El ejemplo de la UNAM

Ningún estudio estadístico internacional coloca una universidad española entre las cien mejores del mundo. Algunos ni siquiera entre las primeras doscientas. Y aquí llegan los Premios Príncipe de Asturias, en ocasiones erráticos, a veces sugerentes, la mayoría reveladores, y otorgan el galardón en Comunicaciones y Humanidades a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la mayoría de los periódicos se ha resaltado el tamaño de la universidad mexicana. Mucho más allá, es el más importante centro de docencia, estudios, investigación y trabajo de los que usan el español. Con bastante ventaja sobre algún centro de Bogotá y Lima, infinitamente alejado de cualquiera de los españoles. Actualmente, por ejemplo, la UNAM es la absoluta referencia en las traducciones de los clásicos griegos y latinos.

El premio, por tanto, es más que merecido. La cuestión es que dicho premio, por contraste, descubre aún más la patética situación de la educación en España. No sólo no tenemos ningún centro universitario entre la élite internacional, sino que muchos de nuestros titulados universitarios tienen dificultades en hacer la O con un canuto. ¿Cuándo nos adelantaron las universidades hispanoamericanas? ¿Cuándo nuestros universitarios dejaron de merecerse dicho título, valga la redundancia? Lo peor es que en Hispanoamérica las universidades suelen contar con menos medios que en España. ¿Qué sucede entonces?

En primer lugar, en España, entre públicas y privadas, tenemos más de 80 universidades. Con nuestra población, tal elefantiasis se traduce en la absoluta imposibilidad de encontrar profesores mínimamente cualificados para impartir una asignatura universitaria. A eso se une, en las públicas, unas políticas endogámicas y politizadas que acercan a cátedras y aulas a familiares o amigos en lugar de a los más cualificados.

Asimismo, tanta universidad significa que aquí cualquiera puede ser universitario. Hemos confundido la enseñanza universal con la condición de universitario. Pero universidad es en esencia un concepto elitista: sólo deben estudiar los mejores. Pero todos los mejores, sin importar su condición social. En lugar de invertir en becas y ayudas a los menos favorecidos, se ha creado un monstruo barato y completamente accesible que a la postre ha perdido su significado. Actualmente, muchos licenciados son sistemáticamente rechazados por algunas empresas. Inútiles pero, eso sí, con título.

En definitiva, la masificación significa que los estudios universitarios han dejado de ser exigentes, duros, amantes de la excelencia. Hay que poner los títulos al nivel de los alumnos, y esto significa que la enseñanza es menor de lo que se le supone a un título universitario.

Por otra parte, los investigadores universitarios españoles se enfrentan a constantes obstáculos, en especial una enorme falta de medios. Se gasta más dinero en chorradas pseudoacadémicas que en financiar la investigación [1]. Ser investigador en alguna universidad española requiere un enorme espíritu de sacrifico y una infinita vocación.

Y, por encima de todo, el gran problema de la universidad española reside en la enseñanza colegial [2]. Con el beneplácito de todos los partidos políticos españoles, las enseñanzas primaria y secundaria -obligatoria y no obligatoria- han dejado de educar. El graduado escolar español del siglo XXI rara vez sabe escribir con corrección, mucho menos plantearse un problema matemático complejo, es incapaz, en definitiva, de tener razonamientos más o menos elevados. Estamos creando una generación de borregos.

Así, bienvenido sea el Premio Príncipe de Asturias a la UNAM, que es una institución modélica en muchos sentidos, pero que no va a servir nunca de ejemplo a nuestros responsables políticos ni a los mandamases universitarios. Estamos creando una sociedad de ignorantes con escasa capacidad humana, social y, sobre todo, ética. No nos quejemos cuando la UNAM sea el objetivo de aquellos alumnos españoles que realmente quieran aprender. Y, claro, tal aventura sólo será accesible a aquellos con alto nivel adquisitivo.

NOTAS:

1.Un ejemplo de corrupción universitaria. El año pasado un grupo de investigadores de una facultad de la Universidad Complutense organiza un congreso internacional con la presencia de un premio Príncipe de Asturias. Carlos Berzosa, rector de la universidad, recibe el proyecto y contesta con una serie de tarifas para alquilar el Paraninfo. ¡A sus propios profesores! El congreso, entonces, se traslada a la Universidad de Alcalá de Henares, donde le reciben con los brazos abiertos. Berzosa, claro está, es un político antes que un miembro de su universidad.

2.Ahora los estudiantes de 1º de Bachillerato no tendrán que repetir y podrán pasar un año estudiando tres o cuatro asignaturas. No suelo creer en las grandes conspiraciones, pero ¿qué hay detrás de toda esta manipulación degeneradora, constante y creciente, del sistema educativo?

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

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One Comment en “El ejemplo de la UNAM”

  1. Lozano andaluz
    2 diciembre 2009 a 21:10 #

    Sólo un detalle vivido por un maestro de primaria
    ( imparto español a hispanohablantes de todos los países de este hemisferio): Leemos en sexto algunos cuentos
    de Juan Rulfo y no sólo los entienden sino que los discuten conmigo y demuestran conocimiento y criterio.
    Un saludo cordial.

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