De toros y maestros

Empezaremos por los maestros. Vicente Verdú en Aporías de la nueva década (y 3) ve a éstos muy distraídos, todavía empeñados en valorar esfuerzo, sacrificio y anhelando autoridad. Ambas cosas tenían, según Verdú, sentido en un mundo que ya está acabado; en la sociedad de consumo primero se obtiene la cosa, el placer, y luego vendrán los pagos, los efectos secundarios. Así que, sigue hilando fino el sociólogo, esto mismo es lo que hacen los chicos cuando exigen recompensas antes de haberse esforzado. El esfuerzo está ya finiquitado. Verdú lo dice de forma mucho más poética asociando “disciplinas” -parece que se refiere a las matemáticas y a las lenguas y demás cocos del estudiante- al “universo del dolor”, pero estamos de suerte porque “ese mundo en que el dolor, o el ahorro, o la represión sexual, tenían sentido es ya un mundo acabado”.

Parece que lo justo es que ahora de entrada se dé a los chicos el título de medicina, de arquitectura, o de conductor de autobús… y ya ellos verán, que ya vendrán los pagos y los efectos secundarios. No lo duden, que vendrán. Respecto de la autoridad, pues aparte de las consabidas nostalgias de tarimas y la sacralidad del docente -se le ha pasado el asunto de la vara- nos recuerda Verdú que en el presente (Internet) todas las instituciones están desacreditadas, y que en la generación de Internet el conocimiento se adquiere por cooperación, intercambio, participación y no por “obediencia a un jefe” o a “un faraón del conocimiento que imparte doctrina”. Y finaliza: “quien no entienda eso será presa del pasado […] pegajoso […] e impertinente”. No sé en qué pasado imagina Vicente Verdú que habitan “los faraones” que impartieron conocimiento a Descartes, a Kant, a Newton, a Platón, a Einstein, a Cervantes… o los jefes a quienes éstos otorgaron obediencia. Pero sospecho que habitan confortablemente en el mismo espacio en el que se asocian las matemáticas con la represión sexual, y el esfuerzo del pensar con los cilicios intrasotánicos.

Me viene a la memoria la parte sexta del Discurso del Método. [Recomiendo la lectura de esta parte del Discurso que tan por alto se pasa para mayor gloria de la metafísica y en detrimento de hombre que anhelaba un conocimiento claro, seguro y útil para la vida]

“Así pues, teniendo el propósito de emplear toda mi vida en la búsqueda de una ciencia tan necesaria [se refiere a la física y su aplicaciones, sobre todo en la medicina] , y habiendo encontrado un camino tal que, siguiéndolo, me parece que debo infaliblemente encontrarla si no me lo imposibilitan la brevedad de la vida o la falta de experiencias, juzgaba que no existía mejor remedio contra estos impedimentos que el comunicar fielmente al público todo lo poco que yo hubiese encontrado e invitar a los ingenios capaces a intentar progresar, contribuyendo cada uno, según sus inclinaciones y poder, a realizar las experiencias que fueran necesarias y a comunicar cuanto hayan conocido con el fin de que comenzando los últimos donde los precedentes hubiesen concluido y, de esta forma, orientando con una misma finalidad la vida y los trabajos de muchos, llegáramos mediante el trabajo conjunto mucho más lejos de lo que podría hacerlo cada uno en particular”.

René Descartes (1596-1650)

Sin duda; impertinente y pegajoso, el pasado.

Y ahora los toros. Pero he pasado tanto tiempo con los maestros que llego cansado a la plaza. Magnífico artículo el de Javier Cercas Ética de los toros. Un artículo para reflexionar acerca del arte, sobre nosotros y nuestra relación con los animales. Lo más certero que he leído sobre toda esta polémica. Quizá intente un comentario en otra ocasión, pero si algún lector no fuese tacaño con sus ideas al respecto, le quedaría, ciertamente, agradecido.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

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2 comentarios en “De toros y maestros”

  1. MLL
    9 febrero 2010 a 15:12 #

    Hermoso texto el cartesiano. De lo generosa que es la enseñanza, de la estupidez de la jerga sobre educación. En la primera (la enseñanza del maestro, la instrucción del discípulo) hay entrega, en lo segundo banalidad (la necedad va de suyo).

  2. Borja Contreras Ortiz
    9 febrero 2010 a 16:58 #

    Sobre el artículo de Verdú: Es curioso. ¿Todavía queda un ” puro espíritu de los tiempos”?
    El sociólogo que en todo observa lo caduco de cualquier pasado mantiene este concepto en su análisis. ¿Se habrá equivocado?
    Le doy la razón en el final. Yo reconozco sin pegas que no soy sabio, así que aspiro a ser al menos impertinente. O como Nietzsche, intempestivo. Y al espíritu de los tiempos le pueden dar morcilla, si es que tal cosa existe y esté donde esté.

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