Las orejas del lobo, el pacto educativo y el capote mágico

No sé si debemos considerarnos de enhorabuena o por el contrario estamos en vísperas de lamentar una nueva ocasión perdida. Las propuestas del PP y del ministro Gabilondo [uno pidiendo la sustitución de 4º de ESO por un curso optativo: 1º de Bachiller o 1º de FP; el otro proponiendo modificar el actual 4º de ESO para convertirlo en un curso con “dos perfiles”, uno orientado a la FP y otro al Bachillerato] suponen el reconocimiento del fracaso del sistema de reforma diseñado a finales de los 80, que culminó con la Logse y pretendía un camino común único para todos los alumnos de secundaria, camino que en todo caso debería adaptarse a la diversidad individual. El fracaso de este proyecto ha sido una realidad incontrovertible: fracaso escolar, gran número de alumnos que acaban la escolaridad a los 16 años sin ninguna titulación y nula capacitación profesional, problemas de disciplina, segregación encubierta en grupos por niveles de conocimiento y disciplina -que no resolvían ningún problema- y, por último, la aparición de programas especiales como los PCPI y “aula abierta”, con los que se intentaba paliar el problema.

Ahora, las propuestas de ambos grupos son un signo de reconocimiento manifiesto de tal fracaso. Parece que deberíamos felicitarnos por el acuerdo: ambos parecen coincidir en que nuestro sistema educativo debe proponer diferentes vías de formación en consideración a los diferentes intereses y diferentes talentos de los alumnos. Podríamos felicitarnos a pesar de la inaudita tardanza para llegar a esta conclusión: la inhibición del PP en los años que detentó el gobierno, pues solo al final del segundo mandato la LOCE proponía unos itinerarios comparables a las propuestas actuales -sin embargo esta ley no llegó a hacerse realidad-, y la LOE que quiso refrendar la Logse en huida hacia delante y haciendo oídos sordos a una realidad manifiesta. Todos los parámetros educativos confirmaban la gravedad del asunto, pero solo la crisis económica ha obligado a reconocerlo; la crisis económica nos ha recordado la importancia de la formación profesional, nos ha mostrado la insensatez de mantener a un gran número de jóvenes en un sistema educativo inoperante que no les ofrece una capacitación real y útil para desempeñarse en la vida, nos ha mostrado la insensatez de un país que ha tomado la educación como un juego donde poner en práctica las ocurrencias del primer iluminado con pretensiones salvíficas.

Sin embargo no estamos por el entusiasmo, y en rigor estamos por el desencanto, porque ambas propuestas nos parecen insuficientes. Pueden quizá (estaría por ver) maquillar un poquito el nivel de bachillerato y aliviar los grises tiempos que se avecinaban para la universidad. Pero no solucionarán el problema más real y acuciante, el problema del verdadero fracaso escolar: el de esos jóvenes para los que la escuela actual no ofrece formación ni capacitación para un desempeño profesional, sin el cual toda esa educación en valores -humanos, democráticos, emocionales…- que se pregona no es más que palabrería, y autocomplacencia (no queremos utilizar términos como autoengaño y fraude). Ese problema no se resuelve con una diferenciación de itinerarios a los quince años, a esa edad el mal está hecho. Hay que afrontar el problema en la raíz: la educación común generalista debe quedar reducida a la escuela primaria (infancia). En la escuela secundaria (adolescencia) debe estar presente desde el primer momento la capacitación para el mundo laboral, debe atenderse a las diferencias de talento y de intereses y ofrecer la diversidad de itinerarios acordes a éstos. Sin estos mínimos solo hay engatusamiento…y capotazos de distracción.

Aquejado de un ataque de fiebre optimista había pensado que quizá sumando las propuestas de ambos partidos podía salir algo medio decente: sustitución de 4º de ESO por el 1º de Bachiller o 1º de FP. Y conversión del actual 3º de ESO en un curso con dos “perfiles”, orientados a Bachiller o FP. Pero sería una nueva prórroga al desastre y una nueva ocasión perdida. Ese curso orientativo debe ser 2º de ESO. Y a partir de los catorce años se deben ofrecer Bachiller y FP en dos ciclos de dos años, elemental y superior. Además de los programas especiales como PCPI y similares.

Un programa como éste.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

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3 comentarios en “Las orejas del lobo, el pacto educativo y el capote mágico”

  1. 28 enero 2010 a 19:36 #

    Me gustaría animaros para que mandéis un texto al ministerio y al PP (y al resto de partidos).

    Para los curiosos, el documento de propuestas que Rosa Díez le entregó al ministro de Educación el mes pasado: http://red-rebaleares.blogspot.com/2009/12/propuesta-de-bases-para-un-pacto.html

  2. RM
    28 enero 2010 a 21:16 #

    Que hagan el pacto,pero que se sepa que no es en nuestro nombre.

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