Las propuestas del Sr. Ministro de Educación

He leído despacio las “Propuestas para un pacto social y político por la educación” que presenta el ministro Gabilondo con “voluntad de acuerdo y de consenso”. Más allá de las cuestiones de detalle hay algunos aspectos de tipo general que merecen ser comentados:

  1. La música que suena es nueva. Tan nueva, que se puede afirmar que el documento ministerial es el acta de defunción definitiva del espíritu de la LOGSE y del constructivismo. Tiene algo de Trento. Aunque se siga hablando de escuela “comprensiva”, hay que entender que es mucho más fácil cambiar de principios que de retórica. Y este documento es la prueba de que los cambios de convicciones y de retórica en el ministerio no van acompasados.
  2. Lo que más me ha llamado la atención es la constante referencia al cambio. Hay un aroma de pedagogía líquida impregnando todo el texto que casa muy mal con ciertos principios republicanos (en el sentido etimológico del término) que sustentan alguna de las ideas de la propuesta. La necesidad de adaptarnos al cambio se presenta como el principal dogma. Vivimos, se asegura, un cambio constante que nos puede proporcionar “las más altas cuotas de bienestar social”. Comprendo también que en el ministerio quieran rendir un tributo retórico a la vieja idea de progreso.
  3. Son muchos los retos a los que nos somete este cambio fatal. Sociales, tecnológicos, económicos. El mundo está abierto y en continuo proceso, se nos asegura. Todo es fluidez y, sin embargo, “no hay nada tan persistente” como la educación. Es evidente que aquí hay una contradicción. ¿Qué es lo que dota a la educación de esta persistencia? ¿Si el mundo está fatalmente abocado al cambio, una estabilidad educativa no sería deseducativa? ¿No sería mejor carecer de criterios propios para poder adaptarnos continuamente a una realidad líquida? Esto es, al menos lo que aseguran no pocos pedagogos en nuestras universidades públicas (sujetos, eso sí, a la estabilidad sólida de su salario funcionarial). Y si, por el contrario, la persistencia de lo aprendido es necesaria, entonces, Señor Ministro, ha de haber instancias educativas con convicciones sujetas a la tierra firme.
  4. El tono republicano y sólido se deja oír cuando se afirma que la escuela tiene una función social y se defiende la idea del “bien público”. Pero si la escuela es un bien público, y no estrictamente privado, entonces debemos acabar con la fantasmada de que el alumno sea su centro. La escuela es una institución social y un bien público si su centro son los contenidos estables.
  5. El olvido de la estabilidad de los contenidos acaba difuminando el tono republicano. No hay una línea en todo el documento que hable de la importancia de preservar la transmisión. Se habla de interculturalidad más que de transmisión, como si no hubiera nada en nuestro legado cultual que valiera la pena preservar. No sé si este olvido refleja o no algún miedo a hablar de identidad, pero sí que sé que si no hay transmisión, nuestros jóvenes se presentan desnudos ante el futuro, sin herencia cultural que los arrope frente a los avatares del cambio. Los valores terapéuticos de la transmisión son completamente ignorados. ¿Tan pocas convicciones tenemos? ¿Cómo podemos hablar entonces de la persistencia de la educación?
  6. La integración laboral de nuestros jóvenes es, como se insiste en el documento, de suma importancia. El sistema escolar ha de capacitarlos para enfrentarse ante el mundo, no solamente para ser felices dentro de las aulas. La escuela es un lugar de trabajo que capacita para el trabajo. Pero entonces tenemos que hacer de la pedagogía del trabajo el centro de la actividad. Convendrá, por lo tanto, dar forma precisa a los frutos de nuestro esfuerzo y mirarlos cara a cara para aprender a conocernos a nosotros mismos no en nuestras buenas intenciones narcisistas, sino en la objetividad de nuestro esfuerzo realizado. No se puede defender una cultura del trabajo y negarse a evaluar a los alumnos. Y los evaluamos muy mal cuando concedemos más relevancia a su interés subjetivo que al resultado objetivo de su esfuerzo. Aquí se encuentra la prueba del algodón de todo proyecto de reforma educativa: o se concede a los contenidos el valor que tienen, o tendremos más de lo mismo. Sin valoración del conocimiento no hay auténtica cultura del trabajo. No todo son procesos en la escuela. Ha de haber también resultados.
  7. Sin conocimientos objetivos, la escuela pierde su papel de ascensor social. Por cierto: no se habla en el texto ni una sola vez del papel de la escuela como ascensor social. Me parece un olvido más que notable más que lamentable.
  8. Sí que se habla de cuadrar el círculo haciendo efectivos “los principios de equidad y excelencia”. Habrá que ver cómo se concreta esto. Parece que el ministro se ha liberado del encantamiento rawlsiano que entiende la equidad como una igualdad de resultados finales, en lugar de una igualdad de condiciones iniciales. De este encantamiento ha estado cautiva la socialdemocracia europea en las últimas décadas. Pero si ya no creemos en Rawls, hay que atreverse a defender el viejo principio liberal de la igualdad de oportunidades de manera clara. Si no es así, mejor no confundir con la pretensión de introducir el criterio de la excelencia en los centros.
  9. Si la escuela se cree, de verdad, el papel de la transmisión, la relevancia de los contenidos y el valor del trabajo, entonces ya no hace falta dedicarle mucho tiempo a la educación en valores, Señor Ministro, porque la educación en valores será lo que la escuela practique cada día. Respecto a su propuesta de “educación para la paz”, tengo que consultar a los talibanes, para ver qué piensan ellos. Sería hermoso tener una programación conjunta, intercultural.
  10. Un apunte final, sobre la educación infantil: Nuestra educación infantil será creíble cuando sea capaz de detectar precozmente los problemas de aprendizaje y darles respuestas precisas, técnicas e individualizadas. No hay inversión más económica que ésta en todo el sistema. Todo el discurso de la comprensividad y la equidad no será más que un cínico brindis al sol mientras no dispongamos de profesores capacitados para el diagnóstico precoz y de medios para corregir los problemas emergentes lo antes posible.

Añado a las 10:30h del lunes este enlace al NY Times. No deja de ser curioso que la administración de Obama considere que Bush en cuestiones de educación era un utópico. El artículo es interesante porque apunta hacia nuestro futuro, especialmente en Cataluña. Pienso en la autonomía de los centros…

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Categorías: Panlogsianismo

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