Aprender a aprender

-Por Rafael Arenas García*, FANECA

Desde hace años vengo oyendo machaconamente la frase del título: “lo importante no es saber, sino aprender a aprender“. La idea es que en la sociedad actual el volumen de datos y conocimientos es excesivamente amplio como para que nadie pueda aprehenderlo, ni siquiera en un ámbito limitado de conocimiento. Además este volumen de información cambia rápidamente. Lo que es válido hoy puede que ya no sirva el año que viene, y casi seguro que en cuatro o cinco años se habrá quedado obsoleto. La respuesta a esta situación es la de que no importan tanto los conocimientos como adquirir herramientas intelectuales que permitan una permanente y constante actualización.

Muy bonito, pero la clave está en cuáles son esas herramientas que facilitan la actualización. De momento, en nuestro sistema de enseñanza hemos asumido la primera parte de la idea (adquirir conocimientos no es tan importante hoy en día), pero sin dar una respuesta adecuada a la segunda. El resultado es que hay muchas personas que no saben nada. El otro día me sorprendió que alumnos de último año de carrera me dijeran que el año 1648 era la fecha de la “caída de Occidente”. No quise indagar que entendían por la caída de Occidente, aunque me temo lo peor.

Si preocupante es que se sepan menos cosas, sin que los ignorantes actuales dispongan de mecanismos efectivos para esa “permanente actualización” que se presenta como objetivo final de su formación; más inquietante es aún que esta filosofía haya pasado del aprendizaje a la enseñanza. Me explico. Dado que la enseñanza no ha de basarse ya en la transmisión de conocimientos no es preciso que quienes enseñen sean conocedores de aquello que enseñan, sino que es más útil que se trate de expertos en la enseñanza en sí, entendida como este ideal mecanismo de adaptación de las cabezas para que se conviertan en máquinas de aprendizaje. Así, será posible que sean Pedagogos quienes enseñen Matemáticas, Inglés, Filosofía o Derecho. Los expertos en estas ramas del conocimiento serán menos adecuados para este cometido, toda vez que sus inútiles conocimientos no sirven de nada si carecen de las destrezas propias del auténtico enseñante. Por contra, quien se maneje bien en las técnicas del aprendizaje moderno podrá suplir su ausencia de conocimientos, ya que, como digo, la transmisión de estos no es el objetivo de la enseñanza, como no es su adquisición lo que se pretende con el aprendizaje.Yo me muestro escéptico con este planteamiento, que se extiende y apropia de todas las fases de la educación, llegando ahora ya a la Universidad. No pocas veces he discutido sobre estos y otros argumentos parecidos, sin que -como es evidente- me llegaran a convencer quienes mantienen este necesario repliegue de los conocimientos, tanto en el aprendizaje como en la enseñanza. He de advertir, sin embargo, que se trata de una manera de ver y practicar la “enseñanza” que, para nuestra desgracia (en mi modesta opinión) no tiene vuelta atrás. Podría poner algunos ejemplos bien concretos de cómo se practica esta “enseñanza sin conocimientos”, pero esta entrada está siendo ya demasiado larga, así que lo dejaremos para otra ocasión.

* Rafael Arenas García es Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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Categorías: Panlogsianismo

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3 comentarios en “Aprender a aprender”

  1. 14 febrero 2010 a 10:12 #

    Rafael, eso de lo que hablas tiene un nombre: la escuela de la ignorancia. Seguramente conocerás el extraordinario libro que con ese título escribió Jean Claude Michéa, en el cual analiza las intenciones y los planteamientos de esta plaga universal (ayer mismo, un amigo me mandó un archivo mexicano donde podía verse que allí pasa exactamente lo mismo que aquí). Y en cuanto a eso que dices al final de que podrías poner ejemplos bien concretos de cómo se practica esta enseñanza sin conocimientos, te diré que yo tengo constancia de la ineptitud como profesores de tantos defensores suyos que he llegado a la conclusión de que la pedagogía comprensiva no es más que un sistema autodefensivo, una rebelión de los necios que los peores han usado para blindarse. Y han triunfado, lo que da que pensar. Un saludo.

  2. 14 febrero 2010 a 15:51 #

    Certero artículo. La idea de que los conocimientos son necesariamente provisionales no es cierta. No es más que un retoño del escepticismo y el nihilismo imperantes. No obstante, supongamos que algunos conocimientos que hoy creemos sólidos fueran perfectibles o corregibles. Supongamos, por ejemplo, que la teoría de la Relatividad fuera falsa en algún grado. Vale, ¿pero quién sino aquel que la conociese a la perfección podría corregirla, advertir sus fallas y, en última instancia, cambiarla y superarla? Los pedagogos logsianos deben de creer que el simple paso del tiempo mudará lo que hoy conocemos. A las teorías y los conocimientos no los cambia el tiempo, sino las personas instruidas que los estudian. Si es que no dan una.

  3. 14 febrero 2010 a 18:23 #

    Estimado Rafael y demás participantes de FANECA:

    Los profesores de Universidad no van a poder soportar durante mucho tiempo lo que se les viene encima. O actuamos todos juntos o nos dan por saco a todos. Con todos los respetos: ni siquiera sus cátedras serán resistentes a los obuses que acostumbrar a lanzar . Están expuestos a una muerte lenta y dolorosa.

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