Disparate educativo

En uno de sus últimos discursos, poco antes de su exilio voluntario, Salvador Monsalud aseguró que

en España se mezclan los peores defectos de las civilizaciones con las que ha mantenido contacto. […] Especialmente grave es el sinsentido en el que se ha dispuesto el sistema educativo, poco exigente, disparatadamente vacío y enemigo tácito de la igualdad de oportunidades. Cuando se iguala por abajo, siempre tendrán más oportunidades los que más puedan obtener fuera del sistema”.

En este rincón de libertad internáutico he defendido ideas nacidas a partir de dicha afirmación. En España, por culpa de la psicopedagogía y el odio a todo lo que huela a humanístico, se ha impuesto una educación sin principios ni contenidos, donde no se exige casi nada a los estudiantes y donde el esfuerzo apenas se premia. El resultado son escandalosas cifras de fracaso escolar y unos universitarios mal y poco preparados que, si quieren formarse convenientemente, deben viajar al extranjero, desde luego no para un año Erasmus donde la UE fomenta un año de borracheras y desatención académica que, no obstante, consigue convalidación.

Hasta hace poco, estas afirmaciones nacían de la experiencia y la observación diarias en el “sujeto paciente” del dislate educativo. Hasta que, hará un par de semanas, conocí a un personaje de los que llevan “fabricando” la asignatura de Lengua y Literatura desde hace décadas, colaborador habitual con los exámenes de selectividad y gurú indispensable cuando se quiere hablar o trabajar en la pedagogía de nuestros idioma.

Este hombre, muy pagado de sí mismo, habla un buen castellano pero lo escribe mediocremente. Habla más de sí mismo y de sus trabajos que del castellano propiamente dicho. Se declara constructivista y muestra su orgullo a la hora de hablar de esa asignatura que se creó con la LOGSE y que, creo que perjudicialmente, mezcla la enseñanza del idioma con la de la Literatura, a su vez combinada con textos provenientes de otros saberes o medios. Este profesor y teórico también alaba su esfuerzo para construir el actual plan de estudios y su inestimable contribución a la actual estructura que pretende (?), mal que bien, formar a nuestros niños y jóvenes.

Lo realmente curioso del personaje es que, cuando deja de alardear de su labor, es para quejarse de lo mal que está la educación. Una vez me dijo literalmente: “el problema es que ahora tenemos tres o cuatro estudiantes buenos y el resto son una mierda”. Al principio pensé que estaba siendo irónico, pero no, hablaba completamente en serio mostrando una estulticia propia de locos al ser incapaz de conectar su labor con el resultado real de sus trabajos. Porque él es uno más de los que, a la sombra de Marchesi y otros ilustres maleducadores, han puesto los cimientos de nuestro ruinoso edificio educativo.

Este personaje, que no deja de plantear soluciones para intentar arreglar el desaguisado en que ha devenido la cosa gracias a él y otros personajes como él, es idóneo para mostrar la gran carencia que ha caracterizado España desde tiempos inmemoriales: la incapacidad para la autocrítica, para ver nuestros propios errores y subsanarlos de raíz. Este endiosado caballerete está orgulloso de haber ayudado a construir la actual asignatura de Lengua y Literatura, cuyos resultados son desastrosos, como él mismo reconoce. Pero no es capaz de ver conexión alguna entre los dos elementos.

Lo irónico del asunto es que este señor, que supera ampliamente los 60 años, parece ser fruto del sistema educativo que ha ayudado a edificar. Aparte de leer mal y escribir peor, no saber prácticamente nada de la Historia de España, tener dificultades para los razonamientos abstractos y no poder plantearse problemas meramente humanos, los actuales productos de escuelas, institutos y universidades carecen por completo de espíritu crítico. Aun peor, creen saber mucho y su arrogancia es la propia de los máximos ignorantes.

Así están las cosas. Y así seguirán. Este señor se jubilará, pero sus ideas y las de otras personas como él ya han arraigado en el sistema. Nos quejamos del fracaso escolar, de la falta de disciplina y rigor de los jóvenes, de las pocas capacidades expresivas e intelectuales de los licenciados… pero al final se echan las culpas a otros, como si no tuviéramos nada que ver. Todos, no obstante, tenemos parte de culpa en lo que ocurre. Sobre todo porque, lejos de aprender de los países de nuestro entorno, miramos a otro lado y pensamos que las cosas ya se arreglarán por sí solas. Cría cuervos…

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One Comment en “Disparate educativo”

  1. 19 diciembre 2009 a 10:34 #

    Están criados.

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