Lo que realmente me quita el sueño

No hace falta ser un lince para saber que los Objetivos de Lisboa, y, en concreto, el que pretende que el 85% de los jóvenes tenga un título de Bachillerato o de Formación Profesional, plantean una estrategia claramente oportunista: lo que se presenta como una meta de excelencia está provocando medidas educativas que adolecen de todo lo contrario, ya que, lejos de aumentar el nivel de exigencia, facilitan el acceso a la enseñanza post obligatoria para cumplir con la estadística. El Decreto de Bachillerato, aprobado en España en 2007, y el globo sonda gabilondiano son dos claros ejemplos de esta artimaña. Pero en otros países han decidido no andarse con chiquitas. La propuesta del gobierno de Gordon Brown, canciller británico, que pretende ampliar la obligatoriedad hasta los dieciocho años a partir de 2015, y, sobre todo, las manifestaciones de Ed Balls, ministro para la Infancia, Escuelas y Familias, quien matizaba que dicha medida no es educativa sino social, exceden sobremanera la lógica del artificio.

Que las propuestas educativas de España y Reino Unido sean estrictamente “medidas sociales” significa, ni más ni menos, que el Estado por fin reconoce abiertamente que, para él, todo sistema de enseñanza es uno de los más eficaces mecanismos de control que existen. Cuanto más tiempo se prolongue la tutela de la sociedad civil y, por ende, su silencioso y pertinaz desmantelamiento, menos posibilidades habrá de que, algún día, los ciudadanos sean conscientes de esa cosa tan rara que Étienne de la Boétie llamó servidumbre voluntaria.

En España, la labor que se viene ejerciendo desde mediados de los ochenta ha ido siempre encaminada no sólo a reprimir el potencial intelectual de los alumnos sino a evitar cualquier atisbo de reacción futura que pudiera poner en duda la hegemonía estatal. Así pues, lo peor no es que, por ejemplo, en los centros educativos se lleve décadas inoculando la idea de que los objetivos a los que debe aspirar un individuo se alcanzan sin esfuerzo, de que siempre existirá la dependencia a una figura abstracta superior que, en su benevolencia, marcará el sendero; lo peor no es que el joven, iniciado en esta visión del mundo, llegue a la sociedad exigiendo exactamente lo mismo o, por lo menos, intuyéndolo como su característica natural; lo peor no es siquiera que actualmente exista un evidente cambio de paradigma en ciertos valores colectivos. Lo realmente turbador de todo esto está a punto de suceder y ustedes no lo saben: el llamado Pacto Educativo perpetuará este panorama hasta el advenimiento de la Gran Ramera -nombro a esta buena señora para que los que nos tachan de apocalípticos tengan donde agarrarse-, y ya ni la impostura mediática que seguía el juego del debate -ya saben: tigres contra leones, pedagógicos contra tradicionalistas, progres frente a fachas- podrá mostrarnos otro panorama que no sea el de ese Mundo Feliz que se prepara en la Triste Europa.

Y a propósito del Pacto. Los sindicatos dicen ahora que las bases para el Pacto que ha elaborado el Ministerio de Educación son demasiado ambiguas, demasiado imprecisas. Y no les falta razón. El término “equidad”, por ejemplo, aparece junto a “calidad” en varias ocasiones, y esto, asumámoslo de una vez, ni los compañeros liberados pueden llegar a entenderlo. Tampoco conciben que en algunos de sus párrafos aparezcan en extático maridaje el ying y el yang de la escuela inclusiva y del esfuerzo personal, que se nombre a la bicéfala bicha de los conciertos y de la gestión municipal de la Educación Infantil, que se unan la concreción de los conocimientos y la abstracción de los valores, que se combine el blanco de la transversalidad con el negro de la flexibilidad, que se obre la alquímica aleación de la excelencia y de la obligatoriedad de la enseñanza, que incluso se construya el osado oxímoron de un Bachillerato y de una FP que faciliten la permanencia de los alumnos en el sistema educativo (sic). Sospecha un servidor que lo que en realidad no les termina de convencer es que su estudiada indeterminación valga para poner una vela al dios progre y otra al diablo de la derecha.

Pero a mí la anfibología del documento que ha hecho público el Ministerio me trae sin cuidado. No  me importa que no explicite más algunos de sus epígrafes. No me interesa su llamada a la estabilidad educativa mientras se mantiene una ley que ha sido cocinada en los exclusivos fogones de la -a sí misma llamada- izquierda española. No me afecta lo más mínimo que no se conciban cambios en la promoción y la titulación de los alumnos. Paso olímpicamente de que la mención de pruebas estatales vinculantes al final de cada etapa brille por su ausencia. Me importa un bledo que la figura del profesor merezca todo un apartado sólo para ser acariciado con calificativos tan cursis como consabidos y para ser advertido nuevamente de su necesaria formación, que continúe ninguneado en cualquier negociación futura. Me la refanfinfla que se obre el milagro de un Bachillerato obligatorio de tres años, que haya compañeros que se arrojen al agua en cuanto oigan el canto de las sirenas, que todos nos convirtamos, de repente, en proponedores constructivos, en figurantes con un enorme sentido de Estado, y que PSOE y PP se erijan, finalmente, en campeones de una sobrehumana mediación.

A mí lo que me preocupa, lo que realmente me quita el sueño es que el Pacto se lleve a cabo.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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7 comentarios en “Lo que realmente me quita el sueño”

  1. Mari Cruz Gallego
    21 diciembre 2009 a 19:06 #

    Le he echado un ojo a las bases para el pacto, que no había visto. Como bien dices, es sólo un discurso de palabras vacías y más de lo mismo.
    Por cierto, si seguimos la estela del Reino Unido, me echo a temblar, o si no, échale un ojo a esto:

    http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=478412&idseccio_PK=1021

    Un saludo y felices fiestas

  2. Profesor Insipiente
    29 diciembre 2009 a 22:18 #

    Fantástico artículo, cuyo argumentario comparto al cien por cien. Me he tomado la libertad de reproducirlo en el foro de La Vía Apia.

    Aprovecho para felicitar a todas las personas que hacen posible la existencia de este estupendo lugar.

    • Profesor Insipiente
      29 diciembre 2009 a 22:44 #

      Aunque más arriba digo compartir al 100% el comentario, hay un punto -menor en relación a lo que significa la totalidd del artículo- en que discrepo: considero que los sindicatos y sus liberados son cómplices, en gran medida, y necesarios, del penoso
      estado de la Enseñanza pública en España, pues no buscan el interés general, sino el negocio particular.

      • 30 diciembre 2009 a 0:14 #

        Gracias, Profesor Insipiente, y bienvenido.

        No entiendo muy bien su discrepancia, a no ser que usted se refiera a que, a pesar de todo, los sindicatos son necesarios.

        Los sindicatos y cualquier asociación son necesarios, por supuesto. Pero siempre que se deban a sus afiliados, siempre que representen a la parte de la sociedad civil que les da sentido, y no se conviertan en aparatos del Estado, financiados por éste. Entonces dejan de ser necesarios y se convierten en un obstáculo.

        Un saludo.

      • Profesor Insipiente
        30 diciembre 2009 a 13:39 #

        Gracias, David, por la bienvenida.

        La parte que no comparto del artículo es esta:

        “Y a propósito del Pacto. Los sindicatos dicen ahora que las bases para el Pacto que ha elaborado el Ministerio de Educación son demasiado ambiguas, demasiado imprecisas. Y no les falta razón. El término “equidad”, por ejemplo, aparece junto a “calidad” en varias ocasiones, y esto, asumámoslo de una vez, ni los compañeros liberados pueden llegar a entenderlo. Tampoco conciben que en algunos de sus párrafos aparezcan en extático maridaje el ying y el yang de la escuela inclusiva y del esfuerzo personal, que se nombre a la bicéfala bicha de los conciertos y de la gestión municipal de la Educación Infantil, que se unan la concreción de los conocimientos y la abstracción de los valores, que se combine el blanco de la transversalidad con el negro de la flexibilidad, que se obre la alquímica aleación de la excelencia y de la obligatoriedad de la enseñanza, que incluso se construya el osado oxímoron de un Bachillerato y de una FP que faciliten la permanencia de los alumnos en el sistema educativo (sic). Sospecha un servidor que lo que en realidad no les termina de convencer es que su estudiada indeterminación valga para poner una vela al dios progre y otra al diablo de la derecha”.

        Los liberados sindicales salvo, como siempre, alguna excepción, sólo están pendientes de ver cómo aumentan sus orondas barrigas, sus horas de descanso particular y demás prebendas personales. Hoy son un obstáculo, y no una ayuda, para la mejora del sistema educativo y de las condiciones laborales de los profesores. Los sindicatos son máquinas que funcionan con el exclusivo fin de autoalimentarse. Al menos en Andalucía, que es desde donde escribo y desarrollo mi trabajo.

        Saludos.

  3. agregadobup
    30 diciembre 2009 a 6:58 #

    ¿Alquien cree que por un pacto va a mejorar la educación? Es más de lo que tenemos y que nos ha conducido al desastre actual.
    Porque los partídos políticos firmen un acuerdo no va a variar nada. El problema no es el cambio de leyes, sino que todas las leyes educativas están hechas por los mismos individuo/as que no entran en nuestras aulas. Políticos, pedagogos, sindicatos, etc. un conjunto de trepas que unicamente persiguen mantener sus privilegios y que nadie les pueda llamar “reaccionarios”. La autentica “gauche divine” que vive como ricos y de boquilla defiende la escuela inclusiva, la flexibilidad y otros tópicos.

    Se podría llegar a un pacto entre los partidos políticos sobre el mantenimiento de tropas en Afganistán y no por ello dejaría de ser una locura. Estamos llegando a considerar como solución buena una serie de majaderías unicamente porque sea fruto de un pacto entre nuestros representantes políticos.

    Con este pacto entre caballeros seguiremos teniendo loe/lea/roc y el sistema educativo seguirá hundiéndose cada vez más y más.

  4. Catón
    30 diciembre 2009 a 9:22 #

    Que el pp a estas alturas considere posible un pacto educativo con el psoe da testimonio de su oportunismo o de su ingenuidad. La “educación” es una parte medular en el proyecto socialista de convertir España en su finca particular y, por si esto fuera poco, cualquier propuesta sensata será rechazada por las minorías políticas que sustentan al gobierno en las Cortes.
    ¿Qué espera entonces el pp del pacto? Si revestirse de talante dialogante, aunque manteniendo unos principios inalterables que abocarán el experimento al fracaso, debemos acusarles de timoratos y electoralistas; si espera obtener beneficios concretos para sus clientelas en la enseñanza privada y un quítame allá esas ciudadanías para el telediario de las tres, debemos acusarles de TRAIDORES.

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