El placer de leer

No deja de sorprender que el aprendizaje lector y la materia lingüística sean argumentos que queden en nada cuando se blande el arma apaciguadora y consensuada que considera la sociedad un ente corrupto e insalvable. Si bien muy pocos cuestionan que los actuales métodos de aprendizaje de lectura y la materia de Lengua Española no bastan para mejorar los datos estadísticos de comprensión lectora entre los adolescentes, casi nadie se atreve a trascender las falaces imputaciones sociales que la clase política y el sector profesional de la enseñanza llevan a cabo con evidente mala fe. La tesis rousseauniana que achaca el desinterés lector a una sociedad malvada, complaciente y hedonista es, además de falsa, majadera.

Tras la desaparición de la Literatura de los planes de estudios se han perpetrado dos atrocidades que no tienen que ser ignoradas: por un lado, se han unido, en aberrante y antinatural maridaje, dos disciplinas -la Lengua y la Literatura- muy diferentes entre sí, consiguiendo que, o bien se escatimen horas mutuamente, o bien la parte literaria se ignore por las deficiencias lingüísticas del alumnado; por otro lado, la lectura ha dejado de considerarse una herramienta de obligado dominio y manejo, y ahora es algo que ha de gustar por narices, un fin en sí mismo, lo que causa que, como todo lo que surge de la mentira, la mayoría de los planes de fomento de la lectura estén siempre abocados al fracaso, y, sobre todo, que los alumnos se pregunten en demasiadas ocasiones por qué diablos las aficiones tienen que ser imperativas y por qué debe gustar algo que, además, cuesta un trabajo enorme.

La conclusión asombra por su sencillez: antes de 1990, cuando la Lengua y la Literatura aparecían como asignaturas diferentes con el mismo número de horas a la semana, cuando el texto escrito era medio inevitable para superar unos determinados objetivos académicos, cuando, en definitiva, la lectura no era forzosamente divertida, en los centros educativos se leía muchísimo más.

La publicación de los desalentadores resultados de los informes PISA y PIRLS –Progess in International Reading Literacy Study-, que evalúan las capacidad lectora de los alumnos de Secundaria  y de 4º de Primaria respectivamente, originó hace meses un debate en los principales medios de comunicación que, por consabido, no brindó sorpresa alguna. Los subalternos de la derecha reivindicaron una vuelta a la exigencia y a los contenidos. Los paladines de la izquierda aseguraron que había que seguir avanzando en las reformas efectuadas. Pero estas reacciones, al centrarse tan sólo en los desastrosos datos sin profundizar más allá de la consigna de partido, jamás perseguirán otra cosa que no sea la doma de la intemperancia de la opinión pública.

Ellos, sus “representantes”, saben que, habituado a la protección de lo fácil y a la subvención del halago, usted no podría asumir que sus hijos son unos analfabetos funcionales.

Saben -entérese de una vez- que están obligados a velar por su bienestar.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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2 comentarios en “El placer de leer”

  1. Nacho Camino
    2 noviembre 2009 a 12:12 #

    Excelente artículo.

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