ROC 451 (Tercera entrega)

VI. ÚTILES PARA EL HAYUNTAMIENTO IMPERATIVO-LEGAL

1. El Plan de centro.

El Plan de centro es elaborado por el equipo directivo y lo aprueba el Consejo Escolar, “con la colaboración e implicación del ETCP y de otros órganos de coordinación docente”. Está muy claro: los órganos proponen, el equipo directivo capicúa (empieza y termina en Director) dispone.

2. El proyecto educativo

Dentro del Plan de centro está el proyecto educativo que “definirá los objetivos particulares que el IES se propone alcanzar, partiendo de su realidad”. A nosotros nos parece que los objetivos deberían ser homologados (idénticos) en todos los centros educativos, por varias razones:

  1. El protagonista del aprendizaje es el alumno, no el entorno.
  2. La verdadera educación se basa en una apertura a lo universal humano.
  3. Adaptar los objetivos supone en la práctica empastar al alumno en el contexto social en el que vive, sometiéndole a una guillotina mucho más implacable que la académica: la clasista.
  4. El sistema educativo se convierte de esta manera en herramienta deletérea para la reproducción de las desigualdades sociales: en un contexto pudiente se enseña alta cultura, mientras que en los entornos desfavorecidos la educación queda reducida a una suerte de animación sociocultural (en el mejor de los casos, además de inane, inocua). De esta manera la enseñanza como factor de movilidad social queda neutralizada de raíz.

3. Auto de evaluación

En esta Filosofía de laissez faire a los directores siempre y cuando avancen hacia la Tierra Prometida de título-descafeinado-para-todos, cabe entender también la autoevaluación, como un dispositivo más de control.

En primer lugar, la autoevaluación depende de parámetros proporcionados por la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa: “la AAEE establecerá indicadores de proceso y resultados que faciliten a los IES la realización de su autoevaluación de forma objetiva y homologada en toda la Comunidad Autónoma”.

El proceso será además super-visado por la inspección educativa, siempre con mar de fondo.

Por otro lado, “corresponde al departamento de formación, evaluación e innovación educativa la medición de los indicadores establecidos”.

El resultado del proceso se plasmará en una memoria de autoevaluación. La aprueba el Consejo Escolar, con las aportaciones del Claustro, pero la realiza “un equipo de evaluación integrado”, que está compuesto, al menos, “por el equipo directivo, por la jefatura del departamento de formación, evaluación e innovación educativa y por un representante de cada uno de los distintos sectores de la comunidad educativa elegidos por el Consejo Escolar de entre sus miembros”. Huelgan comentarios acerca de la naturaleza “política” y no técnica (¡sólo un representante del profesorado!) del EQUIN: Equipo Integrado. Es una majanadería interesada más solicitar a un alumno o a un miembro del Personal No Docente que autoevalúen el centro.

Esta memoria incluye la valoración de logros y dificultades y las propuestas de mejora para su inclusión en el Plan de Centro. En román paladino, cuánto hay que arrimar la montaña a todos los mahomitas colegiales, porque esto es lo único que no se discute: que deben aumentar el número de titulados-promocionados-aprobados, el resto gravita alrededor de este referente supremo (casi único).

En definitiva, que la autoevaluación no sólo está tuteladísima sino que en rigor supone una heteroevaluación “selecta” (en un grueso sentido) por el cimborrio psicopedagógico del Instituto.

4. La Heteroevaluación

La memoria, a su vez, se supedita a la evaluación, establecida bajo pautas muy pocos objetivas: “La evaluación de los Institutos deberá tener en cuenta las conclusiones obtenidas en las anteriores evaluaciones y los resultados de la autoevaluación, así como las situaciones socioeconómicas y culturales de las familias y el alumnado que acogen, el entorno del propio centro y los recursos de que disponen. La evaluación se efectuará sobre los procesos educativos y sobre los resultados obtenidos, tanto en lo relativo a la organización, gestión y funcionamiento, como al conjunto de las actividades de enseñanza y aprendizaje”.

Ya tenemos experiencia por las pruebas de diagnóstico qué resultará de esta vocación miscelánea, aunque asombra que se contemple como variable “los recursos de que disponen”. ¿No deberían tener todos los centros los mismos recursos? Como la redacción es característicamente confusa, quizás se aluda al entorno; ahora bien, ¿no habría entonces de proporcionarse un reparto desigual de manera que nunca supusiera el nivel socioeconómico una desventaja a la hora de aprender y, por tanto, no tuviera influencia en los resultados académicos? Antes de la LOGSE, muchos Institutos ubicados en el extrarradio y barriadas socioeconómicamente deprimidas, obtenían unos resultados en Selectividad homologables a los centros de las mejores zonas. Cualquier Administración mínimamente interesada en la enseñanza y la justicia social se preocuparía e investigaría por qué eso ha dejado de ocurrir.

VII. COSAS EN LAS QUE ESTAMOS DE ACUERDO.

Pero no todo es distopía, multiplopía o ventriloquía en este ROC. Sería injusto no valorar los aspectos positivos que aparecen, pues haberlos, haylos. Noblesse oblige, le dedicamos apartado propio.

-La Disposición adicional séptima establece que: La inspección educativa velará por el cumplimiento de lo establecido en el presente Decreto de acuerdo con sus cometidos competenciales y en el ejercicio de sus funciones y atribuciones”. O sea, que en esta representación ROC los inspectores harán de inspectores. Pues ya nos quedamos tranquilos. Y con un no sé qué de desazón envidiosa: ojalá los profesores pudiéramos ejercer de profesores.

-El artículo 37.2 reza rotundamente así: “No podrán existir, en una misma localidad, institutos de educación secundaria con la misma denominación específica”. Se trata de una norma extraordinariamente sensata y oportuna. ¡Ya era hora de que se proscribiera esta fatal homonimia! Imaginemos que hubiera dos Institutos con el mismo nombre en la misma localidad y uno solo de ellos hubiera coreado el “Sí, quiero” a la Orden de incentivos, ¿se imaginan ustedes qué barahúndas de ilesas injusticias podrían originarse?

-Más parabienes a la Consejería por el muy oportuno y feliz artículo 88.3, que dice: “el nombramiento del profesorado que ejerza la tutoría se efectuará para un curso académico”. Ya se sabe la natural querencia acomodaticia y anti-innovadora del profesor secundario, así que procede dejar muy-clarísimo que su cargo como tutor sólo dura un curso, pues de hecho los grupos también tienen fecha de caducidad de un año académico (aunque, con faltas y a lo loco, nadie es perfecto, hubiera sido preferible redactar “por un curso” y no “para un curso”).

-Y también más felicitaciones por el muy lúcido artículo 93.1: Las jefaturas de los departamentos desempeñarán su cargo durante cuatro cursos académicos, siempre que continúen prestando servicio en el centro”. ¿Se imaginan Vds. a un profesor que le dieran destino a otro centro -a lo peor incluso de otra provincia- y tuviera que seguir desempeñando la jefatura de departamento en el Instituto anterior? La Consejería demuestra su capacidad de planificación, al regular con antelación debida el cese del cargo en el supuesto de que éste cambie de centro.

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Categorías: Diagnósticos

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