¿Reforma? ¿Qué reforma?

Dieciocho años después del feliz alumbramiento de la LOGSE, creo que ya estamos maduritos para hacer valoraciones acerca de sus resultados, los cuales, a mi juicio, han sido en general muy negativos, por lo que creo, como muchísimos, que el sistema que de ella emana debería ser suprimido y reemplazado por otro radicalmente distinto en muchos aspectos. Nótese que hablo del sistema logsiano más que de la LOGSE, pues las leyes posteriores han respetado sus líneas esenciales, tanto la LOCE (invito a quienes lo duden a comprobarlo ley en mano) como ya no digamos la LOE, que tiene espíritu de LOGSE corregida y aumentada, pues profundiza algunos de los errores de su ley madre, muy especialmente, en el terreno de la promoción a cursos superiores.

Y no valen excusas; los defensores de la LOGSE, que son en su mayoría la izquierda educativa y política, es decir, CCOO, UGT, PSOE, IU, sus asociaciones de alumnos y padres afines y, por último, los patéticos despojos de los que un día fueron los movimientos de renovación pedagógica, llevan años mareando con que la culpa de los ostensibles fracasos de esta ley se deben a la falta de inversión, pero, tanto por la condición cualitativa de esos fracasos como por el hecho de que en otros países más pobres no se padezcan, todos sabemos que eso es mentira, un pretexto ridículo.

Dicho todo esto, entremos en el asunto de este artículo: ¿de verdad la LOGSE ha supuesto una reforma? Del mismo modo que nadie reforma su casa con el propósito de dejarla convertida en una pocilga, no debe esperarse que un país reforme su sistema educativo para dejarlo peor de lo que estaba. Pues bien, la LOGSE, en los aspectos que quizás eran los principales destinatarios de sus propuestas, precisamente lo que ha hecho ha sido dejar las cosas peor de lo que estaban. Ya sé que algunos me acusarán de nostálgico por decir esto (es uno de los anatemas que los prologse manejan con más prontitud), pero no estoy añorando nada, voy a limitarme sencillamente a comparar, como en esos anuncios del tipo “antes y después” de los crecepelos de los tebeos. Por cierto, si el crecepelo se llamase LOGSE, veríamos primero un melenudo y después, tras la aplicación del producto, un sujeto absolutamente calvo. Lo apreciaremos mejor si comparamos lo que había en la “zona caliente” antes (EGB, BUP/COU y FP) y después (Infantil y Primaria, ESO/Bachillerato y FP).

Los actuales centros de Infantil y Primaria se han quedado con los cursos de 1º a 6º, que en la EGB eran escasamente conflictivos. Como todos sabemos, los que antes eran 7º y 8º de EGB, están ahora en los institutos, donde constituyen 1º y 2º de ESO. El resultado es que los centros de primaria se han quedado convertidos en auténticos paraísos, pero ¿y los institutos? Cualquier profesor sabe que hoy uno de los cursos más problemáticos es 2º de ESO y yo, que estuve en EGB y ahora estoy en Secundaria, puedo dar fe  de que la conflictividad de 7º y 8º no era ni de lejos la de un 2º de ESO actual; pero aún voy más lejos: el nivel de conocimientos e interés de aquellos últimos cursos de la EGB era infinitamente superior a los de los del actual primer ciclo de la ESO, hasta tal punto que puede decirse que, en esta franja, para el resultado que ha supuesto la “reforma”, los artífices de la LOGSE mejor hubieran hecho guardándose su ley en un cajón muy remoto.

Para lo que hoy es el segundo ciclo de ESO, es decir, los cursos 3º y 4º, había  dos equivalencias: 1º y 2º de BUP por un lado y FP1 por otro. Una de las novedades de la LOGSE fue que suprimió la FP1, verdadero punto negro del anterior sistema, y la subsumió en los dos últimos cursos de la enseñanza obligatoria (que con la LOGSE se elevó hasta los 16 años, el mayor de sus aciertos), convertidos ya en única vía. Todos conocemos la actual conflictividad de la ESO en su segundo ciclo y el insatisfactorio nivel de conocimientos que produce, que está repercutiendo en una pérdida de valor del título de graduado; unido a esto y paradójicamente, los índices de fracaso escolar son inadmisiblemente altos. En resumen, la LOGSE sustituyó los dos primeros cursos de BUP (que eran razonablemente satisfactorios) y la ciertamente intolerable FP1 por una ESO muy deficiente, es decir, “resolvió” el problema de la FP1 haciéndolo extensivo a toda la enseñanza media: ¿era necesaria una reforma para este resultado?

Quedan por último los cursos superiores de Bachillerato y la FP superior, que no es del todo comparable en los dos sistemas. Básicamente, puede decirse de ella que los ciclos formativos de grado superior están resultando satisfactorios, pero debe advertirse que también lo era la FP2. Por el contrario, si comparamos lo que eran 3º de BUP y COU con el actual Bachillerato (que, en parte, se ha visto perjudicado por la obligatoriedad de superarlo para pasar a la FP superior), la comparación resulta de nuevo muy odiosa para el actual sistema, ya sea en el comportamiento de los alumnos, en su motivación o en el nivel de conocimientos alcanzado; solo hay que ver el descenso de exigencia al que se han visto obligadas las pruebas de selectividad: de nuevo la “reforma” salió fallida, consistió en llenar de goteras un tejado que estaba bien.

Vuelvo entonces a las preguntas del título: ¿reforma? ¿Qué reforma? El bloque de cursos comprendido entre los 12 y los 18 años (tercero y último en el que la propia LOGSE dividía el sistema educativo), es decir, la Educación Secundaria, ha sido duramente perjudicado por esta ley, nadie que conozca el asunto y sea a la vez sensato, honesto y sincero puede negarlo, aunque sí lo hacen, cada vez con mayor agresividad, algunos que son insensatos, deshonestos y/o mentirosos, que haylos, no en vano esta ley se ha sostenido en parte creando una red de paniaguados, ya hablaré de ellos en alguna ocasión. Repito, pues: ¿qué reforma? La enseñanza secundaria era uno de los objetivos principales de la reforma de la LOGSE; vistos los resultados, los artífices de esta ley pueden sin duda sentirse satisfechos: como reformadores, han quedado a la envidiable altura de los célebres Pepe Gotera y Otilio.

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:

Categorías: Diagnósticos

Autor:Pablo López Gómez

Hola amigos. Me llamo Pablo López y abro este blog porque me parece extraordinario estar integrado en un sitio como TEXTOS DESEDUCATIVOS, al que está conectado y que sirve de pantalla y plataforma para quienes pertenecemos al mundo de la educación y no nos levantamos todas las mañanas repitiendo tres veces: "Si Álvaro Marchesi no existiera, habría que inventarlo". Puede que algunos me conozcáis ya, porque soy el único responsable ante Dios y ante la Historia de ese blog que se llama La garita del guachimán.

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

13 comentarios en “¿Reforma? ¿Qué reforma?”

  1. RM
    31 enero 2010 a 11:26 #

    Muy acertado tu análisis.Yo soy maestro y dí clases en 7º y 8º muchos años.
    Lo que tenemos hoy en 1º y 2º de ESO es mucho peor:más fracaso,más apatía,más conflictividad,más abandono,más absentismo.
    Ha sido un verdadero fracaso el cambio.

    Pero la izquierda política,sindical y pedagógica se niega rotundamente a aceptarlo.

    Los actuales pactos no modifican profundamente en nada el sistema logsiano.

    ¿Cómo hacerles cambiar?.Ahí está el verdadero y duro problema.
    Por mucho que lo repitamos los que damos clase no nos escuchan.Para ellos somos carcas,nostágicos,segregadores,queremos retroceder en el tiempo.

    Su postura es:la reforma logsiana ha sido un gran éxito con pequeños defectos a mejorar,y con más inversión,pero nada de análisis autocríticos.

  2. RM
    31 enero 2010 a 11:49 #

    Tu artículo me parece muy interesante.Si me lo permites pondré enlace al mismo en varios foros de debate.

    • 31 enero 2010 a 14:46 #

      Permiso concedido, amigo mío, faltaría más. Y, en adelante, no hace falta ni que lo pidas.

  3. RM
    31 enero 2010 a 11:51 #

    Deberías enviarlo por email a la izquierda político/pedagógica/sindical a riesgo de que no lo lean o que te declaren persona non grata.

  4. 31 enero 2010 a 11:55 #

    Estupendo este retrato del estropicio, Pablo. Una “Reforma” que “Deforma” debería ser eliminada cuanto antes. Pero Pepe Gotera y Otilio no van a bajar del tejado (ni de la burra) por voluntad propia: antes se caerán con él. Y a todos nos va a pillar abajo.

  5. Mariano
    31 enero 2010 a 15:43 #

    Atinado y veraz análisis y desenmascaramiento de la autodenominada “reforma” del sistema educativo perpetrada en el otoño de 1990, que debería ser demolido como edificio en ruina que es. Delenda est LOGSE.
    Los pedagogos burócratas y tecnócratas, como todas las castas y sectas parasitarias, como todos los grupos de presión que son conscientes de su impostura, acostumbran a manipular las palabras, falseándolas, incluso intentando apoderarse del lenguaje como un paso más en su conquista del poder, aunque ese poder sea en algunos casos el chiringuito cutre o el chollete de segunda. A su sublime invento lo llamaron indebidamente reforma. ¿Alguno recuerda cómo llamaban los pedabobos al recreo (segmento de ocio) o a la pizarra (panel vertical)? Por eso, lo esencial es que esta gente no volviera a tener firma en el BOE, aunque ese momento por desgracia está, hoy por hoy, lejos.
    La palabra reforma ha tenido siempre una connotación renovadora y modernizadora, desde la Ilustración al regeneracionismo y la II República. Excepto cuando se la ha opuesto paradigmáticamente a ruptura o a revolución, que entonces era algo blandito, un sucedáneo, casi una traición. La pretendida reforma del sistema educativo no sólo ha sido una monumental chapuza en su concepción y en su ejecución, que ha partido de supuestos erróneos en cuanto a la validez de la comprensividad, la promoción automática, el aprendizaje constructivista y otros disparates pedagógicos. Ha sido, desde su inicio algo aún más grave, un proceso de destrucción: del mérito, del conocimiento, de la cultura y de la ciencia, de la competencia profesional. Y ha sido un proceso de destrucción consciente, destinado a eliminar de la enseñanza cualquier rincón que no estuviera gobernado por la infinita sandez derivada de la envidia, la mediocridad y el resentimiento de sus autores y beneficiarios, no exentos de ambición arribista y lujuriosas ansias de poder.
    “Si la LOGSE ya no existe”, te dicen los necios, orientadores o inspectores, “ahora está en vigor la LOE”. Pese a la sucesión de acrónimos malsonantes, de siglas burocráticas que pretenden anunciar algo nuevo, no ha dejado de haber una continuidad de todas las leyes orgánicas que regulan el sistema educativo desde que se dio el gran hachazo a la enseñanza, que, sobre todo en los centros públicos, quedó herida de muerte y abocada a un deterioro en todos los órdenes (conocimientos, disciplina, motivación de alumnos y profesores) que sólo los más ciegos e interesados se atreven a negar, con su habitual desfachatez o talibanismo, según los casos.
    El análisis de Pablo López es atinado además, no sólo en el contenido, sino sobre todo en la expresión. Frente a las pretensiones de la vacua, pedante y tecnocrática jerga de los pedagogos, nada mejor que referirnos al monumental desaguisado creado por el “establishment pedagógico” con crudeza y un poco de sentido del humor.
    Las palabras cacofónicas de su infecta jerga, cuyas funciones son: dificultar el debate a los no iniciados, aburrir a las ovejas, confundir, ocultar la realidad e incluso crear un mundo de ficción en el que tengan vida sus entelequias, son el envoltorio con el que pretenden vender a los incautos su mercancía averiada.
    Una realidad tan esperpéntica como todo el tinglado de los grupos de presión que detentan el poder real en la enseñanza desde hace más de veinte años (comenzando por su primera incursión en el MEC de Villar Palasí en el gobierno de los tecnócratas del Opus Dei de 1969 a 1973, que fue cuando empezaron a hacerse fuertes) debe ser retratada desmitificando y desautorizando a sus creadores. A los que se une una no despreciable (numéricamente me refiero) legión de enchufados, cómplices y vividores que han constituido todo el tejido social sobre el que han construido una red de influencias que se ramifica en el sindicalismo adepto, los cursos de formación, las facultades de Pedagogía y Educación, los gabinetes ministeriales, algunos periodistas presuntamente especialistas en temas educativos, ciertas APAS y AMPAS (y hampas), los asesores técnico-docentes de las administraciones general, autonómica y local, la inspección y los inefables departamentos de Orientación. ¡Vaya tropa!, que diría el clásico.
    El discurso agresivo, descalificador, triunfalista y, por supuesto, falaz y estridentemente demagógico y necio de quienes se propusieron desde el primer momento “blindar” la reforma de la pedagogía comprensiva, constructivista y posmoderna, hacerla irreversible (para que nadie pudiera compararla con una alternativa, que tendría que ser necesariamente mejor que las basuras logsianas) es un discurso que debe ser desmontado punto por punto. Y para ello una buena vía es que los grandes genios de las autodenominadas reformas educativas se vean retratados en una viñeta ridícula.
    Si no fuera por el terrible daño que llevan haciendo a la secundaria y al bachillerato público (con lo que ello conlleva para la igualdad de oportunidades y para la propia viabilidad del sistema universitario, que hoy también sufre las consecuencias de la nefasta LOGSE y sus derivados), los diseñadores de currículos y los pedagogos a la violeta sólo deberían ser motivo de mofa, escarnio y cachondeo.
    El problema es que su huella y los efectos de las políticas educativas que perpetraron dejan un horizonte desolador, un siniestro total, frente al cual, para compensar los estropicios de Pepe Gotera y Otilio, van a hacer falta varios regimientos de zapadores y muchas unidades de emergencias. Y en vano podemos esperar que nos salve el Séptimo de Caballería. Parafraseando lo que se diría en otros tiempos, para tirar esta muralla…, hacen falta muchas, pero que muchas, muchísimas manos.
    Y ahora que los ecologistas quieren cargarse los chiringuitos de las playas españolas, no estaría de más que alguna autoridad desmontase este otro chiringuito, el que se han montado todos los desertores de la tiza, asesores, expertos (¿en qué?) y demás gente de mal vivir, que es lo que, junto con la inercia, sostiene ese gran estropicio al que impropiamente llamaron reforma.

  6. Aprendiz y Maestro
    1 febrero 2010 a 0:50 #

    Análisis superficial, sesgado, falto de rigor científico y claramente demagógico y nostálgico de tiempos pasados. Si la reforma educativa no ha funcionado ha sido principalmente por falta de medios y por la escasa formación psicopedagógica de los docentes de secundaria. A esto hay que unir la falta de vocación y compromiso con la profesión de aquellos que buscan en la Educación la salida laboral más fácil.
    Compañeros siento deciros que el paradigma del “florido pensil” no funciona en la sociedad actual por más que os negáis en reconocerlo. Además, muchos no sabéis conectar con la chavalería como consecuencia de la obcecación por querer mantener modelos caducos. Al final lo sufren tanto el alumnado como vosotros y, en última instancia, la sociedad en su conjunto.

  7. 1 febrero 2010 a 9:54 #

    Excelente su comentario, Mariano.

    Señor Aprendiz y Maestro, yo doy por hecho –corríjame si me equivoco- que usted sí es de los docentes vocacionales, que se forma continuamente en cuestiones psicopedagógicas y que utiliza formas nuevas y adecuadas de “conectar” con la chavalería. Y, aunque se considera Aprendiz, se siente autorizado para dar lecciones a sus compañeros docentes sobre cómo hay que llevar una clase hoy día. ¿Qué tal si nos ponemos en situación, de forma que algunos podamos aprender de sus psicopedagógicas técnicas? Se lo digo en serio. Pongámonos en situación. Entre usted en una clase de, digamos, 2º de ESO, y encuentra que dos alumnos, entre risas y alborozo, se lanzan bolas de papel, haciendo caso omiso de su presencia. ¿Qué haría usted exactamente en esta situación? Como bien sabe, una de las quejas continuas de los que aquí participamos es sobre ese tipo de comportamientos de alguna parte del alumnado. Le escucho y tomo nota, porque estoy seguro de que a usted no le importará darnos una lección cabal de cómo enfrentarse a estas situaciones tan frecuentes en las aulas. Todo sea, siquiera, por los alumnos, quienes no deben pagar el pato por nuestras malas prácticas docentes. Gracias.

    Saludos.

  8. Mariano
    1 febrero 2010 a 15:44 #

    El último comentario, firmado por Aprendiz y Maestro, no sé si se formula en serio o en broma, pero recoge algunos de los tópicos más estultos del búnker pedagógico. Es posible que su autor sea un vacilón dedicado a provocar y a ver cómo reacciona el personal. Sea como fuere, sus palabras hacen gala de muchos los elementos de propaganda (en el sentido más peyorativo del término) a los que ya estamos acostumbrados.

    Aprendiz y maestro reconoce por lo menos que la reforma no ha funcionado. Algo es algo. Muchos de su jaez siguen sin admitir ni por asomo que el invento es un fracaso. Por eso sospecho que se trata de un falso pedagogo.

    Si no ha funcionado, habrá que hacer un diagnóstico y buscar remedios. Esta tarea requeriría un artículo de fondo o un estudio mucho más extenso. Es en este punto donde el análisis de Aprendiz es flojillo, pues de hecho la reforma no ha funcionado porque estaba mal planteada en origen, con unos presupuestos que ya habían fracasado en otros lares.

    Las presuntas causas del fracaso:
    Pensar que la presunta falta de formación psicopedagógica de los profesores es una de las causas del fracaso de las logses es un pseudoanálisis superficial y absurdo. ¿Por qué supone que los docentes tienen una formación inadecuada? ¿De dónde obtiene una generalización tan injusta como arbitraria? ¿Alguien que conozca la psicopedagogía puede sostener que una pseudociencia puede dar al profesorado el milagro para que logren que sus alumnos aprendan?
    La formación de un docente es –o debería ser- algo más serio que las panaceas de los nefastos pedagogos. Y no es cierto que los profesores del bachillerato o de la secundaria no estuvieran o no estén preparados para dar clase. Esta es una tesis interesada para justificar el papel de los pseudoexpertos: ellos vendrían a cubrir el hueco que dejan los docentes, que supuestamente lo hacen todo tan mal. La realidad es que para muchos profesores la formación psicopedagógica ha sido una vía de escape o de ascenso, pero en general poco aporta o resuelve al que quiere dar clase.
    Cualquiera que haya sufrido el CAP o los cursillos pedagógicos sabe que en general están impartidos por gente ajena a la docencia o personas cuya vocación psicopedagógica les ha llevado a abandonar el aula. Abunda en estos cursos la mediocridad, la insufrible logomaquia, el dogmatismo y la simpleza. Cualquier asistente a estas catequesis pedagógicas sabe que, salvo cuatro trivialidades tontas, nada se puede aplicar a la situación de hecho de las aulas de hoy. Y ve con claridad que las recetas no sirven para el día a día de la docencia y están alejadas de la realidad.

    El problema es que sandeces de esta guisa, como las expresadas en el breve comentario de Aprendiz, se están oyendo –y leyendo- todos los días en las Facultades de Pedagogía y Educación. Es, por tanto, un estereotipo muy común. Y un producto que la Administración compra y consume con frecuencia.

    ¿Falta de vocación en los docentes?
    Falso en muchísimos casos, absolutamente real en toda la tropa que vive del cuento y que se ha refugiado en los diferentes nichos ecológicos donde moran los que han preferido “enseñar a enseñar” antes que simplemente dar clase. El que vale, vale y el que no, enseña a enseñar. Las sucesivas deformas (mejor llamarlas así que reformas) cierto es que han desmoralizado a amplios sectores del profesorado, han aumentado la demanda de jubilaciones anticipadas, han provocado un incremento del absentismo laboral (bajas por depresión), pero no han impedido que haya docentes que sigan dando sus clases con la mayor dignidad que pueden, capeando el temporal. Con la que está cayendo.

    ¿Capacidad de conectar con el alumno?
    Este Aprendiz (o maestro ciruela) habla de un mundo virtual, no en las aulas de verdad de las que hablan Raus y otros, o es de los que ven los toros desde la barrera. No puede ser un docente en ejercicio, por eso yo sigo pensando que es un guasón provocador, porque nadie en sus cabales puede sostener a la altura de 2010, con todo lo que ha llovido desde que llegaron los bárbaros, la versión más zafia y cutre de la psicopedagogía oficial.

    Pero, con todo, lo más grave de este tipo de comentarios, tan usuales durante años, es que los sucesivos gobiernos, que tanto se llenan la boca de valorar al profesorado cuando les interesa ese reclamo electoral, en el fondo han estado influidos por una visión muy parecida de los docentes, a los que no han consultado a la hora de tomar sus decisiones y hacer sus burocráticos informes evaluadores de la enseñanza.

  9. 1 febrero 2010 a 15:55 #

    Querido Aprendiz y Maestro:
    A los que llevamos batallando contra el desastre de la LOGSE desde que se implantó, no nos suenan a nuevos mensajes como el tuyo. Todo viene de lo mismo: el sistema, además de malo, es vacío, lo que representa que no hay argumentos para defenderlo y por eso decís siempre los mismos tres o cuatro tópicos impertinentes, os repetís mucho, la verdad.
    1.- Os repetís en la cantinela esa de la falta de medios. Con menos medios se han obtenido (aquí y en cualquier parte) y se obtienen mejores resultados en educación, mírate los estudios que hay. No son los medios los que producen, por ejemplo, el respeto al profesor. Como siempre os presentáis como grandes conocedores de la enseñanza, sorprende que no estéis al tanto de estas cosas.
    2.- Os repetís en la práctica argumentativa del insulto o la descalificación, mira, sin ir más lejos, lo que dice tu comentario: superficial, acientífico, falto de rigor, nostálgico, sesgado…Ésas son las lindezas que en unas cuantas líneas deja de mi entrada. Eso os coloca en un mal lugar como intelectuales y como personas: se argumenta con razones, no con insultos.
    3.- Os repetís en la mala interpretación de las situaciones; en tu caso, no has interpretado bien la situación comunicativa: mi artículo es una entrada de un blog, no se le puede pedir por tanto carácter científico, aunque, por supuesto, es veraz y está muy anclado en la realidad (una realidad de 27 años dando clases), mucho más que tu nota troquelada.
    4.- Os repetís en la naturaleza de los insultos: los que no comulgamos con la LOGSE, siempre miramos hacia atrás (somos reaccionarios) y somos muy malos, las perversas fuerzas de la contrarreforma: demagógicos, sesgados… Te voy a pedir el favor de que me digas qué cosa de mi artículo es demagógica o sesgada. Te aseguro que soy capaz de sostenerlo todo en una buena cantidad de datos obtenidos de la experiencia o de informaciones fiables.
    5.- Os repetís en presentaros como defensores de la sociedad sin que, que se sepa, ella os lo haya pedido nunca, vuelvo a remitirme a tu comentario. Este “tic” vuestro lo ha analizado genialmente Ricardo Moreno Castillo en sus escritos, te recomiendo la lectura de este autor.
    6.- Os repetís, y esto sí que es grave (y más cuando viene de un profesor, como me parece que eres tú), en la bajeza de cargar contra los profesores sin el menor escrúpulo (vuelvo a remitirme a tu comentario): en hacerles culpable del fracaso de la penosa LOGSE (la reforma no ha funcionado por la escasa formación del profesorado de secundaria); en tacharlos de ser malos profesionales por su falta de vocación y compromiso (les acusas de buscar en la educación la salida laboral más fácil, como si esto fuera un pecado, añado yo); en criticar su supuesta nostalgia del pasado y de los modelos caducos (¡qué ocurrente has estado con eso del “florido pensil”!, aunque podrías haberme/habernos llamado directamente franquistas. Por cierto, ¿dónde estabas tú en los años 70? Yo andaba apedreando los coches de los “grises”); en señalar su incapacidad para conectar con los alumnos y por eso haberlos perjudicado, al contrario que la LOGSE, que, como todo el mundo sabe y señalan los estudios de toda variedad, no ha hecho más que beneficiarles. Y aquí sí que tengo que hacer un paréntesis personal: ¿quién eres tú para decir estas barbaridades del colectivo de miles de profesores que rechazan la LOGSE? ¿Los conoces a todos? ¿Cómo te atreves a lanzar insultos tan graves así a la ligera? ¿Tan seguro estás? Los destinatarios podrían darse por ofendidos, ¿no lo has pensado? Yo, por ejemplo, me siento ofendido: este patrón precocinado tuyo no me retrata para nada, y tú, no obstante, has tenido el atrevimiento de colocármelo por las bravas, sin conocerme. Así es como funcionáis.
    7.- Y por último, os repetís hasta para repetiros: sólo tienes que ver que las cosas de los puntos 2, 4 y 6 son reiterativas.
    Te voy a pedir dos favores: que me perdones por haberme extendido tanto y que pienses las cosas antes de decirlas. Y este otro: ¡no os repitáis más, os lo suplico! No te vendría mal analizar sin prejuicios tu adorada LOGSE y lo que nos ha dejado en la educación, porque a lo mejor no es tan buena como piensas. Un cordial saludo.

  10. 1 febrero 2010 a 16:20 #

    Compañeros, lo peor del caso, como Mariano ya ha apuntado, es que las descalificaciones de “Aprendiz y Maestro” (seguro que no es más que un aficionado de los que menudean por ahí) son las mismas que cualquier politiquillo de tres al cuarto te suelta cuando menos se tercia.
    Estamos todos ya hasta los mismísimos de esta estúpida acusación.
    Pero hay algo que me intriga en el seudónimo. Proliferan corrientes que hacen bandera de sentirse “aprendices y maestros”, de valorar la enseñanza por lo que aprende el profesor. Por ejemplo, se agarran a grandes pensamientos de Paulo Freire (¡si este señor supiera el daño que ha hecho con sus consignas grandilocuentes!), de la siguiente guisa: “Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos”, y de ahí le sacan punta para intentar hacer creer a alguien

  11. 1 febrero 2010 a 16:27 #

    que la actividad docente consiste en una relación de intercambio entre iguales, una redistribución de lo que ya uno sabe y atesora como oro en paño. Y cosas como éstas las defienden esclarecidos innovadores, sin pestañear, entre ellos, por poner un ejemplo, el colectivo ZEMOS’98, del que ya dí cuenta en una entrada anterior. Os aseguro que lo que hay detrás es sólo humo y subvenciones. Humo para ocultar las subvenciones. Subvenciones para mantener el humo.
    Un saludo.

  12. 1 febrero 2010 a 18:36 #

    Lo peor de todo es esa vaguedad generalista de las acusaciones que nos lanzan los autodenominados tolerantes. Son parecidas a las que utilizan los charlatanes y videntes para hacer sus negocios: “veo un pesar en tu corazón”. Sí, sobre todo si me ves ojeras y expresión de sufrimiento, no te digo. ¿Y quién no tiene algún pesar? Aquí pasa igual. Ah, es que no sabes “conectar” con los chavales. Genial, dígame usted cómo. Pero eso sí, sin que el aula se convierta en un bullicioso encuentro de botellón y “colegueo” de discoteca; sin que la cosa me impida enseñar lo que tengo que enseñar. Claro, otra cosa es que ya dé igual que se aprendan o no contenidos. ¿Por qué no convertir al maestro en uno más de la clase si lo que importa es que fluya la comunicación y no el conocimiento? Entendido así, la propuesta pedagógica es inatacable.

    ¿En qué es demagógico el excelente artículo de Pablo? ¿A qué sector social halaga el autor para conseguir qué favor? ¿Qué promesa hace que sea falsa? Al contrario, las falsas promesas y los bochornosos halagos a la ciudadanía los han hecho, hasta límites inverosímiles, los creadores y defensores de la LOGSE. Nada más demagógico que ceder la autoridad y el poder a los alumnos y los padres; nada más demagógico que pretender que el igualitarismo nos llevaría a una nueva era de justicia, paz, fraternidad y concordia. ¡El conflicto está enquistado en toda la sociedad! Por no haber no hay ni tolerancia, cuánto menos entendimiento.

    Lo de la escasez de medios tiene su aquél.
    Precisamente el sector autodenominado progresista nos está diciendo que sin el apoyo de recursos caros no se puede enseñar (perdón, educar) bien. ¡Pobres de aquellos países que carezcan del capital suficiente para dar a sus alumnos un portátil, dar clases con power point, cañones, proyectores, televisiones, micrófonos, reproductores de dvd, etc.! ¡Pobres de los que sólo cuenten con libros, libretas, bolígrafos, pizarra, tiza… y algo de disciplina! ¿Acaso se sabe de algún genio de la humanidad que haya parido sus obras e inventos sin la ayuda del ordenador y el vídeo? A mí no me viene nadie a la cabeza.

    ¿Formación psicopedagógica? Me siento autorizado a decir lo siguiente: lo que es demagógico a rabiar, por rematadamente falso, es afirmar que los “conocimientos” psicopedagógicos ayudarán en algo a afrontar una clase conflictiva o a enseñar algo de sustancia. Y lo digo porque soy psicólogo, y en nada me han ayudado las pamplinas psicopedagógicas cuando he dado clase a niños o jóvenes. Si te sale un insolente, apañado vas como no lo puedas sancionar inmediatamente, o expulsarlo de clase si no se enmienda. Ahora bien, otra cosa es que la insolencia y las gamberradas hayan de aceptarse como parte natural de la proteica diversidad social o “cultural”. Entonces ocurre que la insolencia deja de ser un problema. ¿Que no es posible enseñar contenidos? No hay problema: es que no hay que enseñarlos. ¿Que el alumno no para de incordiar? No hay problema: es la libre expresión de su personalidad y una sana muestra de desinhibición y folclórica diversidad.

    ¡Cómo no van a funcionar las consignas psicopedagógicas si no hacen otra cosa que amoldarse a lo que se encuentran en clase! El perro de Bart Simpson también hacía lo que él quería: cuando el chucho se ponía a ladrar, Bart le ordenaba ladrar; cuando se mordisqueaba la pata, Bart le ordenaba mordisquearse la pata… Así cualquiera, chico.

    Como indica Antonio con su incisiva perspicacia: todo esto no es más que humo y subvenciones. Todo un tinglado de pamemas urdidas para mantener un mastodóntico negocio de cursillos, ponencias y libros “imprescindibles” para “educar en valores”; léanse: el lucro y vivir del cuento. Magníficos valores, sí señor.

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: