Dewey y la Escuela de Chicago

¿Las teorías pedagógicas que defienden una concepción optimista de la naturaleza humana… cuántos fracasos pueden soportar? Me hago esta pregunta pensando en Dewey, un fenomenal optimista antropológico, que, curiosamente, ha tenido mucha más audiencia en Europa que en los Estados Unidos. En Norteamérica sus ideas pedagógicas fueron barridas por la conmoción provocada por el Sputnik, pero de esto hablaré otro día. Hoy de lo que quiero hablar es de la aplicación de sus métodos en 1896 en Chicago, donde se creó la escuela conocida como “Escuela Dewey”.

En la escuela de Dewey el núcleo de la jornada escolar no era la clase, sino la “ocupación”, porque, de acuerdo con sus postulados pedagógicos, antes que teoría el niño necesitaba práctica. A medida que se fuera implicando en la resolución de problemas prácticos cada vez más complejos, iría descubriendo la necesidad creciente de conocimiento teórico. Habría, pues, un camino que podríamos llamar “natural” de la práctica a la teoría que el niño recorrería sin demasiadas dificultades si las “ocupaciones” estaban bien diseñadas. La misma vida en común en la escuela era concebida como una ocupación en la convivencia democrática.

Es importante tener en cuenta que estas ideas son de finales del siglo XIX, es decir, tan antiguas como la misma escuela. La polémica entre los métodos pedagógicos se encuentra viva en cada momento de la historia de la pedagogía. Los que intentan contraponer una escuela antigua a una escuela nueva o moderna simplemente saben poco de historia de la educación.

Los alumnos que se acogían a pedagogías como las de Dewey solían pertenecer a familias liberales acomodadas. En el caso de la Escuela de Chicago, eran hijos de profesores de la universidad. También es importante tener en cuenta esto, porque cuando se habla de comprensividad se tiende a ignorar que la misma posibilidad de un trato equitativo para todos los niños, depende del grado de complejidad de la población escolar. Cuanto más heterogénea sea ésta, más difícil será aplicar métodos comprensivos. Las razones son obvias. Las consecuencias, sin embargo, no lo son tanto. La teoría de la comprensividad fue elaborada en contextos socio-culturales muchísimo más homogéneos que los presentes (en la Inglaterra y la Suecia de los años setenta).

Volvamos a la Escuela de Dewey. Los alumnos pertenecían a familias liberales y cultas, por lo cual accedían a la escuela con un bagaje de conocimientos bastante amplio. Aquí podríamos hablar de los famosos “conocimientos previos”. Una pedagogía fundada en los conocimientos previos de los alumnos, ¿no condena a los más desfavorecidos a la ignorancia? Pero esta es también otra cuestión.

Lo que me interesa resaltar en este apunte es que, a pesar de las condiciones tan favorables, la experiencia de la Escuela de Chicago fue un fracaso, cosa que normalmente se ignora en los manuales de historia de la pedagogía. Ni los muchos recursos materiales, ni la implicación de los padres en el proyecto, ni el elevado nivel cultural de las familias, ni el hecho de que hubiese un profesor por cada cuatro alumnos lo impidió.

Todo el optimismo pedagógico de Dewey se estrelló contra la realidad de las relaciones humanas. Fue totalmente incapaz de prever, y mucho menos de resolver, las divergencias que surgieron muy pronto entre los profesores… por el control de la escuela. Sobre estas cuestiones cualquier profesor en activo sabe infinitamente más que cualquier teórico de la educación.

Los enfrentamientos internos acabaron con la expulsión de una de las profesoras, Alice, que curiosamente era la mujer de Dewey. Y el resultado inmediato fue que el optimista antropológico Dewey se sintió despechado, dimitió de su cargo como orientador de la escuela y, para dejar bien clara su postura, se trasladó a la Universidad de Columbia.

En definitiva: Todos los estudiantes de pedagogía han oído hablar de lo moderno que es Dewey. Pocos han estudiado el fracaso de su escuela. La culpa, ya se sabe, es fea, y por eso no la quiere nadie.

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3 comentarios en “Dewey y la Escuela de Chicago”

  1. Nacho Camino
    13 noviembre 2009 a 7:35 #

    Gregorio, es interesante este tema. ¿Puede recomendarme algún libro donde se relate por extenso la experiencia de Chicago?

    Gracias.

  2. Lozano andaluz
    13 noviembre 2009 a 13:02 #

    Querido Gregorio,

    Gracias a ti entiendo mejor el inconsciente culto a Hobbes en la escuela y en la vida americanas.

    Un saludo ultramarino.

  3. Gregorio Luri
    13 noviembre 2009 a 16:13 #

    Lamentablemente hay infinitamente más bibliografía sobre los sueños pedagógicos que sobre los despertares. Del fracaso escolar de Dewey he tenido que informarme gracias a amigos norteamericanos que me han permitido el acceso a la prensa de la época.

    Alguna información relevante puede encontrarse

    aquí,

    y
    aquí,

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