Enseñanza española: una retrospectiva

La verdad política se muestra tozuda a pesar de los verdugazos propinados desde hace treinta años para intentar domeñarla. Su heroica contumacia tiene hoy recompensa, pues ha aprendido a guarecerse tras la pantalla virtual del mundo esperando las pequeñísimas ocasiones que se le prestan, como poros por donde comienza a transpirar libre. Todo, en España, nace y muere en ella, en su ausencia quiero decir, y todo -no podía ser de otra manera- es a su vez consecuencia de ella misma, de su ocultamiento, de su perversión, de su miseria. La verdad, empero, no advendrá, como algunos piensan, con la actual crisis económica sino un poco más tarde, cuando se apele a la inteligencia del pueblo, a su iniciativa, a su clarividencia, y se descubra que éstas apenas sobreviven. Entonces se mostrará tal y como fue el engaño, y se descubrirá al fin que, para que triunfase, se requería la participación de todos, la servidumbre autocomplaciente de treinta años de reformas educativas.

Cuanto ha acontecido en España se ha sostenido en el pedestal de la ignorancia programada. El régimen franquista la forjó poco antes de su metamorfosis porque comprendió que sería lo único que garantizase su perpetuación. La impostura mediática, la hipocresía partidista de nada habrían de servir sin el fundamento de la inopia voluntaria. Para hacerla posible sólo bastaba con institucionalizarla, es decir, que ésta fuese uno de los pilares del régimen político que se inauguraba. Por ello se hizo imprescindible un movimiento previo a la transición política, la Ley General de Educación y la Reforma Educativa de 1970, que, transido de nuevos valores pedagógicos y democráticos –team teaching, educación personalizada, etc.-, preparaba el terreno para el desmantelamiento posterior de aquellos otros valores que se consideraban una antigualla por pertenecer a una ley, la Ley Moyano, que, en su estructura, había perdurado durante más de un siglo. Tres fueron las vías que se siguieron a partir de entonces: desprestigio paulatino de la labor de los profesores, introducción en las aulas del pensamiento dominante del nuevo régimen y, por último, aparente inestabilidad que, con el disfraz ideológico, permitía que la sociedad desviara la atención hacia la superficie de lo que en realidad estaba ocurriendo.

La mengua del oficio docente comenzó con la ley de 1984, que regulaba la Función Pública -con las reformas efectuadas en 1988 y 1993- y que establecía una serie de normas concernientes a la movilidad de los funcionarios, a su nivel y a la asignación de destinos que claramente discriminaban a los profesores. Posteriormente, en 1985, la LODE daría la puntilla definitiva, al completar este aislamiento laboral con el desdoro social, creando el Consejo Escolar del Estado y los Consejos Escolares de centro. En aquél los sindicatos comenzaron a suplantar a los docentes en las futuras negociaciones; en éste los claustros dejaron de ser el principal órgano rector de escuelas e institutos. A partir de entonces, la LOGSE de 1990 y la vigente LOE no hallarían ningún obstáculo insalvable para concluir el trabajo: sustitución de las asignaturas por áreas, promoción automática, supresión del Cuerpo de Catedráticos de Bachillerato, creación de las llamadas competencias básicas…

La irrupción en las aulas del pensamiento dominante del régimen político tuvo su inicio con el nacimiento de la Constitución de 1978. Su presencia desde los más bajos niveles de la EGB, sobre todo en la asignatura de Ciencias Sociales -véase el Artículo 2 de la citada LODE, y recuérdese lo que, en ciertas aulas, aquello supuso-, fue, sin duda, algo concertado y sufragado por los poderes públicos y auxiliado por las diferentes editoriales de libros de texto y la complicidad de la mayoría de los profesores. En un momento tan crítico de la historia de España se hacía necesaria la proclamación del nuevo evangelio político sin que nadie -ni siquiera, insisto, la empresa privada dedicada a la edición de libros de texto- osara ponerlo en duda. El ideario, sin embargo, se centró, antes que en el articulado de la Carta Magna, en una suerte de moral buenista y políticamente correcta que abordaba temas tan imprescindibles para la sabiduría del estudiante como la educación vial, el respeto de las zonas verdes de la ciudad o la solidaridad con los pobres de Etiopía -por aquel entonces paradigma de la miseria-. El nacimiento de las asignaturas transversales en 1990 y de la Educación para la Ciudadanía actualmente no ha supuesto un salto cualitativo importante. La cosa estaba ya inventada.

Por último, el vaivén de leyes y de planes de estudio que muchos han criticado no se debió a que la enseñanza fuese un arma arrojadiza de los sucesivos gobiernos en el poder, sino a la exigencia de crear mecanismos de justificación de lo que existía y existe, la salvaguarda del orden establecido. Con la apariencia de sana confrontación democrática en realidad se ha estado poniendo en práctica, desde hace más de treinta años, el gatopardiano principio de que hace falta que algo cambie para que todo siga igual. Desde otra perspectiva es imposible comprender cómo nadie ha sido capaz de ponerse manos a la obra para arreglar el desaguisado, o cómo, con el fin de enderezar el rumbo de las últimas estadísticas negativas, se sigan ofreciendo soluciones -los programas electorales de los principales partidos políticos están ahí para comprobarlo- tan cobardes, tan absurdas.

Con estas tres soluciones, el tinglado político español ha podido sobrevivir hasta hoy. Y su éxito se hace patente -enmudecidos los principales agentes de la enseñanza y sofronizadas las conciencias de varias generaciones de estudiantes- en este nuevo Imperio Hispánico de la Supina Ignorancia, tutelado por el Estado y financiado por la oligarquía.

Hasta tal punto se han armonizado régimen político y sistema educativo que es imposible que éste cambie en lo sustancial sin la sustitución de aquél.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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4 comentarios en “Enseñanza española: una retrospectiva”

  1. Nacho Camino
    31 octubre 2009 a 14:11 #

    Hoy, Gabilondo alaba de la Consejería Andaluza de Educación su “coraje político de creer” en su proyecto de portátiles para todos.

    Hace falta tener cara para decir eso en serio. Señor mío, no precisamos de coraje, ni mucho menos de política y fe, sino de un proyecto fundamentado en el análisis de los problemas reales que ahogan la enseñanza española.

    País.

  2. Lozano andaluz
    1 noviembre 2009 a 23:36 #

    (EXTRACTO DE UNA CONVERSACIÓN TELÉFONICA INTERNACIONAL, HACE TRES SEMANAS)

    Llama alguien a un CEP andaluz,

    – Buenos días. Por favor, necesitaría mi certificado de la actividad tal y tal…
    – Espere, deme sus datos…
    ( Para rellenar el silencio…)
    – Oiga y usted sabe que aquí en España, Zapatero va a dar ordenadores a todos los niños de 5 quinto y 6 sexto.
    – No tenía ni idea.

    (LO PRIMERO QUE PENSÉ: LOZANO, ESTÁS DURMIENDO Y ESTO ES UNA PESADILLA.
    SIN EMBARGO, ERAN LAS 6:15 a. m. Y, POR DESGRACIA,
    EL DIÁLOGO FUE ¿REAL?)

    saludos rebeldes.

  3. Nacho Camino
    2 noviembre 2009 a 16:26 #

    Una manera abrupta de despertar…

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