Deconstruyendo a UPyD. Más bases para la rebelión

El pasado sábado 19 de diciembre, tres autores “deseducados”, Antonio Sánchez, José Sánchez Tortosa y Ricardo Moreno Castillo fueron invitados por Adrián Begoña, coordinador del Grupo de Educación de UPyD, a la Jornada de Educación. Un pacto de Estado de Educación que dicho partido político organizaba en Madrid. Antonio Sánchez, en su ponencia, hizo público un resumen de las propuestas que Deseducativos cree necesarias para cambiar y mejorar el sistema de enseñanza español; José Sánchez Tortosa dedicó su conferencia al tema de los nacionalismos y a su espuria influencia en los centros educativos;  Ricardo Moreno Castillo, por su parte, analizó las causas de los altos índices de fracaso escolar que hay en nuestro Hispanistán. Aquí tienen ustedes el cartel del ciclo de conferencias:

En la crónica del evento que UPyD publica en su página web, me encuentro con las siguientes medidas que, a modo de conclusión, el partido político propone para regenerar la enseñanza:

1. Devolución al Estado de las competencias en educación para garantizar un sistema educativo nacional unitario, compatible con la estructuración de España en Comunidades Autónomas.

2. Reconocimiento, mediante la correspondiente reforma constitucional, del derecho a la escolarización en las correspondientes lenguas maternas oficiales en las comunidades bilingües.

3. Aprobación parlamentaria de un Pacto de Estado por la Educación, suscrito por los principales partidos con el apoyo de los estamentos y entidades educativas, que garantice la estabilidad de la legislación.

4. Desarrollo legal de la autoridad del profesorado.

5. Desarrollo del servicio público de enseñanza mediante una Ley de Financiación de la Enseñanza que garantice la dotación al sistema de los medios humanos y materiales necesarios.

6. Se evitará la conversión de los centros públicos en guetos donde segregar a marginados o alumnos procedentes de las familias más desfavorecidas o de problemática integración cultural.

7. La educación laica garantiza el respeto a todas las creencias compatibles con la democracia y la tolerancia. Reivindicamos una escuela en cuyo seno no se imparta ninguna religión ni existan signos religiosos.

8. Enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años con dos itinerarios básicos:

a) Bachillerato sólido y riguroso, considerablemente más largo que el actual y empezado a edades más tempranas.

b) Formación Profesional para quienes prefieran formarse como técnicos especialistas, que también dará lugar al título de educación secundaria al finalizar los estudios, de modo que haga posible el acceso a la universidad.

9. Eliminación de la promoción automática -paso de curso sin aprobar un número debido de asignaturas- y revalorización normativa del esfuerzo, la disciplina y el respeto mutuo.

10. Deben racionalizarse los criterios de reconocimiento de méritos para acceder a plazas de profesorado, que deben basarse en la excelencia académica. La oposición ha de ser libre, y todos los aspirantes han de disfrutar de igualdad de condiciones.”

Si ustedes me lo permiten, aprovecharé la ocasión que se me brinda para expresar mi criterio personal acerca de cada uno de estos puntos, reconociendo de antemano que, aunque los considero imprecisos y poco valientes, al menos no caen en la abstracción políticamente correcta a la que la mayoría de profesores estamos acostumbrados.

1. Dejando a un lado el hecho de que, sinceramente, no tengo la menor idea de qué diantres significa eso de «un sistema educativo nacional unitario, compatible con la estructuración de España en Comunidades Autónomas», debo reconocer que la devolución de las competencias en educación al seno del Estado central es, por supuesto, un tema capital, pero tan irrealizable ahora mismo como algunos de los derechos que se recogen en nuestra actual Carta Magna -ya saben ustedes: todo español tiene derecho a una vivienda digna, a un trabajo, etc.; que es lo mismo que decir que todo español tiene derecho a viajar a la Luna-. ¿No sería más inteligente empezar proponiendo un sistema de reválidas de ámbito estatal en cada etapa educativa? ¿No obligaría eso a que todas las Taifas ofrecieran los mismos contenidos?

2. Asegurar también por ley la libre elección del idioma no es cuestión baladí, claro está, ¿pero no les parece a ustedes que jamás saldríamos de ese círculo vicioso de trampa y engaño que ciertas Comunidades alientan en sus respectivas leyes de educación? Aquí existe un problema de origen político que nadie está dispuesto a mencionar: la regulación, por ley, del idioma. Esto, que nos parece lo más normal del mundo, es una de las meteduras de pata más alucinantes que ha cometido el régimen político hispanistaní desde nuestra sacrosanta Transición. Pero, claro está, ningún partido político -todos, tarde o temprano, se benefician de la confrontación que el tema nacionalista provoca- estará dispuesto a reconocerlo. UPyD tampoco. El sentido común exige una solución en tres tiempos: a) implantar exámenes estatales de reválida en la lengua mayoritaria de la nación -lo cual obligaría a ciertas Comunidades Autónomas a dar la importancia que se merece a esa lengua franca que, aunque a algunos les joda reconocerlo, es el Español-; b) retirar de la Constitución la mención a cualquier lengua oficial y cooficial del Estado, c) permitir a los centros -públicos y privados- impartir clases en la lengua que ellos elijan. Sin la mediación del Estado, sería la sociedad quien regulase -como siempre ha sido y como debe ser- el uso de la lengua. Recuerdo a quienes acaben de sentir un dolor agudo en el brazo izquierdo -anuncio de un casi seguro infarto de miocardio- que en EE.UU, por ejemplo, no hay lengua oficial. ¡Y no pasa nada!

3. Si un pacto de Estado de educación es necesario, un consenso exclusivo entre las fuerzas políticas resulta una estafa. Los partidos -tristes representantes de sí mismos y del Estado– no dudarían en introducir en cualquier negociación aspectos ideológicos que o bien les beneficiasen directamente, o bien continuasen engordando la tripa de los grupos de presión que siempre andan tras ellos y que, con el tiempo, han llegado a definir sus objetivos y a otorgarles su razón de ser. El pacto ha de ser cerrado por los profesionales de la enseñanza y sus representantes -no ideológicos; aquí no caben los sindicatos-. ¿Que no hay representantes? No se preocupen, una vez exista esa posibilidad, empezarán a salir grupos, asociaciones y colectivos de debajo de las piedras. La sociedad civil, por muy opiada que se halle, tiene este tipo de reacciones inopinadas; y, si no, échenle un vistazo a la Historia de los últimos tres siglos.

4. Regular por ley la autoridad del profesor es también algo necesario pero, a mi modo de ver, poco inteligente. Por mucho que creemos leyes y más leyes -nuestro querido Hispanistán es uno de los países con más leyes de Europa-, si no se otorgan a los profesores herramientas con las que atajar de inmediato cualquier problema disciplinario, poco se conseguirá al respecto. La autoridad, por supuesto, no hay que ganársela, pero su reconocimiento por ley no hará que la situación mejore en las aulas. Servirá, eso sí, para los casos más graves, pero no para el día a día. Sólo devolviendo al Claustro de profesores las competencias -entre ellas las disciplinarias- que se le han ido escatimando desde 1985 se puede empezar a enderezar la situación. Pero, ¿quién es el guapo que menta la bicha de los consejos escolares? ¿Qué partido político se atreverá a decir que éstos son, además de un órgano de manipulación de los nuevos poderes fácticos -las (H)AMPAS-, un flagrante acto de intrusismo profesional?

5. Nada que objetar a este punto.

6. ¿Se me escapa algo en este apartado? ¿Qué quiere decir eso de centros públicos donde se segrega a marginados? ¿Acaso se estará aludiendo indirectamente a la enseñanza concertada, que se quita el muerto -y disculpen la expresión- de la inmigración, por ejemplo? ¿Y por qué no se la menciona? ¿Por qué no se dice claramente que la concertada es otra estafa? ¿Por qué no se recomienda su desaparición? ¿Qué miedo hay? ¿O es que acaso vemos sensata la financiación pública de empresas privadas?

7. Por supuesto, la enseñanza pública debe ser laica, ¿pero es éste un problema tan crucial en la enseñanza española del siglo XXI? ¿Es éste uno de los causantes del fracaso escolar en Hispanistán? ¿Debe ser incluido como uno de los diez puntos estrella de un partido que pretende regenerar la educación? ¿O es acaso una concesión al ala izquierda del espectro de votantes? La conveniencia de desterrar la enseñanza de cualquier religión de los centros públicos ha de extenderse también -aunque esto no guste al señor Savater– a esa otra Religión de la que la Educación para la Ciudadanía es su máxima representante.

8. Mantener la obligatoriedad hasta los 16 me parece también un error. No porque sea la política común en la UE ha de ser la política correcta, y más teniendo en cuenta que la mayoría de los sistemas de enseñanza europeos llevan años fracasando. El sistema español ha de adaptarse a las peculiaridades del país, a sus necesidades, virtudes y problemas. Para saber con más detalle lo que Deseducativos propone, sugiero visiten este enlace.

Por otro lado, no hay ninguna referencia a la Primaria, etapa clave para cualquier reforma futura del desastre actual. Una educación básica sensata, bien estructurada, rigurosa y exigente soluciona muchos de los problemas que los profesores de los ciclos siguientes se suelen encontrar. Lo cual quiere decir que, en cierto sentido, la Secundaria, el Bachillerato y la FP actuales no serían lo que son si los alumnos, a los doce años, estuvieran mejor preparados. Desconozco si UPyD obvia esta etapa porque no la considera “reformable” o porque, tras los cálculos electorales pertinentes, ha dado por perdido al colectivo de maestros. En cualquier caso, sin la Primaria toda lista de medidas reformadoras se convierte en demagogia política al uso.

9. La eliminación de la promoción automática parece una medida razonable, y lo es siempre y cuando se especifique en qué etapas y qué carajo se hace con aquellos alumnos que no consiguieran pasar de curso año tras año. En la enseñanza, y más concretamente en sus ambientes críticos, está ocurriendo algo harto curioso: la incorrección política se ha ido transformando también en un paradigma repleto de topoi incuestionables que sirven, en muchas ocasiones, para identificarse con el clan antipedagógico. La eliminación de la promoción automática es uno de estos lugares comunes. UPyD juega aquí a dos bandas: al tiempo que alienta la retórica del hartazgo docente, intenta evitar cualquier confrontación con el otro espectro de la corrección política, aquella que considera la escuela inclusiva y la comprensividad -ya saben: el mismo título para todos- un dogma de fe. Y de ese modo se silencian ciertos aspectos ineludibles del tema, es decir: a) es imposible borrar la promoción automática del mapa de la Primaria -¡otra vez la dichosa Primaria!-, al menos de su ciclo inicial; b) la repetición de curso en una etapa obligatoria fuerza -si se desea salir de la demagogia y evitar lo que ya tenemos (alumnos que repiten curso pero que, empujados por el imperativo legal de la obligatoriedad, al final pasan de nivel con todas las materias suspensas)- un itinerario que, en cierta forma, pueda reconducir el fracaso escolar. Deseducativos propone la Iniciación Profesional -no confundir con la vía de Formación Profesional-, de carácter comprensivo y con una importante presencia de aprendizaje laboral en su plan de estudios. Los partidos políticos, en cambio, continúan empeñados en identificar FP con fracaso.

10. La igualdad de condiciones en el acceso a un puesto en la enseñanza pública sólo se consigue regresando a las antiguas oposiciones estatales y racionalizando posteriormente el reparto de plazas por Comunidades Autónomas. Pero, ojo, en ningún caso éstas deberían participar en la organización y en la evaluación de las pruebas. Por otro lado -y no mencionar esto demuestra nuevamente que ningún partido político, ni siquiera UPyD, tiene los arrestos suficientes para enderezar la situación-, acabar con las excesivas competencias de las mesas sectoriales de negociación se hace cada vez más urgente. Éste es uno de los puntos más negros de la enseñanza en Hispanistán, de ahí surge gran parte de las políticas pesebreras que la mayoría de gobiernos autonómicos siempre acaban realizando, es ahí precisamente  donde las diversas sinecuras y prebendas impiden que se lleve a cabo una reforma del acceso a la enseñanza basada en la excelencia. Pero, claro está: ¿qué partido político está dispuesto a enfrentarse a los sindicatos y a su arma mejor engrasada: las bolsas de interinos?

Y ya vale por hoy, que es Navidad.

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Categorías: Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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8 comentarios en “Deconstruyendo a UPyD. Más bases para la rebelión”

  1. Luzroja
    25 diciembre 2009 a 20:48 #

    Estoy totalmente de acuerdo en que olvidarse de la primaria es jugarse la posible reforma.

    El alumno permanece 6 años en primaria, repite uno y haga lo que haga promociona a 1º de la ESO. Esto (entre otras muchas cosas) debe cambiar, se impone una promoción digna al instituto.

    Si proponemos una repetición sin restricciones, es decir, siempre que el alumno suspenda el curso, obtendremos aulas con alumnos con más de dos años de diferencia, que en tan corta edad es desaconsejable.
    Por lo tanto debemos pensar mejor, admitiremos una única repetición en todo el tramo de primaria, pero diseñaremos un curso de capacitación al instituto (por llamarlo de alguna manera) en el que necesariamente serán matriculados todos los alumnos que habiendo repetido un curso no superen el sexto de primaria. (el alumno tendría entonces 12 años)
    Si el alumno tampoco supera este curso de capacitación, necesariamente repetirá otra vez (el alumno tiene 13 años)
    El alumno que no apruebe en esta segunda instancia, agotará el sistema de primaria y pasará al instituto pero no podrá ser incluido en las aulas de 1º de la ESO, sino que ingresaría en el aula de capacitación (pero esta vez en el instituto) o directamente pasaría a formación profesional.(el alumno tiene 14 años)
    El alumno que elige en el instituto el aula de capacitación, será preparado en ella para ingresar en 1º o 2º de la ESO, los alumnos que decidan la formación profesional permanecerían en ella dos cursos. (Aquí se impone hablar de la ordenación de los institutos, pero este asunto excede al propósito de este escrito)

    Este plan de promoción digna, es bastante fácil de llevar a cabo y no muy costoso.
    Intentaremos ver cómo:
    En primer lugar los maestros que se dedique a dar clases en esta aula serán sólo tres:
    Uno que daría lengua e inglés, otro, geografía, historia, ciencias naturales y plástica, y otro que daría matemáticas y E.Física. Las demás asignaturas (religión, optativas, EpC, música) se quedarían sin dar.
    En segundo lugar, sólo se precisaría un aula más en el centro.
    En cuarto lugar, aunque sean tres los maestros, en realidad sólo supone un puesto más, con lo que no resulta caro.

    Este plan de promoción digna, además, supondría un cambio radical en la percepción por parte de los alumnos, los padres e incluso los propios maestros, de qué es la enseñanza.
    Una acción tan simple, barata y cómoda supondría, en tan solo un curso, una mejora considerable en el rendimiento de los alumnos.

    • Juan
      26 diciembre 2009 a 13:19 #

      ¿Y por qué incluir la asignatura de Inglés para estos alumnos? Se supone que tienen “dificultades de aprendizaje”, o sea, traduzco: que puñetero el interés que tienen por los estudios (salvo pocas excepciones); ¿A qué viene insistir en el aprendizaje de un idioma, con lo que esto implioca de voluntad, asimilación, práctica, etc., etc.? A menos, claro está, que se quiera volver a insistir en los colores, los días de la semana, los mese del año y sólo escribirlos casi todos bien pero sin saber pronunciarlos.

  2. 26 diciembre 2009 a 8:32 #

    Luzroja:

    ¿Y qué hay de los demás alumnos? Porque, en realidad, esta inteligente medida atendería sólo a aquellos casos de fracaso más evidente, pero obviaría a esa mayoría de alumnos que fácilmente acceden a Secundaria con carencias impropias de su edad. Quiero decir: la medida que usted propone sólo tiene sentido si dejáramos intacto -algún pequeño retoque por aquí y por allá, como usted sugiere- el sistema actual.

    A mi modo de ver, la Primaria necesita un lavado a fondo. Necesita, como ya he mencionado, tres salidas que dignifiquen tanto a los alumnos que fracasan como a los que pasan por ella sin problemas: un Bachillerato -nada de Secundaria- con el objetivo de la Universidad, una Formación Profesional exigente y una Iniciación Profesional que dé las herramientas necesarias para el salto al mercado laboral a los alumnos con dificultades en la Primaria. Pero, por supuesto, estas tres vías han de estar conectadas entre sí para no cerrar ninguna puerta definitivamente.

    Dividir la Primaria en dos ciclos -como propone Deseducativos- de tres y cinco cursos con dos reválidas al final de ambos permitiría evaluar rigurosamente el nivel de los alumnos y del trabajo de los maestros, así como adoptar las medidas necesarias en cada momento.

    Vuelvo a hacer un resumen de la Primaria que nos parece más sensata:

    a) Primer ciclo de tres años con reválida al final. Los alumnos podrían repetir curso una sola vez en 3º de Primaria.

    b) Los repetidores entrarían automáticamente dentro de un programa de refuerzo. No se verían apartados de las clases normales, pero seguirían un programa específico que permitiera solventar las carencias detectadas.

    c) Si suspendieran la reválida por segunda vez pasarían automáticamente a 4º, con el mismo plan de refuerzo.

    d) En el segundo ciclo cabría la posibilidad de repetir al menos una vez por curso. Sólo los que vienen con problemas del primer ciclo seguirían ese plan específico.

    e) Los alumnos que cumplieran en el segundo ciclo los quince años y no hubiesen conseguido la titulación básica pasarían automáticamente al itinerario post obligatorio de Iniciación Profesional, de tres años de duración, cuya superación les otorgaría simultáneamente el título de Primaria y el nuevo título que los capacitaría para acceder al mercado laboral.

    f) Bien, pongámonos en el peor de los casos y sigamos la trayectoria de un alumno con problemas:

    -Suspende la 1ª reválida: vuelve a hacer 3º con 9 años.
    -Pasa automáticamente a 4º con 10 años.
    -Suspende 4º: 11 años -sus compañeros tienen 9-.
    -Pasa a 5º: 12 años -sus compañeros tiene 10 años-.

    Se supone que este alumno, desde la primera reválida, ha entrado a formar parte de un plan específico. El plan específico consiste en reforzar sus carencias más evidentes -a estas edades, en las llamadas competencias básicas-. Para evitar, como usted apunta, que haya una diferencia de edad de más de dos años con sus compañeros de clase, dicho programa específico se podría reforzar los dos años siguientes, creándose así aulas donde, en dos años, este tipo de alumnos pudiera pasar automáticamente, sin reválida final, a la vía de Iniciación Profesional.

    Pongamos ahora el caso intermedio:

    -El alumno comienza a repetir a partir del segundo ciclo:
    -Hace 4º por segunda vez: 10 años.
    -Cursa 5º: 11 años.
    -Repite 5º: 12 años -sus compañeros tienen 10 años-.
    -Pasa a 6º: 13 años -sus compañeros tienen 11 años-.
    -Repite 6º: 14. En este momento el alumno podría pasar también automáticamente a Iniciación Profesional.

    Pongamos, por último, otro caso:

    -El alumno ha comenzado a repetir en los últimos cursos de la Primaria.
    -Repite 6º: 12 años -sus compañeros tienen 11 años-.
    -Pasa a 7º: 13 años -sus compañeros tienen 12-.
    -Repite 7º: 14 años -sus compañeros tienen 12-.
    -Aquí existiría la posibilidad de que al alumno se le diera la opción de intentar llegar a 8º -15 años- y presentarse a la reválida. Si no lo consiguiera, pasaría a Iniciación Profesional.

    Así pues, desde mi punto de vista, hay que poner un listón lo suficientemente exigente para TODOS -tanto para los que fracasan como para los que no-. Este listón estaría simbolizado por las reválidas y por la posibilidad de repetición al menos una vez por curso en el segundo ciclo. Una vez que no se superase el listón, tendríamos que poner todo nuestro esfuerzo en los alumnos con dificultades. Actualmente se procede al revés: el listón está por los suelos porque se parte de la idea de que todos los alumnos presentarán dificultades, cuando, en realidad, los que poseen alguna verdaderamente seria son minoría.

    Ambas reválidas servirían además para evaluar directamente al alumno, al profesor y al centro, sin necesidad de intermediarios ajenos al trabajo diario -sin duda, el más importante-. En ningún caso se plantean las reválidas como elementos segregadores, pues en todo momento, la Primaria debería disponer de mecanismos de corrección de las carencias detectadas.

    Por último, la Iniciación Profesional está concebida como una vía dignificadora, no como un saco donde van los peores elementos. Allí se seguirían impartiendo clases de matemáticas, de lengua, de idioma, de ciencias sociales y de ciencias naturales. Ahora bien, la otra mitad del currículo habría de estar destinada a las futuras salidas laborales.

    Un saludo y feliz año nuevo.

  3. Mari Cruz Gallego
    26 diciembre 2009 a 10:54 #

    Hay que tener en cuenta que se trata de un partido político, así que no hay que pedirle peras al olmo. Al menos, y aunque el discurso esté repleto de lugares comunes y evite la confrontación, llega más lejos que el resto de programas de otros partidos: al menos sí se plantea el fracaso de la LOGSE y demás modificaciones.
    Ahora bien, del dicho al hecho hay un trecho y quisiera yo ver qué ley de educación haría este partido si le tocara el turno. Sea como fuere, es positivo que se empiece a cuestionar lo que ha sido incuestionable hasta ahora.
    (Inciso: por más que busco no encuentro en la web de UPyD el programa educativo que tenían colgado hace un mes más o menos, antes de poner el que acordaron en las jornadas, y en el que se proponían medidas como: -Cambiar el nombre de “Educación” por “Enseñanza”. -Educación hasta los 14 años. -Tres vías de educación postobligatoria: bachillerato, F.P. y algo parecido a la Iniciación profesional.
    Si el polvorón y la sidra no me han afectado al cerebro doy fe de que esas iniciativas -y de ahí que dijera el parecido con Deseducativos- estaban en la web del partido hasta hace un mes).
    En cuanto a la enseñanza primaria: echo de menos la presencia de maestros por aquí, sobre todo de los más jóvenes que han salido directamente de la cocina pedagógica. Y no lo digo con ironía, sino con la intneción de que sería muy interesante (y enriquecedor) contar con su visión de la primaria.
    Un saludo.

  4. Luzroja
    26 diciembre 2009 a 21:59 #

    Mi propuesta: crear un curso de capacitación al instituto, en los colegios de primaria, no va referido sólo al alumno especialmente torpe sino a todo aquel que por la circunstancia que sea no esté en condiciones de seguir el curso de 1º de la ESO.

    No he entrado a comentar el desastre educativo de los institutos, en realidad, mi objetivo era uno y solo uno: determinar que en las escuelas de primaria, la promoción al instituto fuera en condiciones para que el alumno que en él se matriculase tuviera ciertas garantías de poder seguir con los estudios que allí se impartan.

    Con respecto a las reválidas de 3º y de 6º, me parecen peligrosa.

    En primer lugar porque en 3er curso no se puede valorar en un examen qué sabe o no sabe un chiquillo, proponer esta medida es manifestar un completo desconocimiento de qué es un niño de 8 años.

    En segundo lugar porque crearía un ambiente escolar demasiado canalizado a la resolución de una prueba, con lo que se terminaría adiestrando a los chiquillos construyendo un artificio en la enseñanza que le mermaría su virtud.

    En tercer lugar, suponen una usurpación del conocimiento que el maestro tiene sobre sus alumnos, a los que ha ido enseñando durante dos cursos escolares y de los que tiene un “mapa” muy preciso sobre sus logros académicos.

    En cuarto lugar, la prueba o reválida de 3er curso impide que los alumnos que podrían haber repetido en 1er curso, (circunstancia que a muchos niños les va muy bien para poder arreglar nada más empezar su escolaridad obligatoria su desajuste escolar) no lo hicieran, con el consiguiente mal colateral.

    Y en quinto lugar, ¿qué nos garantiza que las pruebas que se pasasen a los alumnso de 3º realmente midieran lo que pretendieran medir? Esta pregunta entrona con el tipo de prueba , llamada de “diagnóstico” que se pasó a los alumnos de 4º, en Mayo del curso pasado, quienes sepan de qué habló entenderán a qué me refiero.

    POR LO TANTO un maestro no es un profesor de instituto que sólo ve a sus alumnos tres horas a la semana y sabe de ellos según los exámenes ( con los que ya está más o menos familiriarizado) un mestro vive con sus alumnos prácticamente toda la semana durante dos años y no precisa ninguna reválida para darse cuenta en dónde y en qué sus alumnos hacen agua.

    La presencia de un aula de capacitación sería suficiente para:

    Ir sembrando en los alumnos el espíritu de esfuerzo y trabajo.

    Prevenir a los padres de que no todo vale.

    Dotar a los maestros de una mayor repercusión a su acto de evaluar.

    Y por supuesto, para enviar a los chicos al instituto mejor preparados.

    • 27 diciembre 2009 a 7:51 #

      Ok., Luzroja, “aulas de capacitación”.

      Pero, insisto, ¿y los demás alumnos que no presentan dificultades? ¿Cómo han de pasar al instituto? Porque, dejando a un lado los casos flagrantes, mi experiencia me dice que la mayoría, con notables y sobresalientes, presentan luego carencias importantes en expresión escrita, lectura comprensiva, cálculo elemental y conocimientos básicos de historia, geografía, ciencias naturales o inglés. ¿Qué hacer con todos estos chicos que, confiados, suelen darse el batacazo en 1º de ESO?

      Por otro lado, confieso mi desconocimiento del día a día de una clase de Primaria, pero también le digo a usted que tengo una hija de siete años que actualmente está en 2º, y, que si no fuera por su madre y por un servidor, estaría aún con las sumas sin llevada. Y sé con certeza que no es culpa de su maestro. Sé que el maestro hace lo que puede y lo que debe. ¿Cómo, según su experiencia, arreglar esto?

      Usted se imagina las reválidas como unos exámenes tipo Secundaria; nada más lejos de mi intención considerarlas así. La reválida de tercero podría estar basada en esas competencias que ahora quieren trasladar al Bachillerato. Podría ser planteada de una forma que no fuera “traumática” ni para el crío ni para la familia. Podría durar días. Podría durar semanas. Podría incluso durar todo el tercer curso de Primaria. En ella, los niños deberían, simplemente, demostrar que, durante 3 años, han aprendido a leer y a escribir con corrección y a utilizar las operaciones matemáticas básicas. Lo importante y novedoso es que serían externas y vinculantes. Y, vuelvo a insistir, estas pruebas -no exámenes- servirían sobre todo para evaluar el trabajo de los maestros y del colegio. Sigo sin saber qué tendría de malo que mi hija, por ejemplo, dedicara el año que viene todo 3º de Primaria a reforzar estas competencias con la reválida en el horizonte.

      No obstante, le agradezco infinitamente sus apostillas y puntualizaciones. Quizá yo esté del todo equivocado. De hecho, lo más seguro es que esté completamente equivocado. Por eso vuelvo al principio y le ruego me aclare las siguientes cuestiones:

      -¿Sólo “aulas de capacitación” o la Primaria necesita más reformas?

      -¿Qué opina usted de una Primaria de ocho años?

      -¿Qué opinión le merece circunscribir la obligatoriedad de la enseñanza a una Primaria de ocho años?

      -¿Considera la última reválida también un disparate?

      -Y si así la considera, ¿cómo evaluaría usted el trabajo -del centro y de los profesores- realizado en Primaria? ¿Cómo asegurar que ese trabajo se lleva a cabo?

      Un afectuoso saludo.

  5. Luzroja
    27 diciembre 2009 a 11:22 #

    David, muestras efectivamente un desconocimiento de la primaria, cosa normal, y te apoyas para oler el humo en la escolaridad de tu hija.

    Vayamos por partes, un asunto a tratar sería analizar qué le pasa a la primaria que prepara tan mal a sus alumnos, el otro ceñirse al sistema actual y buscar un remedio “bueno, bonito, barato”.

    En mis escritos me he referido a esto último, hablar del desastre de la primaria sería mentar al mismísimo Herodes.

    La reválida interminable que usted propone me suena mucho a eso de “la evaluación continua”. Terminaría todo en más papeleo.

    En la actual primaria no se precisan reválidad, la edad de los chicos lo desaconseja.

    Con respecto a la vuelta de los alumnos de 12 y 13 años a primaria opino que nunca deberían haberse ido, Y acudiendo a un reduccionismo, diría que un alumno debe permanecer en primaria mientras tenga ganas de jugar y sea para él lo más importante.
    La edad de tener ganas de jugar suele extenderse hasta los 13 años, otra cosa es que a los chicos se les prive de ello.
    El instituto debe reservarse para el estudio académico, que viene a sustituir (o al menos así debería ser) a las horas que el chiquillo invertía en jugar y que ahora ya no le sirven.

    La primaria sería el aprendizaje de taller, inconsciente y laborioso, la secundaria el aprendizaje de laboratorio, consciente y disciplinado.

    Hoy en día en primaria tenemos “especialistas” y en secundaria quieren introducir “generalistas” ¿Se habrá visto desatino más grande?

  6. Luzroja
    27 diciembre 2009 a 11:41 #

    He olvidado contestarle a la última de sus preguntas:

    “¿cómo evaluaría usted el trabajo -del centro y de los profesores- realizado en Primaria? ¿Cómo asegurar que ese trabajo se lleva a cabo?”

    Por medio de evaluaciones de final de ciclo, diseñadas por los maestros, en ellas se contemplaría la totalidad de los contenidos a alcanzar en una gradación de 0 a 10, estas pruebas vendrían a servir para corroborar el estado de aprendizaje que sobre un alumno el maestro lleva estimado, para observar la desviación, para certificar la propuesta de un alumno a clases de refuerzo o de desarrollo de capacidades y para juzgar su propia labor,

    Hay maestros que realizan estas pruebas de motu propio durante el mes de Junio y en cada curso, no son nada engorrosas y dan muchas satisfacciones (también algún que otro disgusto)

    Vendrían a ser unos exámenes finales que permiten repasar lo estudiado,

    Simplemente sería suficiente con introducir este tipo de prueba de forma generalizada en el centro.

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