Enseñanza Diversa

Siempre que hablamos del estado de la enseñanza en nuestro país nos centramos en la defensa, tan legítima como necesaria, de un sistema que prime el esfuerzo, el trabajo y el conocimiento. Es de sobra conocido, y se ha comentado muchas veces aquí, que la LOGSE se ha justificado a partir de demagogias tales como la igualdad, la solidaridad, la atención a la diversidad, etc. De hecho, la base misma del sistema está sostenida por el principio tan democrático como falso del derecho de todos los alumnos a recibir una formación igualitaria que no discrimine a ninguno. Digo falso porque, y repitiendo la misma idea vertida en diversas ocasiones en este Deseducativos, es de sobra conocido que, bajo la bandera de la igualdad, se ha creado más desigualdad si cabe. Ante esta situación, volvemos una y otra vez a la nostalgia de un pasado que se nos antoja idílico, hecho comprensible a la luz del actual presente.

Más de una vez, cuando argumentamos nuestra postura ante el actual fracaso de la enseñanza, se nos tacha de elitistas e incluso, de profesores “vagos” que sólo quieren entre sus filas a los alumnos brillantes para no tener que andar preocupados de los que no quieren o no saben o no pueden o yo qué sé qué. Me pregunto si esto es cierto o si la demagogia llega hasta tal punto en el país de lo políticamente correcto que no deja ver la realidad: ¿estamos favoreciendo a los alumnos que tienen más dificultades obligándoles a permanecer en una misma vía de enseñanza hasta los dieciséis años? Evidentemente no es así. La alternativa, y retrocedo de nuevo al idílico pasado, sería que los alumnos que lo desearan tuvieran, tras una enseñanza básica, la oportunidad de acceder a una formación profesional adecuada.

Y aquí viene el quid de la cuestión: ¿era la antigua FP la enseñanza idílica que hoy reclamamos? Recuerdo aquellos centros de FP a los que iban los alumnos que acababan 8º de EGB “por los pelos” y recuerdo su fama: malas instalaciones, aprendizaje de un oficio sin el material necesario, alumnado conflictivo…en realidad, no eran más que las “guarderías” de los alumnos que, entre los 14 y los 16 años, no podían acceder al mercado laboral y en algún sitio tenían que quedarse. La situación, como es evidente, perjudicaba a los que sí estaban interesados en recibir una formación profesional adecuada.

¿Solución adoptada? Generalizamos la situación de los centros de FP a todos los centros de enseñanza y así somos todos más iguales.

Luego, y seguimos con el repaso al idílico pasado, teníamos aquellos alumnos que hoy serían catalogados bajo el marbete de “Alumnos con atenciones educativas especiales”. Salvo aquellos casos que por su “gravedad” podían acceder a ciertos centros especiales, en general, eran abocados a un estrepitoso fracaso a mitad de la EGB (en este punto, me paro y releo la última frase y me asusto, ¡empiezo a hablar como un pedagogo!), pero aquí les reconozco, y sin que sirva de precedente, su buena fe. Algo había que hacer con este alumnado.

¿Solución adoptada? Creamos el Departamento de Orientación, nos inventamos mayor papeleo para que se note que nos preocupamos por ellos y obligamos al profesorado (recordemos, licenciados en una determinada asignatura, no personal preparado para atender casos especiales) a guardarles a buen recaudo hasta los dieciséis años. (Inciso: aquí viene la tercera solución, todavía más terrorífica que las dos anteriores: nos cargamos las licenciaturas “clásicas” y convertimos al profesor de Lengua o a la profesora de “Historia” en Graduados en algunos conocimientos de su materia y en muchos de atención diversa).

La nostalgia nos hace, en muchas ocasiones, recordar el pasado envuelto en un halo de perfección que no era tal. ¿Más perfecto que lo que tenemos ahora? Evidentemente, sí. ¿Mejorable? También. Me atrevo, entonces, a sugerir que el paso no es volver atrás, sino recoger lo que del pasado nos vale y reinventar en lo que nos equivocamos. Sería un error mandar de nuevo a todos estos los alumnos desde los catorce años a un centro de FP porque volveríamos a los errores de antes, pero sí se podría tener en cuenta una doble vía de enseñanza alternativa para estos grupos: centros de Formación Profesional para unos y otro tipo de formación impartido quizás desde la empresa (¿por qué esa manía de tutelar al alumno hasta los dieciséis?) para los que tienen muy claro que no desean estudiar.

La cuestión aquí sería la necesidad de cambio en la legislación vigente que rebajara la edad permitida para trabajar de los dieciséis a los catorce.

Y entonces nos encontramos con la resistencia mayor: ¿hay trabajo para todos? ¿No estaríamos creando una clase social abocada al desempleo y sin posibilidad de mejorar su status social y económico? Son interrogantes que dejo abiertos porque no sé la respuesta, sólo sé que los centros de enseñanza no son, al contrario de lo que se nos quiere hacer ver hoy, la panacea para este problema. La Educación, la Enseñanza, no es el sistema regulador económico del Estado. Estoy cansada de que se enmascare la realidad de un falso estado del bienestar y que, mediante reforma y reforma del sistema educativo se intente tapar lo que es un fracaso del Estado que nada tiene que ver con recibir una mayor o menor formación académica.

Finalmente, tenemos el segundo caso, los hoy llamados ANÉS (¿o ANNÉS?). ¿No sería más lógico invertir en la creación de un mayor número de centros especiales para este alumnado? ¿No sería más adecuado para atender a sus “necesidades educativas especiales” el ofrecerles una vía profesional alternativa en un centro de formación afín a sus necesidades? Adecuado sí, más caro también.

Pero todas estas preguntas sin respuesta no lo serían tanto si se desmontaran las dos grandes mentiras en las que se basa la Educación y el Estado de nuestro país. Primera: no todo el mundo debe, por obligación, recibir una enseñanza. Todo el mundo debe tener derecho a acceder a ella pero libertad para elegirla. Segunda: no se necesitaría un sistema de enseñanza “guardería” hasta los dieciséis (mínimo) si el Estado se hiciera de verdad responsable de lo que entra dentro de sus competencias, es decir, la regulación de un mercado laboral accesible y justo para todos.

Pero todo esto, como siempre, no es más que pura utopía.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

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8 comentarios en “Enseñanza Diversa”

  1. 29 noviembre 2009 a 21:05 #

    Muy necesaria esta reflexión, Mª Cruz. Si el dinero que se gastó con la LOGSE se hubiera dedicado a modernizar la antigua FP, otro gallo nos estaría cantando ahora.

    La salida que indicas, y que Deseducativos asume, para aquellos alumnos que no superasen la Primaria debería ser la que con más atención y cuidado se concibiera. Una iniciación profesional -que no FP- de 2 o 3 años con prácticas de aprendizaje en empresas no obligaría a adelantar la edad legal para trabajar. En esa iniciación profesional, además, sí tendría sentido el enfoque “comprensivo”. pero, ojo, sin perder de vista el objetivo principal: la cualificación profesional.

    Supongo que no será necesario insistir en que, por supuesto, todas las vías “post obligatorias” estarían interconectadas con exámenes de ingreso o cursos puente.

    Un placer leerte

  2. Mari Cruz Gallego
    30 noviembre 2009 a 20:55 #

    Gracias David por el comentario. Sería interesante saber cómo está planteada esta salida en otros países, quizás pueda dar ideas.
    Un saludo.

  3. Helena
    24 enero 2011 a 16:44 #

    quisiera plantear un tema..
    No sé si me vais a echar del foro.
    ¿qué pasa con la enseñanza de idiomas en España?
    ¿tan difícil sería plantear una enseñanza bilingüe en español inglés?
    ¿Sería muy complicado que los alumnos terminasen la enseñanza secundaria defendiendose en inglés?
    En gran parte creo, que todo el problema del EEES, se reduciría inmensamente si los alumnos al incorporarse a la universidad hablarán inglés suficiente para seguir una clase en otro pais. El resto seria una cuestión de un buen sistema de convalidación de asignaturas, que ya existe con el programa Erasmus, y de convalidación de títulos. Por supuesto, también de becas y recursos para moverse por las universidades de Europa.
    En cambio, en España al socaire de la convergencia europea, los pedagogos se están cargando la docencia, como ya han hecho en los niveles educativos previos.

    • Jesús San Martín
      24 enero 2011 a 17:03 #

      En mi escuela ya se está planteando. Surgen problemas, porque si el profesor que la está dando se pone enfermo ¿quién le sustituye? Yo podría darlas, pero eso conllevaría que perdiera casi todos los recursos expresivos que tengo y sólo comunicaría mi buen acento de Vallekas de Abajo. Es cierto, que facilitaría la salida de los alumnos con Erasmus, pues en la comisión de concesión de las becas lo que observamos es que los alumnos flaquean en el idioma
      Echa una ojeada a Universidad Carlos III de Madrid, la titulaciones bilingües, puede dar ideas para el instituto.
      De todas formas lo que propones es fundamental, o salen hablando inglés del instituto o no hablan nada.
      La técnica que usan en EEUU es contratar nativos para impartir cualquier especialidad. Se podría intentar lo mismo aquí: traer un nativo de lengua inglesa para enseñar alguna asignatura. Quizá debería empezar como optativa, y para que todos los profesores hablaran inglés: cambiar master mierda-pedagógico por master para hablar inglés.

  4. Ana Belén
    24 enero 2011 a 17:20 #

    Gracias Helena por recuperar este artículo antiguo, no lo había leído y plantea cuestiones verdaderamente interesantes, pues las preguntas que se hace la autora son verdaderos “quid” de la cuestión educativa. Respondiendo a lo que planteas, en mi opinión es inviable tal y como están las cosas en materia educativa en estos momentos. Claro que sería necesario que los alumnos alcanzasen un nivel al menos intermedio en expresión oral y escrita en una lengua extranjera, pero ¿crees que es posible algo así en medio de los niveles paupérrimos en general en que nos estamos moviendo? Ahora las administraciones están inmersas en extender los IES bilingües, no sé qué resultados obtendrán, pues no conozco ninguno, pero viendo cómo están las cosas en los demás…, creo que primero habría que procurar que se expresaran correctamente en castellano. Lo que tu planteas debería estar presente cuando la esperada reforma tenga lugar. Ojalá. Y enhorabuena a la autora.

  5. Helena
    24 enero 2011 a 18:10 #

    Creo que debieran impartirse contenidos formativos directamente en inglés, de manera escalonada, desde los niveles más básicos. Quizá con profesores nativos dando la mitad de las asignaturas en inglés. Desde luego parece un mundo con la pérdida de calidad formativa de la enseñanza, que adolecemos, pero si no se da el primer paso…
    También creo, en lo de las peliculas en en V. O. en los canales públicos, y que la gente las siga subtituladas.
    Pero realmente el problema del EEES está ahí, en que los alumnos tengan recursos lingüisticos para moverse por Europa, y nada de pamplinas pedagógicas en la universidad.
    La movilidad favorecería la diversidad en la formación y el enriquecimiento de los profesionales con distintas influencias.

  6. Mónica Aladeriva
    9 septiembre 2011 a 22:23 #

    Estoy en total desacuerdo con la enseñanza bilingüe: se rebajan los contenidos más de lo que ya están. Es imposible impartir un nivel adecuado en Historia, por ejemplo, si no se hace en la lengua materna, y no hablemos ya de cualquier debate que se suscitara en el aula. La enseñanza del inglés sigue estando muy por debajo de otros países europeos entre otras cosas porque aquí se siguen doblando todos los programas de televisión. Conozco el caso de los países nórdicos, donde prácticamente toda la población es bilingüe: allí todos los programas infantiles son subtitulados. El doblaje es una rémora del franquismo, que se utilizó como método de censura. Por supuesto habría que contemplar también la reducción del número de alumnos en las clases de idiomas y el empleo de métodos que propiciaran la intervención hablada. Que el bilingüismo degrada la enseñanza queda demostrado por el hecho de que Esperanza Aguirre, en Madrid, está haciendo un gran esfuerzo por implantarlo a toda velocidad… en los centros públicos.

    • Francisco Javier
      10 septiembre 2011 a 10:29 #

      Yo también estoy en desacuerdo, y no porque no me parezca importante potenciar al máximo el aprendizaje de los idiomas. Lo que es inadmisible, y perdón por repetirme, es haya centros como el mio, donde aunque no demasiados, hay alumnos estupendos que también merecerían estar en las mismas condiciones que aquellos que están en centros bilingües. De hecho la fractura dentro del Sistema Público, especialmente evidente en Madrid, es ya un hecho y tenemos centros de primera, segunda y hasta de tercera categoría; y a su vez dentro de estos centros se dan las mismas fracturas. La consecuencia inevitable es la polarización del sistema entre una escuela asistencial basura (beneficencia) y una escuela destinada a un alumnado más “normalizado”, más aburguesado. Todo ello tiene su origen, una vez más perdón por la reiteración, en dos tendencias políticas, cuya fusión-repulsión ha sido y es demoledora. La justicia debe ser igual para todos sin exclusión, pero sin caer en los errores terribles del progresismo, en gran medida responsable de la deriva educativa. Respecto a la enseñanza de idiomas, algunas propuestas:

      1. Reforzar las Escuelas Oficiales de Idiomas, claramente insuficientes, como sucede con los Conservatorios de música.

      2. Hacer uso de la TV y la Radio como instrumentos de aprendizaje (lo que apuntas sobre los doblajes.)

      3. “La reducción del número de alumnos en las clases de idiomas y el empleo de métodos que propiciaran la intervención hablada.”

      4. Empleo de clases magistrales, conferencias, a la que podrían acudir un elevado número de alumnos (en un curso que hice en la Universidad Humboldt, por las tardes nos reunían a todos y un profesor exponía una lección -generalmente sobre historia, arte, actualidad: funcionaba bastante bien, al igual que imponerse todos los días escuchar un buen rato la radio.)

      Seguro que hay muchas más opciones, pero como señalas el modelo de Esperanza además de injusto, tiene el enorme peligro de rebajar aún más los niveles y generar perjuicios en otras asignaturas que son de vital importancia (no se trata de que por aprender inglés, dejemos de aprender como es debido biología o historia.) Por último, habría que definir qué entienden nuestros políticos por bilingüismo, ya que suena demasiado fuerte (propaganda pura. )

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