Propuestas: 6.-Autonomía de los centros y planes de estudios

El tema de la autonomía de los centros que aquí se formula debe trascender tanto el engañoso concepto que LOE, LEC o LEA proclaman a los cuatro vientos, como cualquier debate de regusto ideológico que ponga en cuestión la pertinencia de una enseñanza pública. Teniendo en cuenta que la autonomía que Deseducativos propone se ciñe, en este caso, a la libre capacidad de los centros para elaborar los planes de estudios de todas la etapas educativas, ruego a los lectores hagan compatible dicho tema con una premisa que estimo nadie está dispuesto a discutir: la incuestionable necesidad de una enseñanza pública que asegure la promoción social de sus alumnos y vele por que todos los ciudadanos accedan al conocimiento.

Antes de seguir, dejaré a un lado, por tanto, dos cuestiones que ya han salido en el debate: a) la autonomía de los centros para contratar personal -que no deberíamos siquiera plantearnos-; b) la urgencia por dilucidar entre lo público y lo privado -por lo que lo concertado, si bien tuvo su “razonable” justificación hace décadas, no cabría en el panorama que voy a describir-.

De este modo, sin poner en duda el acceso -muy mejorable, eso sí- de los profesores a la enseñanza pública, y dejando claro que las privadas deberían ser realmente privadas, el tema de la autonomía puede ser visto con una nueva luz.

¿Quiénes elaboran los planes de estudio que aparecen en los reales decretos? ¿Alguien se lo ha planteado alguna vez?

Por un lado, podemos imaginarnos a una serie de expertos discutiendo, proponiendo y tachando bloques de contenidos. Cada uno de estos personajillos sería lo más parecido a un sabio en su materia, además de poseedor de una dilatada experiencia en la etapa educativa correspondiente. Luego está el Consejo Escolar del Estado, compuesto por expertos, sindicatos y apas, un totum en el que esa experiencia de aula de sus componentes brillará casi siempre por su ausencia. Por último, tenemos a las editoriales más influyentes o al reducido y mediocre grupo de burócratas que rodean al ministro de turno. De los tres casos -no se me ocurre ningún otro-, el sentido común nos dicta que sólo los dos últimos se acercan a la realidad. Así pues, ahora mismo estamos asistiendo impávidos al siguiente panorama: una serie de individuos que no han dado una maldita clase en su vida proponen y deciden, no sólo qué contenidos, sino la presencia de éstos en las diversas etapas y ciclos formativos. Por ello no habría de extrañarnos que a menudo suelan ocurrir cosas tan inconcebibles como que al partido político que toca poder se le antoje inventarse materias de nuevo cuño que nada tienen que ver con ese consenso social hegeliano que simboliza la ciencia, que se carguen otras asignaturas por mero interés partidista, por simple miopía o por presiones de poderes fácticos al uso, y que la distribución temporal de la mayoría de las asignaturas sea irreal -en el mejor de los casos- o rematadamente absurda -en el peor-.

Ahora bien. Imaginemos por un momento un sistema educativo estructurado a partir de reválidas de cambio de etapa. Imaginemos que el Estado es el encargado de organizar y evaluar esas pruebas. Imaginemos que el Consejo Escolar del Estado u otros organismos sólo tienen que proponer los objetivos a cumplir en cada uno de los exámenes. Imaginemos que, como en ese supuesto caso tendrían que bajar al ruedo por primera vez en su vida, delegaran, ahora sí, en expertos que los detallasen. Imaginemos que hasta ahí llegara su presencia. ¿Qué podría ocurrir?

Esto es lo que en Deseducativos entendemos por autonomía:

1.- Los colegios e institutos, con los objetivos de la reválida para el año siguiente, delegarán en los diversos departamentos didácticos no sólo la especificación de los contenidos, sino su secuenciación por cursos o ciclos.

Partimos de la base de que son necesarias unas pruebas estatales al final de cada etapa educativa para evaluar a los alumnos, a los centros y al sistema en sí mismo. Cuando digo “estatales” me estoy refiriendo a exámenes de cada una de las disciplinas que se imparten en las diferentes etapas elaborados por algún organismo central del Ministerio de Educación, del Consejo Escolar del Estado o de otra institución creada expresamente para ello. También me refiero a un hecho que parece que no se entiende muy bien: los centros -públicos y privados- no participarán en la evaluación de estas pruebas, sólo estarán habilitadas para ello las diferentes comisiones estatales o tribunales de corrección. Y, además, ha de quedar claro que los resultados serán vinculantes y no la filfa a la que nos tienen acostumbrados las juanpalomistas pruebas de diagnóstico que en la actualidad las Comunidades Autónomas están llevando a cabo.

En ningún caso habrá un ente superior que delimite el camino a seguir distinto de la reválida, basada en resultados y no en las consabidas abstracciones pedagógicas. Esa reválida impondrá los límites y dejará al profesor la libertad de trazar el sendero que lleve a la consecución de los objetivos. Pero, ojo, en todo momento estamos hablando de una libertad con una altísima dosis de responsabilidad, pues allí estará en juego, no sólo el prestigio del centro, sino el del mismísimo profesor -algo vagamente, lejanísimamente parecido ocurre ahora con el profesor de 2º de Bachillerato y la PAU-.

2.- Los centros privados -realmente privados, insisto; esto es: sin ningún tipo de subvención pública- estarán sometidos al mismo estrés organizativo. ¿Que en sus aulas seguirá sin haber inmigrantes o alumnos de capas sociales desfavorecidas? Claro, es lo normal. ¿Que lo tendrán más fácil? Eso estaría por ver, porque el sistema público se alimentará -gracias a la mejora en el acceso a la función pública que proponemos– de profesionales mejor preparados y de una estructura nueva –tres itinerarios post obligatorios– que lo corregirán.

Los resultados de las reválidas -vinculantes todos ellos, pues de ellos depende que un alumno pase o no a la siguiente etapa educativa- serán públicos. Los centros privados tendrán que hacerlos públicos también. Por eso se establecerá una sana competencia. Pensar que esos resultados estarán condicionados por la procedencia social de los alumnos es caer en el mismo cuento de siempre. De ahí a pasar a la comprensividad y al café para todos hay un paso. Pero lo más grave de esa argumentación es que niega a priori que los alumnos “pobres” puedan promocionar socialmente -que, recordémoslo, es el único imperativo válido de cualquier enseñanza pública-. No se ha de caer en el reduccionista prejuicio de pensar que, como mis alumnos son inmigrantes o gitanos o de clase social desfavorecida, están condenados a no levantar cabeza. Los centros de esas zonas, los que reciben alumnado de ese tipo, deberán, partiendo de una situación de igualdad legal y educativa, deslomarse para conseguir buenos resultados, al margen de que puedan recibir ayudas extra para facilitar esa labor.

3.- Se incentivará a los centros públicos con los mejores resultados. Lo cual no significa que los de peor resultado sean condenados al ostracismo. Estamos hablando de públicos con similar financiación pública y con la misma capacidad para ofertar y competir.

En ningún momento esto se tiene que poner en relación con el plan de calidad andaluz, pues, como ya se ha mencionado, los resultados no serán los del profesor que califica a sus alumnos, sino los de las reválidas estatales. Sin incentivos no hay competencia. Todos partirán de una financiación similar, pero, con el tiempo, y teniendo en cuenta los resultados en las reválidas, habrá centros mejor dotados que otros.

Ahora bien, no debemos caer en la demagógica argumentación que prevé que serán los centros mejor situados socialmente los que finalmente se llevarán el gato al agua. Un centro público con resultados excelentes en las diferentes reválidas tendrá, por supuesto, un incentivo económico merecido. Pero es que un centro público en una situación social difícil deberá ser tratado, previamente, de manera distinta a los demás centros. Ese tipo de centros recibirá una consideración especial previa a las reválidas, teniendo en cuenta que no compite en igualdad de condiciones. Pero en ningún momento se habrá de rebajar los objetivos para esos casos. Un alumno de familia desestructurada, sin ningún apoyo en casa, proveniente de una situación social desfavorecida, matriculado en un colegio cuyos estudiantes poseen las mismas características que él, recibirá indirectamente -gracias al especial apoyo del Estado– un incentivo extra por parte de la administración pública -que le presta una especial atención-, pero, al final, tendrá que demostrar que ese esfuerzo que hacia él se ha destinado ha servido para algo.

4.- Los centros de Bachillerato y de Formación Profesional podrán especializarse en el itinerario o el módulo que les dé la gana. E incluso podrán competir con otros centros -públicos o privados-. Imaginen qué implicación la de esos padres que, teniendo la absoluta libertad de elegir centro para sus hijos, se interesen por los planes que éste oferta, por los resultados de otros años, por la capacitación de sus profesores. ¿Es tan increíblemente nefasta la palabra “competencia”?

Porque recordemos que si los departamentos didácticos elaboran sus planes y secuencian los contenidos con los exámenes estatales como único horizonte, cada colegio, cada instituto, cada centro de Formación Profesional -públicos o privados- será diferente entre sí y ofertará procedimientos, programas e incluso métodos distintos. ¿Cómo saber si son buenos? ¿Por dogma de fe pedagógica como hasta ahora? ¿Porque lo dice la administración de turno como hasta ahora? No. Sencillamente por los resultados en las reválidas. Así, no sólo se creará competencia entre centros y mayor interés de las familias por la educación de sus hijos, sino que se prestigiará socialmente la labor del docente, quien estará obligado a buscar con ahínco la excelencia de sus alumnos.

Existe un sector de la sociedad que no se cansa de exigir libertad de elección de centro y no cae en la cuenta de que, por mucho que se pudiera elegir, sin autonomía de los colegios -públicos o privados- en la planificación de sus estudios, esa libertad se quedará siempre en una impostura más de la enseñanza española. Si el Estado dejara absoluta libertad a las familias para elegir centro pero mantuviera el monopolio y la fiscalización actuales de los planes de estudios, ¿creen ustedes que la libertad de elección sería un hecho? Por ello, ¿qué es lo que de verdad asegura la elección? Que lo que se elige sea diferente. Esto no es cuestión de clases medias, bajas o altas. Aquí lo importante es velar por que los centros, públicos o privados, pueden dar lo mejor de sí mismos, sin tutelas monopolizadoras del Estado, potenciando la competencia entre ellos con libertad e incentivos.

En el escenario que aquí se plantea, los centros de enseñanza públicos -sus departamentos didácticos, en realidad- podrán presentar una oferta de planes tan rica y variada como el éxito en los exámenes estatales lo permita.

(Nota del autor: esta propuesta no es inamovible. Hasta que no se someta a debate, no figurará en el apartado Propuestas de Deseducativos)

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Categorías: Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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19 comentarios en “Propuestas: 6.-Autonomía de los centros y planes de estudios”

  1. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 17:23 #

    Algunas opiniones para alimentar el debate:

    1. La cuestión público-privado-concertado es una cuestión que me interesa poco. Mi interés –el de deseducativos- es mejorar la pública y dada una pública de calidad me trae sin cuidado el resto. Los centros privados deben de existir porque estamos en un país libre, y los centros concertados, pues lo mismo, añadida una cuestión económica en la que no entro: el estado deberá estudiar su rentabilidad. Nuestras miras deben ser mejorar la pública, no estar pendientes de los supuestos privilegios de la privada o concertada.

    2. Apartas, parece que momentáneamente, el tema de la contratación de personal por parte de los propios centros. En mi caso la aparto definitivamente. No me parece compatible con el sistema público, y me huelen a nefastas las componendas necesarias para llevarlo a cabo. El sistema de oposición público me parece el mejor sistema. –Podríamos discutir los pormenores.

    3. Me parece muy acertada la idea de que los objetivos vengan establecidos desde las pruebas externas –reválidas- de cada ciclo y que los Departamentos programen en función de esas pruebas y los objetivos marcados por estas. Los cuales deben ser precisados de forma muy concreta, evitando el discurso generalista y vacío que permita cualquier cosa.

    4. La idea del triple itinerario me parece fundamental –Alemania es un caso de país donde existe un triple itinerario similar-

    5. Pero no creo que sea factible que el centro tenga autonomía completa para elegir o especializarse en un itinerario. El estado debe asegurar que los tres itinerarios sean efectivamente reales. Así que la red de centros públicos debe ser diseñada desde la administración, si es posible con acuerdo con los propios centros, pero no puede ser el resultado de las voluntades de este o aquel claustro concreto. Simplemente no es posible, y recordemos que los centros son públicos y no propiedad privada de nadie.

    6. El tema de los incentivos no lo veo pertinente. Los resultados de las pruebas son públicos -eso ya de por sí da crédito o lo quita. Pero en los casos en los que los resultados no sean los deseables, deberán investigarse las causas –el propio centro y la administración- y solucionar el problema.
    No veo como se podría justificar que unos alumnos pudiesen matricularse en un centro de “primer nivel” mientras otros se ven obligados a hacerlo en uno de los “malillos”.

    De momento bastante, ya veremos hacia dónde nos lleva el debate

    • 30 diciembre 2009 a 17:30 #

      Amén en todo, Serenus.

      Meditaremos el punto 6.

      Un saludo.

      • goliardo
        30 diciembre 2009 a 18:09 #

        Yo os pido que “meditéis” también sobre el 2 y el 5, porque yo estoy totalmente de acuerdo con Serenus.

        Saludos.

      • 30 diciembre 2009 a 19:59 #

        Vamos a ver. Ahí van algunas ideas:

        1.- La mención a la privada y a la concertada sólo tiene sentido como defensa a posibles ataques que tachen la propuesta de aniquiladora de la enseñanza pública. Ya sabéis, pronuncias la palabra “competencia” y te tachan de facista en menos que canta un gallo. No obstante, estoy de acuerdo con retirar la mención a los conciertos, aunque me sigan pareciendo una de las metidas más grandes del sistema de enseñanza.

        2.- No aparto momentáneamente el tema de la contratación del personal. Lo aparto definitivamente y, por ello, quito del texto ahora mismo “-que no deberíamos siquiera plantearnos por ahora-“.

        5.- Hay que debatir más esta apostilla tuya, Serenus. La especialización por itinerarios se da hoy en día en algunas circunstancias (Bachillerato artístico, módulos específicos de FP, etc.) y no veo que sea tan difícil de concebir. Si el bachillerato ha de durar cuatro años, con dos ciclos de dos años cada uno -el primero de asignaturas comunes y el último sería el ciclo de especialización-, ¿por qué no ofrecer la posibilidad (sólo que exista la posibilidad) de que un instituto se especialice en el itinerario -insisto, sólo sería de dos años- que desee y dedique todos sus esfuerzos a él. A mi modo de ver, esto podría redundar en beneficio de la excelencia de los estudios ofertados así como del prestigio del propio centro.

        6.- Los incentivos son necesarios, pero podría modificarse el texto y abrirlo a otro tipo de incentivos, como, por ejemplo, a aquellos que premian al profesor. La elección de centro debe existir y no ha de haber ningún obstáculo para ello por parte de la administración. Ahora bien, el hecho de que algunos centros tuvieran más demanda que otros podría ser un problema pero también algo bastante positivo. Un problema para las familias que no pudieran ver satisfechas sus aspiraciones de matriculación, por supuesto; algo positivo desde el punto de vista de los otros centros que no tuvieran tanta demanda, pues deberían ponerse las pilas para solucionarlo. Sea como fuere, lo importante aquí es que la posibilidad exista y que no imperen sólo criterios de proximidad geográfica o clase social.

        Un saludo.

      • Profesor Insipiente
        30 diciembre 2009 a 20:45 #

        David, dices:
        “1.- La mención a la privada y a la concertada sólo tiene sentido como defensa a posibles ataques que tachen la propuesta de aniquiladora de la enseñanza pública. Ya sabéis, pronuncias la palabra “competencia” y te tachan de facista en menos que canta un gallo. No obstante, estoy de acuerdo con retirar la mención a los conciertos, aunque me sigan pareciendo una de las metidas más grandes del sistema de enseñanza.”

        En mi opinión sería un grave error mirar para otro lado en el tema de la concertada. Debe haber Pública, sufragada con fondos públicos, y Privada, sufragada íntegramente con fondos privados. La Concertada es una estafa a la Pública. No puede mejorar la enseñanza pública mientras todos los recursos públicos no se dediquen íntegramente a ella. Los padres que quieran tener a sus hijos en un sistema privado, que se lo paguen.

      • 30 diciembre 2009 a 22:10 #

        Profesor Insipiente:

        Soy de la misma opinión que usted. Lo que ocurre es que, en esta propuesta en particular, sería conveniente no centrarnos en la concertada.

        Lo cual no quiere decir que en el blog no se puedan escribir textos proponiendo una reflexión seria acerca de los conciertos.

        Le invito a hacerlo.

        Un saludo.

  2. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 17:25 #

    ” Los cuales deben ser precisados de forma muy concreta, evitando el discurso generalista y vacío que permita cualquier cosa.”

    Me refiero a las objetivos marcados por /para la Pruebas.

  3. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 20:46 #

    sobre el punto 5.

    Claro que puede existir esa posibilidad. Pero es una cuestión que pertañe a la administración (que debe garantizar los tres itinerarios) y ésta debe tratarlo con los distintos centros de una localidad. Lo que yo he negado es que la elección de itinerario pueda ser el producto de una simple decisión “autónoma” del centro. Pero por supuesto que puede ser consultado, demandado, requerido… patatín, patatán…

    el caso alemán existen centros especializados, pero también centros que imparten todos los itinerarios.

    • 30 diciembre 2009 a 22:07 #

      Creo que me he explicado mal, muy mal. Acabo de caer en la cuenta de que, cuando hablo de itinerarios, no especifico que me refiero exclusivamente a los itinerarios del Bachillerato de los institutos y a los módulos de la FP.

      Te pido disculpas.

      Un saludo.

  4. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 21:00 #

    A Profesor Insipiente,

    Planteas una opinión personal acerca de un modelo social, ético, política, respetable y también discutible, muchos podemos compartirlar y otros muchos no. Pero no es una cuestión “técnica -profesional” que nos competa como profesionales y técnicos. Creo que en “deseducativos” debemos centrarnos en mejorar la educación pública desde una perspectiva lo más técnica y lo menos ideológica posible.

    para reformar la sociedad ya están los fanaticos..

    • serenuszeitb
      30 diciembre 2009 a 22:15 #

      Por supuesto hay reformistas no fanáticos. [ya sentía el cachete en el cogote]

      Lo que pretendía decir es que creo que en las propuestas de Deseducativos debemos ser lo más concretos posibles, señalar los defectos del actual sistema y proponer mejoras. No perdernos en las grandes palabras, ni erigirnos en reformadores sociales..

      Bueno, bueno, les dejo espacio a ustedes 🙂

  5. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 21:03 #

    Los fanáticos… claro está.

    • serenuszeitb
      30 diciembre 2009 a 22:33 #

      Con fanáticos no me refería a ustedes..jajaja, solo corregía “fanaticos”.

      De mal en peor…

  6. serenuszeitb
    30 diciembre 2009 a 21:12 #

    La concertada es una cuestión de “concierto” . Tú me das, yo te doy… a priori no veo nada rechazable en ello, y personalmente no me siento capacitado para juzgar sus pormenores y la equidad del pacto.

    Creo que si tuviesemos una educación pública de calidad nos importaría bien poco la privada y la concertada.

  7. Profesor Insipiente
    30 diciembre 2009 a 22:11 #

    Serenus, evidentemente es imposible, al conversar sobre educación, no dar opiniones personales. Pero una opinión personal no es, necesariamente, igual a ideología. Es prácticamente imposible disponer de todos los datos para decir que una propuesta que uno hace es algo técnico-profesional, y no lleva nada de opinión personal. Hasta un médico al hacer un diagnóstico y mandar un medicamento lo hace, necesariamente, con un porcentaje de opinión personal. De ahí que distintos médicos hagan diagnosis y tratamientos distintos. Y no los hay fanáticos de la aspirina o de la amputación -al menos la inmensa mayoría-.

    Cuando afirmo que la enseñanza concertada perjudica a la enseñanza pública, no lo hago como prejuicio pesonal o ideológico. No lo hago por aspectos confesionales, o de derechas-izquierdas. Lo hago como técnico-profesional que entiende de su trabaja.
    La concertada detrae recursos públicos, repito. Detrae dinero, y selecciona alumnado. Ambos hechos son objetivamente demostrables. Y ambos hechos perjudican a la enseñanza pública. Aquí no hay ideología. Los padres, en Sevilla, se dan tortas todos los años por meter a sus hijos en la concertada: se divorcian para ganar puntos, se alquilan pisos meses antes de la escolarización para garnar puntos que les permitan el acceso a los centros concertados, presionan para que se aumenten las ratios en estos centros … -datos técnico-profesionales-. Quieren poner a sus hijos a salvo de las “malas compañías”. Muchos son ateos, o laicos, o aconfesionales; del PP, del PSOE, o apolíticos. Pero no les importa un centro confesional con tal de buscar un refugio seguro para sus hijos -esto último es opinión-.

    Repito: me parece estupendo que exista la educación Privada, que defiendo como derecho. Igual que defiendo la “Educación en Casa”. Pero pienso que lo mejor que puede ocurrir para que tengamos una escuala de calidad -donde los alumnos aprendan hechos, conceptos, razonamientos, procedimientos y, con ello, desarrollen su propia ideología personal y particular-, es que el 100% del dinero recogido de los impuestos destinado a Educación, vaya a la Escuela Pública. Que, por tanto, con el dinero que ahora se destina a la Concertada, se hagan más centros públicos, se dote con más medios materiales y, sobre todo, personales, a los que ahora existen.

    Por tanto, repito, Serenus, no hablo de ideologías. Ni de fanatismos.

    • Profesor Insipiente
      30 diciembre 2009 a 22:28 #

      Y ahora pido perdón por haber polarizado este tramo de intervenciones en torno a un aspecto concreto. Agradezco la invitación a participar con un texto concreto sobre el tema (pero me produce algo de vergüenza, viendo la cantidad y calidad de colaboradores que aquí hay).

      Saludos a todos. Aprovecho para desearos feliz año nuevo.

      • 30 diciembre 2009 a 22:34 #

        Feliz año nuevo para usted también, Insipiente.

        Por cierto, cuantos más autores haya en el blog muchísimo mejor, de hecho ése es uno de sus objetivos.

        Así que sigo manteniendo la invitación.

        Un saludo.

    • serenuszeitb
      30 diciembre 2009 a 22:30 #

      Profesor insipiente,

      Respecto al tema del fanatismo lo he aclarado en un comentario anterior.

      Pero volviendo a la concertada fíjate dices:

      “Muchos son ateos, o laicos, o aconfesionales; del PP, del PSOE, o apolíticos. Pero no les importa un centro confesional con tal de buscar un refugio seguro para sus hijos -esto último es opinión-”

      La solución a este problema es exigir mejora para la pública, ésta debe ser un lugar seguro para los alumnos, tanto como cualquier otro centro.. escuela pública debe ser sinónimo de profesionalidad, de calidad y de prestigio, (eso no es imposible) Quien quiera ir a la privada que lo haga por motivos ideológicos,o por sus prejuicios de clase… pero el estado debe garantizar que quien vaya a la pública reciba una enseñanza de calidad.

  8. 2 enero 2010 a 15:29 #

    Pero qué manía con la autonomía de centros, ¿es que no hay otra cosa en la que fijarse para mejorar la desastrosa situación de nuestro sistema educativo? ¿A qué viene darle tanta importancia?
    ¿Qué tiene de malo la competencia de centros educativos? Pues todo. No tenemos bastante con asistir a la imposición de la lógica del mercado con su oferta y demanda hasta en la sopa, y ahora la vamos a llevar a la educación (además propuesta por grupos críticos con el actual sistema educativo). Es de locos. Desde luego, no pensamos así todos los disidentes.
    1 – Si la principal justificación para que los Centros dispongan de la autonomía necesaria para elaborar ellos mismos (los Departamentos) los programas es que quienes lo hace en la actualidad están alejados de la realidad del aula y, en resumen, lo hacen mal, pues resulta más fácil abogar porque se estudie, se mejore y se vigile al personal encargado de hacerlo exigiendo la intervención de profesores en activo de distintas Comunidades, por ejemplo. Mira qué fácil.
    No creemos que cause ningún problema que los Centros puedan “adaptar” los contenidos a su idiosincrasia, que cambien el orden, secuenciación, así como la metodología. Pero sin perder de vista que un chaval de 3º de ESO en Orense, por ejemplo, ha de tener los mismos objetivos a alcanzar que uno que estudie en Albacete. ¿Por qué insistir en que la regulación de los contenidos se haga “automáticamente” al tener presente esas pruebas estatales? ¿No es mejor que los contenidos y objetivos por área, por curso y ciclo estén establecidos de una vez por todas, para todos y de una manera clara y que todos sepan a qué atenerse desde un primer momento, profesores, padres y alumnos? De otra forma se hace depender la idoneidad de lo estudiado de la “altísima dosis de responsabilidad” de cada Centro, pero ¿qué necesidad hay de eso? ¿Y si no se da la responsabilidad en tan altas dosis? ¿Y se decide en un Centro la necesidad de concentrarse en otros contenidos más “cercanos” a su cultura y terruño? ¿El que quiera estudiar lo que van a pedir en las pruebas que se busque una academia o un profesor particular? ¿Y todas las familias están en las mismas condiciones económicas para permitirse esos gastos adicionales? ¿Quiénes salen siempre perjudicados al final de todos estos juegos de autonomía si no los mismos, los alumnos de extracción social más humilde?
    2 – ¿Hacer públicos los resultados de las pruebas estatales por Centros es sana competencia? Lo dudamos mucho. Como resultado inmediato de esa práctica se elaborará una lista de Centros clasificados por resultados. La Administración premiará a los mejor clasificados, lo que incrementará su ventaja a medio y largo plazo. Al cabo de un par de años saldrá en los periódicos la clasificación general de los Centros educativos por capitales y provincias, agrupados en 1ª, 2ª, 3ª y no sabemos cuántas categorías más (a lo mejor se establece una sana comparación entre los Centros y los equipos de fútbol). Ah, pero aquí aparece la libertad de elección de los padres: el que no elija bien, que se joda. Y el que no pueda, pues también, ¿no?
    En la realidad el Centro que se elige para los hijos es el que está más cerca de casa, o bien el que queda de paso al trabajo, que facilita llevarlos y traerlos. Salvo, naturalmente, aquellos casos en los que se tiene muy claro lo que se quiere, que corresponde mayoritariamente a los que eligen Centros privados o privado-concertados. Pues bien, suponiendo que no se ha podido disponer de tanta capacidad de elección como se piensa (téngase también en cuenta la oferta de plazas, los añadidos de uniforme obligatorio, etc), tenemos que un porcentaje muy alto de padres lleva a sus hijos al colegio que puede, el de su barrio, por ejemplo. ¿Qué posibilidades reales tiene un padre de familia de llevar a sus hijos al cole que figura el primero de la lista si no reside en el mismo barrio?
    Claro está, que los centros que obtengan mejore resultados serán los que cuenten con alumnos más motivados para estudiar, con alumnos que procedan de condiciones sociales, económicas y culturales más ricas. ¿Pueden los hijos de los pobres promocionar socialmente? Algunos, claro que sí, pero si resulta que estamos hablando de establecer una clasificación de Centros, no va tener ninguna relevancia que consigan ese objetivo unos cuantos de esos alumnos. Lo que contará para la clasificación será los resultados de la mayoría. Ah, amigo, pero es bastante difícil que la mayoría de esos alumnos lo consiga (eso mientras no cambien mucho otras cosas ajenas al mundo de la educación). ¿Y entonces? Pues eso, que el que tenga la suerte de poderse colar en un Centro “bien”, pues cojonudo para él, y el que no, mala suerte, al cole de mala muerte de su barrio.
    Ah, ¿y los profesores van a cobrar lo mismo si trabajan en un centro de 1ª que en uno de 2ª? ¿Habrá recompensas también para ellos? ¿No os dais cuenta de que todo esto supone abrir una puerta que no se sabe adónde puede llevarnos?
    Recomiendo leer, por ejemplo:
    – La escuela No es una empresa, de Christian Laval
    – Artículos sobre Neoliberalismo y Educación:
    http://crisiseducativa.wordpress.com/articulos-sobre-neoliberalismo-y-educacion/

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