La voz liberal de Michael Oakeshott

“La voz del aprendizaje liberal”, de Michael Oakeshott (Katz editores, Madrid, 2009) Edición original: “The voice of liberal learning” (Yale University, 1989)

Es filósofo poco conocido por estos lares, y, sin embargo, sus ideas podrían suscribirlas sin esfuerzo cuantos profesores claman contra la realidad presente de la Enseñanza española. En esta entrada haremos un breve resumen de lo que Michael Oakeshott entiende por aprendizaje liberal. Para quienes les asusta este palabro, ya les anuncio que de lo que aquí se habla no es de privatizaciones y manos invisibles, sino de un aspecto tan inseparable de la condición humana como es el afán de conocer para alcanzar la libertad.

1. Educarse, dice Oakeshott, es, en sí, emanciparse, adquirir auténtica naturaleza humana por la capacidad de elaborar y comprender enunciados sobre uno mismo y sobre lo que le rodea. Hay un precio a pagar por esta libertad, y es, ni más ni menos, que el aprendizaje. Escribe Oakeshott: ” Ninguno de nosotros nace humano; cada uno es lo que aprende a ser”. De ahí que infiera: “La naturaleza humana es llegar a ser por el aprendizaje”. Nuestro aprendizaje, a diferencia de la adpatación biológica al medio, es un “compromiso autoconsciente”, una “tarea autoimpuesta inspirada por el deseo de comprender”. Los seres humanos, sabedores de su condición, crearon lugares diseñados de forma deliberada para el aprendizaje: Familia, Escuela, Universidad.

2. ¿Qué características habrían de tener estos espacios? En primer lugar, el reconocimiento de quienes están allí como sujetos de aprendizaje; un aprendizaje que debe ser el compromiso declarado de aprender algo en particular. No sólo se aprende con afán utilitarista, sino que el aprendizaje es en sí el compromiso, y tiene sus propios criterios de logros y excelencia. Con tal fin, la Escuela debe aislarse del “hic et nunc”, de “las contingencias de la vida en curso”. Tal aislamiento favorece que el sujeto se libere de las limitaciones de las circunstancias que lo rodean. La Escuela, pues, como “espacio protegido”.

3. No existe tal cosa como el “aprendizaje social” o la “comprensión colectiva”: aprendemos las prácticas de individuos expertos. El fin de todo aprendizaje debe ir más allá de del uso de determinadas destrezas y conducirnos a la autocomprensión, a algo que responda a la pregunta: “¿Quién soy?”. Esto nos permitirá convertirnos en algo más que simples buscadores de satisfacciones inmediatas, en personas capaces de considerar la verdad o falsedad de una proposición.

4. Todo aprendizaje participa de una cultura. Pero la cultura no es una doctrina o un canon cerrado y dogmático, sino un “encuentro conversacional”, una variedad de invitaciones a observar, escuchar y reflexionar. La cultura es una mezcla de lo antiguo y de lo nuevo, en la que lo nuevo suele ser una vuelta atrás para buscar lo que se olvidó temporalmente; de lo emergente y de lo recesivo, de lo sólido y lo endeble; de lo común y lo extraordinario. Aprender no es “adquirir información o “expandir las mentes”, sino identificar algunas invitaciones concretas de esa cultura. Tal y como fue concebido en Europa Occidental, el aprendizaje liberal consistía en sostener frente a los educandos el espejo de la tradición, para que al verse reflejados en él, pudiesen alcanzar un mejor conocimiento de sí mismos. El aprendizaje es, así, una invitación a no estar exclusivamente interesados en el uso de lo que nos es familiar, sino a desear la comprensión de lo que aún no se aprendió.

5. El gran ataque contra el aprendizaje liberal viene de la rendición del aprendizaje ante la “socialización”, que promueve la uniformidad.

6. Y, ¿qué es la Enseñanza? Pues la iniciación deliberada e intencional del alumno en el increíble universo de los logros humanos. De paso, Oakeshott recuerda una sentencia de Jean Paul Richter: “Al enseñar a un niño de dos años, uno debería hablarle como si tuviera seis”. Iniciar a un alumno en el mundo que conforma su herencia es conseguir que acceda a muchas cosas que no existen en su propio mundo.

7. La tarea del maestro es liberar al alumno de la servidumbre de los sentimientos, las emociones, las imágenes, las ideas o las creencias que son preponderantes en ese momento, no mediante la invención de alternativas más deseables para él, sino poniendo a su alcance una parte de la totalidad de su herencia.

8. Y, por fin, ¿qué es el conocimiento?: conjuntos de capacidades muy diversas, en cada una de las cuales se da una mezcla de “información” y “discernimiento”. Estos dos componentes no se pueden dar por separado: el” saber cómo” y el “saber qué” constituyen las dos caras de una misma moneda llamada “conocimiento genuino”. Tan infructuoso es hacer algo con ignorancia de las reglas, como pensar que las reglas por sí solas nos invisten de la capacidad para hacer o explicar algo. Además de la información, necesitamos la comprensión que nos permita interpretarla.

En sucesivas entradas iremos analizando cada una de estas ideas a la luz de lo que hoy se entiende por aprendizaje. Que, como el lector sagaz ya habrá deducido, es algo muy, pero que muy distinto de lo que describe el profesor inglés.

Sigan con salud.

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One Comment en “La voz liberal de Michael Oakeshott”

  1. 4 noviembre 2009 a 16:40 #

    No conocía a Michael Oakeshott. Gracias por traérnoslo, Nacho.

    Veritas sive libertas

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