Aprender las condiciones

Enseñar a escribir es sin lugar a dudas la labor instructiva más costosa de llevar a cabo en Primaria, y si además recordamos que la escritura es lo que peores resultados ha arrojado en las evaluaciones de diagnóstico de 4º curso, no nos queda otra que afirmar que nuestros escolares no aprenden a escribir.

Aprender a escribir hay que hacerlo de pequeño, pero es una actividad de adultos.  Y, si no, de dónde viene la expresión: “es que sabe escribir”, aplicada a una persona que cuando escribe lo hace especialmente bien.  Saber escribir es pues, en muchos sentidos, algo no común a todos los alfabetizados, sino más bien, exclusivo de los que escriben bien.

La escritura precisa de muchas atenciones. Pensemos por un momento que, si para escribir estos textos que escribimos tuviéramos que repensar cómo se juntan estas letras, cómo se separan, cómo concuerdan, cómo es su ortografía, cómo su puntación…, nuestros textos serían imposibles. Somos ya mayorcitos y aquellos primeros pasos ya los dimos; ahora las reglas, las condiciones de la escritura están caladas  en nosotros y nuestra cabecita se pone simplemente a pensar en la idea a transmitir. Y, voilá, escribimos.

¿Tendrán nuestros alumnos de hoy en día, no ya la preparación cultural, Dios me valga de pedir tal cosa, sino los rudimentos que el escribir exige?

Esta escuela que me quita el sueño, ha abortado el acto de escribir y ha despreciado el trabajo diario propio de los escolares: aprender las condiciones. Los nuevos maestros consideran que trabajar la escritura es hacerles escribir sobre el fin de semana o su juego favorito, y se sienten satisfechos ante tales producciones llenas de espontaneidad y creatividad. De esta manera, semana tras semana, el alumno  se enfrenta él solo a su propio texto, sin más horizonte que su “espontaneidad”.

Para escribir hay que aburrirse, diría yo, hay que llegar a ese estado en el que las letras se juntan solas y  bien, sin que el aprendiz tenga que poner ya atención en ello, y se consigue principalmente copiando y dictando. Cuanto más pronto se pase este tedioso estadio mejor, pero para poder pasarlo, y ese es el problema, hay que escribir mucho.

El texto propio sólo puede ser considerado como tal cuando el alumno se ha liberado, en parte, de la atadura que supone “aprender las condiciones”, por eso empezar a escribir sin conocerlas es caer en una trampa, y el alumno, cuando descubre que escribe mal, y lo hace bien pronto, se derrumba ante los estrepitosos errores y termina escribiendo menos, aplicando la inteligente razón de que con ello cometerá menos errores.

Cuando el alumno escribe un copiado o un dictado, en el primero de los casos, sólo debe atender a una de esas condiciones principales: hacerlo igual que la muestra; cuando escribe un dictado entra en juego otra condición: la evocación o imaginación, que será mayor cuanto más haya copiado.  Podríamos decir que el éxito en un dictado es directamente proporcional a la cantidad y calidad de los textos copiados. Las diferencias individuales son tremendas y niños con similares niveles de copiado obtienen resultados dispares en los dictados, pero, tomados individualmente, a más copiados mejores dictados. Sin embargo, como copiar no es nada “creativo” y esta higiénica costumbre se ha abandonado prácticamente en toda la Primaria, nos encontramos en sexto curso con  alumnos  incapaces de copiar de la pizarra un texto de unas 8 o 9 líneas sin cometer error alguno.

Escribir exige abundancia, es una de las tareas escolares (entre otras) que tira por tierra la manida expresión, “lo importante es la calidad, no la cantidad”, y evidentemente sabemos el porqué, lo valioso surge en lo abundante, mejor aún, lo necesita, nadie escribe “las nanas de la cebolla” así, a bote pronto.

Cuando el alumno haya llenado cuadernos y cuadernos con copiados y dictados, lo podremos abandonar ante un papel en blanco y pedirle que nos escriba sobre el mar, las tormentas, las vacaciones o la envidia.  Entonces podrá atender con libertad a su pensamiento, porque ya no tiene que pensar en las condiciones y todo él se entregará a escribir…

Y quizá se diga de él algún día: “es que sabe escribir”.

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8 comentarios en “Aprender las condiciones”

  1. RM
    20 enero 2010 a 11:27 #

    Yo he trabajado a veces en la antigua EGB y en Primaria.
    Los alumnos escribían sus textos espontáneos.Se leían en clase y se escogía uno que se escribía en la pizarra y se corregía colectivamente.

    Si no trabajamos los textos espontáneos no se aprende,pero si se está todo el tiempo sólo con las reglas gramaticales tampoco.
    A escribir se aprende escribiendo y corrigiendo lo escrito,además de leyendo.
    Si los alumnos no leen apenas y nunca escriben,sino sólo hacen actividades cortas de tipo gramatical o frases cortas,no aprenden tampoco.

    Yo creo que se abusa enPprimaria de las reglas gramaticales y de teoría gramatical pero no se practica mucho la escritura práctica en textos,no en frases cortas de respuesta a actividades.

  2. Lozano andaluz
    20 enero 2010 a 13:32 #

    Querido RM y deseducados bellos,

    En los Estados Unidos existe una gran tradición de
    escritura y se debe aprender, ya desde la Primaria ( en quinto grado ) los rudimentos y modelos básicos de los estilos narrativo, argumentativo, persuasivo.
    Parten de un modelo en el que comienzan preguntándote (se) por el tema de redacción, lo desarrollan en cuatro párrafos de 5 ó 6 oraciones y acaban con un párrafo de conclusiones y…, como cierre, la pregunta del comienzo ” refraseada” y propuesta al profesor que lee el ejercicio.

    Después de miles de correcciones- algunas en inglés y el resto en español-, os puedo decir que los alumnos suelen saber expresar juicios y opiniones bastante bien ( yo he aprendido mucho
    leyéndoles y ayudando a mis dos hijas…Ya lo compartiré en alguna ocasión con todos mis queridos deseducados).

    Estoy contigo RM en que tenemos una sobredosis de Morfosintaxis que actúa como un tóxico esterilizante de la maduración lectoescritora que debería florecer en Primaria y Secundaria …

    Humildemente, os cuento algunas de mis prácticas.
    Después de cada capítulo o poema suelo proponerles un tema de reflexión donde se admite la paráfrasis o la imitación con un toque personal.
    He copiado de los americanos también no sólo hacerles escribir una continuación o final diferentes
    sino también rescribir el cuento usando el What If…?
    y forzándoles a imaginar contextos diferentes para una historia…
    En fin , creo que me puse demasiado técnico-pedagógico, pero es un tema que nosotros los maestros tenemos que ir compartiendo para mejorar prácticas… Podemos.

    Gracias por darme la ocasión para practicar mi escritura, RM.
    Un abrazo.

    • goliardo
      24 enero 2010 a 15:23 #

      Dí que sí , que el profesor “propone”, no vaya a ser tildado de dictador; el alumno “dispone”, enpero , lo que considera conveniente, juas!!

      Se agradecen tus indicaciones sobre la didáctica de la escritura ahora que “propongo” por primera vez en un DC.

      Un abrazo a tí también Lozano Andaluz.

  3. Lozano andaluz
    20 enero 2010 a 13:34 #

    Bueno, Luzroja, disculpa por olvidarte, pero a las 7 de la mañana
    estoy un poco dormido. Gracias a ti por tu entrada y por tu capacidad motivadora…

  4. Luzroja
    23 enero 2010 a 0:05 #

    En primaria se ha trocado el escribir textos, por el rellenarlos y los escolares disfrutan de coloreados libros en los que escriben según orden libresca palabras aquí y allá sin más virtud que rellenar espacios.
    Un escolar de seis años, que a duras penas sabe separar convenientemente las palabras, que todavía confunde “gue” con “ge” “ca” con “za” , “que” con “ce”(no a la hora de leer, sino a la de escribir) o que encuetra especial dificultad en los grupos “tra”, “tar”, “bla”, “bal”…necesita modelos que copiar, buenos y abundantes.
    El niño que lee “balcón”, pero que escribe “blacon”, necesita un ejercicio de taller, escribir y escribir modelos correctos, primero leerlos dos o tres veces, después contar, con ayuda si es preciso (que suele serlo) lo que ha leído y después escribirlo, y escribirlo bien, en corrección ortográfica y caligráfica.
    El copiado, además, alivia al niño especialmente torpe puesto que le permite hacer una tarea igual que el mejor de la clase, los copiados son clementes, todos pueden llegar a ellos.
    El copiado es virtuoso, puesto que permite que cada cual pueda sacar de él una enseñanza en virtud de su capacidad.
    Una anécdota:
    Hace años, en primero de primaria, mis alumnos copiaron las primeras líneas de Platero y yo.
    Pasados los meses les propuse una redacción sobre su animal preferido, una niña me describió a su gato usando el lirismo que supo apreciar en aquel copiado.
    Quizá sean figuraciones mías, pero aquello me dio qué pensar.
    No pretendo hacer una apología del copiado, todo ha de estar en su justa medida, pero se ha abandonado en primaria esta actividad precisamente en la edad en la que debe desarrollarse y para la que es más propicia, los 6 y 7 años.
    Sí, hay que copiar textos en edades tempranas y el maestro debe tener la suficiente preparación en lengua y literatura para proponer textos a copiar a sus alumnos lo suficientemente oportunos para que cada niño pueda además de escribir y escribir bien, penetrar en el texto en la medida que su inteligencia le permita.
    Hay que crear la oportunidad, es un deber del maestro.

  5. Mari Cruz Gallego
    24 enero 2010 a 11:34 #

    Muy buen artículo, no sólo para primaria, sino para 1º y 2º de la ESO: a veces se nos olvida que eso alumnos son niños que todavía están sentando las bases de su futuro aprendizaje. A veces creo que los profesores no estamos preparados para darles clase poruqe se nos olvida esta situación, pero cuadno tratamos de formarnos para trabajar en esta realidad educativa, nos encontramos con odiosos cursos de formación en lectoescritura que no hacen más que proponer juegos y divertimentos. Cuánto tendríamos que aprender de los antiguos maestros.

  6. Luzroja
    24 enero 2010 a 14:24 #

    Mari Cruz, ese es el error pedagógico, pretender que el aprendizaje de la escritura sea divertido, y no lo es en absoluto, es por la contra una tarea engorrosa y llena de obstáculos y pretender que no lo sea supone quitarle la virtud.
    Enfrentarse a lo difícil sin disfraces es mucho más “motivador” que engañar a nuestros alumnos con pretensiones lúdico-facilonas que desprestigian la labor a hacer y que a la postre no consiguen más que el abandono en el esfuerzo hacia la tarea, puesto que si el fin es divertirse escribiendo, al no producirse esa diversión ¿Para qué hacerlo?

  7. 27 febrero 2010 a 19:06 #

    Esa cuestión del “aburrimiento” me parece clave en el aprendizaje de la expresión. Cuando ya llevamos tres sesiones desmenuzando un mismo texto, la reacción de los alumnos es canónica: “¡Otra vez lo mismo!” “Lo mismo” es un sintagma pernicioso que emplean como un escudo para defenderse de todo lo que signifique esfuerzo y atención continuados. Están, en general, los alumnos acostumbrados a cambiar cada veinte segundos de anuncio en la pantalla, y tener un mismo texto tres días ante sus ojos les parece poco menos que haber sido condenados a las ollas de Egipto.
    Hay una expresión, “dejarlos solos” frente a la página en blanco, que no comparto. Nunca ha de dejárseles solos ante la página en blanco. Hay que trazar con ellos las líneas generales de lo que habrán de ser los párrafos de cada redacción y sólo luego se les puede “soltar” para que rellenen el esquema ya elaborado en clase con la participación de todos ellos, desde la lluvia de ideas inicial hasta la distribución por párrafos de las escogidas finalmente. Si a ello se le añade el hecho de que unos se corrijan a otros, las expectatiivas de mejora se incrementan.
    En 2º de Bachillerato escojo un artículo de opinión, pongamos de Verdú, que suele ser tan polémico, y es sorprendente la incapacidad de comprensión que exhiben los alumnos cuando vamos desetrañando frase a frase el texto y haciendo un esquema numérico de las ideas del mismo.
    Ahora bien, si, sin previo aviso, les pregunto un lunes cuánto han escrito, fuera del IES en castellano, durante la semana anterior, la respuesto es 0 líneas. Es decir, se comportan como los nuevos analfabetos descritos por Cela: Aquellos que sabiendo leer y escribir ni leen ni escriben.
    Pues eso.

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