Vocaciones

Son muchos los que parecen coincidir en que la dedicación a la docencia ha de ser vocacional, según los defensores de tal opinión muchos de los males de escuela son el resultado de esa falta de auténticas vocaciones.

Quienes entre los docentes defienden esta posición suelen verse a sí mismos como una excepcional y selecta minoría -paradójica por lo abundante- de profesionales vocacionales y sacrificados que tienen que lidiar con una pandilla de indolentes insolidarios que sólo piensan en escaquearse, trincar a fin de mes y dejar correr el tiempo hacia las vacaciones entre quejas perpetuas. Esta opinión es también muy querida por bastantes padres/madres que reclaman toda la atención para sus retoños, atención que ellos no pueden prestar por sus múltiples ocupaciones profesionales y personales pero que compensan adquiriendo la Play con las últimas novedades. Por supuesto son también mayoritariamente pro-vocacionales todos aquellos personajes que relacionados con la docencia, sin embargo, no la imparten directamente, orientadores, muchos cargos directivos y de la administración, incluso algunos liberados sindicales, todos ellos -padres, direcciones, administración- estarían muy satisfechos de tener a su servicio un personal que hubiese hecho los correspondientes votos de fidelidad y sacrificio.

Recuerdo que siendo un alumno de bachiller en el instituto -público, dicho sea de paso- recibíamos esporádicamente visita de algún cura haciendo campaña en busca de vocaciones, ya por entonces escasas. Aquellas visitas las recibíamos con gran entusiasmo y alborozo cuando podíamos hacerlas coincidir con la clase de matemáticas o con alguna otra especialmente dificultosa o árida; las vocaciones eran una buena excusa para liberarnos de penosas obligaciones. Uno sospecha que detrás de la actual nostalgia vocacional puede seguir existiendo una evasión de auténticas responsabilidades cívicas y profesionales; que uno ame y disfrute en su trabajo es una gran suerte que habría que desear no sólo a los docentes sino también a fontaneros, albañiles, médicos, arquitectos.. pero exigir la felicidad -y el asentimiento- interior en el trabajo que se realiza o se ha de realizar no es propio de un contrato profesional sino del juramento de pertenencia a una organización sectaria.

Los hay tan vocacionales que hasta se sorprenden de cobrar y se deprimen cuando llegan las vacaciones.

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Categorías: Panlogsianismo

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12 comentarios en “Vocaciones”

  1. ata
    11 noviembre 2009 a 17:55 #

    Pero tu de que vas.

    Vocacional,si,vocacional.

    Que para mercenario,ya te tenemos a ti.

    Sera posible el individuo este.

    Desprestigias a la pagina,mercenario mamonita.

    • goliardo
      16 diciembre 2009 a 0:26 #

      Ya salió la talibana,

      las vocaciones, como las pasiones tienen su duración, luego se convierten en industria, trabajo, aprendizaje permanente y preparación para una jubilación gozosa:

      Otra cosa, como pretender encontrar “el enamoramiento educativo permanente” en el tiempo sí que pudiera ser una “mamonada”.

  2. 11 noviembre 2009 a 18:22 #

    Como veo que a ata le interesa el tema, dejo esta ampliación

    Hace algún tiempo ya alertamos aquí acerca de la vocaciones. Uno se va haciendo más liberal –ya saben: esa saludable tolerancia al mal- con la edad, lo cual es natural pues cada otoño tiene uno que lidiar con nuevos inquilinos: la presbicia, los cálculos renales, el déficit de memoria, el colesterol que aumenta… pero volvamos a las vocaciones; si anteriormente manifestamos cierta desconfianza acerca de la bondad de las vocaciones, hoy (con ánimo liberal) nuestra posición es de casi claro repudio. Si anteriormente nos pareció una virtud privada, hoy nos parece más un vicio público, y más que indiferente la vocación nos parece un obstáculo para el ejercicio eficiente de la profesión docente. Dicho claramente un profesor vocacional tiene muchas más papeletas para ser un mal profesional que aquel que ha llegado a la docencia movido por intereses más prosaicos: seguridad laboral, tiempo libre, condiciones de trabajo, sueldo fijo… podríamos dar al menos entre veinticinco y treinta argumentos a favor de nuestra tesis, pero nos limitaremos a un par de ellos: 1º generalmente el profesor vocacional –convencido de la bondad de sus motivos- tenderá a ser menos autocrítico, pues es “natural” tender a creer que la bondad de las intenciones trasmite bondad a las acciones y resultados [lo que es claramente falaz ], el profesor “cínico” , en cambio, dado que es consciente de lo “turbio” de sus motivaciones pondrá empeño en que tal calidad no se trasmita a sus hechos, y sin duda extremará la prudencia aunque solo sea por conservar sus “privilegios”. 2º Al profesor vocacional también le resultará más duro asumir los fracasos, pues los considerará injustos con sus intenciones. Y será más proclive a la frustración personal que aquel que mantenga una mayor distancia personal y afectiva con respecto a su tarea profesional. Y por señalar un tercero: la vocación exige una pasión que, en la inmensa mayoría de los casos, no puede ser duradera. No tanto como para mantenerse durante los más de treinta años de una vida profesional corriente.

    Cuando esa exigencia de vocacionalidad –tan recurrente- se erradique, o al menos se la contemple con una sonrisa- empezaremos a pensar que la educación está enderezando su camino. Aunque a veces creo que los vocacionales somos nosotros, y que ellos, los “novísimos pedagógicos” son más listos que el hambre.

    • goliardo
      19 diciembre 2009 a 3:11 #

      Y que lo digas, que en una escuela que estuve yo, se comentaba de varios que metían horas por la tarde a tutiplé para no ir a casa a “aguantar” a la mujer y a los hijos…

  3. Ana
    11 noviembre 2009 a 22:05 #

    No puedo estar más de acuerdo con los argumentos del texto. (Repito)

    En contra las vocaciones. En contra de todo aquel que, estando como están “sus circunstancias”, siga diciendo que “él es él y su vocación docente”. No me creo nada. Y no me creo que el docente “vocacional” esté en el mismo plano de realidad que el resto de los mortales que andan delante de la pizarra con la tiza, sin alardear de su “vocación”, sino más bien renegando cada día al final de la jornada. Cuando alguien tiene “vocación docente” entiendo que puede llegar a ser enormemente dañino para el alumno que está obligado a asistir a su clase. (A su misa, digo. A su sermón. El verbo. La salvación.)

  4. Luzroja
    13 noviembre 2009 a 23:17 #

    No debemos confundir vocación con pasión, la primera desaparece ante los primeros problemas (alumnos impertinentes, compañeros insoportables, jefes incompetentes…) la segunda, por la contra, se carda ante el infortunio y es necesaria para llevar a buen puerto cualquier cosa que realmente valga la pena.

  5. José Luis
    13 diciembre 2009 a 13:25 #

    Serinus, discrepo totalmente.

    No sé qué manía tienes con la gente que ama su trabajo e intenta hacerlo un poco mejor cada día.

    Me parece que das rodeos y rodeos hasta dar la vuelta a lo obvio, y es que un maestro con pasión por su trabajo siempre será mejor que X, el que dio una patada a la portería para coger la baja cuatro meses, y que pasaba olímpicamente de sus alumnos. Y sí, era muy profesional con el cobro a final de mes y esas otras cosas que nombras.

    Yo quiero encontrarme cada día en mi camino con profesionales vocacionales, panaderos o arquitectos. El matiz sectario no tiene nada que ver con la vocación.

    Un saludo.

  6. serenuszeitb
    13 diciembre 2009 a 22:07 #

    Jose Luis

    Obviamente no tengo nada en contra de la gente que pretende realizar su trabajo un poco mejor cada día. Me parece un buen propósito. Si resulta que además aman su trabajo -pues me parece algo que sólo tiene un interés privado y personal. Pero eso no los convierta en mejores profesionales. Lo que no puede ser la “vocación” es la solución a los graves problemas que asolan la enseñanza en España. Esos problemas exigen una perspectiva profesional.

    Saludos.

  7. goliardo
    16 diciembre 2009 a 0:06 #

    Esos vocacionalistas a ultranza, padres, profesores y demases de los que exigen a los profesores ese plus vocacional que no lo aplican a sus propias profesiones, me parecen unos talibanes. en mi opinión: merecerían conseguir lo que buscan:

    1) No contar con el nº de profesor@s” vocacionales” suficientes para atender las necesidades educativas de escolarización de sus vástagos .

    2) Que tuvieran que quedarse ellos en casa para educarlos abandonando sus trabajos para educarlos( los que pudieran vivir de las rentas)

    3) Renunciando a tener hijos por no poderlos escolarizar: solución educativa a la mayoría.

    3) Renunciar a uno de sus sueldos y/o renunciar a tener hijos, lisa y llanamente.

  8. Cansado
    27 enero 2010 a 13:27 #

    Me parece patético. Creo que tienen su forma de pensar muy bien asentada y contra eso no hay nada que hacer. Lo que no termino de entender es esa inquina permanente. Actualmente soy profesor, antiguamente he trabajado en otros campos de la educación con niños, adolescentes y adultos en ámbitos pertenecientes a la enseñanza reglada y no reglada. Digo esto, porque la vocación es fundamental, y no porque vaya uno a alcanzar ningún estatus superior o sobrenatural; sino simplemente, porque en este trabajo a diferencia de muchos otros (que también conozco), no se trata de poner tornillos. Hay que saber muy bien lo que se dice, como se dice y a quien se dice. La forma de solucionar conflictos son variables e infinitos en función de quienes sean los agentes que participan en él. Me imagino que muchos esto no lo entenderán porque parte de esa consideración de la vida maniqueista de buenos y malos. No es mi problema, me irrita porque no aportan nada y deshacen mucho.
    Me llama también la atención la forma de argumentar..según usted la gente sin vocación es más profesional…Si usted quiere creérselo me parece estupendo, pero me da la sensación de que ha visto muy poco en su vida, y en muchos planos

  9. serenuszeitb
    27 enero 2010 a 17:45 #

    No creo, tampoco, que pueda hacerse mucho con un comentario que empieza con un “me parece patético”, pues no parece que venga a dialogar. Pero le haré una apreciación, comparto su opinión de que no se trata de poner tornillos, y no sé que hubo en mi exposición que le hizo pensar que yo mantuviese eso.

  10. Limbania
    10 mayo 2010 a 22:15 #

    Vocación versus profesionalidad. En mi IES unos padres de alumnos de 2º de Bachillerato organizaron una desinteresada paella en el centro para rozarse con los profesores, los mismos que tenían que evaluar a sus hijos en breve. Los más vocacionales asistieron encantados por aquello de “estrechar lazos” y “colaborar”…todos ingenuos como palomas entre serpientes, todos tan vocacionales ellos a probar la paella…por eso digo: vocación versus profesionalidad.

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