Educación en valores

Los niños van a la escuela a aprender lo que no pueden aprender en otro lugar. Van a aprender Matemáticas porque sus padres no se las pueden enseñar; van a aprender Filosofía porque sus amigos, en la calle, no tienen ni idea de quién diablos era Platón; van a aprender Biología porque el dueño del videoclub de la esquina no sabría distinguir entre un invertebrado y un chicle pegado a la suela de la zapatilla. La imposición de cualquier otro objetivo resta eficacia a este empeño primordial. Los valores, cierta ideología o la visión del mundo que uno posea son el producto final en el que nadie, ni el Estado ni los profesores, tiene derecho a interferir directa y explícitamente. Lo que piense un chaval de sus semejantes, del sistema económico, de su novia o del sexo de los ángeles es siempre una elaboración personal posterior y no un medio.

El ideal de la reforma educativa en España, con su enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años y con la introducción de materias con contenidos altamente ideológicos -la famosa transversalidad, la presencia de algunas optativas y la actual Ciudadanía-, siempre ha pretendido trasladar la educación en valores de su ámbito natural -la familia- al ámbito estatal del centro educativo. Si usted dice a una familia cuyos dos miembros trabajan que no se preocupe, que su hijo recibirá todo aquello que ellos no le pueden dar, estará encantada de delegar esa responsabilidad esencialmente familiar en el Estado. Ahora bien, cuando, con el paso de los años se va viendo que esto no funciona, que ni las familias -porque se han adaptado a la nueva situación- ni los colegios -porque han usurpado de manera antinatural un trabajo que no es el suyo- pueden educar a los chavales, resulta inquietante que se acepte sin rechistar la misma cantinela de siempre: las familias no hacen su trabajo, los padres ya no educan a sus hijos, el Estado es el único capaz de ofrecer garantías suficientes de salut publique. La prueba de que tras ciertas posturas pedagógicas permanece agazapada la sombra de una ideología muy precisa es este solipsismo institucional, esta porfía que no duda en buscar culpables donde no los hay. El rousseaunismo de la escuela inclusiva se alimenta exclusivamente de posturas políticas y no de hechos manifiestos, como, por otro lado, sólo cabe esperar de algo que, aunque se considere ciencia, en realidad pretende convertirse en una nueva religión.

Últimamente ando algo pesimista. Creo que ya no hay vuelta atrás, que las semillas de 1990 han cubierto el campo definitivamente. Y hace tiempo que en las salas de profesores ya no puede cundir el pánico; ahí es donde se observan con más claridad los frutos del agit prop pedagógico. Los profesores sólo se moverán si la matriz de lo políticamente correcto, de la moral de la sumisión y la ceguera, se ve amenazada. Los profesores sólo actuarán si las bombas caen sobre Bagdad o si la derechona lanza su propia bomba educativa. Estos son los motivos verdaderamente trascendentales. Los otros -degradación, fracaso escolar, agresiones, politización, merma de los contenidos- no importan. Lo importante es el pueblo palestino.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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4 comentarios en “Educación en valores”

  1. Nacho Camino
    29 octubre 2009 a 22:45 #

    El último párrafo de este texto es especialmente acertado. Nuestra pasividad es lo que hace fuertes a los sucesivos Comités de Salvación Pública.

  2. 29 octubre 2009 a 23:02 #

    Para empezar a cambiar las cosas surge Deseducativos, amigo Nacho

  3. Lozano andaluz
    1 noviembre 2009 a 23:45 #

    Querido David,

    …y vuestras semillas crecen allende el mar…
    Gracias por la idea y por la rabia que ponéis.

    Hay que caer muy bajo
    para hallar la fuerza con que levantarse.

    ( Canto asideo que los resistentes judíos del campo de Treblinka rezaban…)

  4. 2 noviembre 2009 a 6:17 #

    Gracias a ti, Lozano.

    Fíjese cómo está el patio, amigo, que en algunos campos de concentración de media España todavía se puede oír algo parecido a aquello de “lo estás haciendo muy bien, muy bien”, de Semen Up.

    Un abrazo

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