Sobre la formación del profesorado

Mucho se insiste actualmente en la necesaria formación del profesorado y en la mejora de los criterios de selección de los docentes como vía para mejorar el sistema educativo.

No sólo desde el borrador del Pacto sino desde cualquier discurso logsiano, llevamos años oyendo la necesidad de incluir asignaturas pedagógicas en las carreras universitarias destinadas a la enseñanza. Con Bolonia parece que esta opción cada vez va cobrando más forma: tenemos el Máster y ya se empieza a hablar de una “carrera docente” que no es más que una carrera pedagógica para enseñarnos a enseñar, o lo que es lo mismo, aprender a aprender a ser docente. El mensaje que subyace en todos estos cambios es el de la necesidad de adaptar el trabajo del profesorado a la realidad de las aulas porque los conocimientos, entiéndase los académicos, sobran cuando uno entra a la clase en secundaria y bachillerato. Y es cierto que están de más cuando se configura un sistema de guardería más que de enseñanza.

¿Que la formación del profesorado hoy día deja mucho que desear? Totalmente de acuerdo. ¿Que los criterios de selección no “seleccionan” a los mejores? Efectivamente. ¿Que el docente necesita de una formación continua? También. La diferencia, la gran diferencia, está en qué entendemos por formación del profesorado.

En 1º y 2º de la ESO el alumnado, entre los 11 y 13 años, todavía se encuentra en un proceso de maduración de su aprendizaje; para utilizar la jerga pedagógica, es la edad en la que se están asentando las bases, aprendiendo las herramientas y habilidades que deberán ser dominadas al finalizar esta etapa como recurso indispensable para acceder al conocimiento de manera progresiva en los cursos posteriores: los estudios técnicos de la profesión elegida (en el caso de estudiantes de FP) y los académicos en el  Bachillerato (entendido como etapa pre-universitaria).

En estos cursos -1º y 2º- el docente evidentemente debe conocer y dominar las herramientas pedagógicas que le capaciten para enseñar a leer y a escribir o para realizar operaciones matemáticas o conocimientos de ciencias naturales, etc. Por eso, estos alumnos necesitan “maestros” y por aquí seguro que habrá profesionales de este campo que tengan mucho más que decir que yo sobre la manera en la que éstos deben ser enseñados.

Pasemos, entonces, a la etapa posterior y en concreto, al Bachillerato. Aquí el alumno debería estar en manos de un “profesor”, entendido éste como experto en la materia que enseña. Evidentemente, es cierto que una clase de este nivel nunca podrá ser una clase universitaria, pero el error está en creer que el profesorado tiene un exceso de conocimientos académicos y un déficit de pedagógicos, cuando es, y más por parte de quienes nos hemos incorporado a esto en los últimos años, lo contrario.

Los criterios de selección del profesorado deberían basarse en escoger a los mejores en su materia, porque sólo un experto en Literatura, en Matemáticas, en Geografía, en Física…puede ofrecer calidad en sus clases. Pero mientras haya docentes que no sepan dar una clase sin el libro de texto -y peores los habrá cuando los hijos de la LOGSE lleguen a las aulas plenos de conocimiento pedagógico- el nivel de la enseñanza estará por los suelos. Y lo primero que debería cambiarse es el concepto de formación del profesorado: a los docentes se nos tendría que obligar -sí, “obligar”- a formarnos continuamente, por lo mismo que se nos tiene que incentivar en ese sentido. ¿Por qué no un sistema que exigiese a sus docentes una formación investigadora en su materia, un continuo demostrar excelencia en su campo de conocimiento? Y por supuesto, una necesaria formación de cómo transmitirlo.

Aquí temblaríamos muchos, yo la primera, porque para realizar algo así necesitamos echarle un par: desde una Administración que configure un sistema de enseñanza basado en esa misma palabra, enseñanza, hasta un equipo docente que se tomara en serio su trabajo. Y entiéndase este afirmación como lo que es -no se me vayan a echar encima- como un mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre lo que debe ser nuestra profesión, que es algo muy serio.

Llegados a este punto, no tengo más remedio que reconocer que todo lo dicho anteriormente no corresponde más que a una utopía, aunque no, como algunos pueden aducir, por la baja capacidad del alumnado -deberían conocer a algunos de mis alumnos de Bachillerato- sino porque aquí hace tiempo que dejó de hablarse de enseñanza; el mismo que hace que se cambiaron los criterios de selección y promoción del profesorado, pasando éste a las administraciones autonómicas que, dependiendo de por dónde les dé, permiten que entren profesores interinos con un 0.5 de nota en la oposición (caso real) o realizan unas pruebas de selección en las que lo menos que tienes que demostrar es que conoces algo de tu asignatura y sí mucho de la “competencia emocional” del alumnado (nuevo criterio para la programación didáctica que la Consejería de Castilla la Mancha se ha sacado de la manga para esta oposición). O el mismo tiempo que hace que los criterios de promoción del profesorado otorgan más puntuación a la antigüedad o al número de horas de formación pedagógica -donde lo mismo da que hayas hecho un curso de risoterapia que uno de lectoescritura, siempre y cuando lo hagas en sus famosos CPRs- que al hecho de tener un doctorado.

Así que, en esta situación y viendo que las cosas no tienen pinta de cambiar, sólo resta la iniciativa personal del docente y algo de masoquismo para que, tras las horas dedicadas a la formación continua de la Administración y las dedicadas a la burocracia departamental, decida que su propia formación académica es mucho más importante.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

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39 comentarios en “Sobre la formación del profesorado”

  1. Mariano
    7 febrero 2010 a 23:56 #

    Oportuno asunto es el que suscita Mari Cruz Gallego en su acertado artículo, en el que aborda uno de los asuntos de los que más han presumido los reformadores y en el que los resultados cosechados no pueden ser más pobres.

    El tipo de formación y selección del profesorado en las últimas décadas ha estado motivado por los intereses de los grupos de poder y por ciertas concepciones un tanto discutibles. A la postergación de los principios de mérito y capacidad hemos de añadir los caprichos territoriales para sobrevalorar méritos harto discutibles por encima de capacidades y valores más objetivos (el ejemplo del cursillito más valioso que una tesisr ilumina plenamente)

    En primer lugar, la formación institucional de los profesores vía CEPS, CRPR´s, CAPS y demás heterónimos del mismo invento ha estado muy ligada a la catequesis de la LOGSE, de las consignas de la secta pedagógica, la difusión de su infecta jerga y la evangelización en la única verdad pedagógica: la suya.

    La formación del profesorado, en el MEC y aledaños, se utilizó en los años de implantación de la LOGSE como un arma propagandística y de proselitismo para lograr “el profe nuevo”, ese enseñante que dejara atrás la carcundia de los antiguos profesores de bachillerato, tan academicistas, tan elitistas, tan poco permeables a la inefable renovación pedagógica.

    Una verdadera formación para el profesorado debería haber incluido una formación académica complementaria en las áreas de conocimiento en las que cada uno fuera especialista. Una formación a cargo de especialistas de reconocido prestigio relacionados con el campo de la enseñanza.

    Después, habría sido interesante que los docentes hubieran mantenido seminarios entre iguales para intercambiar experiencias. Aprender unos de otros. No aprender de los quieren enseñar a aprender a aprender. No esnifar más productos tóxicos.

    Nada que aprender, por supuesto, de los voceros, hooligans, talibanes y apóstoles de la pedagogía oficial: a su impostura y a sus dogmas no les encuentro ninguna utilidad.

    Pero, desde que ha habido fondos para esta activida (¡qué mal utilizados) la formación que se ha fomentado por las distintas administraciones educativas (dejando aparte la formación del espíritu nacional en comunicades gobernadas por partidos patriotas) se ha dedicado a varias cosas:

    1.- Cambiar el perfil del profesor.
    2.- Cambiar el rol del profesor.

    Evidentemente, a los que cortan el bacalao en la docencia lo que les interesa no es que un profesor de matemáticas, de filosofía o de inglés tenga una buena formación en sus respectivos campo. Lo que valoran, en esencia, es que sean dóciles, un poco menos agnósticos y librepensadores, que crean en los dogmas de la psicopedagogía y que asuman ese nuevo rol que les colocará en el papel de mediadores, orientadores, animadores…

    ¿Para eso qué falta les hace convertirse en buenos especialistas?

    La carrera docente es un sintagma vacío que aparece y desaparece cada vez que se habla de ofertas educativa. Quizá pudo generar algo de expectativa cuando con la ley 30/84 se suscitó por primera vez. A estas alturas es como la revolución pendiente, el 5º plan de desarrollo o el enésimo plan de empleo juvenil.

    Los sistemas de selección deberían mejorarse, suprimiendo la absurda prueba de la programación (hubo unos años, de 1990 a 2003, una prueba de conocimientos LOGSE), algo equivalente a saberse los Principios del Movimiento Nacional para ser funcionario, fomentando más los aspectos prácticos de la enseñanza y suprimiendo muchos elementos superfluos, tanto del concurso de méritos como de los temarios.

    Pero lo esencial es que las administraciones públicas tienen la idea de adaptar a los profes a lo que ellos entienden por modernidad, despreciando como valor esencial su formación científica en su especialidad.

    Visto lo cual, no es de sorprender que si algo procede del Gabinete del Ministro, de una comisión de expertos o de cualquier grupo sindical o pedagógico que pulule por los aledaños del poder se aproveche cualquier excusa para volver a vendernos su mercancía, bajo el pretexto, eso sí, de una nueva campaña publicitaria en la que anuncian la venta de un producto nuevo. Esta vez por consenso, con buen rollito, no un trágala generalizado ante el que hay que resignarse. Pero los que han redactado los capítulos de formación del profesorado y carrera docente no piensan en un producto distinto del que han estado vendiendo estas décadas: un producto contaminado y altamente peligroso para la ya muy disminuida salud del sistema educativo público.

  2. 8 febrero 2010 a 8:17 #

    Mari Cruz, estoy totalmente de acuerdo con lo que has escrito. Subscribo cada una de las palabras que has puesto
    Lorenzo

  3. 8 febrero 2010 a 17:29 #

    Saludos de nuevo:

    Hemos propuesto en el Parlamento un sistema de formación del profesorado similar al MIR -como alternativa al actual Master/CAP-, un método de selección que valore la excelencia académica y la capacidad pedagógica por encima de la recepción de cursillos.

    Para los que quieran darnos su opinión, aquí está el texto (aun no se ha debatido): http://www.upyd.es/fckupload/file/educacion/PNL%20-%20Profesion%20docente%20PLENO.pdf)

  4. 8 febrero 2010 a 18:14 #

    Estoy totalmente de acuerdo con lo aquí expuesto, por ejemplo, aquí donde trabajo en La Rioja la condición de catedrático (que debería premiar la excelencia) se obtiene básicamente con años de antigüedad, los demás méritos apenas tienen valor en relación con el tiempo trabajado (título de Doctor, otras carreras, idiomas, publicaciones…), y lo que es peor, no hay posibilidad de demostrar los conocimientos de la especialidad y se les niega el acceso a profesores jóvenes con menos de 8 años de antigüedad. Vamos, que se valora calentar la silla y poco más….

  5. Mari Cruz Gallego
    9 febrero 2010 a 12:39 #

    Evidentemente es un tema que da para hablar y en el que todos deberíamos hacer autocrítica. ¿No nos acordamos de los viejos catedráticos de instituto, profesores cuyos conocimientos superaban, en muchas ocasiones, a los catdráticos de universidad? ¿Siguen existiendo? Con la relajación de las medidas nos relajamos todos y, por supuesto, si (y hablo de carreras como Filología) hay licenciados que ni siquiera han leído El Quijote y entran a uan clase, ¿qué se les puede exigir a los alumnos? Estoy segura de que todos conocemos casos de ese tipo. Que no suene prepotente, yo soy la primera en hacer autocrítica. Un saludo.

  6. Camilo
    9 febrero 2010 a 20:34 #

    Lo que sí está claro es que para dar clase en etapas obligatorias lo que NO hay que ser es ingeniero, matemático, físico…
    Lo que hay que ser es EDUCADOR. ¡Eso sí que es difícil de entender!
    Y que estar con 20 niños de preescolar es igual de “difícil” (para que todos lo entiendan) que dar filosofía o matemáticas.
    Los tiempos cambian y la gente no se entera.
    Saludos.

    • Mariano
      9 febrero 2010 a 21:44 #

      No comparto la clarividencia de Camilo sobre la formación que se necesita para ser profesor de una etapa obligatoria. Su fe le impide ver lo obvio, le hace creer en lo que no ve, pese a que él tenga muy claro el NO. No al conocimiento, no al saber, no a la excelencia. Pedagogitis aguda.

      Para dar clase de cualquier especialidad en cualquier etapa educativa hay que tener unos fundamentos científicos suficientes sin los cuales el papel de educador es vacío y nulo.

      Esta afirmación debería ser una obviedad a los ojos de todos aquellos que se ocuparan sobre formación del profesorado. ¿Va a enseñar inglés alguien que no domine esa lengua, por mucha pedagogía o metodología que presuntamente sepa? Simplemente absurdo e inviable. Lo mismo se puede decir de cualquier asignatura o área de conocimiento. No se puede enseñar lo que no se sabe bien. Es un aserto tan simple y evidente que hasta los pedagogos deberían entenderlo. Otra cosa es que no les interese porque entonces, ¿a quién le iba a vender su moto?

      La comparación que hace usted con la educación infantil no la termino de entender muy bien. ¿O acaso insinúa que deben continuarse los mismos métodos de esa etapa hasta concluir la escolarización obligatoria? ¿O quizá aún más, en el bachillerito, en el grado, en el postgrado y en el doctorado?

      En otro orden de cosas, para Camilo hay varios presupuestos (tópicos en el rollete estereotipado de la tabarra pedagógica habitual) que no es fácil admitir.

      1. Enseñanza obligatoria=enseñanza en la que no se aprende nada porque hay que promocionar a todos para no ´discriminar´ ni ´segregar´ ni ´excluir´. Y sólo se educa. Me imagino que en ´valores´. O en ´aprender a aprender a aprender´.
      – La ESO va por ese camino y es patente su fracaso sin paliativos. Ha bajado el nivel de los cursos cronológicamente equivalentes de la antigua EGB, que también era obligatoria. Y su fracaso no sólo se manifiesta en conocimientos, sino también en ´destrezas´, ´actitudes´ y en todos aquellos presuntos valores enumerados en los insufribles currículos oficiales. Papel mojado.
      – La enseñanza obligatoria no tendría por qué ser comprensiva, puramente estabulatoria de alumnos aparcados. Podría ser una enseñanza en la que el estudiante aprendiera los conocimientos básicos y avanzara académicamente. Para ese fin hacen falta profesores bien formados en sus respectivas áreas del saber.
      2. Los tiempos cambian da a entender que el modelo analfabetoide de la pedagogía oficial es sinónimo de progreso o de avance. Pues no, es patente que no vivimos buenos tiempos para la enseñanza en España. Que es justamente de eso de lo que no se quieren enterar los que prefieren un profesor con escaso bagaje intelectual y una supuesta formación didáctica (como si fuera posible esta última sin un sólido conocimiento de aquello que se va a enseñar).
      3. SER EDUCADOR es un oficio que no requiere una formación académica cualificada. Depende de lo que se entienda por ´educador´. Si uno se refiere a los antiguos vigilantes que había en algunos institutos o universidades laborales, que estaban a mitad de camino entre conserjes, seguratas y profesores de guardia…. Si hablamos de enseñanza en serio, entonces no podemos volver con la falacia de educar vs. instruir. A no ser que estemos hablando de la película de Arnold Schwarzenegger “Poli de guardería”.

      Por último, frente a la encefalopatía del homo pedagogicus, el mejor remedio sería simplemente una pequeña dosis de sentido común. Pero a estas alturas sabemos que eso sí es pedir la luna.

  7. Camilo
    9 febrero 2010 a 22:10 #

    Sin duda es usted profesor de secundaria, licenciado. No se entera de nada. Rebate argumentos que no se han mencionado, se defiende y ataca y sobre todo está centrado en el contenido, no en la persona, por eso siempre estará descontento en su trabajo. No pudo ser matemático, se conformó con ser profesor…

  8. Borja Contreras Ortiz
    9 febrero 2010 a 22:18 #

    Estimado Camilo, ¿Se centra usted en la persona cuando hace su comentario? ¿Aceptaría de un Profesor eso de “no se entera de nada”?
    Se le nota la pedagogía. Consejos vendo…

  9. 9 febrero 2010 a 23:16 #

    Camilo, mire usted.
    Ser ingeniero, matemático, físico, historiador, sociólogo, ebanista, profesor de estas materias o maestro, es algo que sabemos académica y profesionalmente lo que es. Pero profesionalmente “educador” se nos escapa. No es que esto sea sólo algo difícil de entender, o de alcanzar en un futuro. Es que no es nada. Es que no hay quien lo entienda, como no hay quien entienda “gavagai”, que tampoco tiene la más mínima significación, porque ambas supuestas palabras no son más que “flatus vocis”, meros sonidos.
    “Educador” es algo que se acaba usted de sacar de la manga. Yo, personalmente, estoy hasta el moño de que en estas discusiones, ante la meditada y elogiable propuesta en este caso de Mariano, llegue alguien y se saque cualquier cosa inexistente de la manga y la ponga ahí como si fuese algo, y se permita el lujo de dictaminar de manera taxativa, y tenga la chulería de comparar un algo real (ser ingeniero, por ejemplo), que a quien lo es le ha costado tantos esfuerzos y tantos años, con una pamema inexistente, con una ventosidad oral, que es la que oímosy olemos cuando se profiere la voz: “Educador”.
    Lo terrible del caso, lo patético de basar una actividad tan noble como la enseñanza en estos fétidos vientos, es que así no podemos lograr enseñar matemáticas porque los aires no nos dejan, pero tampoco “educamos” nada, porque eso, profesionalmente, no es que sea difícil, no es que sea trabajoso. Es que sólo es una ocurrencia suya, un conejo muerto, una flor de plástico, un naipe trucado. Una mierda, don Camilo, una mierda.
    Y cuando nos centramos en estas cagarrutas fónicas, entonces no sólo perdemos de vista los contenidos, sino también las personas y las cosas. Perdemos de vista el Ser entero. Nos fugamos de pronto a la inopia óntica. Y encima gracias a ello, a estar colgados hasta las cachas, nos permitimos el chiste lisérgico de implantar un sistema de enseñanza como el que ustedes nos han impuesto, que de los contenidos que desprecia ni idea, y de las personas que pretende atender, también ni zorra idea.

    ¡Ah, se me olvidaba! Lo de “no pudo ser matemático, se conformó con ser profesor…”, además de sonar a insulto gratuito, a grosería barriobajera, esconde un desconocimiento o, tal vez, un desatino de mala fe: es falso lo que indica para desmerecer, porque una de las posibles maneras de ser matemático (una de las más dignas y notables) es ser profesor de matemáticas. Por ejemplo, nuestro insigne compatriota Rey Pastor. Pero supongo que de los grandes profesores, que se dedicaban únicamente a enseñar matemáticas, usted, claro, ni zorra idea…. En la inopia educadora.

    • Who
      9 marzo 2010 a 19:39 #

      Justo!!
      Bravo!!!

  10. 10 febrero 2010 a 5:51 #

    La vacuidad argumentativa de nuestros insignes pedagogos (o quizá pseudo-pedagogos) es, sencillamente, escalofriante. La bondad o falsedad de las teorías se comprueba, obviamente, en la práctica, en el laboratorio, con la experiencia. Aquí, en esta España tan proclive a mixtificarlo y embrollarlo todo, nos hemos ido acostumbrando -¡o quizá no!- a la proliferación ratonil de palabros y expresiones huecos, ampulosos y necios. Esta lamentable lucha intestina entre los mismos docentes se resolvería en muy poco tiempo. Bastaría con comprobar públicamente la eficacia de lo que cada uno propone. Si la mayor culpa del fracaso académico la tienen, según muchos, los profesores que se centran en los contenidos y no en la persona, compruébese. Escójase a varios docentes, unos “tradicionales” (empeñados en enseñar contenidos), otros “(pos)modernos” (centrados en la persona), que den clase durante un tiempo y, al fin, que se compruebe con luz y taquígrafos cuáles han enseñado más a los alumnos, qué grupo de alumnos sabe más.

    Si estuviese en mi mano, haría un programa serio de televisión sobre esta cuestión. Evidentemente, cada grupo de profesores debería poder disponer sus clases a discreción. Así, por ejemplo, los “tradicionales” deberían poder sancionar a los alumnos (insolentes), evaluarlos, hacerles repetir la lección, emplear la clase magistral, etc. Los “modernos” deberían poder dialogar, practicar la evaluación continua, enseñar a enseñar, dar clases participativas, etc. Si las autoridades de la enseñanza estuviesen realmente interesadas en conocer la eficacia de los métodos logsianos, más allá de los actos de fe con que los acogen, los someterían a prueba empírica. Y se acabaría la vaina de una puñetera vez.

    Y yo estoy seguro de que, al fin, todo el mundo tendría muy claro qué demonios significan cosas tan biensonantes como: “ganarse la autoridad”, “centrarse en la persona”, “motivar al alumno”, “dialogar con el alumno”, “distribuir el conocimiento en clase”, “ser participativo y emprendedor”, “confiar en que los valores se construyen entre la colectividad”, “educar en valores”, etc., etc.

    Ahora bien, si lo que buscan los pedagogos y docentes logsianos no es tanto enseñar contenidos como “hacer feliz a la persona-alumno”, fantástico, porque entonces ya tenemos un dato muy claro acerca de cuánto preocupa a aquéllos la bancarrota académica que nos asola.

    Saludos.

    • Who
      9 marzo 2010 a 19:42 #

      Sí, señor!!
      Lo obvio, obvio es, pero algunos en un ejercicio de ilusionimo lo esconden con mil artilugios!!!

  11. Mariano
    10 febrero 2010 a 11:08 #

    Me sumo a los comentarios precedentes de Antonio y Raus. Dan en el clavo. Poco que añadir, pues.

    Pero no quiero dejar de responder a Camilo, porque su argumentación, aunque burda, no deja de ser lugar común en determinados ámbitos. Es un veneno nocivo, bastante extendido.

    No voy a entrar en alusiones personales “.Sin duda es usted profesor de secundaria, licenciado”.Se supone que con esos dos datos alguien ya está descalificado. Los argumentos ad hominem demuestran que se carece de consistencia para defender y rebatir ideas. No le voy a contar mi vida ni le voy a relatar mi currículum. Pretendo participar en un foro sobre asuntos educativos: no en un reality show.

    No obstante, le diré para su tranquilidad que no estoy descontento con mi trabajo: manifiesto, eso sí, un descomunal espíritu crítico con la deriva que la enseñanza en España ha sufrido –está sufriendo- en todos los niveles educativos. Hasta ahora especialmente en la secundaria. En estos momentos también se sufre la degradación en la universidad. No hablo de oídas de estos asuntos. Siento la obligación de combatir el espíritu pseudopedagógico que inspira lo que usted mencionaba como los tiempos que están cambiando… Hay que rebelarse contra la estulticia que subyace a la mal llamada renovación pedagógica, tan pseudomoderna, tan pseudoprogresista y tan nefasta.

    Desgraciadamente, sí me entero de lo que sucede en la enseñanza de mi país. La realidad es demasiado cruda como para no enterarse…

    ¿Qué alguien que quiere una enseñanza de calidad no se centra en la persona? Solemne memez. Quien desea que sus alumnos aprendan algo y no pierdan el tiempo está pensando en las personas a las que el actual sistema deja en la indigencia intelectual. ¿Es usted consciente del futuro que les aguarda a muchos de los que han cursado la ESO? ¿Se ha parado a reflexionar en el daño que se les ha infligido con una educación tan pobre? ¡Qué endeblez argumental! un pseudohumanismo de bolsillo y de pacotilla.

    Otro asunto. Lo que resulta un pelín cutre es que usted desconfíe de alguien por el hecho de suponer que es licenciado. ¿Alguna frustración? ¿Algún complejo?

    “No pudo ser matemático, se conformo con ser profesor…” ¿Usted piensa que son profesores los rebotados, los que no se pueden dedicar a otra cosa…? Es decir, los matemáticos brillantes a funciones sublimes, los demás, a dar clase. Bonito concepto de la enseñanza. Como le indicaba Antonio, insignes matemáticos han ejercido como tales siendo profesores. Y se han sentido muy orgullosos de ello.

    Volviendo al asunto de la formación del profesorado que da pie a todos estos comentarios, la cuestión es que sobrevalorar los cursillos pedagógicos vacuos y adoctrinadores e infravalorar el esfuerzo, el mérito, la capacidad, aparte de ser injusto y contraproducente, pues se corre el riesgo de igualar por abajo, desaprovechar a gente valiosa, desanimar el estudio, etc., pone de manifiesto uno de los hechos más lamentables de la secta pedagógica, ´lobby´, pandilla o como se la quiera llamar:
    Que es el conjuro de los necios, la unión de los mediocres, de los que buscan el medro gracias a procedimientos espurios. Les mueve algo tan tóxico como la envidia y el miedo a la inteligencia.

  12. 10 febrero 2010 a 14:32 #

    Estimado Marino, en mi opinión sería usted un magnífico articulista de este blog.

    Saludos.

  13. Camilo
    10 febrero 2010 a 16:55 #

    Hola a todos. Sí, es cierto. Mis comentarios han sido descalificadores y groseros. Lo reconozco y pido disculpas.

    Voy al grano. ¿Qué considero necesario para dar clase en etapas obligatorias? Experto en comunicación, experto en manejo de grupos y en último lugar, especialización en la materia.

    El BUP y el COU, de los que soy producto, fueron estupendos, pero pasaron. Ganaderos, agricultores, obreros del metal reconvirtieron su sector por exigencias externas a sus criterios. Muchos profesores de secundaria aún no se han dado cuenta de la reconversión de su sector. Los tiempos han cambiado.

    Ser educador es dar a mi alumno lo que necesita para que se forme, no mi asignatura y que se busque la vida.

    Soy licenciado y doy clase en un aula de compensación educativa en Madrid.
    ¡Qué bien estáis en esta página sin que nadie os diga nada!
    Saludos cordiales.

    • Ana (experta_en)
      10 febrero 2010 a 18:33 #

      “Experto en comunicación, experto en manejo de grupos”. Describe usted a cualquier presentador de un concurso de televisión, señor.

      “En último lugar, especialización en la materia”. Se ponga usted como se ponga, si lo pone en último lugar está usted cometiendo un error muy grave. Se lo dice una experta.

      Después de escribir eso me suena harto hipócrita que se defina usted como “licenciado dando clase en un aula de compensación educativa”, y no como “experto comunicador y manejador de grupos que se licenció, como se pudo haber metido a cura”.

      Lo siento, mucho, pero discrepo sobre lo bien que están todos aquí sin que les digan nada. Se lo están diciendo todos los días, cada día, cada mañana que van camino del aula y después al salir. A los que escriben y a los que sólo comentamos. Todos los días nos están diciendo “algo”. Usted mismo colabora en el discurso, ahora.

      Esto no es una página de palmaditas en la espalda, aunque se las den de vez en cuando. Es otra cosa. Si no alcanza a ver un poco más allá siga leyendo, pero piense, al menos por un momento, en la posibilidad de estar en un error al interpretar los textos bajo la óptica del “cómo estamos hoy de ánimo en el Jardín de Epicuro”. Para esa clase de tonterías no se monta un espacio como éste.

    • 10 febrero 2010 a 18:55 #

      Perdone, no tengo muchas ganas de polemizar sobre este asunto, porque veo que estamos hablando de cosas distintas, en cuanto yo entiendo que “dar a mis alumnos lo que necesitan para que se formen” es explicarles bien las asignaturas que son de mi competencia, y para las que estoy académica y profesionalmente capacitado, y que otra cosa que no sea esto me suena a monserga celestial o, en el peor de los casos, a injerencia ideológica, parcial, doctrinaria, no sólo vituperable, sino creo que incluso flagrantemente ilegítima, antes, ahora, y en cualquiera de los mundos futuros posibles (exceptuando aquéllos en los que la enseñanza pierda hasta la más mínima objetividad y se convierta en una tarea al libre arbitrio de cualquier voluntad, mundos en los que no será ya “enseñanza”, sino “amaestramiento totalitario”).

      Digo que más allá de la polémica, sin duda imposible, atisbo en su escrito un a modo de estilo de empresario que me ha sentado en su despacho para explicarme que tengo dos opciones: renunciar a mi trabajo y hacer lo que a él le viene bien ahora, y me cuenta la mandanga de la reconversión del sector, de los nuevos tiempos, de todo eso que le sirve al menda para justificar que realmente es siempre lo mismo, que él manda y yo obedezco, o si no, salir por la puerta y recoger la liquidación en contabilidad. O sea, la representación de la docencia como uno más de los oficios que integran la economía de consumo ésta que tantas alegrías nos está dando.

      Pues no. Soy profesor funcionario. No soy un contratado laboral. Y justo para evitar que se pudieran producir estas situaciones se entendió que la enseñanza debía de ser cosa pública, para preservar esta tarea de los volubles e inanes cambios de las modas y el aparente y falso capricho de los tiempos. Para transmitir la universalidad y la verdad , don Camilo. Y mantenerlas a salvo de mercachifles y buhoneros.

      • Ana (experta_en)
        10 febrero 2010 a 22:24 #

        Exacto, Antonio. Exactísimo tu comentario. Me lo guardo, para los ingenieros de pro, y para los docentes amargados.

        Dios no ha muerto. Ahora se hace llamar “cambio”.
        Pero a ti que te importa, profe, eso del cambio o del como se llame la cosa. Tú deja de pensar lo que pasa o deja de pasar y haz lo que yo te digo, que para eso te pago. ¡Aaaaaaaarre, mula!. ¡Sooooo, mula!

        Lo que no entiendo todavía es cómo las mulas tienen tanto la culpa de lo que pasa o de lo que deja de pasar. ¿Que no frenan a tiempo o qué? ¿Que se adelantan? ¿Que se van por el atajo o que tardan? ¿Qué?

  14. agregadobup
    10 febrero 2010 a 20:40 #

    La mayoría de los alumnos problématicos de la eso que conozco (más de 10 años) presentan un problema decisivo: Sus padres/madres no les han puesto límites ni obligaciones, ya sea porque el trabajar muchas horas implica que sus retoños se tiran las tardes solos en las casas jugando o en las calles haciendo mil fechorías, ya sea por comodidad paterna al ser más fácil no enfrentarse con las criaturas que logicamente tienden hacia lo fácil y cómodo y si no respetan a sus progenitores menos aún al pobre profesor que no es nadie.
    El Sr. Camilo, creo, pretende que seamos educadores, es decir que hagamos de padres/madres del enjambre de niños inadaptados que ocupan mayoritariamente las aulas y desde mi posición se equivoca, pues ni podemos hacerlo (vemos a los angelitos a lo suma 4 ó 5 horas a la semana) ni yo particularmente voy a hacer de padre/madre de ninguna de estas fierecillas. Por mucho que lo pretendan el ministerio, consejería o profes progresistas como el Sr. Camilo.
    Si este ilustre profesor lo hace con sus alumnos (educación compensatoria) está en su derecho, pero claro que a alumnos como mis hijo/os los aburriría soberanamente pues el educador/padre/madre somos mi santa esposa y un servidor, que no estamos dispuestos a que misioneros como el citado Sr. Camilo consigan la “equidad” y “excelencia” hundiendo en la miseria cultural a los pocos nenes dispuesto a “estudiar”, eso que ya no se lleva ni está de moda.
    Me encantaría que estos defensores de la igualdad social me explicaran si mis hijo/as tienen las mismas oportunidades que los hijos del Sr. Felipe González o las niñas del Sr. Rodriguez Zapatero.

  15. goliardo
    10 febrero 2010 a 21:14 #

    Yo , mientras siga teniendo que aguantar la desprotección y
    la falta de solidaridad de mis “compañeros” cuando
    debieran echarme una mano en el tema disciplinario, me centraré en recuperar el mal cuerpo que se me queda y no me molestaré en hacer ninguna tarea intelectual que no me gratifique a mí personalmente limitándome a lo mínimo que el actual régimen de guardia y custodia me exija.

    Ya sólo disfruto formándome fuera del ambiente de las Conserjerías de Educación, mezclándome con profesionales y amateurs de otros medios, aprovechando para ello los periodos vacacionales sin los cuales no soportaría este trabajo.

    De todas formas, es un honor poderos leer y tener la posibilidad de expresarme de vez en cuando en estos blogs.

    Leyéndoos a algunos disfruto como alumna, papel que me gusta más que el de profesora( seguramente porque me lo paso mejor)

    ¡Cuánto me aburro con la mayor parte de mis compañeros!

    ( a lo mejor se dan cuenta de ello y por eso no me ayudan)

  16. 11 febrero 2010 a 12:34 #

    Ahí le ha dado usted, Agregadobup. La cuestión de los padres desertores es decisiva. Me temo que mucho más de lo que creemos. Nuestro problema, lo he dicho en varias ocasiones, no es sólo que tengamos unas leyes catastróficas, sino también unas prácticas paternas de echar a correr; las cuales son, en definitiva, el mejor aliado de aquellas leyes. Leyes permisivas y padres permisivos conforman un guiso intragable. La cantidad de padres desertores y delegadores es, de verdad lo digo, como para echarse a temblar. Yo trataré este problema con más detenimiento en algún artículo.

    Saludos.

  17. Salao
    11 febrero 2010 a 12:41 #

    Camilo:
    “Lo que hay que ser es EDUCADOR. ¡Eso sí que es difícil de entender!
    Y que estar con 20 niños de preescolar es igual de “difícil” (para que todos lo entiendan) que dar filosofía o matemáticas.
    Los tiempos cambian y la gente no se entera”

    D. Borja:
    “No se olvide de algo, Salao, la escuela pública es parcialmente ineficiente, pero eso es lo que hace que quienes pueden optar a otro modelo se lo encuentren diáfano, libre de polvo y paja.
    Estoy cansado de ver en mi centro a alumnos que vienen “invitados” a abandonar centros concertados”.

    Propuesta

    Eliminemos la concertada. Que el EDUCADOR de clase a nuestros hijos y que los junten con todos los mendas problemáticos rebotados de otros centros.

    A lo mejor logro que me salgan mis niñas como las de ZP.

    • Borja Contreras Ortiz
      11 febrero 2010 a 16:34 #

      Salao, ni conozco a sus hijos ni a las niñas de ZP, así que no puedo opinar sobre su condición más o menos rebotada.
      Sí sé que criticar un sistema que recoge a todos los chicos, sean esto como sean, comparándolo con otros centros que seleccionan sus almnos es cuando menos injusto.
      Y si le añadimos que el privilegio de la selección es pagado entre todos, ahí tenemos una desvergüenza social de grandes dimensiones.
      No estoy por “eliminar la concertada”, sino por eliminar los conciertos.
      También defiendo, como todos los que aquí solemos estar, otro montón de cosas que pasan por cambiar el sistema delirante en el que nos movemos.
      Por cierto, en mi Instituto público aguantamos a unos cuantos “mendas problemáticos” rebotados de centros concertados cuyos padres pensaban como usted hasta hace muy poco tiempo…

  18. Mari Cruz Gallego
    11 febrero 2010 a 15:53 #

    Puedo entender la opinión de Camilo si está dando clase en Compensación Educativa. Pero el error de base está en querer trasladar los mecanismos que se deben llevar a cabo con cierto tipo de alumnado (léase el caso de la compensatoria) a los que se deben de llevar a cabo con los alumnos digamos “estándar”. Evidentemente, las necesidades de unos y de otros son diferentes. En compesatoria seguramnete tendrá mucho sentido la labor educativa y muchísimo menos la académica. Pero, salvo esos casos excepcionales, al resto de los alumnos se les debe “educar” en casa y “enseñar” en la escuela y el instituto y para eso, hacen falta profesores no “educadores”. Es un error querer generalizar un tipo de enseñanza a todo el alumnado.
    Por cierto, fantaseando un poco, ¿y si existieran dos vías de enseñanza, la “pedagógica, educativa y llena de competencias emocionales” y la “retrógrada” (por utilizar los términos actuales)? Yo tengo muy claro a cuál llevaría a mis hijos, lo que no me queda tan claro es a cuál llevarían algunos a los suyos. Un saludo

  19. 11 febrero 2010 a 18:24 #

    ¡Esto sí que es luchar en tierra de nadie! ¡Por los dos lados te atizan de lindo! Si se le contesta a Camilo que uno no está dispuesto a aceptar su concepción totalizadora de la enseñanza como servicio de asistencia social llega Salao y te espeta que visto lo visto es normal que los padres reclamen otra cosa diferente a la enseñanza pública, porque si no consiste ésta más que en asistencia social vaya mierda, y entonces él lleva razón y venga el cheque, y si se le contesta a Salao que no se trata de propiciar una enseñanza discriminatoria y que el Estado ha de velar por la equidad, llega Camilo y afirma entonces que el que tiene razón es él, y que la mejor forma de no discriminar es lo de lo comprensivo y lo compensatorio y lo igualitario y la ESO y osú, qué miedo, que estos cabrones pretenden segregar a los muchachos, y todo eso que estamos tan hartos de oir.
    ¡Y a nosotros nos pilla en medio! En medio de tirios y troyanos, de la FAES y de la Fundación Pablo Iglesias, en medio de los dos modos de la borriquería patria, teniendo que gritar “¡no es esto! ¡no es esto!” otra maldita vez, mientras te tiran piedras los que van de azules y los que van de rojos. ¡Ay! ¡Cómo me jode España!

    • Salao
      11 febrero 2010 a 18:35 #

      Pues creo que en Suecia buscan profesores españoles, y ellos tienen cheque escolar.

      Si tanto te jode España… .

      • 11 febrero 2010 a 19:16 #

        ¡Hombre, claro! ¡Si fueron ya hace muchos años los socialdemócratas suecos y sus comparsas, los liberales suecos, los que inventaron esta cagarruta! Les fue la gracia de pena auténtica (el dictamen de Inger Enkvist lo puede usted leer aquí mismo). Y nosotros, estrenando socialdemocracia-liberal por aquel entonces, copia que te copia, como gilipollas. ¡No! Para ver más de lo mismo, lo mismo me voy mucho más lejos… O lo mismo hasta me quedo aquí… ¿No nos van a obligar ustedes a exiliarnos, como en el 39, verdad? No sean tan crueles, porfi, que Argentina está hecha unos zorros, y Puerto Rico ya no es lo que era, sin Juan Ramón Jiménez.
        De cualquier manera, muchas gracias por el consejo. Fiel a la tradición. Prietas las filas.

      • Who
        9 marzo 2010 a 19:37 #

        Patética respuesta!!! y muy facil, demasiado fácil.
        Que rápido se te vio!!!!!

  20. agregadobup
    11 febrero 2010 a 18:41 #

    Estar con 20 niños es “DISTINTO” a dar clase de Matemáticas o Física. Y dar clases a alumnos con discapacidades psíquicas es distinto a dar clases de Biología en 2º de bachillerato, Sr. Camilo, así de sencillo. El problema es que a los profesores de secundaría nos obligan a tragarnos alumnos de educación especial y de compensatoria como si fuera una cosa lógica. ¿Qué le parecería al Sr. Camilo si a un educador de compensatoria le obligasen a dar clases de Dibujo Técnico de 2º de bachillerato? Simplemente otro despropósito de nuestra logse/loe.
    Me parece admirable el trabajo de los educadores que tratan con alumnos de compensatoria, aunque no hace falta ser licenciado para tratar con este tipo de alumnado. El problema actual es que la compensatoria se extiende cual metástasis y ya no es problema de unos pocos por tener una vida marginal. Es que nuestras aulas se están llenando de niños que no saben leer ni escribir ni hacer cuatro cuentas a los 12/13 años. Nuestros dirigentes educativos y políticos se tiran de los pelos porque esta situación plasmada en unas estadísticas nefastas se está divulgando y rompe su farsa de que “todo va bien”.
    Y en esta desastrosa situación los únicos responsables son nuestros ministros y diputados que elaboraron y aprobaron unas leyes que de antemano se sabía nos conducirían a la máxima desigualdad cultural. Bueno, también es muy responsable el ejercito de “oportunistas” y “babosos” que se apuntaron al carro de la educación inclusiva/progresista/igualitaria/… por supuesto para obtener beneficios personales (no pisar una clase, sueldos muy superiores, puestos de trabajos artificiales, etc.)
    La situación es como si un pirómano provoca un incendio tras otro y exige como única solución del problema que todos seamos bomberos sin pretender evitar el fuego.
    Su logse/loe/lea ha producido compensatoria a unos niveles de extensión inimaginables hace 15 años, y encima nos exigen que seamos educadores/misioneros/animadores/monitores/vendedores de humo/ para solucionar lo que ellos han causado.
    El Sr. Camilo dice “los tiempos cambian”, ELLOS HAN CAMBIADO LA SOCIEDAD CON SUS LEYES Y MODELOS CULTURALES, y ahora nos exigen que enseñemos a leer y escribir.

  21. Camilo
    11 febrero 2010 a 20:33 #

    Hola a todos. Este artículo tiene muchos comentarios y es difícil seguirlos todos, pero recuerdo que siempre me he referido a las etapas obligatorias, no me habléis de bachillerato; ahí sí estoy de acuerdo en que primen la excelencia y la asignatura.

    No me gusta la LOGSE, ni la LOE. Los padres ya no atienden a los hijos como antes, ni los profesores pueden atender a los niños como antes.

    Tres pilares para mejorar el sistema:
    1- Itinerario profesional a partir de los 14 años que ofrezca salida a los que no pueden continuar el camino académico, por llamarlo de algún modo. Como plantaba la LOCE
    2- Formación del profesorado de etapas obligatorias. Experto en grupos, en comunicación, en psicología… El profesor de “La clase” dedica casi todas sus energías al grupo y a dirigirse a sus alumnos para hacerles ver dónde estaban. Hay que ser experto en eso. Espero que el ejemplo valga; sed comprensivos.
    No entiendo la propuesta de UPyD que dice para ser profesor de instituto valga con ser licenciado. Si fuera para ser profesor de bachillerato, sí. Sé que os parecerá fatal, pero…
    3-Pérdida de privilegios de la concertada. Escolarización que refleja la zona donde está situado cada colegio, tal como hace la pública.
    Saludos.

  22. Nacho Camino
    11 febrero 2010 a 20:58 #

    Camilo:

    El profesor de “La clase” sería enérgico y sinérgico, pero daba la impresión de que se le pasaban las horas sin conseguir dar… “la clase”.

    Ser licenciado, y de los mejores, es el criterio principal del modelo finés que tanto inciensan los “expertos”. Los mejores.

    Otro requisito es tener un alto nivel lingüístico.

    Debe de ser porque se comunica mejor cuanto más se ejercita el cerebro.

  23. Camilo
    11 febrero 2010 a 21:59 #

    Efectivamente, ése profesor no estaba preparado. Es justo lo que estoy diciendo.

  24. Salao
    12 febrero 2010 a 9:00 #

    Estimado Borja,
    Los mismos argumentos en contra de los conciertos educativos les costaría aplicarlos al “concierto sanitario” que disfrutan los funcionarios. Haz lo que yo digo, no lo que hago.
    Del tema del dinero público, dinero de todos o expresiones similares podríamos hablar largo y tendido. El dinero público no existe, es una entelequia, es dinero coactivamente recaudado por el estado a los agentes privados a cambio de unos servicios públicos y la atención a los más desfavorecidos, llamémosle redistribución de renta. El problema ocurre cuando los servicios ofertados no son eficientes y la renta disponible de los agentes es insuficiente, después de impuestos, para comprar ese bien en el mercado privado. Entre IRPF, Seguros sociales, IVA, especiales,… más del 60% del sueldo se lo lleva el estado, ¿a cambio de qué?
    Escenarios:
    1. La “mediterránea”: Recaudo altos impuestos, gasto a manos llenas, servicios de baja calidad. Las consecuencias son, alta evasión fiscal, un déficit de caballo, corrupción y unos servicios, en este caso hablamos de educación, pésimos. Ej. Italia, Grecia y España
    2. La liberal: Bajos impuestos, poco gasto público, servicios públicos sólo para los desfavorecidos y una altísima calidad de los servicios, eso sí, privados. Como los contribuyentes tienen más renta disponible pueden acceder a ellos. Ej. EEUU
    3. La socialdemócrata: Altos impuestos, servicios públicos de alta calidad y posibilidad de elección entre público y privado pagando en ambos casos el estado. Ej. Países nórdicos.
    Estando en el primero poca solución cabe. ¿Eliminar los conciertos? ¿A cambio de qué? ¿Qué les damos a esos padres de clase media que sostienen el estado de bienestar y que no tienen renta para enviar a sus hijos a un centro privado? ¿Qué les digo yo a esos padres? Para que los funcionarios cobren no basta con darle a la máquina de hacer billetes.
    Un saludo y encantado de hablar contigo.
    P.D. Ya os dije que Bruselas iba a meter mano a Grecia, 10% menos las nóminas de los funcionarios. España es la próxima, antes del verano o durante el mismo tenéis la bajada de nóminas entre un 7% y un 15%. Viva el socialismo de los ricos. Suerte y un saludo.

    • David Arboledas
      7 marzo 2010 a 17:54 #

      Queridísimo Salao… Muy pocas palabras…¿Qué tiene que ver el salario nuestro con la cosa ESO? Esto es un debate serio sobre como se encuentra el tema Educativo en nuestro País. Por no mencionar que dudo mucho que se baje la nómina, porque, para empezar, no sería LEGAL.

  25. Salao
    12 febrero 2010 a 9:11 #

    Estimado Antonio,

    no saquemos las cosas de madre, estamos discutiendo un problema de forma no de fondo.

    Estoy de acuerdo contigo en que los profesores han de alcanzar la excelencia académica y transmitirsela a los alumnos. Ni educadores, ni formadores, ni los conocimientos se aprenden por ósmosis, el que sabe enseña al que no. La educación es muy simple conceptualmente, aunque algunos quieran complicarla, y muy difícil de ejecutar, aunque algunos se empeñen en minimizarla, de ahí el gran valor de los profesionales de la enseñanza.

    En mi caso, aún con nuestras muchas diferencias, por los pocos artículos que te he leído estaría encantado de que fueras el profesor de mis hijas. Lo mismo digo de D. Borja.

    Un saludo y seguro que nos encotramos discutiendo en otro post.

  26. Who
    9 marzo 2010 a 19:34 #

    Cuantos comentarios!!!
    Por lo que respecta a las oposiciones, o sea a la selección del profesorado:
    La verdad -al menos en algunas materias-es que se escogen a los pelotas que no van a causar problemas a un equipo de profesores ineptos y se justifica el suspenso de los preparados- que con su mera presencia serian una amenaza- apartandoles del sistema educativo.
    Es una vergüenza justificar: Es excelente, no sirve para esto!!
    Al pelota se le da una programación que los tribunales puntuarán alto, el que tiene conocimientos trae una programción inédita, que puntuarán mínimamente.
    Es así. Se escoge al imbécil y se niega el trabajo al que ha trabajado con ahinco toda su vida.
    Encima inspectores y farsantes varios te dicen en la cara: Ud. es una eminencia, yo un simple aficionado comparado con Ud. pero aquí MANDO YO!!
    Alguien puede justificar a un desgraciado como este!! Seguro!!!
    Esta es la realidad y no hacen falta grandes debates, hace falta poner manos a la obra.
    La democracia solo es democracia cuando todo el mundo cumple su deber y responsabilidades. Si todo el mundo surfea y evita responsabilidades, solo es demagogia. Lo que hay, demagogia!!!
    Al señor inspector: Ud. tiene la autoridad y mi deber es acatarla, pero Ud. solo es un desgraciado, y yo una persona, preparada y honesta.
    A todo cerdo le llega su San Martín!!! Incluso a los capos de los campos de concentración les llegó su dia. Que Uds. lo pasen bien …. de momento!!!

  27. Helena
    23 enero 2011 a 17:04 #

    EXCELENTE POST.
    Creo que acierta plenamente en la necesidad de recuperar el perfil profesional del profesor como ESPECIALISTA en su materia, y como tal docente de ella, no de pamplinas de saber aprender (¿qué?) y de dinámicas de grupo cooperativas (hasta ahora todo lo que he aprendido lo he hecho yo sola con mi propia dedicación). Su formación permanente debe ir orientada a la actualización y mejora de ellos.
    No está de más el distinguir a los alumnos por sus resultados académicos, en ellos reside la excelencia, pues todos los alumnos con un mínimo de esfuerzo pueden alcanzarlos. En ello reside la iguldad, DE OPORTUNIDADES.
    Un fuerte abrazo

  28. Helena
    23 enero 2011 a 17:14 #

    Perdón, de ellos me refería a la profundización y actualización de los conocimientos de su disciplina.

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