¿Es innato el talento?

Si tuviese que elegir la idea más innovadora surgida en el mundo de la educación en las últimas décadas, señalaría un libro, “The Talent Code”, de Dan Coyle, en la medida en que veo en él el resumen más logrado de una teoría desarrollada inicialmente por Anders Ericsson y actualmente seguida por varios psicólogos, especialmente en los Estados Unidos.

Ericsson es un psicólogo de origen sueco que defiende, sin tapujos, que si merece la pena aprender una cosa, hay que aprenderla con esfuerzo. En este sentido es el promotor del “Expert Performance Movement”, un movimiento educativo que ve en la “deliberate practice”, la práctica consciente y continuada, la clave de eso que se llama “talento”. Su tesis central es que el ejercicio es mucho más determinante que los genes en la adquisición de destrezas complejas.

Siguiendo la estela de Ericsson se encuentran Geoff Colvin y Daniel Coyle. Los tres ponen en cuestión incluso la existencia de algo que pueda llamarse “talento innato”, si por talento innato se entiende una milagrosa capacidad de aprender sin esfuerzo. Los deportistas notables, como los científicos o los artistas, no han sido premiados por la naturaleza con unos genes privilegiados, sino que se caracterizan por su privilegiada capacidad de trabajo. El talento, en definitiva, está sobredimensionado.

Es evidente que para ser un buen jugador de básquet, una buena altura no supone ningún estorbo, pero -nos dirían Ericsson y los otros- no todo los altos son Pau Gasol. Ninguna característica del cerebro de Gasol lo predetermina para ser un gran jugador de básquet. Lo que lo diferencia de un jugador mediocre es la “deliberate practice”, la práctica consciente en la que el ejercicio continuado va acompañado de un esfuerzo concentrado.

Se acostumbra a presentar, en defensa de la importancia de la dotación genética, el caso del joven Mozart. Pero Ericsson observa que Mozart escribió el primer concierto que puede ser considerado una obra de arte cuando tenía 21 años, es decir, cuando ya llevaba 10 años de práctica intensiva. Aquí radica la clave de su éxito, en estos 10 años de “deliberate practice”.

El libro de Dan Coyle ha sido traducido aquí como “Las claves del talento”. En él describe diferentes casos de práctica intensiva, que ha recogido en todo el mundo, con resultados aparentemente milagrosos. Lo que descubre una y otra vez es que la genialidad se basa en la práctica intensa, tanto sea en el tenis, el rock o la física cuántica. La conjunción de práctica intensa y motivación es el camino a la genialidad. Un caso próximo: La Masía, la escuela de fútbol del Barcelona. Coyle no se limita a constatar los hechos y busca una explicación. La encuentra, neuronalmente, en la estructura de la mielina y, pedagógicamente, en el buen maestro, al que Coyle le da el nombre de “susurrador de talento”

(Añado una dirección, la de las escuelas KIPP, que integran el norteamericano “Knowledge Is Power Program”, una experiencia estimulante para quienes se atrevan a creer que hay vida más allá del constructivismo.)

(Añado también la aparición de Dan Coyle en La Contra de La Vanguardia.)

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9 comentarios en “¿Es innato el talento?”

  1. Mari Cruz Gallego
    21 diciembre 2009 a 19:01 #

    Cada vez más surgen voces que devuelven de nuevo a su lugar el valor del esfuerzo y el trabajo. Hace unos años la única voz que se escuchaba era la contraria. Quizás estamos sólo ante etapas de la historia y poco a poco se empiezan a negar los valores de la anterior etapa. Quizá sólo haya que tener paciencia. Un saludo.

  2. Libertad
    22 diciembre 2009 a 10:08 #

    La genética contribuye a que las personas seamos distintas desde el nacimiento. La inteligencia que deviene en talento para aprender no deja de ser una de esas características innatas que nos diferencia y posibilita la biodiversidad. No soy biólogo pero esto me parece innegable.
    Así hay niños altos, bajos, rubios, morenos, ágiles, torpes, … y hay niños muy inteligentes y otros menos. Desde principios del siglo pasado se ha consolidado un índice de inteligencia, el CI. Está muy denostado por que supone una simplificación de la realidad excesiva pero la Unesco lo utiliza para decir que quién alcanza el 130 es un superdotado. También múltiples legislaciones utilizan este índice y valor para, en un intento de adaptar el sistema educativo a la diversidad, considerar a estos niños, alumnos con necesidades educativas especiales, ACNEE por altas capacidades. Nuestra legislación así lo considera.
    Este índice es de factura estadística con lo que es difícilmente discutible. Si aplicaran un mismo test a la población, al 2 por ciento más inteligente (con el test más y mejor resuelto) de los casos los considerarían con inteligencia 130 o superior por definición. Esto se representa con una curva de Gauss, supongo que los lectores docentes no tendrán dificultad para comprender estos conceptos teóricamente relacionados con su profesión.
    A partir de aquí me planteo de si el talento “está sobredimensionado”. Un dos por ciento del alumnado debería estar identificado como de altas capacidades intelectuales y, en función de sus necesidades concretas, adaptado su currículo y docencia para conseguir su mejor rendimiento académico y sobre todo su mejor desarrollo emocional y en cuanto a su madurez. Un 2 % supone ser 1 cada 50 alumnos, no quiero decir niños brillantes, ni muy trabajadores, ni de buenas notas. Quiero decir superdotados, de esos que dice la UNESCO que lo son. La realidad es que la detección esta en torno al 1 por mil o por 10.000 dependiendo de comunidades autónomas. Muchos de vosotros sois docentes, pensad que de cada mil niños que han pasado por vuestras aulas, 20 eran superdotados. ¿Cuántos de ellos han pasado inadvertidos? ¿20?. El talento no está sobre “sobredimensionado”, está desperdiciado.
    Este es un ámbito oscuro porque la “profesión” normalmente reacciona con el negacionismo. La prueba puede ser este artículo. Fundamentándose en el innegable valor del esfuerzo y el trabajo niega la realidad del talento. Las consecuencias de esta estrategia son demoledoras, aun dudando de la calidad del dato, he leído que hasta un 68 % de los niños superdotados acaban en fracaso escolar.
    “El 68% de los niños superdotados fracasa o deja los estudios” http://www.publico.es/agencias/efe/083683/68/ninos/superdotados/fracasa/deja/estudios
    “El 70% de los alumnos superdotados tiene un bajo rendimiento escolar y un 35% sufre fracaso escolar.” http://www.portalcantabria.es/Psicologia/Noticia34.php

  3. Padre AACC
    22 diciembre 2009 a 13:53 #

    Quisiera aportar un testimonio real a este foro. Mi hijo los 5 años se empezaba a plantear cosas que otros niños no, sobre la muerte, la religión, el infinito, … Su maestra de infantil nos dijo que podría tener rasgos de superdotación. Tras un año de sospechas nos decidimos a que un psicólogo le hiciera un test y el resultado fue superior a 150. Pero el niño, en primero de primaria, iba bien en clase y nos daba miedo el hacer pública esta circunstancia diciéndoselo a la profesora. En un pueblo no existe el anonimato y no sabíamos cómo iban a reaccionar la gente, sus compañeros y a la postre cómo iba a responder el colegio.
    Han pasado dos años, el niño ha tenido problemas de aburrirse en clase, de negarse a trabajar en las tareas repetitivas que le mandaban. (Cuando no las hacía el maestro se las mandaba para que se las hicieran hacer sus papas). Por el contrario el niño se relaciona bien con sus compañeros y cada vez saca más sobresalientes, este último trimestre en todo. Ya me empieza a preguntar que objeto tiene sacar sobresalientes y, realmente hasta donde ha llegado no puede ir mucho más lejos académicamente, el reto de superarse va desapareciendo.
    En estos dos años ninguno de sus dos tutores se les ha ocurrido pensar que con este niño pasaba algo a considerar. Yo creo que con está miopía no van a saber que hacer con un niño de altas capacidades y me reservo decirles nada. En las tutorías yo le suplico que con él suban la exigencia y el tutor me mira con cara de incomprensión. El de ahora es PT, comentando si era posible una adaptación curricular me dijo que eso sólo era para ACNEEs y que él había tratado a niños con baja capacidad intelectual pero que nunca había conocido ninguno superdotado.
    Probablemente hace un trimestre que tiene a uno en clase y ni siquiera se ha dado cuenta, ¿cómo puedo confiar en la adaptación curricular que vaya a hacer él?. Mi hijo saca excelentes calificaciones pero no sabe lo que es ponerse a estudiar. Desconoce el esfuerzo y el trabajo y yo se que no es una suerte, él es inteligente pero no tiene ciencia infusa, en secundaria tendrá que estudiar pero nadie en primaria le habrá enseñado.

  4. G.L.
    22 diciembre 2009 a 18:01 #

    No me atrevería yo a negar la importancia del talento, pero me parece que estos estudios merecen una atención seria, especialmente por lo que hace a la “deliberate practice”, es decir, la capacidad para concentrar la atención de manera continuada en una actividad.
    Mi duda es si lo que llamamos superdotados no se caracterizan precisamente por esta capacidad para concentrar la atención. He estudiado un poco el asunto y pudiera ser que lo que Coyle y los otros desechan como talento lo estén readoptando bajo el nombre de “deliberate practice”.
    En cualquier caso me parece razonable pensar que la práctica consciente sin un talento excepcional llega más lejos que un talento sin práctica.
    El debate, en cualquier caso, está abierto, y me parece interesante recogerlo, aun con sus ambigüedades.

  5. Luzroja
    22 diciembre 2009 a 22:35 #

    ¿No será que el talento sin esfuerzo termina en erial?

  6. serenuszeitb
    23 diciembre 2009 a 8:30 #

    Wittgenstein decía que el genio es talento más carácter

  7. Alejandra
    23 diciembre 2009 a 20:46 #

    Yo de pequeña era una niña con TDHAC y lo seguí siendo hasta bien hace poco. Me saqué dos carreras, con mucho esfuerzo, evidentemente, porque cuando salía de los examenes de la Uni ni me acordaba qué preguntas me habían hecho. Yo hacía los examenes como en un estado de trance, y de la misma manera estudiaba. casi no me enteraba de nada, pero confiaba que mi inconsciente ( que es como la base del iceberg ) captase y relacionase. Y era el el que después lo expulsaba. Mi consciente estaba super-ocupado en defenderse de Miedos, fobias, horrores, tragedias, baja autoestima, sentimientos de culpabilidad, rabia, odios, y pensamientos obsesivos y recurrentes. Tambien de pequeña sacaba sobresalientes y en la Uni cuando me encontraba bien, pues tambien ( que eran pocas veces ) y cuando estaba mal pues suspendía ( que era la mayoria )He sanado gracias a la naturopatia, acupuntura, homopatia …todo basado en la medicina china. Y gracias a que soy psicopedagoga y me he podido aplicar el cuento. Igualmente muchas gracias a la Meditación Vipassana y otros…Ahora mis capacidades han aflorado, mi mente está despierta, mi cuerpo no sufre enfermedades spicosomáticas ( derivadas de problemas emocionales ) , tengo una energia constante y no me encuentro nunca agotada, ( a los 18 años padecía de cuadros de semi-fatiga crónica, por el exceso de tensión que tenía que contener ) , disfruto de una felicidad sosegada y armoniosa…etc. Digo todo esto porque yo tenía un talento innato que por problemas emocionales no pude desarrollar…y estos eran producidos por mi entorno familiar de relaciones destructivas….Ahora he publicado, canto en una coral ( antes era supernegada..y en esto tambien decían que el talento tenía que ser innato ) , hago deporte sin agotarme, y soy mucho más productiva y creativa a nivel intelectual.
    Creo que aparte del talento y la constancia o esfuerzo hay que ver si el componente emocional altera, reprime o anula el talento y la voluntad. Segun la medicina china y la homeopatia estan interactuando continuamente.

  8. 25 diciembre 2009 a 0:16 #

    Creo que deberíamos evitar los extremos. Me parece que hay suficientes pruebas que nos permiten asegurar que el talento es innato, en el sentido de que no todos nacemos igualmente dotados para todas las cosas. Los casos de los “sabios-idiotas” es más que revelador. Pero también contamos con muchas pruebas de que la buena dotación natural necesita de esfuerzo y disciplina. Yo no dudo de que, por ejemplo, Induráin estaba mejor dotado físicamente que sus rivales, pero tampoco cuestiono la evidencia de que si no se hubiese entrenado muy duro, aquéllos le habrían ganado.

    Me parece saludable, urgente y necesario abogar por el esfuerzo y la disciplina. Yo no me canso de hacerlo. Pero, en fin, no a costa de poner en entredicho el hecho -creo que obvio- de que no somos iguales en capacidades y habilidades innatas. El mensaje es para todo el mundo el mismo: “esfuérzate para dar lo mejor de ti, tanto si eres normal como si eres superdotado. El mundo funcionará mejor”.

  9. Juan
    16 octubre 2010 a 23:20 #

    Estimados,

    Lamentablemente estoy convencido que el talento es INNATO, sino sobrarían Maradonas y Messi y salen “genios” de esa índole cada 50 años…
    Si estoy totalmente de acuerdo que el esfuerzo contínuo y el amor por una determinada actividad, darán como fruto que aprovechemos nuestro potencial intelectual a la máxima potencia, es decir, seremos buenos, pero no GENIOS.
    Otro ejemplo…
    Si naciste con una voz grave, nunca podrás cantar agudo como Freddie Mercury.
    Insisto, hay que aceptar, algunos tienen dones, yo no tengo, mas bien todo me cuesta muchísimo, sólo me queda por aceptar como soy y esforzarme lo mas que pueda, para aprovechar al máximo mis capacidades y ser menos mediocre, a pesar de que mi cerebro no esté preparado para obtener resultados un poco mas que mediocres.
    Saludos-

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