiempos, a la dirección del viento. Y tienen suficiente labia para justificar su giro. De hecho llevan haciéndolo en casi todo durante toda su vida. Están preparados para defender con el mismo desparpajo una idea y acto seguido la contraria. Y podrán decir el lunes que la promoción automática es de izquierdas y hacer un examen es segregador y facha. Pero el martes te pueden afirmar, con rotunda solemnidad, que una reválida al final del bachillerato y un examen de ingreso al entrar son el summum del progresismo. Sin despeinarse. Y con un par. Igual que bajar y subir los impuestos. Para un verdadero profesional, siempre es de izquierdas, hagas lo que hagas. Es maravilloso, hagas lo que hagas, de seguro que consigues el cielo. Si depende de estos, que es lo que insinúa Raus, todas las puertas están abiertas.

    Sin embargo, lo que a algunos nos mueve hacia el escepticismo es que el actual status quo es muy difícil de mover. La enseñanza concertada, con su privilegiada selección de alumnos que le permite echar a todos los estudiantes conflictivos a la pública (casi reducida a centros de compensatoria), los orientadores, asesores técnico-docentes y profesores de pedagogía de las facultades, los mandarines educativos de las comunidades autónomas, incluso profesionales de las APAS y AMPAS (algunos sin hijos ya en edad escolar, pero con subvenciones oficiales), todos los que tendrían mucho que perder si se produjera un cambio real, se resistirían como gatos panza arriba a un cambio que limitara su poder, su estatus y sus privilegios.

    Por eso, las esperanzas en un pacto educativo firmado con el PP son muy escasas si lo que se quiere es firmar el acta de defunción de la LOGSE. Gabilondo maquilla el lenguaje para hacer más tragable el sapo. Porque la coyuntura exige que se ponga un poco de jarabe en lo que hasta hace poco era un trágala sin más bálsamos. Y al PP, aparte de disfrutar de las mieles del poder, lo que le interesa esencialmente es mantener la concertada. Y también deslegitimar el discurso exclusivista que el PSOE y el conjunto de la izquierda han mantenido sobre educación, campo acerca del cual han reivindicado una especie de monopolio. Un gobierno alternativo puede reformar lo que quiera. Pero la educación, que no la toquen: no les dejamos. Como si los demás no pudieran ni opinar sobre temas educativos. Estratégicamente, el PP puede sopesar si le conviene la imagen de partido centrado, responsable y firmar un acuerdo educativo. Si se ven ya en La Moncloa y quieren deshacerse de una imagen de crispación. O si, por el contrario, valoran que les resulta más rentable sumarse al catastrofismo y desmarcarse de cualquier responsabilidad en el desastre educativo (del que ellos también han sido cómplices en su gestión en los gobiernos central y autonómicos) para dejar al gobierno de Zapatero en la soledad de la defensa de la LOGSE-LOE. Porque sin pacto no habrá el más mínimo cambio en educación. ¿Para qué si no se neutraliza al contrario? ¿Para reconocer que esto no funciona y que hay que cambiarlo porque se necesita? Además, no habrá cambio educativo sin pacto porque los nacionalismos y la presunta izquierda unida han sido soportes radicales de la intangibilidad de las logses.

    Así las cosas, ¿Hay vientos de cambio? ¿O sólo hay cantos de sirena? Por mucho que sólo los más cerrilmente dogmáticos sigan anteponiendo su fe pedagógica a la constatación de la realidad, no creo que exista en el conjunto de la clase dirigente una voluntad de reparar de raíz el disparate que se lleva perpetrando varias décadas.

    Lo que sí es palpable, perceptible, es el clima de descomposición. Porque el enfermo terminal de la LOGSE-LOE no se cura ni con maquillajes ni su hedor se compensa con perfumes.
    Por eso a mí el actual clima del debate educativo me recuerda el clima del tardofranquismo, en el periodo que media entre la tromboflebitis del caudillo y la muerte del dictador, cuando los aperturistas se atrevían a decir con sordina cosas que muy poquito antes eran pecado. En ese sentido, no sé si Gabilondo es más un Carlos Arias (con su discurso del 12 de febrero que apuntaba un tímido paso adelante pero que en seguida retrocedió cuando la sociedad demandaba una transformación más profunda) o un Adolfo Suárez (que sin saber muy bien el cómo y el cuándo terminaría liquidando el chiringuito, aun manteniendo a su tropa bien guarnecida).
    ¿El ministro? Como depende de la voluntad de un jefe veleta y sin principios, y él mismo es consciente de que le pueden dejar colgado con la brocha en el aire, ni él sabe cuál es su capacidad de maniobra. ¿Sabe realmente hasta dónde puede llegar? Cierto es que Suárez tampoco lo sabía. Pero para el gran jefe la educación es una mercancía electoral más, una mercancía, como todas las suyas, formada por palabras vacías, más o menos altisonantes, más o menos ridículas, pero casi siempre inanes y falsas. Provisionales. Hasta que tenga la próxima ocurrencia. Y las palabras sobre enseñanza, desde el “pacto”, el “consenso” hasta la apropiación de los eslóganes de la competencia (“esfuerzo”, “disciplina”, “autoridad”) es posible que no sean más que parte de una operación de maquillaje, en ese gran mercado del mundo, hoy llamado márketing, en el que se van a dirimir los próximos procesos electorales.
    ¡Hemos logrado un acuerdo histórico en materia de educación! ¡Los malos no han querido un acuerdo histórico en materia de educación! ¡Sólo quieren el poder! Es una forma de no ir al fondo de los problemas educativos. Quizá porque dé mucho vértigo asomarse al abismo. O porque dé mucha vergüenza reconocer que no se tiene ni puta idea de cómo arreglar el inmenso estropicio de años de ineptitud y de falacias.
    Quizá alguien con dos dedos de frente se haya dado cuenta de que ya empieza a calar en la sociedad que todo el mensaje demagógico del buenismo pedagógico vende mal y hay que cambiar el envoltorio, quizá la mercancía. ¿Y después qué?

    • 15 febrero 2010 a 16:11 #

      ¡Menudo pedazo de análisis, Mariano! Estoy completamente de acuerdo. Es así de triste.
      El caso de Marchesi es digno de consideración. Les está vendiendo a los americanos el mismo pescado podrido que nos vendió a nosotros. ¿Cómo se va a bajar del macho?

  3. 15 febrero 2010 a 15:36 #

    Me parece bueno el artículo, Pablo, pero siento compartir el pesimismo de Mariano. No voy a extenderme con más argumentos.
    Recomiendo este artículo, que viniendo de un pedagogo, quizás sirva para contrarrestar este pesimismo nuestro y dar un poco la razón a Pablo. Así sea.

    http://crisiseducativa.files.wordpress.com/2010/02/los-examenes-son-cosas-de-derechas.pdf

  4. Mateo
    15 febrero 2010 a 17:50 #

    Yo también me he quedado perplejo con tu optimismo. Están cambiando el discurso, pero mira como se han tirado a tachar de segregadores al PP, ¡simplemente por acortar un año la ESO!, ¡¡¡manteniendo la edad de escolarización obligatoria!!!.

    NO PIENSAN GASTARSE UN PUTO DURO PARA QUITAR EL CAFÉ PARA TODOS, por lo que el desastre sólo puede incrementarse con la huida constante de la clase media a la concertada, que seguirá creciendo fruto del pacto DIABÓLICO.

    Y las tácticas para promover el aprobado fácil (competencias básicas, evaluación por proyectos, comunidades del aprendizaje…) siguen envolviéndonos poquito a poco, para que contentemos a la chusma sin enseñar, mientras los hijos de los acomodados se forman en condiciones para arrasar en el mercado laboral.

    Cínicos sin vergüenza alguna, SIN DUDA.

  5. 15 febrero 2010 a 18:17 #

    Queridos amigos: que me maten si quería ser optimista. ¿Se puede ser optimista hablando de educación y citando a un ispector y a una consejera del ramo, ambos andaluces, para más inri? Lo que quiero decires, en pocas palabras esto:
    a) Que me hace mucha gracia el patético espectáculo de logsianos sin escrúpulos defendiendo si credibilidad lo que siempre han denostado.
    b) Que muy insustancial tenía que ser su credo o muy desvergonzados ellos para haber renunciado a la voz de ar.
    c) Que, en el fondo, aunque intenten disfrazarlos, los paladines de la arcadia escolar, siguen creyendo en los mismos principios, a saber: sus traseros y sus sandeces.
    Tenemos que estar muy atentos o nos la volverán a jugar; de hecho, empieza ya a estar muy claro que en la elaboración del pacto se va a volver a ningunear al profesorado.

  6. RM
    15 febrero 2010 a 19:09 #

    Aunque la LOE se vista de seda,LOE se queda.

    Ésto es una operación de maquillaje de la LOE,para que se asuma más dulcemente.

    El cebo está puesto para ver si pica el PP.

  7. RM
    15 febrero 2010 a 19:11 #

    San Gabilondo es el apóstol de la concordia,del talante y del consenso en educación.

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