El síndrome de Hannah Montana

Después de vencer innumerables terrores y perezas, por fin me atreví a ver un episodio de la serie Hannah Montana. Para la película necesitaré dos o tres vidas de concienciación. Miley Cyrus, la protagonista, una actriz que sólo domina la técnica interpretativa de la exageración, encarna a una chica aparentemente normal con una vida secreta: por las noches es una estrella del pop, un remedo a la Disney de Britney Spears. Todo resulta entre previsible, pedorro y ñoño.

Desde siempre han existido estrellas infantiles y juveniles. Sobre todo en nuestra era audiovisual: Shirley Temple, Joselito, Ron Howard, Marisol, Drew Barrymore, Macauley Culkin son solo algunos nombres de niños que saltaron a la fama mundial para luego soportar un difícil tránsito a la madurez, en ocasiones trágico. La cuestión es que antes estas estrellas eran casos aislados y ahora menudean gracias a la multiplicación de los medios de comunicación de masas.

Hannah Montana es sólo la última gran estrella del firmamento de menores de edad. Resulta revelador que en la serie sea su propio padre, Billy Ray Cyrus, el que encarna al progenitor de la niña/cantante. Él, como y a través de su hija, se ha hecho de oro y se ha convertido en el modelo de más de la mitad de los padres de nuestro decadente occidente.

No quiero entrar a analizar a fondo la trama y modos de la serie Hannah Montana. Todos conocemos cómo es Disney y su canal televisivo que, por medio de tramas que promocionan el éxito fácil y la trampa amoral, suelen soltar alguna moralina seudotradicional. Hay pocas cosas más incoherentes que el fundamentalismo religioso-familiar de este canal y su traslación argumental a la pantalla. Pero la libertad de expresión es sagrada y cada cual debe poder decir y contar lo que le venga en gana. El mal gusto es algo tan inherente a la libertad como la excelencia, pero la naturaleza humana da mucho más pie al primero que a la segunda.

Lo que realmente me preocupa -¿me aterra?- de modelos como Hannah Montana (causa, consecuencia y reflejo) es que muestran el camino más deseado por niños y grandes. A saber, todos estos programas que se dicen realitys cuando son meros concursos de fama fugaz –Operación Triunfo, Factor X, My Camp Rock, etc.- atraen de forma creciente a hijos cuyos padres desean salir del “hoyo” mediante sus hijos, que así dejan de ser un fin para convertirse en medios. Si el nene triunfa, la familia llevará una regalada vida de escaso esfuerzo y mucho dinero.

Hannah Montana es un caso especial. La niña Miley Cyrus, preparada a conciencia por su padre para ser la reina mediática de las adolescentes, encarna en la serie a una niña que lleva una doble vida. Para aparentar cierta normalidad en el instituto, miente a casi todo el mundo sobre su condición de cantante universal, un precio nimio comparado con los beneficios de la fama que viene acompañada de suculentos ingresos.

Los padres que quieren convertir a sus hijos en estrellas multimedia son sólo la punta de un iceberg que se completa con los padres que hacen todo lo posible para que sus hijos triunfen en el deporte, el teatro, el ballet, la ópera, la música… La tele es el camino más rápido, pero no el único para convertir a los niños en monstruos de inmortal condición.

Este síndrome de Hannah Montana es tan solo una muestra más del siglo en el que vivimos. Antes los padres querían que sus hijos obtuviesen una formación suficiente para llevar una vida digna y, sobre todo, que fuesen felices. No se les intentaba liberar de una vida de esfuerzo y privaciones porque se sabía que, en el fondo, la vida es eso. Ahora, aparte de querer “regalarles” la fama liberadora y enriquecedora, se quiere vivir a costa de los hijos. Un evidente salto hacia atrás.

La flojera moral de nuestros días es aterradora. A menudo me pregunto hasta qué punto son prioritarios el bienestar y la felicidad de los hijos en el baremo de valores de estos padres que luchan por que sus hijos emulen a Hannah Montana. O a los canteranos de La Masía del Barça, por poner un ejemplo deportivo. Hay cierto clima de descrédito hacia la familia, pero las tendencias éticas y vitales son de difícil manejo. Aun así deberíamos reflexionar sobre si estos niños empujados hacia el éxito y la abundancia de dinero son beneficiarios, medios o incluso víctimas. Porque, no lo olvidemos, son muchos más los que se quedan en el camino hacia la fama que los que llegan hasta ella. Por no hablar de la tragedia que a menudo acompaña a aquellos que despuntan demasiado pronto…

Antes el deporte, los toros, la canción… servían a muchas familias para salir de la miseria. Hoy, simplemente, es una vía de escape a la medianía social. Es otro de los grandes fracasos de los sistemas educativos de las democracias occidentales: da la impresión de que el éxito a cualquier precio, incluso al de la infancia perdida, es el único valor que impera en nuestra sociedad.

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:,

Categorías: Diagnósticos

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

4 comentarios en “El síndrome de Hannah Montana”

  1. pericogonoperro
    5 enero 2010 a 15:14 #

    Esta situación la ha creado una sociedad donde se premia al “friky” y se burla del esfuerzo y del trabajo. Cuando vemos como siendo “pilingui” en Gran Hermano se consigue ganar dinero a manos llenas mientras que siendo doctor ingeniero por la universidad de Salamanca solo se consigue estar en las colas del INEM, o si tienes suerte ganar 1200 euros al mes. Evidentemente lo mismo que mis padres querían que estudiara una ingeniería, porque en su época ser ingeniero era ser el amo del mundo, ahora los padres quieren que sus hijos sean futbolistas, cantantes o “chulos” en la nueva temporada de Operación Triunfo porque eso les garantiza un futuro lleno de dinero. Es mejor ser la Belén Esteban de turno que no el tener tres títulos universitarios en la pared.

    A lo mejor cuando la sociedad se llene de “idiotas” (recomiendo la película “idiocracia” donde se plantea este problema), se vuelve a valorar el conocimiento, el esfuerzo y la valía, pero mientras “niño, coge inmediatamente el balón que como te vea leyendo otra vez te doy un mamporro.”

    Saludos

    http://www.lacasadelarcerojo.es

  2. Mari Cruz Gallego
    7 enero 2010 a 12:36 #

    El problema no es lo que la sociedad haga o no a través de los medios (a mí me tocó “Sensación de vivir”…) el problema viene cuando la escuela “tiene” que adaptarse a la sociedad para “llegar al alumnado”. Entonces sí que no salimos de la mediocridad.
    Un saludo.

  3. Ala
    3 abril 2010 a 12:53 #

    a mi me parece que miley cirus se lo tiene muy creido porque todas las niñas le adoran. si alguien no le da lo que quiere, ella le paga para que haga lo que quiera ella. a mi no me gusta miley, pero algunas de sus canciones si.

  4. josue
    10 mayo 2010 a 21:40 #

    Yo hace años que no veo la television. La tengo por que mi mujer la quiere ver, por que si fuera por mi la chimpaba al contenedor de la basura.

    De aquella no se salvaba nada, todo eran frikadas, ahora me imagino que sera peor.

    Ya mis abuelos la llamaban la caja tonta, por algo sera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: