No es sólo Bolonia. El ejemplo del aprobado por compensación

-Por Miguel Díaz y García Conlledo*, FANECA

Últimamente tiende a cargarse todas las culpas de las deficiencias de la universidad española al conocido como proceso de Bolonia. Éste no es en sí un desastre, sino que recoge algunas cosas muy positivas, que, por cierto, ya venían haciéndose en las universidades serias de diversos países europeos. Otra cosa es el desarrollo particular del proceso en los distintos países. Si algunos tan serios como Alemania se han negado a implantar Bolonia para ciertos estudios, como Derecho, por algo será; pero, sobre todo, la bolonización a la española (donde lo menos importante de todo son los contenidos que hay que enseñar) me parece bastante catastrófica, como han denunciado diversas voces en éste y en muy diversos foros, y, de hecho, soy uno de los más de mil trescientos firmantes del manifiesto para sacar de ese proceso los estudios de Derecho. Pero que no nos guste la bolonización a la española no debe querer decir que nos complazca lo que había y lo que hay. Creo que, antes de Bolonia, eran ya muchos y de muy diversa índole los vicios y deficiencias de nuestra universidad, merecedores de corrección. Voy a centrarme aquí en uno sólo, que me parece significativo y que no se refiere desde luego a ninguno de los tiempos que a menudo se tachan de “rancios” en nuestro panorama universitario: la evaluación por compensación.

Desde hace ya bastantes años, diversas universidades españolas han incluido entre sus posibilidades la de que un alumno que está cerca de concluir sus estudios, pero se le atraviesa alguna asignatura o créditos, pueda superar esa circunstancia sin examinarse, recibiendo, con ciertos requisitos, un “aprobado por compensación”. Una de esas universidades (aunque no fue la primera) es la mía, la de León. En ella me fijaré, por ser la que mejor conozco, pero estoy seguro de que la situación es muy similar en otras muchas.

Hace unos años cometí la insensatez de dejarme embarcar en un proceso electoral de Rector en la Universidad de León; mi papel era el de miembro del equipo rectoral de una de las candidaturas, en concreto como aspirante a Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado. En mi equipo se planteó la introducción en el programa de una forma suave de evaluación por compensación, entonces (año 2000) inexistente. Inmediatamente me negué a asumir esa propuesta hasta el punto de que anuncié que, si iba en el programa, yo salía de la candidatura. Afortunadamente, la mayoría de los miembros de la candidatura compartieron mi postura y nuestro programa no incluyó esa forma de aprobar. Perdimos.

Quien ganó las elecciones promovió la implantación de la evaluación por compensación en la Universidad de León, consiguiéndolo, naturalmente, de un Consejo de Gobierno bastante fiel en su mayor parte. La primera regulación, prescindiendo de detalles, dejaba en manos de comisiones de las distintas facultades y escuelas la decisión sobre la evaluación por compensación. Se comprobó como en general estas comisiones denegaban el aprobado (en la Facultad de Derecho no hubo ni un solo aprobado por compensación, desde luego) porque normalmente no se trataba de alumnos con una carrera normal o brillante ni que hubieran sido objeto de abusos por el profesor correspondiente, sino de alumnos con grandes dificultades para aprobar la inmensa mayoría de las asignaturas. Ante esta situación, ese mismo equipo rectoral promovió un cambio, en el que, además de esa modalidad, se incluyera otra en la que, con ciertos requisitos, el aprobado por compensación fuera automático; el Consejo de Gobierno lo aprobó y ésa es la situación actual, pese al cambio de equipo rectoral producido hace ya un año y medio (¡cualquiera da marcha atrás en cuestión tan delicada!).

Por lo tanto, en mi universidad conviven dos modalidades de evaluación por compensación (la normativa completa puede verse aquí ): la ordinaria (pero mucho menos usada), que resuelven comisiones de los centros y a la que el alumno puede someterse para los siguientes casos: “a) Planes no renovados (no estructurados en créditos):/ Una asignatura anual o dos cuatrimestrales debiendo tener superado al menos el 85% de las asignaturas de la titulación./ b) Planes renovados (estructurados en créditos):/ Hasta un máximo de un 6% de los créditos de la titulación, teniendo superado al menos el 85% de los créditos de la misma. Como caso excepcional en aquellas titulaciones estructuradas en ciclos, se podrá solicitar la Evaluación por Compensación en el primer ciclo de dicha titulación, estando sujeta a los mismos requisitos que se han establecido para las titulaciones no estructuradas en ciclos”; y la automática, la más utilizada: “Las solicitudes que cumplan los requisitos exigidos en el presente Reglamento habrán de ser resueltas por el Centro favorablemente en los siguientes casos: a) Que se trate de la última asignatura para terminar la carrera, siempre que haya agotado al menos cuatro convocatorias de examen y la nota de alguna de ellas sea igual o superior a un 3./ b) Que se trate de una asignatura ‘llave’ para otras asignaturas, haya agotado al menos cuatro convocatorias de examen en dicha asignatura y la nota de alguna de ellas sea igual o superior a un 3”.

De modo que un alumno puede licenciarse en Derecho sin haber aprobado alguna asignatura de Derecho Civil, Procesal o Administrativo, por ejemplo. Y, si el ejemplo de Derecho, que me es el más cercano, no escandaliza (“al fin y al cabo, el Derecho cambia y ya aprenderán después”, dirán algunos insensatos), ¿qué se diría de aprobar Medicina sin superar –demostrando conocimientos- Anatomía Patológica General o alguna de Medicina y Cirugía de Aparatos y Sistemas? ¿o de ser Ingeniero Aeronáutico sin haber aprobado Prevención y Seguridad o Sistemas de Control?

El fin del sistema es, según la normativa de la Universidad de León, “dar solución al problema que supone que algunos estudiantes, por causas de diversa índole, no superen una asignatura determinada, viéndose obligados a abandonar sus estudios o a trasladarse de Universidad”. Otros cuentan en voz baja que es para terminar con los abusos de ciertos profesores que cogen manía a alumnos o son absurdamente duros (¿de verdad no habría otro medio de corregir a profesores injustos y arbitrarios?, o ¿no hay valor para ello?), otros hablan de alumnos a los que se les atraviesa una materia y ya no pueden con ella (¡pobrecillos!) o descaradamente de que hay que tratar bien al alumnado y no perder ni un solo estudiante, que se nos hunde la universidad (y con ella, claro, algunos cholletes). Seamos serios: el aprobado por compensación, mucho menos si es automática, no tiene posible justificación. (estoy dispuesto a oír argumentos en contra).

Esta medida es una más de las que forman parte de la concepción del alumno como pieza que hay que mimar con todo tipo de caprichos y que debe marcar la vida universitaria, sin exigirle demasiado, del alumno-dios. De acuerdo en que el alumno es básico en la universidad (aunque no su fin exclusivo). Pero muchos de los que mantienen lo anterior no tienen empacho en enseñarle al alumno los mismos apuntes dictados de hace veinte años, en que éste no vea jamás un libro, en faltar a clase cuando les viene en gana (sin que, por cierto, pase nada, sobre todo si el número de aprobados es alto), incluso en no pisar más que raramente la universidad de la que son profesores. Muchos alumnos ven en ello formas fáciles de aprobar y no miran más allá del corto plazo. Ambos se equivocan: si no queremos formar personalidades inmaduras y con tendencia a la vagancia y a la autocomplacencia, personas incapaces de pensar sobre las materias cursadas por sí mismos o hasta una especie de inimputables o semiimputables, sino personas con conocimientos, capacidad de crítica, hábitos de lectura y profundización en las materias a las que se enfrentan, profesionales bien formados, debemos dar al alumno todas las posibilidades, pero esforzándonos en una docencia actualizada, no basada en apuntes ramplones y rancios y sí conectada con la investigación, fomentando sus hábitos de crítica y profundización en la materia por el estudio, no haciéndoles regalitos de fin de carrera como el aprobado por compensación, dándoles, en definitiva, lo más y mejor posible, pero exigiéndoles como corresponde. Estudiar puede ser una maravilla, puede producir incluso placer y, desde luego, proporcionar desarrollos profesionales y personales riquísimos, pero requiere en todo caso esfuerzo, mucho esfuerzo. Afortunadamente también hay alumnos que lo saben y lo prefieren: a ellos nos debemos especialmente.

Comenzaba diciendo que la Bolonia a la española no es culpable de todo. Ahora bien, me temo que el aprobado por compensación, como prueba (una más) de un “alumnismo” barato y de una cómoda falta de exigencia, encaja perfectamente en nuestra Bolonia particular, tan preocupada por las habilidades y competencias y tan poco por la formación en contenidos, por la “empleabilidad” más que por la calidad de los profesionales, por eliminar el fracaso escolar, aunque sea considerando un demérito en la evaluación del profesorado una alta tasa de suspensos, etc. Frente al “delenda est Bolonia” del Prof. Yzquierdo Tolsada, algunos parecen opinar que lo que debe ser destruido es la propia Universidad. ¡Qué pena!

(*Miguel Díaz y García Conlledo es Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de León.)

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:

Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

6 comentarios en “No es sólo Bolonia. El ejemplo del aprobado por compensación”

  1. 19 junio 2010 a 7:59 #

    ¿Eres “Catedrático” o “Cateto”?

  2. 19 junio 2010 a 10:56 #

    Con razón se autodenomina Torquemada quien insulta en lugar de contraargumentar. No defiende, sin embargo, la pureza de sangre, sino la degradación académica de la universidad, más preocupada por la ficción de los títulos y las estadísticas falseadas de aprobados que por la calidad, la excelencia y la transmisión y creación de conocimientos y de ciencia.

    Así las gastan los Torquemadas de hoy.

  3. Fancisco Javier
    19 junio 2010 a 12:22 #

    Resulta inquietante la violencia con la que determinados individuos reaccionan ante lo que no es de su agrado. Siempre insultos, frases cortas, ningún razonamiento, lo que demuestra la evidencia, la fuerza crítica de “deseducativos”.

  4. 20 junio 2010 a 14:34 #

    Me referefía al Torquemada que soy yo, ya que es mi apellido… si utilizase un “seudónimo” hubiera seleccionado a Antonio de Torquemada; quien fue prohibido por la Inquisición española y portuguesa pero traducido al italiano, francés e inglés ya en el siglo XVI y al alemán en el XVII.
    Catetismo es lo que sobra en muchas Universidades españolas, entre las que se encuentra la del Catedrático que firma este artículo. Un sistema que hace eternizarse a estudiantes en asignaturas que no buscan el conocimiento sino la sumisión a los programas estériles de catetos con aires de grandeza es una de las razones por las que Bolonia a venido a poner a cada uno un poco más en el sitio que le corresponde.
    Todos sabemos lo populares que son esas asignaturas en lo que a presupuesto y beneficio económico se refiere a base de acumular estudiantes año tras año arruinando los futuros de muchos estudiantes por simple catetismo cazurro.

  5. Yomisma
    5 enero 2012 a 15:50 #

    Te cuento mi caso por si te ilustra de algún modo. Solamente me queda una asignatura para finalizar la carrera, que además no se utiliza para la vida profesional (un aparejador no está habilitado para el cálculo de estructuras). El año que viene la gente que no tenga aprobada esta asignatura deberá cambiar automáticamente al plan Bolonia, y deberá realizar más asignaturas ya que de 3 años ha pasado a ser de 4. La susodicha asignatura la llevan pendiente más de 80 alumnos, de 90 por curso que se matriculan (y es el segundo año en el que no hay docencia). Aprueban unos 10 por año, y yo creo que no es que seamos todos unos ineptos, algo de culpa tendrá el profesor, ¿no?. Pues bien, desde su departamento miran hacia otro lado y los alumnos que ejercen su derecho de que un tribunal alternativo les corrija el examen, “misteriosamente” son puntuados de manera exactamente igual, SIEMPRE. Sin compensación, ¿qué haremos? ¿quedarnos una gran mayoría de alumnos sin tener el título por una asignatura, que encima no nos servirá DE NADA en nuestra vida profesional?

  6. anónimo
    5 enero 2012 a 17:39 #

    Cuando dices que se matriculan 90 quieres decir que 90 pagan las tasas para el derecho a examen, ya que como indicas la asignatura no tiene docencia. Si se matriculan 90 alumnos en una asignatura que no tiene docencia es porque esos 90 ya habían suspendido previamente. Si aprueban 80 de los 90 suspensos previos sin haber ido a clase ¿dónde está el problema?
    Los arquitectos sí calculan estructuras y se puede pasar a arquitectura desde aparejadores. ¿Aprobamos a los arquitectos sin saber calcular estructuras?
    Cuando el edificio necesite una viga de 10 metros ponla de sólo 9,90 y me dices qué pasa ¿Vamos a dejar de construir el edificio porque a la viga sólo le faltan 10 cm , en una viga de 10m?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: