La Universidad como ritual

La Universidad se ha convertido en un rito de paso. Las instituciones educativas medias y superiores públicas (colegios, institutos, universidades) han perdido su papel académico en nuestras sociedades. Curiosamente (o acaso no), el Estado del Bienestar y las políticas socialdemócratas han culminado el proceso de vaciamiento intelectual de estas instituciones, que, en su lugar, tienen como objetivo preferente otros aspectos del desarrollo del sujeto humano en formación, aquellos vinculados a lo afectivo, a lo psicológico, a lo social, si se entiende por social la mera identificación con el grupo, sea el que sea, en lugar del desarrollo de lo político, es decir, de lo público, lo que une o pone en contacto con otros seres racionales con los que se comparte contexto jurídico, lingüístico, geográfico.

Así, la asignatura de Educación para la Ciudadanía no es sino la culminación de esta deriva, su constatación, no la apuesta para ponerla en marcha. Y esta deriva coronada por este tipo de materias doctrinales, no académicas, llega a la Universidad, convertida también en dominio controlado por ese paradigma de la Escolástica postmoderna que es la Pedagogía. Así, el proceso de infantilización imparable de la enseñanza media sólo puede tener como consecuencia una Universidad convertida ya en mero instituto, con tutorías, destierro de clases magistrales, en definitiva, la tendencia a relegar la exigencia académica. Lejos de aumentar la competitividad mercantil, la Universidad parece convertirse, si no lo es ya, en una fuente de incompetencia. Ante este panorama, sin nada que estudiar, las facultades de las universidades públicas pasan a ser los espacios en los que se ritualiza el paso a otro grupo de edad. La ceremonia de ese paso consiste, en primer lugar, en la participación en protestas, reivindicaciones, concentraciones, correr delante de las fuerzas del orden del momento, en una festividad litúrgica cuya finalidad material, intrínseca, objetiva, independientemente de las intenciones particulares y subjetivas de los sujetos que las protagonizan, no es cambiar nada de la realidad, sino del propio sujeto, que es el que vive un tránsito sin el cual no se integraría en el grupo de edad de referencia.

En el caso actual, las protestas denuncian, principalmente, el carácter mercantil que parece querer dársele a la Universidad con el Plan Bolonia. Pero tales denuncias quedan en nada (en mera liturgia, como decimos) si rechazan introducir la lógica de libre competencia del mercado en la Universidad y no buscan derribar ese orden del que la Universidad no sería más que uno de sus ecos. El propio proceso educativo europeo ha desembocado en generaciones de alumnos anticapitalistas de salón, sostenidos por el capital. Desactivando las capacidades para la formación del individuo desde la base (desde la enseñanza media) se genera una ilusión de libertad (dada precisamente por el mercado, en el que se «elige») que imposibilita cualquier crítica real ya en la Universidad, o se restringe a una dimensión meramente retórica o ceremonial. Es la libertad para elegir (esa idea metafísica) la que desactiva la libertad basada en el conocimiento, la independencia que la formación proporciona al individuo.

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Categorías: Diagnósticos

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4 comentarios en “La Universidad como ritual”

  1. Mari Cruz Gallego
    6 diciembre 2009 a 21:37 #

    Bolonia se ha quedado en lo siguiente: reducción de contenidos, actividades y prácticas por internet y sustitución de la bibliografía especialidad por auténticos libros de texto. Como tú dices, un instituto. El resto del plan se ha quedado en nada, sobre todo por la falta de medidas económicas para ponerlo en marcha (me refiero a las supuestas “bondades” del sistema, como la reducción de los cupos y el consiguiente aumento del profesorado). Lo que yo me pregunto es si ha sido una situación no prevista o ya se sabía de antemano.
    Un saludo.

  2. José Sánchez Tortosa
    7 diciembre 2009 a 10:19 #

    La cuestión psicologista de si ha sido una situación prevista o no es irrelevante. Es la propia fuerza del proceso infantilizador el que se impone, relegando las buenas o malas intenciones al campo superfluo de la mera subjetividad psicológica de los agentes. Son dinámicas inerciales en las que los individuos sobreviven y se integran o son apartados. En esa tensión nos encontramos…
    Un saludo
    José Sánchez Tortosa

  3. pericogonoperro
    7 diciembre 2009 a 11:04 #

    Creo que lo que se comenta en esta entrada es algo que comenté hace tiempo en un comentario de vuestro blog, catedráticos de universidad haciendo “apuntes con colorines”, yo lo expresé así pero este texto lo apunta mucho mejor, la universidad se está, o se ha convertido en otro estamento de la mediocridad, con un nivel académico de instituto, pero de instituto malo.

    Remarcaba como antes, los estudiantes de carrera (yo de ingeniería) nos teníamos que buscar la vida en las bibliotecas con libros en inglés puesto que como España sigue siendo del tercer mundo, los libros que merecían la pena estaban en ese idioma ( y siguen estándolo), y eso no solo te curtía intelectualmente sino te curtía como persona, ya que te convertía en un “hombre de recursos” al tener que buscarte tu solo la bibliografía interesante y eso, por lo menos a mi, me sirvió para mucho.

    Ahora la juventud, como muy bien se indica, está infantilizada, becarios que he tenido la oportunidad de tratar, con sus casi 30 años (que ya está bien ser becario con esa edad) donde te dabas cuenta que eran incapaces de pensar por si mismos, solo sabían seguir el “guiaburros”, y una preparación académica que bueno, no solo escasita, sino que eran incapaces de pensar por si mismos, los más espabilados lo único que hacían era “soltarte el rollo de memoria”, pero en cuanto les pedías un poco de “ingeniería”, ahí se quedaban (solo puntualizar que también existen excepciones y hay chavales muy preparados y espabilados).

    En fin, quizás es ese el tipo de titulado que demande la sociedad española, un borrego que diga a todo que sí, sin pensar por si mismo para que no le replique a su jefe, posiblemente una persona aún más inútil que él.

    http://www.lacasadelarcerojo.wordpress.com

  4. 9 diciembre 2009 a 12:31 #

    El artículo es certero. Convertir los objetivos de la secundaria en la consecución de unas simples competencias básicas supone dejar para etapas posteriores la adquisición de contenidos también básicos pero necesarios para madurar y para establecer las bases de estudios posteriores. Es normal que la universidad esté como está, dado que los alumnos son enviados sin apenas saber lo que se sabía hace veinte años cuando se cursaba primero de BUP.
    Saludos a todos

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