Un fugaz apunte sobre compluviología

A nadie parece importarle que la política española se haya convertido en un curioso ejercicio de adaptación de la realidad al absurdo, en todo un alarde de lo que hoy llamaremos, con orgullosa pedantería, compluviología, es decir, la ciencia que estudia la construcción de tejados sin muros que los sustenten. Estamos todos tan imbuidos en este gigantesco Mátrix que hemos acabado acostumbrándonos a que las cosas dejen de tener sentido. Sentido común, se entiende, y no esa lógica institucional de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

Durante esta semana que hoy expira casi batimos el récord de gilipollez nacional. Un hecho así lo manifiesta: el famoso editorial conjunto de los doce apóstoles de la imparcialidad informativa. No entraré yo al trapo de semejante aventura periodística, ni siquiera reproduciré nada de lo que se ha escrito sobre ella. Ustedes, lectores avisados, a buen seguro que ya se han bañado en el proceloso río de tinta que los sacerdotes del micrófono y la columna han desbordado, e incluso muchos habrán hecho suyas las innúmeras consignas -de una y otra ribera- que mejor combinan con los colores de su equipo. Así que, en ésas estamos hoy, último domingo de noviembre, con los ojos un poco perdidos, ay, por el recién finiquitado sueño reparador, y la cabeza todavía dando tumbos por el dulce limbo. Quizá por eso sea ahora el momento adecuado para demostrar una pizca de esa cordura que, como Astrea, parece habernos abandonado definitivamente, y sazonar con un fugaz pellizco de sentido común este insulso caldo que solemos tragarnos sin rechistar.

Piensen, piensen ustedes en esa palabra con mayúscula, Dignidad, que tanto se ha pronunciado durante esta beckettiana semana de alharaca y fuegos de artificio. Y consideren si son más dignas las prioridades de una élite que las de esa sociedad a la que poco queda ya para seguir siendo civil. Piensen sobre todo en el tejado y en los cimientos de la casa y observen la dificultad, el imposible que supone construir  una realidad a golpe de ley y estatuto. Piensen en esa Dignidad mantenida por una oligarquía que envía a sus vástagos a colegios privados -donde se les mostrará el seguro camino hacia ella mediante la enseñanza del inglés, el francés, el alemán o el español- y compárenla con esa otra dignidad de unas generaciones que han visto reducidas sus aspiraciones a la sintaxis del catalán, uno de los más hermosos idiomas de Europa, pero también uno de los más minoritarios; compárenla, digo, con la cada vez más devaluada dignidad de pertenecer a la clase media y con aquella otra dignidad de las familias que no pueden escolarizar a sus hijos donde y como dignamente quieran. Piensen si esto es sostenible o simplemente insoportable, si la insistencia de algunos por convencernos del poder abracadabrante del lenguaje institucional que no cesa de construir tejados sin cimientos no tiene algo que ver con el hecho de que el país, el mundo, la vida, la política son o tienen que ser otra cosa. Y piensen, sobre todo, qué techumbres nos cobijarían ahora si la competencia en Educación no estuviera transferida a las Comunidades Autónomas, si la Constitución Española no mencionase en su articulado ningún idioma oficial o cooficial y fuera su uso real en la sociedad el que obligase a los centros de enseñanza a ofertarlo.

Pero en realidad nada de esto tiene hoy, 29 de noviembre, tanta importancia como el otro gran acontecimiento de la semana, el único trascendente, el auténtico anillo de poder informativo que sin duda habrá de dominarlos a todos: el Clásico que, a las siete de la tarde, enfrentará a Madrid y Barça. Y seguramente habrá, entre los cientos de miles de asistentes, quienes pretendan unir ambos sucesos, demostrar que todo tiene su porqué en este país de tejados sin muros.

Atentos, recién estrenados compluviólogos. Y no se me desesperen.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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2 comentarios en “Un fugaz apunte sobre compluviología”

  1. 29 noviembre 2009 a 17:55 #

    El artículo está bien, pero no entiendo por qué se publica en un blog sobre educación. Ya se que se podrían encontrar relaciones, todo se relaciona con todo, pero yo creí que lo que se iba a publicar aquí era todo sobre educación

    • 29 noviembre 2009 a 19:05 #

      Y todo lo que se publica, estimado Elquebusca, es exclusivamente educativo, o mejor, deseducativo. Que yo mencione el vergonzoso comportamiento de las élites políticas -en este caso de Cataluña, pero no pierda usted de vista a las de cualquier otra Taifa-, no aleja el texto del tema que aquí nos reúne. “Educativamente” hablando, el estatuto catalán es inconstitucional de cabo a rabo, pero, desde el mismo punto de vista, nuestra Constitución también clama al cielo. Una de las bases de todo hecho diferencial nacionalista es el idioma. Y ya sabe usted cómo se está tratando éste en la LEC, engendro que huele del mismo modo que el estatuto.

      Un saludo.

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