Enseñanza on the ROC (terza puntata)

VIII.

Anexo: derechos y deberes de los miembros de la comunidad educativa

Se ha de reconocer que, después de tantas peligrosas simplezas al respecto de la prístina bondad natural de los discentes, amaga ser un giro esperanzador el que, por fin, nuestros próceres hablen de derechos y deberes en términos razonables (incluso se plantee la realización de tareas fuera del horario lectivo, contraviniendo así de manera explícita el grito “liberador” con que el ministro Maravall saludó la aprobación de la LOGSE: “¡se acabaron los deberes en casa!”).

Ante las demandas favorables a reforzar la autoridad docente, la Consejería no ha tenido más remedio que hacer alguna concesión, como veremos, más retórica que asertórica. Salvo contadísimas excepciones, estamos ante un cúmulo de declaraciones hueras y formalmente bienintencionadas que no se traducen en medidas realmente eficaces.

Nos detenemos, no obstante, en algunas cosas de esta primera parte que merecen comentario propio.

-En el artículo 2.e) se nos dice que el alumno tiene derecho

a la formación integral que tenga en cuenta sus capacidades, su ritmo de aprendizaje y que estimule el esfuerzo personal, la motivación por el aprendizaje y la responsabilidad individual”.

Más interesante y sustancial que esta enumeración de lo que debe “ser tenido en cuenta” (que no son otra cosa que invocaciones para una evaluación “magnánima”), sería haber formulado sin más objetivos propiamente educativos, por ejemplo, el derecho del alumno a acceder al conocimiento y a la posibilidad de desarrollar sus capacidades físicas, morales e intelectuales. Los medios necesarios para el cumplimiento de estos fines son algo necesariamente posterior y en íntima conexión con los contenidos considerados relevantes de enseñar.

Por otro lado, para nuestros legisladores determinar la capacidad de un alumno parece algo tan obvio como hacerlo con el volumen de una garrafa de aceite. La realidad es exactamente la contraria, como atestiguan los especialistas de la mente humana. Es evidente que se trata de consolidar un artificio más, de etiología logsiana, para bajar niveles académicos y elevar estadísticas de aprobados. Y es evidente que los profesionales de la enseñanza debemos oponernos a una farsa así.

Respecto a estimular esfuerzos, motivaciones y responsabilidades individuales, está muy bien siempre que se entienda que la fuerza última que pone en marcha todo aprendizaje proviene del individuo y no reducir a éste a mero resorte que se limita a reaccionar a los estímulos externos adecuados (motivantes). Como esto último es precisamente lo que ha ocurrido desde la LOGSE, ubicando en la incompetencia del docente los pésimos resultados académicos (al igual que hace torticeramente la mal denominada Orden de Calidad), es normal que leamos este artículo con la entreceja fruncida.

¿Se puede fomentar “desde fuera” el esfuerzo, la motivación y la responsabilidad? Sin duda, pero de manera opuesta a como pretenden los principios pedagógicos que han rugido, perdón regido, hasta ahora. Para empezar, suprimiendo las falsas coartadas e instando al alumnado a responder de sus comportamientos. A menudo los PEDSI (Pedagogos Del Sistema), en sus achispadas burbujas teóricas, parecen olvidar eso tan básico que ya sabían los estoicos romanos: velle non discitur, o sea, a querer nadie puede ser enseñado. Y también que muy a menudo es necesario hacer cosas aunque no se quieran.

-El artículo 2.1) establece que el alumnado tiene derecho

a la igualdad de oportunidades y de trato”.

Tomarse en serio este derecho supondría derogar la LOGSE y su muy prolífica progenie. Por lo que se apunta justo a continuación, la intención desgraciada-mente es muy otra: “mediante el desarrollo de políticas educativas de integración y de compensación”. En román paladino, que la igualdad de oportunidades se entiende como igualdad de resultados y la igualdad de trato se entiende como desigualdad de trato. Lo de siempre: aprobados lo más “ecuménicos” posibles y títulos para casi todos. Una consecuencia directa de esta devaluación socialmente selectiva de la enseñanza es consolidar aún más el clasismo y despojar al sistema educativo de su función de promoción social.

-En el artículo 4.1. se percibe claramente la voluntad de cambio en el lenguaje utilizado: en vez de “medidas favorables a la convivencia”, “autoridades compartidas” y las fórmulas al des-uso habituales (¡queremos saber donde abita el holvido del pixi-dixionario de la noviolencia y la mochila de la paz!), aparecen expresiones del tipo: “las correcciones y las medidas disciplinarias (…)”. O sea, que los fenómenos disruptivos, hasta ayer expresión de salubre espontaneidad juvenil (todo lo más encauzables, que no encausables, con amor y pedagogía), son a partir de ahora conductas que se deben corregir y disciplinar. Para llegar a este matiz semántico han tenido que ocurrir un sinnúmero de agresiones y situaciones insoportables (con los alumnos más indefensos como principales víctimas).

Pero la continuación sí sigue la línea habitual: “(…) habrán de tener un carácter educativo y recuperador”. Esta letanía nos resulta tan familiar (en ella late la oposición entre `medida represiva´ y `educativa´) como innecesaria: todo lo que ocurra en el ámbito educativo ha de ser por principio educativo. Nunca se trata de castigar o escarmentar, sino de crear las condiciones para que sea posible enseñar y educar. Y eso requiere previamente contener los comportamientos anti-sociales y agresivos. Lo cual sólo es posible a través de medidas de contención de diferente grado según los casos, pero sin ningún otro horizonte que el estrictamente educativo. Una expulsión no sólo debe estar animada por una intención educativa, sino que de hecho es a menudo el inicio del proceso educador.

También es cierto que algunos casos requieren un tratamiento complejo (sobre todo cuando la familia no sabe/ no puede/ no quiere fijar límites) y exceden las posibilidades de la institución escolar. Esto debe ser tenido en cuenta porque estamos en el punto de transición de las instituciones escolares convencionales a otras instituciones sociales que aborden específicamente problemáticas que son irresolubles con los recursos de un centro educativo habitual.

-El artículo 4.2.b) sigue la misma línea que sólo puede considerarse capciosa y denigrante:

no podrán imponerse correcciones, ni medidas disciplinarias contrarias a la integridad física y a la dignidad personal del alumnado”.

Este artículo constituye una afrenta en toda regla al colectivo docente. Es como si en un Reglamento sanitario se estableciera que los médicos “no podrán causar daños innecesarios ni inocular patologías en el paciente”. Exigimos, pues, que se retire inmediatamente.

-Más de lo mismo en el 4.2.c):

La imposición de las correcciones y de las medidas disciplinarias previstas en el presente Reglamento respetará la proporcionalidad con la conducta del alumno o alumna”.

Vamos, que no debemos aprovechar un desliz del alumnado para desahogar nuestras frustraciones con él. Solicitamos lo mismo: retirada inmediata.

-La Gradación de las medidas disciplinarias (artículo 5) simula un Código Penal de bolsillo, es decir, algo completamente innecesario, pues expone consideraciones obvias sobre atenuantes y agravantes (la existencia o no de intencionalidad, por ejemplo) o entra a regular aspectos muy concretos (la petición de excusas como atenuante) que sólo adquieren sentido en unas circunstancias determinadas.

-Valoramos muy positivamente en el artículo 6 que se consideren dignas de corrección aquellas conductas contrarias a la convivencia que se produzcan fuera del recinto escolar, contraviniendo así toda la doctrina que la Consejería ha mantenido desde siempre. Cuando dan marcha atrás siempre aciertan (también con el cogitus pedagogicus interruptus; o cualquier método que evite el “embarazo pedagógico”).

-El lenguaje políticamente correcto convierte algún párrafo en un verdadero galimatías semántico. Así el art. 10.1.c):

El acoso escolar, entendido como el maltrato psicológico, verbal o físico hacia un alumno o alumna producido por uno o más compañeros y compañeras de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado”.

El tiempo determinado no se determina, pero ya sabemos del gusto por las paradojas involuntarias en la Consejería. Con todo lo más divertido son las posibles combinaciones derivadas de utilizar la conjunción copulativa “y” -para evitar la repetición, cabe pensar- en vez de la disyuntiva “o” en la última frase (lo que exige, para empezar, que el acoso tenga que ser `mixto´), así como al hacer referencia sólo a “uno” y no a “una”, lo que descarta la posibilidad de acoso ejercido por una sola alumna, por muy recia y pendenciera que pudiera llegar a ser.

-Y algo análogo respecto a las invocaciones para que los profesores reciban la “consideración y valoración social de la familia, la comunidad educativa y la sociedad”. Es un tic muy característico de nuestra Consejería establecer qué se debe sentir, valorar y considerar. Nosotros pensamos que estos asuntos pertenecen a la esfera inalienablemente personal. Lo que es exigible siempre es el respeto -y la Administración articular firmemente los medios necesarios para garantizarlo.

Por lo demás, resulta contradictorio que la misma Consejería que ha ignorado sistemáticamente la opinión de los claustros de profesores al respecto de este Reglamento, o que redacta artículos como los comentados, o en general un Reglamento como éste, pretenda dictar lecciones sobre la necesidad de valorar nuestra labor. Ya sabe por dónde tiene que empezar.

-Resulta un cambio de actitud tan radical como positivo, ¡y necesario!, el hecho de que la Administración se persone en la Fiscalía en casos de agresión a sus funcionarios que han sido objeto de agresiones y les proporcione asesoramiento jurídico. Era una anomalía absurda que ahora se subsana. Se trata de una concesión parcial, pues lo realmente procedente sería que nos reconocieran como `autoridad pública´, que es una figura legal concedida a los inspectores.

-Es imposible obviar el hecho de que el procedimiento para apercibir a un profesor presenta ahora menos garantías que el que se lleva actualmente a cabo cuando se instruye a un alumno que ha cometido una falta muy grave, pues en este último caso se nombra a un instructor y se escucha a la partes. Para el profesor, en cambio, el acusador, el instructor y el sancionador están reunidos en una misma persona: el director.

Fenómeno que armoniza bien con el hecho de que en general este ROC conceda más posibilidades de participación democrática a un alumno en su aula que a un profesor en su centro.

Está claro cuál es el enemigo a reducir, el “chivo explicatorio” permanente de todo lo que ocurre en el enredado ruedo donde trajina la res educativa.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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6 comentarios en “Enseñanza on the ROC (terza puntata)”

  1. Yolanda García
    9 diciembre 2009 a 17:58 #

    Buenísimo, como los anteriores.

  2. 9 diciembre 2009 a 20:44 #

    Todo se reduce, como siempre, a la descomunal desconfianza y la baja consideración que se tiene hacia el profesorado.

    Saludos.

  3. Rosalía Sánchez
    10 diciembre 2009 a 9:23 #

    C’est magnifique

  4. Nosferatu
    10 diciembre 2009 a 23:38 #

    Todo lo que calificas como novedad: medidas disciplinarias, correciones, gradaciones, posibilidad de sancionar conductas fuera del recinto escolar
    y los dos articulos que propones retirar estaba ya reflejado en el decreto de convivencia del 2007 y casi todo en el decreto de derechos y deberes de 1999 y está en uso en los IES.
    Este ROC no plantea nada nuevo en el tema disciplinario.

    • goliardo
      28 diciembre 2009 a 21:55 #

      Efectivamente: nada nuevo bajo el sol.

      Muchas normas que no se cumplen.

      Toro sentado lo expresa muy bien “descomunal desconfianza” hacia el profesorado. Esto me consuela que no me ocurra sólo a mí.

      Demasiado profesor del primer ciclo en claves directivo-disciplinarias en los IES que protegen a sus niños hasta la naúsea y en la práctica les ayudan a boicotear profesores y materias.

      Menos normas y más cumplir las que están escritas.

      Me temo que para cumplirlas “algo” o “alguien” tendrá que “obligarnos” a todos: veo mucha mezquindad, corrupción, estupidez, derrotismo y entreguismo en los docentes que me rodean. ( las excepciones no confirman, en mi experiencia, la regla durante estos últimos años)

  5. goliardo
    28 diciembre 2009 a 22:07 #

    He querido decir que “las excepciones NO EXCLUYEN la regla”: perdón.

    Muy bueno el artículo, te lo agradezco mucho.

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