Hacernos escuchar

No era necesario ser demasiado avispado para intuir que España no lograría alcanzar los objetivos que en materia de educación había marcado la Unión Europea para 2010. Según el diario Público (25/11/2009) ninguno de los cinco propósitos establecidos  en su día para los países integrantes ha conseguido materializarse dentro del Estado español.  La tasa de abandono escolar no sólo no se ha reducido por debajo del 10%,  sino que ha aumentado drásticamente hasta llegar al 39,1%.  Tampoco disminuye el porcentaje de alumnado con problemas de comprensión lectora (seguimos por encima de la media europea) y continuamos estando muy lejos de ese 85% de jóvenes que debería completar la educación secundaria obligatoria. Suspendemos, igualmente, en el aumento de diplomados en matemáticas, ciencias y tecnología, de la misma manera que la formación continua de los adultos sigue estancada y sus porcentajes vuelven a dejar bastante que desear.

El debate, si es que pudiéramos llamarlo así, dentro de nuestras fronteras sigue su particular desarrollo descafeinado.  Religión, laicidad, ordenadores, obligatoriedad hasta los 18 o las pataletas de las familias que no quieren que se sancionen los comportamientos de sus vástagos. Asuntos todos que contribuyen a desviar la mirada y a centrar el discurso en detalles, anécdotas, pareceres que pueden tener su espacio dentro de la discusión pero que, desde luego, deben ser abordados en segundo término. Ni siquiera ese supuesto pacto que el ministro Gabilondo ha propuesto en materia educativa parece  hacerse cargo de la problemática actual, problemática educativa, claro, porque evidentemente obligar a los jóvenes a estar hasta los 18 años sí que evitaría otras, como por ejemplo el aumento del paro.

El fracaso escolar no es algo que se fragüe a lo largo de la secundaria. Es un virus que se incuba desde la educación primaria y que eclosiona cuando los jóvenes pasan de la niñez a la pubertad. La falta de hábito y esfuerzo junto a una normativa que valora todo lo contrario, esto es, la promoción con asignaturas suspendidas y la casi imposibilidad de repetir curso en los primeros años de formación acaban convirtiéndose en una especie de segunda piel difícil de extirpar cuando los estudiantes llegan a los institutos. De todos es sabido en este gremio que a partir del mes de abril empiezan a sonar los teléfonos de las Jefaturas de Estudio para “orientar” y “sugerir”  desde las Inspecciones Educativas cuál es el número idóneo de alumnos que deben pasar de curso y cuántos pueden repetir. De la misma forma, los alumnos que ya desde primaria manifiestan problemas de conducta y de desmotivación son “lanzados” en las evaluaciones de sexto a los I.E.S. ante la imposibilidad de reconducirlos por falta de medios económicos y de personal. Un número importante de jóvenes llegan a sus nuevos centros con los ciclos abiertos, con deficiencias en la lectura, en la escritura y en el cálculo. Cierto es que, después, en los años de Secundaria, tampoco se hace demasiado por repescarlos. Los problemas siguen siendo parecidos. Faltan profesores, falta personal especializado (trabajadores sociales, psicólogos y más orientadores) y las medidas de atención a la diversidad son insuficientes, pues deberían haberse aplicado muchos años atrás.

Sería interesante hacer un estudio sobre el número de alumnos de una clase que acabarían jugando en el Real Madrid. Habría muchos motivados por jugar en el equipo, otros que, aún estándolo, no reunirían las condiciones físicas requeridas y tendrían que someterse a planes preparatorios para alcanzar los objetivos, incluso encontraríamos casos de chicos y chicas que no estarían en absoluto interesados en jugar, puesto que ese deporte no formaría parte de sus intereses. ¿Qué ocurriría si obligásemos a todos a ser futbolistas? Y extendiendo la pregunta ¿y si los obligásemos a todos a ser mecánicos, empresarios, carpinteros o médicos? Se olvida conscientemente que las personas no somos iguales. Existe el gusto, el interés, la motivación. Todos los jóvenes no tienen por qué estudiar. Parece que dé miedo afirmar esto públicamente, pero los docentes estamos acostumbrados a verlo todos los días. La obligatoriedad confunde el horizonte. No se trata de darles a todos algo mediocre, sino de ofrecerle lo mejor, en igualdad de condiciones, a quien lo quiera.

La masificación en las aulas abunda en la herida puesto que en el caso de que se quiera aprender, el número de alumnos es tan elevado que la atención que puede ofrecerse es inevitablemente deficiente. Sabemos que la disminución de la ratio en condición sine qua non para poder reducir el índice de fracaso. ¿Por qué no miramos a aquellos países en los que esta medida es indispensable y que están en los primeros puestos de la UE en cuanto a rendimiento y sí lo hacemos para tomar ejemplo de Portugal, por detrás de España en cuestiones educativas? La problemática del alumnado de hoy dista mucho de la de hace veinte años. Trastornos de la atención y la percepción, necesidades educativas especiales, diversidad de niveles, inmigración, desestructuración familiar… La mejora del sistema pasa, en primer lugar, por esta reducción drástica. Lo llevamos advirtiendo desde hace muchos años. No nos hacen caso. Y los resultados, en consecuencia, cada año son peores.

Igualmente, en los países del norte de Europa, los más exitosos en materia educativa, el futuro profesorado pasa hasta siete controles de calidad, siete filtrados, para poder desempeñar su labor docente. El personal se selecciona de entre las mejores notas de cada promoción, de tal manera que en los colegios y en los institutos imparten clase los que mejor se han preparado para ello. Necesitamos de la autocrítica. Hay que decirlo en voz alta. Para ser docente en España no se pide, salvo en algunas especialidades, más de un cinco en Selectividad. No pasa lo mismo con los médicos, arquitectos, fisioterapeutas, por ejemplo. De hecho, las listas de docentes y las plantillas de los centros se nutren de cientos de trabajadores que han acabado en Educación porque no pudieron acceder por nota a la carrera que deseaban en su momento. De la misma manera, el procedimiento de oposición tampoco garantiza una profesionalidad excelente, puesto que una vez conseguida la plaza en propiedad, las herramientas que se necesitan para dar clase no son precisamente el conocimiento total de la materia. El enquistamiento, por otro lado, de parte de las plantillas se ha convertido en una enfermedad de difícil curación, porque a diferencia de otros sectores, en el nuestro da igual que lo hagas bien o mal. Se cobra lo mismo y no se toman las medidas necesarias. No existe la motivación por la mejora, puesto que dicha mejora no va a suponer beneficio alguno. Tal vez satisfacción, orgullo… sentimientos con los que no se paga una hipoteca. Trabajar vocacionalmente no significa negar que se trabaje por dinero, como en todas las profesiones.

Los problemas de expresión y comprensión lectora siguen aumentando, y olvidamos en la mayoría de las ocasiones que a leer y a escribir, básicamente, se   aprende con cuatro o cinco años. Cuando el estudiante tiene doce y llega al instituto, el desfase es tan grande que es casi imposible poner remedio al asunto. ¿Cómo se está enseñando a leer? ¿Quiénes están haciéndolo? Para enseñar a leer y motivar la lectura son necesarias dos cosas. La primera, que se lea en casa, que la familia sea lectora. Y la segunda, que los maestros que se dedican a enseñarla también lo sean. Ocurre otro tanto de lo mismo en secundaria con los planes de lectura. ¿Cómo van a impulsar personas que no abren un libro en su casa un plan general de lectura? A lo largo del último año varias han sido las publicaciones que han advertido de que aquellos que se están preparando para enseñar no sólo no leen casi nada, sino que no ven la necesidad ni la importancia de hacerlo (CLIJ, nº22, Enero 2009). Conseguir que el alumnado lea es una tarea muy difícil. Estamos hablando de lo que Víctor Moreno llama una manía, una opción, que como tal tendrá adeptos y detractores. Habrá niños y niñas que lean y otros tantos que no. Pero al menos, quienes intenten inculcarles ese gusto, esa afición, sí deben ser buenos lectores.

Que los jóvenes no acaben su formación secundaria y que no continúen un Bachillerato parece una consecuencia evidente de todo lo anterior. Cómo afrontar un primer curso de Bachillerato si se les ha ido promocionando año tras año sin haber adquirido ni siquiera los conocimientos básicos. Abandonar este primer curso se está convirtiendo en una constante en los centros porque los estudiantes no llegan a los mínimos exigibles en una enseñanza postobligatoria como ésta. La normativa no es rigurosa en cuanto al número de asignaturas necesarias para repetir curso y deja la decisión en manos de los equipos educativos, de votaciones, de pareceres… de subjetividades. Así, las evaluaciones de cuarto de E.S.O. parecen mercadillos en donde se ofertan aprobados, como está ocurriendo en las de segundo de Bachillerato. Evidentemente, las universidades están teniendo que impartir cursos cero de determinadas asignaturas como matemáticas o física. Suspender se ha convertido no sólo en una lacra para las administraciones, sino también en la peor de sus pesadillas porque imposibilitan el tan deseado descenso del fracaso. No es raro, por ejemplo, comprobar cómo alumnos con varias asignaturas suspensas reclaman en las Inspecciones Educativas porque es vox populi que en esos despachos se aprueba lo que se suspende en las aulas.

En cuanto al número de diplomados en matemáticas, ciencias y tecnologías, tres cuartas partes de lo mismo. Recortes de presupuesto en I+D+I, becas ridículas para investigación, años pululando por pasillos café va, café viene… Cómo aumentar el número de matemáticos si en las facultades hay que impartir cursos cero… Lo dicho. El panorama es desolador, cierto, pero también están muy claras las causas del desastre. Simplemente hay que escuchar a quienes dedican su día a día a estas labores y hacer leyes serias y no políticamente correctas. Habría, igualmente, que animar al profesorado a quejarse ante sus condiciones de trabajo. Somos comodones, ciertamente. Mientras cobremos a final de mes, todo lo demás parece darnos igual. Las quejas son generalizadas. Demos un paso adelante. Lo hacen los médicos, los pilotos, los agricultores. Ya es hora de hacernos escuchar.

Bookmark and Share

Anuncios

Etiquetas:, , , ,

Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

16 comentarios en “Hacernos escuchar”

  1. 30 noviembre 2009 a 11:41 #

    “Evidentemente, las universidades están teniendo que impartir cursos cero de determinadas asignaturas como matemáticas o física.” -> Eso también se da en las carreras de Humanidades, donde los nuevos universitarios que ahora cursan grados (y no carreras) han de cursar asignaturas como “Técnicas de expresión oral y escrita” que vuelven sobre temas (texto argumentativo, texto descriptivo, etc.) que no ya en Bachillerato, en ESO están más que machacados.

  2. 30 noviembre 2009 a 12:54 #

    ¡Ah! No sabía esto. Qué barbaridad, Cisne. Gracias por tu comentario.

  3. Mari Cruz Gallego
    30 noviembre 2009 a 20:59 #

    Aun coincidiendo con lo que has expuesto en tu artículo, me planteo por qué, hace años, con menos recursos, con ratios más altas, con menos profesores, se conseguían mejores resultados. En el blog de Rafael Robles puedes leer la experiencia de este profesor en EEUU, país del que cuenta que poseen la mejor tecnología en lso centros y mayor número de recursos y, sin embargo, va peor que España en Educación…No niego la importnacia de los recursos, pero si no van combinados con un profesor lo suficientemente preparado y un sistema favorecedor dle trabajo y el esfuerzo, poco éxito van a tener.
    Un saludo.

    • 30 noviembre 2009 a 23:15 #

      Estoy de acuerdo, Mari Cruz. De hecho una buena parte del escrito se centra en la formación del profesorado. Aún así, hay un libro de Ruiz Tarragó, La nueva educación, en donde se da una visión muy interesante de cómo han cambiado las generaciones y cómo la sociedad actual ha condicionado sus comportamientos, actitudes e intereses. Un saludo.

  4. 1 diciembre 2009 a 17:04 #

    Totalmente de acuerdo en el análisis de la situación educativa actual y de sus causas más inmediatas.
    Únicamente quiero hacer una observación en torno a los mínimos que se exige a los alumnos de Secundaria a final de curso. Dado que los Departamentos establecemos unos contenidos mínimos que ha debido adquirir un alumno para superar el área, lo lógico sería exigir al final de curso la totalidad o la mayoría de ellos. Es decir, que cuando aceptamos un aprobado en junio en un examen de mínimos, asumimos que el alumno sabe la mitad de lo que tendría que saber. En esas condiciones, y contando con que casi la mitad de los alumnos levantan el curso en esa semana de exámenes extraordinarios, sumando todavía las rebajas de última hora, no podemos sorprendernos de que falte preparación y base para afrontar los retos subsiguientes. A mí personalmente el abandono escolar no me sorprende, me parece una consecuencia lógica de este desfase. Lo irónico de ese asunto es que a esta situación hemos llegado por las sucesivas estrategias encaminadas a enmascarar las estadísticas y evitar precisamente aquello que más provoca. Paradojas del sistema que bien podrían haber previsto los equipos de pedagogos y psicólogos que asesoran estos planes.
    Un saludo,
    Esther

  5. erizo
    2 diciembre 2009 a 15:50 #

    Hay además de todo ello que comentáis un problema más profundo y es el de la implicación de las familias. En Finlandia los padres y madres no llegan a casa a las nueve de la noche, los niños no están media tarde solos porque hay muchas facilidades como reducciones de jornada para conciliar vida familiar y labora. De verdad, estamos en un país de niños abandonados, y abandonados desde la primaria, donde en muchos casos sus padres apenas saben qué estudian sus hijos , y a duras penas les pueden dedicar tiempo . La diferencia de las generaciones del BUP a las actuales es que en muchos casos nuestros padres nos inculcaron la importancia de los estudios y del saber por encima de todo, (ellos que en muchos casos estudiaron tan poco) y alguno de los dos estaba en casa acompañándonos.

    • Libertad
      21 diciembre 2009 a 11:16 #

      Totalmente de acuerdo con erizo, pero quisiera aportar al debate un aspecto que pasa inadvertido posiblemente por falta de sensibilidad. A los chicos los han abandonado sus familias pero también el sistema educativo. Los padres trabajan cada vez más horas. Las madres, eternas ocupantes del hogar, se han puesto a trabajar, intuyo que por necesidad económica más que para obtener un desarrollo personal con una carrera profesional. Los abuelos o no desean ser huéspedes de los hijos, o estos les han buscado residencia y, en general también han desaparecido de los hogares. En el hogar por la tarde los únicos habitantes son los niños cuando sus otras ocupaciones extraescolares se lo permiten.
      En tiempos los niños y adolescentes dedicaban su vida a aprender y su contexto habitual era la escuela. Yo asistía hasta los sábados por la mañana. ¿Qué ha pasado con el número de horas lectivas?.
      Si de las 37,5 de trabajo semanal, que como todo funcionario les corresponde a los docentes, los maestros, disfrutan de poder asignar 7 y media a lo que crean conveniente, eso sí, nadie puede controlar en que invierten ese 20 % de jornada laboral. De las 30 hora que quedan 5 son sin alumnos, lógicamente necesitan preparar clases, claustros, reuniones, … De las 25 que quedan, 2,5 son recreos a los que asisten digamos parcialmente. Nuestro sistema educativo, cuenta con pocos docentes. Supongo que pensaréis que estoy equivocado, pero creo que además de pocos docentes, los que hay trabajan pocas horas con los alumnos.
      Además el horario lectivo lo concentramos en la mañana, a duras penas se resiste la jornada partida en infantil y en primaria. Y esto, sin ambages, es por conveniencia personal de los docentes. Es una concesión de la administración a los docentes en detrimento de la calidad de enseñanza.
      El sistema educativo abandona a los niños y adolescentes. Hace falta horario lectivo vespertino, pero no de entretenimiento. Hace falta enseñanza obligatoria, posiblemente en combinación con repaso y actividades culturales con personal no docente. Pero los maestros y profesores deben volver al horario lectivo por las tardes o no volver a hablar de que el sistema educativo no funciona por que ven la paja en el ojo ajeno.

      • serenuszeitb
        21 diciembre 2009 a 12:42 #

        Libertad

        “Pero los maestros y profesores deben volver al horario lectivo por las tardes…”

        Por lo que yo conozco en la escuela infantil y primaria continua el horario vespertino. En la secundaria muchos centros tienen turnos de mañana y tarde –y algunos hasta de noche. Y, por tanto, muchos profesores de estos centros tienen turno partido.
        En muchos otros –quizá la mayoría- el horario de clases termina al mediodía. Lo curioso es que eso lo interpretes como una concesión de la administración a los profesores. Entre los profesores supongo que hay gustos horarios de todo tipo –como en casi todos las profesiones- unos preferirán la mañana, otros la tarde, otros tiempo partido, otros nocturno, lo mismo ocurre con los alumnos y también con los padres –no creo que todos tengan el mismo turno.

        Efectivamente el hecho de que en muchos casos –no todos- trabajen tanto el padre como la madre supone un problema de atención a los hijos. Un problema al que se debe buscar solución. Pero que la causa de ese abandono lo encuentres en los privilegios de los docentes, en fin, Libertad… háztelo mirar.

      • Libertad
        21 diciembre 2009 a 13:34 #

        No se exactamente que crees tú que me tiene que mirar quién. Házmelo saber. O igual no hace falta.
        En primaria y en infantil todavía la ley mantiene la obligación de la jornada partida en Aragón. Pero te invito a que consultes los foros de “educaragon” y observarás que pocos docentes rebaten el clamor de la mayoría que amparándose el los argumentos más falaces o interesados exigen la jornada continua. En otras comunidades los sindicatos docentes lo van consiguiendo. Las tardes ocupadas a lo mejor con esas 7 horas y media de “libre disposición”.
        Por lo que yo sé, en los institutos, al eliminar la educación vespertina, se han cargado hasta la necesidad de dar servicios de comedor. Dos pájaros de un tiro. Los adolescentes de este país, por la tarde, están en casa viendo la televisión.
        Hace poco oí en unas jornadas un argumento que me pareció clarificador. Por la tarde en los institutos que hay una oferta cultural no va nadie. Los que van mal y no quieren ir por la mañana, por la tarde no irían de forma voluntaria. Los que van bien, saben que no les hace falta y se quedan en casa con la Wii. Y los que tienen inquietudes culturales o académicas hace ya tiempo que van al conservatorio o hacen fotografía o, … Por la tarde hacen falta horas lectivas con sus docentes y vale ya de supositorios de 5 horas lectivas por la mañana después de un madrugón.
        Algunos funcionarios pueden trabajar de 8 a 15, los docentes no.

      • serenuszeitb
        21 diciembre 2009 a 14:23 #

        Pues, mira Libertad, resulta que yo prefiero con mucho el horario vespertino, así que no me siento en absoluto privilegiado por la administración. Coincido contigo en que la jornada continua no es buena para el alumno, pues difícilmente puede mantener la concentración y el esfuerzo de manera tan continuada. Pero si se preguntase a alumnos, padres y también a profesores sobre esta cuestión estoy seguro que las opiniones estarían divididas –no soy advino, así que no sé cual sería dominante, pero cualquiera de las opciones que se adoptase dejaría insatisfecho a otra gran parte. Lo que no creo es que la decisión de la administración de ir primando la jornada continua obedezca a un deseo de complacer y dar privilegios a los docentes. Me parece más lógico pensar que la administración esté actuando por criterios económicos: ahorro en energía, comedores, personal etc.

  6. 2 diciembre 2009 a 18:21 #

    Cierto, erizo, y estoy de acuerdo con lo que dices. Por tanto la solución al fracaso escolar no pasa por una reforma única del sistema educativo, sino de todo el sistema social. Sin embargo las instituciones están delegando sus responsabilidades sobre la escuela y, lo que es peor, pidiéndole responsabilidades de las que no puede hacerse cargo. Si bien es verdad que los niños están solos, también lo es que no es la escuela el organismo que debe poner remedio al problema. La escuela enseña y forma, no cuida.
    Un saludo.

  7. goliardo
    20 diciembre 2009 a 20:59 #

    Es demencial que te vengan algunas madres culpandote de que su hijos no son felices por tu culpa ya que les bajas puntuación por hacer el gamba en clase y eres un sér sin corazón que les impide hacer amigos.

    Es escandaloso que Dirección y otros componentes del Departamento se hagan eco de este tipo de críticas y te acusen de “no cuidarles”.

    Y cuando pides colaboración para poner orden en clase miren para otro lado y te dejen sóla.

    Qué manada de jilipollas e hijos deputa , a partes iguales hay que soportar en este trabajo!!!

    • Libertad
      21 diciembre 2009 a 10:30 #

      decía Goliardo:
      “…Qué manada de jilipollas e hijos deputa…”
      Goliardo, ese vocabulario no es propio de una persona con un mínimo de educación. Si sueltas tacos, en privado por favor. Aquí te pueden leer todos los padres del planeta e incluso tus propios alumnos. Además entiendo que eres mujer, “hijos deputa” (sic) siempre me ha parecido un insulto muy machista.
      Es escandaloso que “madres”, “Dirección y otros componentes del Departamento …” no estén de acuerdo contigo. No siempre sucede, pero a veces son los demás los que tienen razón.
      decía Serenuszeitb:
      “La “argumentación” que mantiene Libertad es una posición muy extendida y habitual, y como tal nuestra obligación no es silenciarla, ni ocultarla. Al contrario lo que debemos es ayudar a que se muestre su más genuina esencia…”

  8. Eunuco
    21 diciembre 2009 a 15:19 #

    Estimado Libertad,

    opiniones muy interesantes que ayudan a que en este excelente sitio no se produzca el efecto visión de túnel del corporativismo. Enriquece.

  9. goliardo
    21 diciembre 2009 a 23:13 #

    Tanto los padres del planeta que me rodea como sus vástagos sueltan esos tacos y peores.

    En lo que respecta a los alumnos, lo hacen en los institutos, desde hace años, en los patios, o los pasillos y hasta en clase , con una impunidad notable.

    Los tacos son recursos de las lenguas para utilizar a discreción del hablante en el ejercicio de expresión de un determinado espectro de emociones.( y no pienso justificarme para quedar bien escribiendo que no lo hago en clase, y bla, bla, bla…: que es lo que te gustaría…)

    En cuanto a la responsabilidad extra que pretendes atribuirme por mi condición de mujer,búscate a otra porque a mí, en temas laborales, hace tiempo que me travistieron de mujer a todoterreno.

    • Libertad
      22 diciembre 2009 a 8:13 #

      Este es un “off-topic” en el que no deseo insistir más. Entiendo que no ves adecuado decir tacos en el aula pero lo ves correcto en el contexto de este foro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: