A diestro y siniestro

Deseducativos no es un blog de temas políticos, y mucho menos partidistas. En Deseducativos, como todos ustedes ya habrán comprobado, sólo se habla de enseñanza, únicamente se pretende abrir el debate a todas aquellas personas que pueden y deben ofrecer su criterio -maestros, profesores, familias, alumnos y ciudadanos en general-, lo cual no quiere decir que los argumentos de sus autores no estén movidos por una visión del mundo personal y concreta, por cierta perspectiva política que en ocasiones aviva la discusión y la enriquece.

No, Deseducativos no es un blog de una sola ideología, sino de un solo ideal y de muchísimas ideologías, el ejemplo de que aquellos particularismos de los que hablaba Ortega, o ese mito cainita que aún permanece grabado como a fuego en la retina de todo español de bien, son perfectamente superables cuando un mismo afán guía variadas y valientes inteligencias. Por primera vez en mucho tiempo se puede obrar el milagro de la desvinculación partidista, de la desobediencia civil, y el horno, actualmente, no está para dejar que esos bollos se calcinen una vez más.

Sin embargo ahora debemos estar preparados para lo que se nos viene encima, blindarnos “políticamente” ante cualquier influencia espuria e interesada, saber por fin que la empresa en la que estamos inmersos apunta directamente a la línea de flotación de un Hispanistán cada vez más confuso y exhausto. Y eso molestará a todos los que, desde los albores de la sacrosanta Transición, han erigido sobre la educación pública sus sucursales de prebendas, sus ventanillas de sinecuras, sus manuales del perfecto chupóptero hispanistaní. Eso no sentará nada bien a quienes pretenden sellar para siempre la peligrosa grieta de la enseñanza con un pacto que caerá como una losa sobre nuestras cabezas y las cabezas de nuestros hijos.

Uno de los bandos nunca se ha escondido. Resulta bastante sencillo identificarlo. De hecho, la mayoría de quienes lo integran no tiene ningún empacho en mostrarse como guardiana de la aldea que resiste ahora y siempre al invasor. Me estoy refiriendo, claro está, a la casta sindical y al patriciado político de la izquierda y del nacionalismo. Ellos serán los primeros en reaccionar. Aprovecharán cualquier excusa para cubrir con la consigna de “fascista” o “español” -terrible palabro, por cierto- a todo aquel que se atreva a poner en duda los dogmas de esa salud pública que se imparte con devoción en los centros de enseñanza. Como ustedes ya sabrán, son los más ruidosos, los que más medios tienen para desbaratar las iniciativas que florecen fuera de sus parterres. Poseen, además, el monopolio de los púlpitos, que llenan de pequeños savonarolas convertidos a la nueva-vieja fe pedagógica o cavernaria. Un sistema de enseñanza que acabe con la omnipresencia de su secta en los planes de estudio, que pretenda implantar reválidas estatales vinculantes, que imponga itinerarios desde los catorce años y modifique sustancialmente la formación del profesorado, jamás de los jamases será aceptado por ellos. Se opondrán, por supuesto que se opondrán a una reforma radical, pues ésta habría de replantear, sin más cojones, el papel que en la fábula han adquirido y pondría en serio peligro su perfecto y lewiscarrolliano ecosistema.

El otro bando, sin embargo, sí lo lleva con un poco más de disimulo, e incluso a veces se permite la hipocresía de agarrar la bandera de la reforma. Es el que apoyó expresamente o acogió con su silencio -siempre cómplice- el engendro de 1990 y luego comenzó a mirar hacia otro lado. Sus integrantes son los que han ido sacando tajadita tras tajadita con cada nuevo decreto, con cada nueva ley, y los que han engordado en sus Taifas correspondientes a las mismas clientelas. Me estoy refiriendo, claro está, a la Iglesia, a sus sucursales asociacionistas más visibles, pero también a esa eterna oposición que, cuando no lo fue, bailó la eterna agua del digo y el diego. Los primeros protestan cuando les tocan las cruces y los conciertos; los segundos cuando los conciertos y sus Taifas. Los primeros disfrazan de libertad de elección, de libertad religiosa lo que no es más que la voluntad de perpetuar una herencia de setenta largos años; los segundos visten el cadáver con las sedas del bilingüismo, la disciplina o el esfuerzo, aunque cada vez más les cueste ocultar sus necrófilas inclinaciones -Galicia o Valencia son buenos ejemplos de esta perversión-. Ya no engañan a nadie. Las editoriales de libros de texto de los primeros han sido tan cómplices en la labor orwelliana de la transversalidad como las de la izquierda más reputada; son los mismos montessoris pero con distinto collar. Por su parte, la derecha opositora siempre tuvo muy claro el papelón canovista -¡más quisieran ellos!- que les había tocado en suerte. Un vistazo rápido a sus últimos programas electorales dará fe de lo que digo.

La excesiva cautela se torna cobardía en ocasiones, y la virtud de la templanza corre el peligro de caer en la aquiescencia cuando el silencio suple a la acción. Ahora que está a punto de cerrarse el pacto tantas veces ansiado y anunciado, es urgente no conformarse con lo que pueda salir de él, liarse a tortas, si fuera preciso, a diestro y siniestro.

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:,

Categorías: Diagnósticos

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

2 comentarios en “A diestro y siniestro”

  1. Javier Castuera
    11 enero 2010 a 0:21 #

    El problema de la crítica ha sido tradicionalmente un problema de la conciencia. Hoy es un problema de cuerpo. ¿Cómo encarnar la crítica? ¿Cómo hacer que el pensamiento crítico tome cuerpo? Si la crítica había combatido tradicionalmente la oscuridad, hoy tiene que combatir la impotencia. El mundo global está enteramente iluminado. Nuestras conciencias están deslumbradas. No hay nada que no veamos: la miseria, las mentiras, la explotación, la tortura, la exclusión, etcétera, se exponen a la plena luz. Y, sin embargo, qué poco podemos. Sobre nosotros. Sobre el mundo. Podemos decirlo todo y sin embargo no tenemos nada relevante que añadir. Encarnar la crítica no es encontrar la palabra justa, ni complacerse en los jardines de la buena conciencia, ni vender a las instituciones la solución más barata. Encarnar la crítica significa plantearse hoy cómo subvertir la propia vida de manera que el mundo ya no pueda ser el mismo.

    Porque crítica es decir que vosotros, incompetentes ejecutivos de la nada, mediocres gobernantes de nuestro Estado central y 17 réplicas más, vivís de nuestro dinero. Sois parte un elefantiásico entramado de Ministros, Secretarios de Estado, Directores Generales, y parásitos varios que contáis con un ejército de asesores, viajáis en coche oficial y reserváis Clase Preferente en vuestros viajes privados, con mi dinero. A cambio, resultáis totalmente incapaces de resolver nuestros problemas, no garantizáis nuestra seguridad ni dentro ni fuera de España, no nos protegéis del desempleo, ni prestáis servicio alguno. Sólo se os ocurren normas para coartar nuestra libertad, para vigilarnos, atemorizarnos y decidir qué es bueno para nosotros. Tomáis posesión de nuestra vida pública, privada y de nuestro dinero para complicarnos la vida, y parís normativas orientadas a seguir siendo necesarios, a no permitirnos deshaceros de vosotros.

    Por si fuese poco, inventáis problemas inexistentes, enfrentáis a la sociedad reabriendo debates cerrados, legisláis para cuatro, y tenéis la jeta de pagar un sueldo a majaderas de manual sin el menor sentido el ridículo que nos hablan de “acontecimientos planetarios”. Todo con mi dinero.

    Vosotros, prebostes de alguno de los diecisiete gloriosos mini-estados autonómicos, también vivís de mi pasta. Unos subidos a cuentos imposibles como la fábula de Aitor, otros mitificando a unos segadores de hace cuatrocientos años. Los demás, a rueda de éstos, os habéis montado un chiringuito de consejerías, direcciones, subdirecciones, patronatos, embajadas y demás máquinas de gastar. Con mi dinero, claro está. Usáis la pasta que yo gano trabajando para fomentar la insolidaridad y sembrar el odio a España; reclamáis la parte que vuestros inverosímiles derechos históricos os adjudican para poder aumentar la pléyade de vuestros deudos, para comprar votos con empleos a dedo. Vivís en la reivindicación permanente que haga andar a una bicicleta que se caería si parara. Vosotros, garrapatas, no resistiríais el mínimo ejercicio de competencia para la obtención de un puesto de trabajo en el ámbito privado, vuestro único mérito es haber medrado en la estructura de un partido político. Y ahora, vivís de mi dinero.

  2. Salao
    11 enero 2010 a 15:38 #

    Excelente artículo.

    Se empiezan a oir en la sociedad española ecos de rebelión civil en muchos más ámbitos: libertad en internet, despilfarro público,… .

    Siendo la educación un pilar fundamental de la libertad, ¿ no sería interesante para deseducativos hacer fuerza con esos colectivos manteniendo la diferenciación?.

    Un saludo,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: